ISSTH – Capítulo 290

Modo Noche

Capítulo 290: Esta Vida

Dos años más tarde, Meng Hao tenía ya treinta y cinco años. Habían pasado nueve años desde que se había ido de casa. Sin embargo, durante todo ese tiempo, había solo vivido en dos lugares, el río y el bosque.

Este año, se encontró de frente con una banda de bandidos.

Los bandidos son normalmente asesinos, pero no mataron a Meng Hao. Quizá debido a que vestía su ropa de escolar, o al paquete de escolar que llevaba en su espalda. Ciertamente menospreció su suerte. El líder de los bandidos era una mujer bella y seductora. Ella le preguntó una sola cosa.

“Puedes mantener textos financieros?”

Meng Hao negó con su cabeza. Sin embargo, se lo llevaron de todos modos. Le llevaron con ellos hacia su fuerte de montaña, .el cual era en realidad un pueblo rodeado de una empalizada donde vivían más de mil personas. La mayoría de ellos eran las familias de los miembros de la banda, incluyendo unos cuantos niños.

Se decidió que Meng Hao se convirtiera en profesor, lo que como mucho envolvía instruir a los niños sobre cómo leer. No tenía que enseñarles nada muy complicado. Simplemente necesitaban ser capaces de leer notas bancarias y comprender mensajes básicos, cosas que cualquier buen bandido sería capaz de hacer.

Este era un requisito que recaía sobre todos los bandidos de la bella jefa bandida.

Fluyó el tiempo. Meng Hao se adaptó y rápidamente se sintió como en casa. Enseñaba a leer y elevaba la vista al cielo. Era casi como cuando vivía en el Pueblo Salida al Este. Algunas veces pensaba en su Maestro o en su padre, y en cómo no había ido a limpiar su tumba desde hacía mucho tiempo.

La gente moría cada mes en el fuerte de montaña. Durante un periodo de tres años, el campamento cambió de localización dos veces. En el cuarto año, llegó la armada. El fuerte de montaña se enfrentó a unos números sobrecogedores; en un momento crítico de vida o muerte, Meng Hao propuso sin vacilar el uso de venenos.

En ese momento, un viento del norte estaba soplando y la armada estaba localizada en el sur.

Meng Hao no estaba seguro de por qué exactamente había pensado en el uso de venenos. Fue simplemente que, en los pasados años, le había parecido tener abundancia de conocimientos en su cabeza. El veneno… era por supuesto el elaborado por Meng Hao.

Mientras el veneno en polvo era cargado hacia el sur por el viento, Meng Hao cerró sus ojos. Un tiempo después, escuchó gritos de alegría. Había sido una masacre. El pueblo de montaña había ganado.

Meng Hao tenía treinta y nueve años. Esa noche, durante la tercera vigilancia, algo como un fuego ardiente se metió entre sus sábanas. Era la jefa de los bandidos. Durante el día ella era una mujer conservadora, pero justo en esos momentos, era como un bello espíritu.

Desde esa noche, la vida de Meng Hao cambió. Ya no era un profesor, sino un denominado consejero militar. Nunca había experimentado una vida como esa antes. Era algo nuevo y excitante. Pronto alcanzó los cuarenta años. Había dejado atrás la flor de la vida cuando la sangre bullía. Y aun así, todo esto era… adictivo.

Matar. Saquear. Por tres años, las manos de Meng Hao no se mancharon de sangre físicamente. Sin embargo, con su asistencia, el número de vidas que habían sido tomadas por los bandidos se incrementó en diez veces.

Ese invierno, Meng Hao acabó harto de todo eso. No había elegido esta vida y se quería marchar. Pero en esos momentos, el fuerte de montaña había crecido mucho. Cuando sacó el tema de marcharse, la bella jefa se negó a permitirlo.

Pero Meng Hao… persistió y se fue del fuerte de montaña de igual modo. Por tanto, ellos intentaron perseguirle y matarle.

Le persiguieron por un año antes de rendirse finalmente. Al final, Meng Hao no fue asesinado. Agotado, se giró y allí, a unos cien pasos más o menos estaba la jefa. Sentada encima de un caballo, mirándole fijamente, con un gran arco negro en su mano. Ella era vieja, pero todavía bella y dentro de sus ojos había una expresión dolida.

El viento sopló entre ellos dos. Meng Hao tenía sobre su hombro el mismo paquete de escolar que había llegado con él cuando dejó su pueblo natal, se giró y se alejó caminando hacia la distancia.

No salió ninguna flecha desde el arco.

Ese año, Meng Hao cumplió cuarenta y tres años.

Finalmente, alcanzó a ver un templo Daoísta localizado en la cima de una montaña.

