ISSTH – Capítulo 217

Modo Noche

Capítulo 217: Luchando por la Maestría en Plantas.

Todos los treinta mil alquimistas aprendices eran respetuosos y solemnes. Unos cuantos tenían las cabezas llenas de pelo blanco. Aparte de Meng Hao, ninguno parecía estar por debajo de los treinta años de edad.

Todos habían sido aprendices por al menos 10 años y tenían una profunda comprensión de las plantas medicinales. La práctica les había incrustado el conocimiento tan profundamente que si se iban de la Secta a otra en el exterior, tendrían seguramente el rango de Gran Maestro de plantas medicinales.

Justo ahora, solemnemente se dirigieron a los puestos de trabajo. Meng Hao tomó aire profundamente mientras repasaba los puestos, seleccionaba uno y se sentaba.

Esta era la primera vez que participaba en un examen de promoción para alquimistas aprendices. Sin embargo, la sensación no era extraña para él. En realidad… todo era bastante familiar.

La escena a su alrededor esa muy similar a los exámenes en los que había tomado parte cuando era un escolar en el Estado de Zhao. Había participado en las rondas preeliminares de los exámenes imperiales en múltiples ocasiones y, aunque nunca había logrado estar entre las mejores puntuaciones, estaba muy familiarizado con el proceso.

Meng Hao se rió para sí mismo. “En realidad hay un montón de similitudes entre los dos. Este examen de promoción para maestro alquimista comprueba tus conocimientos de plantas medicinales. Cuantas más plantas recuerdes, mayores detalles recordarás y más preciso serás, lo que determinará cómo de cerca de la perfección acaba siendo tu puntuación final. No es muy diferente después de todo a los exámenes imperiales”. Se sentía como si estuviera de nuevo en el salón de exámenes imperiales. Excepto que esta vez, su objetivo no era un rango de escolaridad, sino el ascenso en el Dao de la Alquimia.

Respiró profundamente de nuevo y miró a su alrededor, a todos los alquimistas aprendices que miraban bien de cerca la hoja de jade en frente de ellos. Repentinamente, aparecieron en frente de ellos pantallas brillantes mágicas, en las cuales se podían ver diversas plantas medicinales.

La tarea de todos los alquimistas aprendices era la de identificar las plantas que reconocieran, así como grabar sus hábitos y características, requisitos de siembra, métodos de cosecha y cualquier otro detalle.

Viendo que muchos de los participantes habían ya realmente empezado, Meng Hao cogió su hoja de jade e inmediatamente apareció una pantalla mágica. Se quedó mirando pensativamente a la planta medicinal que había aparecido y entonces empezó a grabar el nombre de la planta, sus características y algunos otros detalles.

El tiempo pasó. La plaza estaba tranquila y pacífica. A Meng hao le parecía que los ocho ancianos, que estaban sentados con las piernas cruzadas en el horno para píldoras, que eran los administradores de las pruebas. Miraban a la plaza del examen. Claramente, si cualquiera causara algún disturbio, éste sería seguido por un castigo severo.

Meng Hao pronto entró en un ritmo de respuestas a las preguntas. Rápidamente grabó la información sobre las plantas que aparecían en frente de él. Muchas de ellas las había visto con sus propios ojos en la Tierra Celestial. Otras, las había tenido en sus propias manos cuando asistía a Li Tao en la elaboración de píldoras.

Rápidamente pasaron seis horas. Meng Hao estaba inmerso en completar sus respuestas. Sus ojos brillaban con determinación. Había descubierto que este era un método excelente para verificar cuánto había aprendido. Toda la información que había estudiado sobre plantas medicinales durante la mayor parte del año flotó de nuevo por su mente.

Mientras entraba en lo más profundo de su memoria, empezó a experimentar la misma sensación que había tenido como escolar aquellos años atrás, la alegría de encontrarse en medio del trabajo duro.

Pronto, se volvió evidente que algunos de los alquimistas aprendices de los alrededores estaban agotados. Algunos fruncieron el ceño, obviamente estrujando sus cerebros por respuestas. Pasó más tiempo, otras cuatro horas. Algunos de los alquimistas aprendices tenían ya el rostro pálido. Muchos estaban ya claramente encontrándose con plantas medicinales desconocidas, las cuales dejaban pasar rápidamente. Sin embargo, pronto, descubrieron que esas plantas desconocidas se fueron volviendo más y más frecuentes. Finalmente, la gente empezó a abandonar sus esfuerzos y abandonaban amargamente el terreno del examen. Se quedaban a un lado para observar.

