CoS – Capítulo 24B

Modo Noche

Capítulo 24-B. Un verano como el invierno

 

Una hora más tarde, el retrato fue llevado ante Blackgold.

El enano gris hizo esperar al maestro casi cuarenta minutos antes de salir arrastrándose por el montón de piedras preciosas que ocupaban toda la mesa y obstruían la mitad de la entrada, y sólo se demoró un minuto en escuchar la explicación del hombre. El Deepblue era un mundo de magia y dinero, sin relación con el arte. Por lo tanto, incluso si el enano sólo llegaba hasta el pecho del maestro a pesar de tener un pie encima de una montaña de oro y el otro sostenido en lo alto por arte de magia, parecía sobresalir sobre el artista.

El enano no le prestó mucha atención a las palabras del maestro, saltándose todo para echar un vistazo a la obra de arte que era el punto clave. Su Excelencia Sharon había ordenado que le informará sobre ciertas cosas, y por eso cuidadosamente utilizó sus manos ásperas con callos tan gruesos como escamas de bestia para desenvolver el retrato.

El silencio se produjo al momento en que el gran mago comenzó a mirar el retrato con plena concentración, moviendo sus labios rápidamente mientras murmuraba palabras desconocidas. El maestro estaba asombrado por la vista; nunca pensó que Blackgold sería capaz de apreciar la belleza de esta obra de arte.

El enano finalmente emitió una ráfaga de aire turbio, frotando sus ojos secos, “¿Sólo esto?”

“¿Eh? Sí…” El maestro estaba confundido.

“¿La pieza ni siquiera está coloreada todavía?”

“…” El hombre no podía controlar su ritmo cardíaco. Respiró hondo antes de responder en voz baja: “Esto es un boceto”.

El enano se dio cuenta de repente, echando otra mirada al boceto, “Hmm… No  esta totalmente madura, y su cara y figura debería ser promedio… Por supuesto que eso es desde un punto de vista humano, si juzgo basado en la tradición de Stormhammer… ¡Espera, AHA! ¡Ya veo, la bandeja de termos! Ese es preparado especialmente para Richard, y los detalles son completamente exactos sin una sola falla… Típico de él, ¿sabías que el gran mago Loton que le enseña formaciones de hechizos vino a elogiarlo tres veces esta semana? Este año… Según recuerdo, van como cincuenta o setenta veces… Sea lo que sea, ¡es mucho! ¡Ese viejo no ha tenido tantos elogios que dar en los últimos diez años!”

El maestro no podía describir sus sentimientos en ese momento, ni tampoco podía gritarle a Blackgold. Trató de guiar al hombre con paciencia, “Mira más de cerca el precioso momento atrapado en esta pieza…”

El enano echó un segundo vistazo, y luego un tercero… Sin embargo, sintió que la pieza era demasiado opaca y sin color. El estado de ánimo del artista era tan oscuro como el de Richard al dejar la oficina de Blackgold; nunca antes se había enfrentado a un contratiempo de tal magnitud que le hubiera hecho perder la confianza en el mismísimo arte. No podía entenderlo; ¿por qué este maestro tasador de joyas, equipos mágicos y antigüedades no tenía ningún talento para el arte? ¡Sus comentarios fueron muy destructivos!

Las dos sencillas pero elegantes puertas de bronce de la oficina de Blackgold se cerraron lentamente atrás del maestro. Las puertas tenían el doble de altura con respecto a las puertas normales de la zona, lo que representaba un alto cargo, riqueza y estatus. Se ganaron los celos de muchos por la posición que representaban. Por supuesto, no había necesidad de explicar por qué un enano de la mitad de alto que un humano querría tener su oficina así de alta.

Blackgold se mofó una vez que las puertas se cerraron, murmurando, “¿Cómo puede ser tan simple hacer feliz a la jefa?” En su gabinete había un total de 67 artículos compitiendo por El Deleite de Sharon, incluyendo éste.

El enano regresó instantáneamente hacia el montículo de gemas, pero luego frunció el ceño y se detuvo. Regresó a su escritorio, desenvolvió el retrato, y lo examinó un poco más de diez minutos antes de guardarlo en un gabinete más pequeño después de dudar un poco. El pequeño gabinete tenía el mismo tipo de cosas, pero sólo había cinco artículos aquí; él puso la pieza de arte en segundo lugar. La diferencia entre los dos gabinetes era que los de éste pronto serían entregados a la legendaria maga para que los examinara, mientras que los otros serían desechados como basura en los próximos meses.