Era otoño y las hojas arrugadas caían sobre el suelo verde del templo. El cielo estaba nublado y, ocasionalmente, el suave retumbar de un trueno se podía escuchar. La lluvia estaba llegando.

Meng Hao fijó su residencia en el templo Daoísta. Observó a los Daoístas practicando su cultivo religioso, les observó viviendo diariamente, y disfrutó de un tipo de paz que nunca había experimentado antes.

Tenía un sentimiento inamovible de que sus manos estaban manchadas de sangre y que no podía lavárselas. Quizá en este lugar pudiera descubrir un modo de limpiarlas.

Dos años después, Meng Hao tenía cuarenta y cinco años. Dejó salir un suave suspiro.

“Resulta que no hay modo de lavarlas. En ese caso, simplemente tendré que vivir con ello”. Sacudiendo su cabeza, se despidió del templo Daoísta y caminó de nuevo hacia el mundo.

Finalmente, alcanzó la ciudad capital. Después de haber estado viviendo allí por un año, rompió una guerra sangrienta con una nación vecina. A pesar de su edad, Meng Hao fue forzadamente reclutado en el ejército y se convirtió en un soldado de la armada. La guerra entre los dos países  había justo empezando en ese punto.

Dos años de guerra, Meng Hao  usó algo del veneno que había elaborado para ganar una batalla que sacudió a los países involucrados. Este destello he hizo aumentar en prestigio. Ya no era un soldado común, sino un Especialista de Veneno.

Cinco años de guerra, él era un General. Había liderado una ofensiva especial, comandando una fuerza de cien mil soldados junto con una fuerza especial de cien Especialistas en Veneno entrenados personalmente.

Ocho años de guerra, el enemigo se retiró del campo de batalla y se dedicó a defenderse. Meng Hao tenía más de cincuenta años y su nombre era famoso a través de toda la nación. Lideraba a sus hombres contra el país enemigo en una campaña para destruirles totalmente.

Para el décimo año de guerra, Meng Hao tenía cincuenta y seis años. Habían pasado treinta años desde que había abandonado su pueblo natal. El enemigo fue destruido. Regresó a su país natal y fue recibido con una gran ceremonia.

Él era ahora una leyenda, y como tal, le fue conferido el título de Consejero Real.

Todo era como un sueño y Meng Hao no estaba acostumbrando a ello. Quizá debido a él mismo o quizá debido a que el poder de la nación crecía, pero después de convertirse en un Consejero Real, la nación se convirtió en atacante. Una nueva ronda de guerras empezó.

Fueron pasando los años y, finalmente, Meng Hao tenía sesenta años. Una vez más, harto de todo, abandonó la armada y regresó a las áreas que habían sido quemadas por las llamas de la guerra. Emergió allí peste. Él era capaz de salvar las vidas de unas cuantas personas, después de lo cual, ya no era el Consejero Real, sino un doctor, el Doctor de Alquimia.

Continuó viajando, persiguiendo el sueño que había tenido cuando había sido joven, escalar montañas y viajar a tierras distantes.

Teniendo en cuenta la cantidad de gente que había matado en el pasado, ahora tenía que salvar otros tantos.

Sus viajes duraron por veinte años.

Durante esos veinte años, Meng Hao viajó por incontables naciones y escaló a la cima de quién sabe cuantas cumbres de montañas. Salvó a mucha gente y, pronto, las noticias sobre las ‘milagrosas manos del Doctor de Alquimia’ se extendieron a través de la tierra.

El año en el que Meng Hao cumplió ochenta, miró pensativamente hacia el cielo. Su rostro arrugado estaba cubierto con la prueba de una vida llena de recuerdos.

“He viajado muchos caminos en vida”, pensó para sí mismo, “pero en cuanto a mi elección… cuál es…? No eligió ser el reflejo del agua del río. No eligió la vida pacífica de un ermitaño en el bosque. Absolutamente no quería vivir la romántica vida de una pareja de bandidos, ni eligió convertirse en un sacerdote Daoísta… Hacía tiempo que se había olvidado de ser un Especialista en Venenos o un Consejero Real, ganar dinero en la guerra… Creo que mi decisión final fue la de convertirme en un Doctor de Alquimia. Pero ahora que miro hacia atrás… ese no es mi camino tampoco. Simplemente, qué estoy persiguiendo en esta vida?” Levantó la mirada hacia el cielo, pero no podía pensar en una respuesta para esa pregunta. Lo único que encontró fue más frustración y un agotamiento profundo.

Añoraba su casa. Esa noche de otoño, se sentó bajo las estrellas levantando su mirada hacia el cielo. Al lado de su pie había una hoja caída. No se había dado cuenta mientras el viento susurraba a través del bosque, la cogió y la devolvió al árbol desde el que había caído. En ese momento, él era algo más que una hoja. Había estado lejos de casa por casi un ciclo completo de sesenta años. Ahora, él necesitaba regresar.