Después de un corto tiempo, cada vez más alquimistas aprendices empezaron a mirar amargamente a las pantallas en frente de ellos. Se quedaban mirando boquiabiertos por un tiempo y después se plantaban y caminaban hacia un lado, dando amargos suspiros. A pesar de sus diez o más años de experiencia, muchas de esas personas habían tenido dificultades recordando tantas plantas medicinales. Después de todo, había cien mil de ellas, con un millón de variaciones. Si la base de cultivo de uno era lo suficientemente alta, se podía usar el Sentido Divino para grabar la información en la propia mente; sin esa habilidad sin embargo, el único método era la memorización reiterada, lo cual era increíblemente difícil.

Meng Hao, por supuesto, tenía la naturaleza de un escolar y de un intelectual. Desde el momento en el que había empezado a seguir el camino de un escolar, todos y cada uno de los días habían estado dedicados a memorizar cosas.

Su expresión era tranquila y su mirada estaba fija en la pantalla en frente de él. Dejó fuera de su mente cualquier otra cosa, enfocándose completamente en las plantas medicinales siempre-cambiantes. Cuantas más preguntas respondía, más feliz se ponía. Sus movimientos eran como nubes flotando y agua fluyendo, naturales y espontáneas. Pronto, empezó a atraer la atención de algunas de las personas que habían abandonado y que estaban ahora observando el procedimiento.

Pasó más tiempo, el examen ya había sobrepasado las veinticuatro horas. De los originalmente treinta mil participantes, solo veinte mil continuaban rellenando respuestas. Los alrededores estaban tan tranquilos como siempre. Aquellos que abandonaban sus esfuerzos no se iban, se quedaban allí plantados quietos, observando todo.

Para el momento en el que la hora treinta llegó, solo quedaba un setenta por ciento de los veinte mil participantes. Los ojos de esos más de diez mil alquimistas aprendices estaban inyectados en sangre. Todos y cada uno miraban tenazmente sus respectivas pantallas brillantes, continuando rellenando la información desde lo estudiado.

Meng Hao estaba tan tranquilo como siempre. La velocidad con la cual respondía a las preguntas hizo que Wang Fanming y los demás ancianos se lanzaran miradas de reojo entre ellos. Cuando llegó la hora cuarenta, solo el treinta por ciento más o menos de los participantes seguían sin rendirse.

Para la hora sesenta, solo seis mil permanecían en la plaza, continuando intensamente con el examen. En realidad, unos cuantos estaban obviamente a punto de rendirse. Si miraban a su alrededor verían que sus compatriotas estaban yendo intensamente con todo, las mandíbulas se desencajaban mientras pensaban en las imágenes de las plantas medicinales delante de ellos, intentado recordar sus hábitos y características.

Para cuando llegó la hora ochenta de continuo examen, únicamente continuaban tres mil participantes. Habían estado respondiendo preguntas por cuatro días y cuatro noches sin descanso. Eran como locos demonios que pudieran recordarlo todo.

Cuando la hora cien llegó, un anciano, que parecía estar en los cincuenta años de edad, tosió una bocanada de sangre y entonces colapsó en el suelo. Su pelo previamente gris ahora era completamente blanco. La escena causó una gran conmoción, unos cuantos de los alquimistas aprendices de alrededor se levantaron inmediatamente con el rostro pálido y se rindieron.

Sabían que si continuaban, podrían muy bien morir ese día. Salieron caminado hacia un lado, ayudados por compañeros alquimistas aprendices. Todo el mundo estaba observando ahora a los restantes mil que seguían con el examen, con sus ojos llenos de miedo y temor. Sabían muy bien cómo de temibles eran esas personas.

Únicamente individuos increíblemente extraordinarios podrían recordar tanto de las cien mil plantas y el millón de variaciones.

Meng Hao respiró profundamente. Sus ojos se sentían pesados, por lo que los cerró por un momento para descansarlos. Después los abrió de nuevo, centrándose en las plantas medicinales y continuó rellenando respuestas.

Más tiempo pasó en un santiamén. El número de personas que permanecían respondiendo preguntas se fue haciendo cada vez menor. Mil, ochocientos, quinientos, trescientos…. Para el momento en el que habían pasado ciento ochenta horas, solo permanecían once personas!

Las once personas estaban sentadas todas en diferentes lugares dentro de la enorme plaza, compitiendo con un frenesí desenfrenado. Meng Hao estaba ceñudo. Algunas de las plantas en frente de él requerían una cuidadosa búsqueda en su memoria para recordar.

Esto era especialmente cierto para las plantas medicinales que podían ser fácilmente identificadas de forma errónea. Estas solo podían ser identificadas correctamente si se examinaban cuidadosamente varios pequeños detalles. De hecho, en algunos casos, podían ser únicamente diferenciadas por el gusto; desafortunadamente, solo estaban disponibles en imágenes, lo cual significaba que además se requería un examen más profundo antes de que se grabara cualquier información.

