KMS Volumen 2 – Capítulo 5

Modo Noche

CAPÍTULO 5: HERMANOS PARTE 5

Arata estaba impaciente para pelear con ella, la cara de odio de odio salía por los poros de su cuerpo, gritando de dolor por no poder desahogarse.

―Bueno, si no me hubiera protegido a último momento, me hubieras dañado mi cuerpo―dijo Eshima Eri―. Eres peligroso, pero aun así no nos puedes hacer frente, Hiromi Arata. Pero para prevenir que no interfieras en nuestros planes, debo hacer que tu cuerpo no soporte ese poder tuyo.

Fueron las palabras de Eshima Eri, mientras analizaba a Arata quien tenía el ojo dorado y el otro normal de color negro.

―Entiendo tu rabia hacia mí, pero esa rabia no es nada comparado a lo que nosotros sentimos―dijo Eshima―. Y bien es hora de pelear.

No había duda en sus palabras, estaba convencida de que podía ganar, era la primera vez que tenía gana de luchar, pero solo lo hacía para detener a Arata.

―Eres vital para… lo siento, ya no puedo decir nada mas―dijo Eshima―bien comencemos.

Arata sin entender la situación, el terreno donde estaba era un poco espacioso, pero se podía luchar en este campo pequeño. Rodeado por árboles, arboles verdes, que tenían partes destruida por los cambios de golpes anteriores de Katashi y Eshima.

Lo más increíble en ese momento, fue ver como algunos animales y unas cuantas aves estaban ahí, como si estuvieran prestando atención a lo que iba a suceder.

*Zas*

En un rápido despliegue se balanceo Arata hacia Eshima, con sus dos espadas la balanceaba una y otra vez, era casi imposible ver lo que estaba pasando en ese momento.

Las chispas botada por la fricción de la espada de Arata y la cinta de Eshima, parecía como si fuera lava o un líquido viscoso, Eshima estaba retrocediendo un poco, las chispas parecida a lava eran de dorando y rojo, se fusionaban estos líquidos y caían al suelo.

―¡HAAAAAAA!—gritaba Arata cada vez que balanceaba la espada.

En el rostro de Eshima reflejaba decepción.

―Pelear con ira, no te hace más fuerte―dijo Eshima mientras bloqueaba la espada de Arata―. Puedes tener poder, pero no puedes utilizarla con inteligencia, tienes que ser más sereno.

Arata no le prestaba atención.

―Todavía eres un niño de cinco que llora por la muerte de sus padres―dijo Eshima Eri― Sabes, yo vi como moría mis padres por culpa de mi amigo.

No le prestaba atención.

Cada vez Arata era más veloz, Eshima Eri estaba retrocediendo poco a poco.

*sis*

Fue un corte.

Fue el corte de la espada provocada por Arata en la mejilla izquierda de Eshima, la había cortado.

Movió la cabeza de un lado a otro, acompañado de una cara de decepción.

―Sera mejor hacer esto rápido―dijo en susurros para sí misma.

Desde la parte de atrás de Eshima, se pudo ver como una de las cintas formaba la posición de la cola de un escorpión, listo para picar con veneno a su enemigo.

―¡Arataaaaa!―fue el grito de Aratani que venía volando a toda velocidad hacia Arata.

Justo antes, antes de que la cinta le diera, le diera a Arata.

Aratani lo lanzo a un lado y ella recibió el corte de la cinta en ella.

Arata tirado a un lado y Aratani tirada en el suelo sangrando en el abdomen, lo había traumatizado más.

Ver a otro de sus hermanos tirados en el suelo solo para protegerlo a él.

*tsk*

―Por favor dioses. Dioses, por favor ayúdenos. Oka-san, Oto-san―decía Arata llorando en ese momento.

Eshima solo veía como lloraba.

―Esto es lo que has buscado―dijo Eshima―. Solo vine fue a matar a tu hermano, solo eso.