Meng Hao empezó a caminar. Después de abandonar su casa, le había tomado cincuenta y cuatro años alcanzar este punto. El viaje de regreso le tomó únicamente seis.

El Pueblo Salida al Este estaba todavía allí, floreciendo más que nunca. El cabello de Meng Hao era blanco cuando entró de nuevo a la ciudad. Era apenas capaz de encontrar algunos rastros del pasado.

El prostíbulo ya no estaba. El muro hacía tiempo que había sido derruido y en ese lugar había ahora una mansión enorme.

La casa donde él había crecido se había desvanecido con el paso del tiempo. En su lugar, había una posada. Meng Hao estaba de pie de ella por un tiempo mirándola fijamente. Su rostro estaba ahora cubierto no solo con el paso del tiempo, sino por una expresión compleja. Finalmente, se giró y se marchó.

Cuando regresó al a casa del Maestro, la persona que abrió la puerta era un extraño. Después de hacer algunas pesquisas, Meng Hao giró su cabeza para mirar a la Montaña Este lejos en la distancia.

Su padre había sido enterrado allí hacía más de cincuenta años. El Maestro había sido enterrado allí hacía más de veinte años.

Meng Hao suspiró. Silenciosamente sujetaba una jarra de alcohol bajo su brazo, decidió escalar la montaña. Primero, visitó la tumba de su padre, la cual estaba cubierta con maleza. “Sé que todo esto no es más que una ilusión”, dijo suavemente, “ y que tú no eres realmente mi padre. Sin embargo… me dejaste sentir el amor paternal que había echado en falta. Fue solo un solo abrazo para que yo pudiera dormir…” Hacía unos treinta años, en el templo Daoísta, había llegado a comprenderlo todo. Este mundo no era más que una ilusión, una prueba para convertirse en aprendiz.

El Meng Hao real estaba todavía en el mundo de la Tierra Celestial de la Secta Destino Violeta, en la cima de la Montaña Este Violeta.

Cerró sus ojos. Pasó un buen rato antes de que se marchara de la tumba de su padre. Finalmente, llegó a la tumba del Maestro. Lo miró por un rato antes de hablar.

“Convertirse en un aprendiz implica inclinarse tres veces”, murmuró. “La primera es durante el tiempo de la inocencia. El segundo es durante el tiempo de viajar. La tercera es mientras observas la puesta de sol… me diste toda una vida para decidir si deseo o no convertirme en tu aprendiz. Todo en este reino de ilusión no fue creado por ti, sino por mí. Tú solo pusiste el punto de comienzo. Todas las personas dentro de la prueba de fuego crearán sus propios mundos.

“En este mundo, liberé mi corazón. Yo… he experimentado todo. Al final, he regresado aquí. Pero todavía no he encontrado qué es eso que deseo perseguir….”

“El Dao de la Alquimia? Obviamente no”. Levantó una taza con alcohol y tomó un sorbo largo.

“Vida Eterna?” dijo tranquilamente. “No estoy cualificado”. Pronto, el sol empezó a esconderse por el oeste y la taza de alcohol estuvo vacía. No empezó su tercera inclinación. En cambio, se giró y se dirigió de regreso al Pueblo Salida al Este.

Sabía que una vez que realizara la tercera inclinación, abandonaría este mundo de ilusiones. Pero todavía no había encontrado su respuesta. Por tanto, no lo abandonaría. Permanecería allí.

Desde aquel momento, un hombre muy viejo tomó residencia en el Pueblo Salida al Este.

Fuera del mundo de las ilusiones, dentro de la Tierra Celestial Destino Violeta, en la cima de la Montaña Este Violeta, las lágrimas salían desde los ojos de Chu Yuyan. Los abrió y estaban llenos de dolor, como si haber estado inmersa en su mundo le hubiera causado olvidarse de la realidad.

Pasó un buen rato y después  un temblor recorrió su cuerpo. Parpadeó. Sus ojos estaban llenos de confusión al principio, pero se aclararon rápidamente. Su expresión era una de melancolía. Finalmente, levantó la mirada y vio que había allí dos personas con ella en la cima de la Montaña Este Violeta.

Una era Fang Mu. La otra persona era Ye Feimu. Ambos tenían sus ojos cerrados. Uno tenía un rostro lleno de seriedad, el otro de confusión. El primero era Meng Hao, el último era Ye Feimu.

En cuanto a ella, todavía estaba a diez pasos de la cima de la montaña. Lejos detrás de ella había otros dos candidatos sin nombre de la prueba de fuego.

Fue en ese momento en el que Ye Feimu repentinamente tembló y empezó a despertar.

<<<Capítulo anterior Índice Capítulo siguiente>>>

Anuncios