CoS – Capítulo 7-A

Modo Noche

Capítulo 7-A. Una mujer irresistible

El ejército se dispersó al volver a Azan, regresando a sus hogares para descansar. Mordred entró en el Castillo BlackRose con Richard a su lado, lo alojaron en una habitación de huéspedes a las afueras del castillo. Dos jóvenes sirvientas le llevaron ropa y nuevos accesorios, incluso llenaron su bañera de madera con agua caliente. El marqués Gaton lo vería en la cena, y para entonces tendría que bañarse, cambiarse y descansar.

Richard terminó de bañarse rápidamente, después de haberse cambiado tendría una hora para descansar en la cama. Aunque todavía estaba cansado del largo y arduo viaje, no podía calmar su emoción en lo más mínimo. Las dos sirvientas lo habían bañado personalmente, y ni siquiera levantó un dedo antes de que el proceso estuviera terminado. Intentó negarse, incluso luchó, pero fácilmente lo reprimieron con más fuerza que el jefe de la aldea. Parecían delicadas, pero no había sido capaz de resistirse en absoluto, y terminó permitiendo que lo lavaran de pies a cabeza. Incluso las raíces de su pelo y las ranuras de sus orejas estaban completamente limpias.

La habitación de huéspedes en la que estaba Richard no era muy amplia, pero el techo tenía más de cinco metros de altura. Una ventana alta y estrecha estaba situada a los tres metros, dejando que la luz del día iluminara las opacas paredes. Estas ásperas paredes estaban adornadas con tapices, espadas y escudos, con un tono escarlata profundo que Richard no podía distinguir de la sangre seca. La habitación no tenía lámpara estaba siempre oscura, empañando su vista incluso al mediodía. Podía sentir una siniestra aura irradiándose desde cada rincón de la habitación mientras estaba acostado en la cama.

También estaba un fuego fluyendo por sus venas, algo que las dos sirvientas habían ocasionado. Se estaban riendo entre ellas durante el baño, pero el astuto Richard había sido consciente de sus intenciones especiales.

Con el frío sombrío y el calor abrasador que le afectaba, los pensamientos de Richard se tornaron aún más caóticos. Desde que dejó Rooseland… mejor dicho, desde la ceremonia de Iluminación aquella noche fatídica, todo se sentía como un sueño. El mundo ahora mismo parecía tan irreal.

Finalmente escuchó un golpe en la puerta mientras estaba perdido en sus pensamientos. Tenía que ir a cenar, y lo llevaron a un comedor dentro del castillo que estaba bastante apartado de la habitación de huéspedes. Mientras seguía a la sirvienta hasta el lugar, la única impresión de Richard era lo grande y oscuro del castillo. Todas las estructuras eran extremadamente altas, incluso aunque el largo y sinuoso pasadizo estaba iluminado, no podía alumbrar todos los rincones. Dejaba siluetas que se asomaban por el castillo en medio de las sombras y las tinieblas que la vista normal no podía observar.

En el centro del castillo se encontraba una zona al aire libre por la que acababa de pasar, con una vegetación proyectando sombras parpadeantes que complicaban aún más su visión y le hacían ponerse tenso de forma involuntaria.

Un tenue olor parecía esparcirse por todo el castillo, quedándose atrás y aferrándose a su cuerpo con cada paso que daba. Se sentía repugnado e incómodo desde lo más profundo de su alma, un disgusto que no podía expresar con palabras.

El comedor donde fue llevado no era el más grande del Castillo de Blackrose, pero su tamaño era adecuado incluso para un duque. La sala medía quince metros de altura, muy elevada y tenebrosa a pesar de las antorchas que rodeaban las paredes. Su luz apenas podía iluminar el mural del techo abovedado.

La mesa medía veinte metros de largo, y Richard estaba sentado de forma erguida en un extremo, luciendo el atuendo de un joven noble. Estaba frente a su padre al otro lado de la mesa que podía acoger hasta treinta personas a la vez.

Su padre era un hombre extrañamente carismático, con una sonrisa en el rostro. Su cabello estaba tan bien peinado que ni un solo mechón estaba suelto, formando una parte indispensable de su cara junto a su bigote corto y grueso. El tiempo había dejado una huella notable en él, sutiles arrugas se marcaban en las esquinas de sus ojos, claros y puros como una esmeralda; sin embargo, aquellos que los miraban fijamente sentían como si estuvieran observando al abismo. Se sentaba ahí casualmente, hábilmente rebanaba las chuletas de cordero asadas en su plato mientras comía con rápidos bocados, sorbiendo el vino tinto de vez en cuando. Sus acciones eran extrañamente rítmicas; de hecho, incluso el entrenador de modales más quisquilloso no sería capaz de detectar ningún error. Por supuesto, estaba comiendo demasiado rápido y con demasiada premura, pero su elegancia hacía difícil notar los varios kilos de cordero que desaparecían en unos cuantos respiros.