Arata estaba llorando todavía, sabía que no podía ganar, ¿De donde había salido esta persona? No había respuesta para eso.

No sabía qué hacer, pero de todos modos decidió luchar.

Poco a poco se fue poniendo de pie, apoyándose por las espadas, se le podía notar el agotamiento, estaba sudando frio.

El ambiente había cambiado muy rápido, las nubes negras se estaban formando, era el aviso de que los cielos iban a llorar.

Arata se dio cuenta, de que no iba a obtener ayuda de los dioses, a ellos no le interesaba que le pasara a él o a sus hermano, el comprendía bien que eran unos paracitos en este mundo.

Su odio cada vez fue creciendo más, para esta mujer y para los dioses que estaban viendo esto y aun así no querían ayudar, todo lo que han hecho por este mundo, y no recibían ayuda en estos, lo único que les echaba encara era solo que los estaba dejando quedar en este mundo.

Odio y más odio lo inundaba.

Y fusionando las dos espadas y convirtiendo en la espada de cuatro frio se dirigió hacia Eshima Eri.

Su mirada fría dirigida hacia Eshima Eri, fácilmente podría quedar uno con miedo con esa mirada fría, Arata en esos momentos tenía la intención de matar.

―No comprendes. Si sientes odio, simplemente solo será fuerza bruta y nada mas―dijo Eshima cada vez más decepcionada―. Si es así, será mejor lo que voy hacer―esta vez hablo para sí misma.

Y en una escena de cámara lenta. Arata dirigiéndose hacia Eshima, y Eshima esperando a que viniera Arata, esperando el momento para detenerlo.

*CLANG* *BUUM*

Se formó un cráter debajo de ellos, no fue tan grande, simplemente la tierra se había comprimido debajo de ellos.

Eshima Eri había bloqueado la espada de Arata con tres cintas.

―Alégrate, tuve que utilizar tres cinta para detener este ataque tuyo, pero aun así ese poder que tú tienes haya la necesidad de bloquearlo―dijo Eshima―Bien es tu hora.

*huhg*

La cinta atravesada en una parte del corazón de Arata, lo había dejado totalmente inmóvil, sus poderes había desaparecido, no, ya no podía hacer más nada para pelear.

―Tu corazón es muy fuerte, y la de tu familia, no vas a morir por esto, pero esto hará que no utilices tus poderes al límite. Aunque la pelea que hoy me mostraste fue realmente decepcionante, tanto poder y no lo supiste aprovechar, aun si lo usaras, lo mínimo que me podías hacer era más de diez rasguños como el de la mejilla. Bueno, tus sentimientos la voy a destruir, para que puedas mejorar más.

Dijo mientras enrollaba una cinta alrededor de la frente de Arata.

―Eres un niño de nueves años todavía, para enfrentarte a nosotros es imposibles, nunca ganaras y mucho menos a mi amigo―dijo Eshima.

La cinta enrollada en Arata brillo de un color rojo.

―Tus sentimientos de odio, no te dejan pensar bien, el amor y esas cosas interfieren pero de forma positiva, tus sentimientos los recuperaras cuando encuentres a la persona que te haga feliz, realmente feliz y ella te amé de verdad.

Arata estaba casi inconsciente, el poder de Eshima lo mantenía con vida. Todo lo que le había dicho hasta el momento lo estaba escuchando a duras penas.

―Tu corazón no se detendrá y la sangre seguirá circulando, te he hecho un favor―dijo Eshima―eres vital para nuestros planes.

***

Por otro lado de donde se encontraba Arata con Eshima. Nozomi, se le había quitado el dolor del ojo, pero desafortunadamente la había dejado fatigada.

A su lado derecho estaba Kitsune suspendida en el aire, era Nozomi quien la estaba haciendo volar. Las gotas de sangre aun salían de la herida de Kitsune.

Pero…

Nozomi no acato las palabras de su hermano mayor y su hermana mayor, ella decidió ir hacia donde estaba Eshima.