El verano pasó en un abrir y cerrar de ojos para Richard. El día siguiente ya era el festival de otoño, que marcaba el comienzo del mismo, en el que ya no se podían encontrar peces en FloeBay. Millones de personas que vivían en las cercanías celebraban este día con una gran fiesta, expresando su gratitud al dios del mar por haberles concedido la comida para sobrevivir el largo invierno. El Deepblue, situado justo al lado de FloeBay, también comenzó el otoño con este festival.

Por supuesto que todo eso no tenía sentido para Richard. Empleó todo su tiempo en completar los montones de tareas que tenía, o bien en meditar y practicar magia para aumentar su maná. Deseaba ocupar todo su tiempo; si no lo hacía, surgirían en su mente pensamientos salvajes de los que sería difícil deshacerse.

Erin llegó a tiempo a su casa la noche antes del festival. Ya le resultaba difícil llevar la bandeja con la cena en una mano, y uno podría imaginarse cuánto más pesada se haría en el futuro. Ella se sentó en silencio a su lado mientras él se hundía entre toda la comida, sólo observándolo comer.

En este punto el oro había dejado de intercambiar sus manos, y los dos raramente hablaban. Erin no recibió ni una sola moneda más de Richard, mientras que comer para él se había vuelto completamente miserable. Sin importar la forma en que lo intentara, la joven no podía ocultar el hecho de que estaba preocupada, pero se negaba a decirle por qué. Eso le dejó un dolor que no podía aliviar.

Richard tragó el último trozo de postre con gran determinación antes de levantar la cabeza para mirar a la chica por primera vez ese día. Quería agradecerle como siempre, pero la serie de números que aparecieron en el cuerpo de la chica lo hizo congelarse en el acto. ¡La figura de la chica había cambiado!

Los diminutos cambios se realzaron en su mundo digital, los números se alineaban frente a él. Sus pechos se habían agrandado, pero no estaban balanceados. Esto no fue un crecimiento natural, sino una lesión externa.

Su postura también era bastante extraña, especialmente sus piernas temblorosas que le hacían mover su cuerpo sutilmente en ocasiones. Parecía como si el cojín de algodón de la silla fuera una cama de agujas, clavándose por debajo. Sus ojos también estaban un poco hinchados, más rojos de lo normal, al parecer debido a que había llorado hacía unos momentos. Su túnica era mucho más gruesa esta vez, envuelta cuidadosamente a su alrededor, pero un movimiento accidental había dejado al descubierto un chupón en su cuello. El latido de su corazón se aceleró mucho más de lo normal. De hecho, ocurrió tan rápido que debería haber pasado algo grave.

Sumando todos los rastros y marcas, una respuesta inmediata surgió en la mente de Richard, una que se negó a creer.

“¿Te acostaste con otra persona?” La voz de Richard fue seca y ronca, tanto que ni siquiera él podía reconocerla. A la edad de once años no sabía lo que los nobles comenzaban a aprender a la edad de siete u ocho años, pero en este último medio año esta chica lo había guiado a mitad de camino. Él ya había aprendido cómo hombres y mujeres podían interactuar.

Erin tembló, su cara se puso blanca. Sin embargo, la verdad, de alguna manera, la tranquilizó, y levantó la mano para arreglarse el desordenado cabello de las mejillas. “Sí, anoche”.

Richard respiró hondo y cerró los ojos, negándose a ver los devastadores números que se acumulaban en su visión. “¿Por qué?” Preguntó, su voz cada vez más tranquila como la de ella. Se había vuelto helado.

“Necesito dinero.”

“Yo también tengo.” Desde que Richard empezó a notar el cambio de Erin, era como un pájaro saliendo de su cascarón. Había empezado a aprender del mundo exterior, y que no podía juzgar a los demás por su propio criterio. Tomemos como ejemplo los gastos; sus ingresos mensuales serían suficientes para que más de diez personas tuvieran una buena vida en el Deepblue.

Aún pálida, Erin miró fijamente a los ojos de Richard y sacudió la cabeza con determinación: “Pero no quiero tu dinero”.

Limpió la bandeja de termos como siempre. Caminó hacia la puerta, se giró y dijo: “Oh, me olvidé de informarte. Alguien más te estará entregando tu comida a partir de mañana. Así que, Richard… Nos vemos.”

Las puertas se cerraron lentamente con un golpe sordo, y Richard perdió toda su energía mientras se recostaba en su silla. Tiró de su cabello, tratando de convencerse a sí mismo de que no había pasado nada, pero tanto sus habilidades como los rasgos que había desarrollado en su infancia le decían que esto era un hecho irrefutable.

Lo que no entendía era por qué Erin no quería su dinero. El chico todavía desconocía que las personas insisten sobre cosas sin motivo aparente, persistiendo con sus emociones.


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