Richard no podía negar que Gatón era muy gracioso y encantador, incluso cuando quiso romperle el plato de plata en la cara del hombre. Pasaría un tiempo antes de que se enterara del gran número de tropas en ese lugar.

Pero por ahora tuvo que aguantarlo; no por él mismo, sino por su madre. Todavía no entendía el deseo de su madre, pero su determinación inquebrantable, paciencia y sabiduría le hacían saber que entendería su profundo mensaje en un futuro cercano.

El pequeño Richard intentó mantener la espalda erguida, y manipuló su comida torpemente. La celebración ante él era magnífica; las exquisiteces junto a la enorme cocina del Castillo Blackrose eran famosas, y el equipo de cocina estaba formado por los mejores cocineros y pasteleros de toda la península. Sin embargo, no sabía apreciar la comida que introducía en su boca. No había recibido entrenamiento de modales, y uno podría darse cuenta de que venía del campo con sólo mirar la forma en que sostenía su tenedor y cuchillo. No tenía ni idea de los modales en la mesa.

Sin embargo, Richard se veía muy guapo con esta nueva ropa, y su melancolía se parecía mucho a la de Gaton. Algunas de las sirvientas que entraban y salían de la habitación observando en secreto al joven que se convertiría en su encanto varonil en un par de años.

Después de comer más de 20 kilogramos de chuletas de cordero, Gaton finalmente se limpió la boca con una servilleta blanca como la nieve y sonrió. Su enorme boca reveló dos hileras de dientes deslumbrantes.

“Tú eres Richard.”

Richard simplemente asintió, y no mencionó ninguna palabra. Él podía decir que Gaton estaba usando un tono afirmativo, y esa oración no necesitaba ser contestada.

Gaton sonrió. “Eres muy afortunado de ser un Archeron… también eres muy desafortunado, por la misma razón.”

Richard levantó la cabeza y cruzo miradas con Gaton. Dijo con calma: “Mi nombre es Richard”.

La mirada de Gaton era tan clara como el agua, pero pocos podían mirarlo a los ojos. Sin embargo, Richard había mantenido la cabeza en alto y no retrocedió ni siquiera un poco.

Gaton se rió, antes de exclamar: “¡Eres como tu madre! ¿Pero ella nunca mencionó que tu nombre era Richard Ragobar?” Aunque era una pregunta, lo dijo como si estuviera haciendo otra afirmación.

“Así que tu apellido sigue siendo Archeron, aunque lo reconozcas o no.” Dijo Gaton. En ese momento, ya había terminado de comer el plato principal. Diez sirvientas se acercaron  y con movimientos de sus manos retiraron los platos que había consumido en poco tiempo. Sustituyeron la vajilla de plata por una nueva, y sirvieron siete platos de postre.

Gaton devoró el postre una vez más con la misma elegancia y rapidez, hablando al mismo tiempo. “Permítanme hacer una interrupción”.

“Incluso el noble más experimentado sería incapaz de distinguir un defecto en mi postura, pero esos nobles de la vieja escuela todavía piensan que soy parte de la nueva riqueza. Sin embargo, hay una figura prominente a la que llamamos Philip el sediento de sangre, alguien cuyo plato favorito es la carne cruda de demonio que normalmente tenga menos de una hora de existencia. La única excepción que hace es extenderlo a un día más para razas raras. Además, le gusta desgarrar la carne con sus propias manos antes de comer. Sin embargo, los ancianos creen que él es el verdadero modelo de toda la nobleza. ¿Sabes por qué?”

Richard negó con la cabeza. El mundo de los nobles era desconocido para él, la poca información que tenía provenía de Mordred durante su viaje. El caballero claramente no era un tutor calificado.

“Porque este Philip es el Gran Emperador de nuestra Alianza Sagrada. Su Majestad Imperial ejerce un poder formidable y es muy temperamental, por lo cual las casas nobles más antiguas no desean enfurecerle. Existen ciertas ventajas al tener alguien tan importante en sus círculos, y los grandes beneficios son irresistibles”.

Richard entendió un poco la explicación, así que asintió.

“Eres desafortunado al ser un Archeron. Debes crecer fuerte y poderoso, haciendo del mundo tu paraíso, porque sin fuerza sólo te espera el infierno en cada esquina! No tendrás que preocuparte por crecer en las montañas o nacer en los más magníficos y majestuosos castillos. No tendrás que hacer actuar como yo, ¡todas esas son ilusiones sin sentido! ¡Sólo necesitas volverte formidable! ¡Eres un Archeron, y nuestra sangre corre por tus venas! Mientras lleves este apellido, la gente te mirará con esperanzas y expectativas, colocándote en un pedestal como ningún otro. Si solo eres un poco más fuerte que una persona común, DEFRAUDARAS A TODOS”.