Caminando por los árboles, vio que los cielos se estaban volviendo turbulentos.

“A pesar de lo mucho que le pida que ayuden a mis hermanos, nunca lo harán. A pesar de todo lo que nuestra familia a echo por ellos. *Tsk*”.

Nozomi en todo su recorrido les había hablado a todos los dioses, para que ayudaran a su hermano, pero aun así, nadie llegaba al rescate.

Paso unos segundo después y noto un cuerpo tirado en el suelo, era Katashi.

―¡Oni-chan!—grito Nozomi.

Salió corriendo hacia el para ver si se encontraba vivo.

Pero las heridas que tenía en ese momento no paraban de sangrar.

Mas sin embargo, Katashi aún estaba respirando.

Su respiración era pesada, pareciera como si hubiera corrido más de veinte maratón en diez minutos. Estaba sufriendo, sus lágrimas salían, de su boca se notaba que estaba tosiendo sangre. Su mirada estaba bastante ida y opaca, estaba perdiendo la conciencia.

―Oni-chan, resiste. Oka-san y Oto-san, pronto llegaran―dijo Nozomi, ella muy bien sabía que sus padres de pronto notarían algo que indicara peligro, pero aun así existía la posibilidad de que no vinieran.

Sin mencionar, que la presencia de Eshima Eri en este mundo era totalmente inexistente, no había forma de saber si un ser como ella estaba cerca o no.

Pero Katashi aun así, sintiendo todo ese dolor, estaba por decir sus últimas palabras.

―N… No… Nozomi―dijo en un tono de voz bastante bajo, no se podía oír casi.

―Oni-chan, resiste, no puedes morir, no nos puede dejar―decía Nozomi llorando.

―Noz… Nozomi. Tienes, tienes que… cuidar de… de nuestr… nuestro hermano Arata… protégelo… como si fuera tu… tu propia… propia vida―*cof*―Tienes que consolar…―*cof*―a nuestros padres… eres bue… buena chica… ve hacia donde… donde esta… tu hermano… el… él te necesita… adiós hermana…

No dijo más nada.

―¿Oni-chan?―dijo llorando Nozomi.

Pero…

―Se ha desmayado―sin previo aviso, la que dijo eso, fue Eshima Eri.

Nozomi de inmediato se echó a un lado y se puso en guardia.

―Niña, no hagas nada precipitado―dijo Eshima.

Nozomi analizo bien a su alrededor, y se dio cuenta de que llevaba a su hermano Arata y Aratani enrollada en sus cintas rojas.

―¿Qué, que les has hecho?—pregunto Nozomi pensando lo peor.

Pero…

―Es… escúchame bien―comenzó a hablar Arata con una respiración agitada y cansada―le haces daño… a mi hermana… y… te buscare… hasta matarte… así muera en el intento.

Eshima escucho las palabras de Arata.

―No te preocupes, solo la voy a dejarla sin poder moverse―dijo Eshima.

Y sin previo aviso, una de las cintas se dirigió hacia Nozomi, no pudo hacer nada.

La cinta había llegado hasta la frente de Nozomi.

Luego de eso, la cinta comenzó alumbrar, con líneas, como si de venas sanguíneas se tratara.

―Estas muy débil―dijo Eshima―. Sera mejor que esperes.

Acto seguido, el cuerpo de Nozomi cayó al suelo sin fuerza, junto con el cuerpo de Kitsune quien estaba atrás de Nozomi callo también, como si nada.

Eshima se dirigió hacia ella.

Nozomi estaba consciente y estaba viendo todo. Se dio cuenta que en el corazón de Arata estaba sangrando y estaba herido, comenzó a llorar aún más. Y luego dirigió su mirada hacia su hermana Aratani, la herida de su abdomen aun no dejaba de sangrar.

“Este es nuestro fin”.

Pensó Nozomi, ella era muy madura para su edad, sin mencionar de lo mucho que estaba llorando, parecía una niña llorona. Estaba segura que todo iba a acabar para ellos.