Los otros diez tenían ya el rostro pálido, mientras que de sus ojos radiaban ferocidad. Habiendo aguantado todo el tiempo hasta este punto, obviamente no deseaban rendirse. Esta era una prueba de fuego, y además una despiadada. Solo se permitían diez errores u omisiones, y después, descalificación instantánea.

En esta prueba, nadie podía imitar el tener la habilidad. El mejor entre los alquimistas aprendices sería visible de un simple vistazo.

De repente, uno de los once finales se puso súbitamente tan blanco como si estuviera muerto. Su expresión cambió mientras la pantalla en frente de él repentinamente desaparecía. Se quedó mirando fijamente y mudo por un buen rato, después se puso sobre sus pies y rió amargamente. Un compañero alquimista aprendiz le sujetó por el brazo mientras abandonaba su puesto.

Los aprendices alquimistas empezaron a tener dificultades para respirar. Solo quedaban diez participantes; esos diez habían ya pasado a la segunda ronda del examen.

Sin embargo, ni uno solo se puso en pie!

A pesar de tener asegurado el pase a la siguiente ronda, todos los alquimistas aprendices aspiraban a ser maestros alquimistas. Siendo tan orgullosos y ambiciosos, también poseían el espíritu de la competitividad; ellos querían ver naturalmente quién sería el primero entre ellos!

Todos y cada uno de ellos poseían la misma mentalidad. Todos los casi treinta mil alquimistas aprendices de los alrededores estaban observando con una atención embelesada. Se estaban preguntado, quien obtendría finalmente el primer lugar al final?

Wang Fanming y los otros siete ancianos observaban sin decir palabra. No dijeron nada de terminar el examen, en cambio observaban quietos.

El tiempo pasó. Estas diez personas, incluyendo a Meng Hao eran todas figuras bien conocidas entre los alquimistas aprendices. Todos ellos estaban claramente cualificados para ser maestros alquimistas. Sus ojos estaban completamente inyectados en sangre mientras miraban fijamente las pantallas en frente de ellos. Ninguno se rendía.

Meng Hao cerró sus ojos por un momento y respiró profundamente. Cuando los abrió, se encontró mirando a una planta medicinal muy rara. De hecho, esta no era una planta que estuviera entre las cien mil plantas medicinales, sino una hierba híbrida que era una de las del millón de variaciones.

Incluso aquellos cultivadores del Dominio Sur que se consideraban experimentados y con mucho conocimiento, serían capaces únicamente de mirar fijamente con frustración a tal planta.

“Se está volviendo cada vez más difícil”, pensó Meng Hao, suspirando profundamente. “Pero esto solo hace las cosas más interesantes”. Su rostro radiaba tenacidad. En ese momento, el aura de un cultivador era apenas visible a su alrededor, siendo reemplazada por la implacable de un escolar. Esta era la tenacidad de alguien que había fallado repetidamente en los exámenes imperiales y que aún así había continuado participando.

Después de unirse a la División Píldora del Este, Meng Hao se había dado cuenta de que realmente estaba inclinado de forma innata a practicar la alquimia!

Quizá en términos de Cultivo, su talento latente no fuera extraordinario, pero en cuanto a lo referente a la alquimia sin embargo, era un verdadero genio! Ya fuera memorizando plantas medicinales, o catalizándolas, estaba por encima de todos los demás.

De hecho, podías decir que no era un talento innato, era un talento natural! Talento natural en lo referente a todas las plantas y a la vegetación!

Meng Hao recordó repentinamente las palabras de Shui Dongliu1. Gradualmente llegó a darse cuenta de que no siempre había tenido este talento natural. Este talento natural provenía del Lirio de Resurrección!

Meng Hao no estaba seguro de cuánto tiempo había pasado. Pronto, una pantalla tras otra se fueron oscureciendo entre las últimas diez. Claramente habían realizado más de diez errores y fueron expulsados.

Pronto, llegó el momento en el que solo quedaban dos personas!

Una era Meng Hao, la otra era un hombre de mediana edad de aspecto sombrío. Mientras continuaban con el examen, el hombre de mediana edad levantaba la mirada de vez en cuando hacia Meng Hao. Sus ojos lentamente se llenaron de una loca determinación.

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1.- Las palabras de Shui Dongliu a las que se referencia aquí son las de hace pocos capítulos, al Capítulo 208 para ser más específico.

  • Aaaaaa porque se queda aquí?!?!?!

    • pueeeeees porque es el final del capítulo… mas que nada por eso… jajajajajajajajajajajajaja

      el autor hace muuucho este tipo de cosas… a veces es desesperante… jajajajajajajaja

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  • hernan fontela

    Que genial-
    Gracias por el capitulo- 🙂

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