La voz de Gaton se hacía más fuerte mientras hablaba, y al final de su discurso las palabras eran como truenos resonando en los oídos de Richard, tanto que comenzó a marearse. Sostuvo con fuerza los cubiertos que tenía en sus manos mientras se volteaba hacia el hombre que seguía manteniendo una postura impecable a pesar de su volumen. No podía importarle en absoluto el trozo de comida que había caído rudamente de la punta de su tenedor al plato.

De repente, Gaton frenó su estruendosa voz, y volvió a revelar esa encantadora sonrisa. “Mientras tengas suficiente poder, puedes hacer lo que quieras, sin importar si tiene algún significado o es absurdo. Justo como esto.”

Mientras decía eso, Gaton llamó a una sirvienta y agarró la ropa que tenía delante de su pecho. Destruyó todo su conjunto con ferocidad, revelando instantáneamente su cuerpo desnudo y sin ropa. La sirvienta instintivamente gritó de temor, pero inmediatamente ahogó sus gritos que estaban a punto de seguir. Obedientemente puso sus manos a cada lado de su cuerpo, sin la menor intención de cubrir sus pechos y abdomen descubiertos.

El mayordomo, algunos sirvientes, guardias y caballeros también estaban presentes en el comedor, apoyados contra la pared como estatuas. Mordred, quien había traído a Richard de la aldea, estaba entre sus filas. Todos parecían cobrar vida en ese momento. Aunque se mantuvieron en la posición habitual, no cabe duda de que sus miradas estaban por todo el cuerpo de la sirvienta. No era considerada extremadamente hermosa, pero su juventud le dio un cuerpo repleto de atracción.

Richard estaba estupefacto, la escena era demasiado para el niño de diez años. Sin embargo, la dureza en la que se había entrenado desde su infancia se manifestó, se aferró firmemente a los cubiertos que tenía en las manos para asegurarse que no se le cayeran.

La sirvienta sólo se atrevió a recoger su ropa después de que Gaton retirara las manos, pero no se arriesgó a cubrir su cuerpo. Ella hizo una reverencia manteniendo una postura normal, retirándose de la sala mientras aún estaba frente a sus maestros. Sólo se atrevió a darse la vuelta cuando llegó al vestíbulo, temiendo que se encontraría con más miseria si escapaba con descortesía.

De hecho, la voz de Gaton sonaba detrás de ella. “Al principio quería matar a alguien para que lo presenciaras, pero hace un rato estaba de mal humor y maté a todo aquel de quien podía deshacerme”. Los demás nobles habían plantado lunares aquí. Una pena que no pudiera controlar mi temperamento cuando me enteré”.

Richard se puso pálido. ¿Cómo se puede hablar de asesinar tan fácilmente, en un tono tan frívolo? Sin embargo, las expresiones de todos en el comedor seguían siendo las mismas, desde los sirvientes hasta los caballeros. Era como si lo que su maestro acababa de decir, fuera tan común como él cazando animales y sirviéndolos con vegetales. Fue entonces cuando Richard se dio cuenta vagamente de lo que era exactamente ese tenue olor que impregnaba el castillo. Era el hedor de la sangre, acumulado durante meses y años.

Al igual que con el plato principal, Richard no podía apreciar el postre ni siquiera mientras lo terminaba. Hizo todo lo que pudo para resistirse a la agitación en su estómago, una tarea agotadora para evitar que la comida que acababa de comer se le subiera a la garganta. El olor se tornó más evidente una vez que se dio cuenta de sus orígenes, permaneciendo en la punta de su nariz.

Sin embargo, Richard comió bastante. Estaba en la pubertad, y los niños que crecieron en las montañas estaban acostumbrados a comer bastante. Gaton estaba bastante satisfecho. “Come más, para que crezcas rápido. Richard, ¿tu madre tenía deseos que quería que cumplieras?”

La expresión de Richard cambió. Su silencio era una afirmación, pero no tenía intenciones de contarle a Gaton sobre ellos antes de que se hicieran realidad.

Gaton no presionó a Richard más y dijo. “No importa cuál sea el deseo de tu madre, conseguirlo probablemente no es una hazaña fácil. No te ayudaré directamente, ni te concederé ningún poder, pero te daré suficientes oportunidades para que te fortalezcas. En cuanto a lo lejos que llegarás, todo depende de ti. Espero que algún día puedas hablarme en voz alta”.

Richard asintió, pero no habló.

Gaton murmuró para sí mismo durante un rato, y dijo: “Te conseguiré un profesor y pasarás los próximos años con él, aprendiendo. Espero que me des una agradable sorpresa la próxima vez que vuelvas. No sólo para mí, sino también para ti y para tu madre”.

“Eso es todo por esta noche. Ahora vete, ve a conocer a tus hermanos y hermanas, será muy… importante.”


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