Eshima puso los cuerpos de Arata y Aratani al lado de Nozomi.

Nozomi instintivamente le agarro la mano a Arata, quien estaba más cerca de ella. Se dio cuenta de que ya estaba inconsciente.

―Bien es hora de seguir―dijo Eshima y se dirigió hacia el cuerpo de Katashi.

Ella se arrodillo al lado de Katashi, posicionando su mano derecha en el pecho y comenzó a mencionar la magia.

―[Chushutsu] – [Mugen no Mahou] – [Fujikome] ―[Extracción] – [Magia de lo Infinito] – [Contención]

La palma de Eshima comenzó alumbrar de un color rojo, unas esferas realmente pequeñas estaban dando vuelta en la mano de Eshima.

Luego de eso comenzó a tirar su mano para sacar el alma de Katashi.

Silencio.

Un profundo silencio rodeo en ese espacio y en ese momento.

Viento.

El viento era más rápido, más rápido de lo normal. Los árboles se estaban moviendo como locos, el pelo de Eshima se estaba revolviendo por el viento.

Y estando el viendo descontroladamente.

En el pecho de Katashi se logró divisar un dorado puro, espera, mientras Eshima tiraba se lograba ver y ver cada vez mejor.

Era, era viento de un color dorado, como un tornado de viento, lo más raro era que se podía divisar diferentes tamaños de hilera de viento, dejando ver diferentes matices de dorado.

Era realmente hermoso lograr ver esto.

Y así poco a poco fue tomando la forma del alma y el cuerpo de Katashi, era realmente el cuerpo de Katashi pero en forma de un tornado, echo de aire puro de un color dorado.

Su brillo era realmente intenso, Nozomi se dio cuenta de todo esto, no tenía palabra para describir eso, ella pensaba que su familia y los dioses eran los únicos en hacer esto, y Nozomi se cuestión una pregunta.

“¿Ella es una diosa?”.

Había duda sobre esta pregunta, no había alguien que respondiera esto, si no la mujer de rojo ella misma.

El viento aún estaba alocado alrededor, cada vez había más tiempo, el pelo de Eshima se movía de un lado a otro y el alma de Katashi miro a Eshima.

―Lo siento por traerlo de esta manera.―se disculpó Eshima―Es un privilegio estar ante un alma tan poderosa―dijo Eshima, el alma no respondió nada―He de pedirle un favor.

El alma como si hubiera entendido sus palabras movió solo una vez su cabeza en forma de afirmación, el alma no se le podía divisar una boca.

―Mi amigo, necesita de su ayuda para cumplir su meta. Nos haría un favor a nosotros si acepta―dijo Eshima.

No dijo nada, habíamos entrado en un completo silencio.

“¿Que? Esta loca, no aceptara a alguien mala como ella, las almas son justa para juzgar a una persona, no creo que acepte”.

Pensó Nozomi quien aún estaba mirando.

El alma había demorado, pero aun así respondió, afirmando una sola vez con la cabeza.

“¿Qué? No puede ser”.

―Gracias―dijo agradeciéndole al alma―. Sé que será incomodo, pero para mantener su alma contenida, mi amigo creo este collar para que no se dispersara su alma―dijo Eshima señalando el collar de su cuello.

El collar totalmente liso y sin ninguna imperfección, era dorado.

El alma no dijo nada y solamente su cuerpo poco a poco fue poco a poco haciendo parte del collar.

El viento se calmó.

Nozomi estaba realmente confundida por lo que acababa de ver.

―Bueno, he cumplido mi propósito. Fue más largo de lo que creí―dijo Eshima―antes de esto―dirigió su mirada hacia Nozomi―Fue un placer conocerlo.

Después de esas palabras, lanzo una de sus cintas hacia Nozomi, pero esta no la hirió, simplemente la punto toco la frente y Nozomi callo profundamente dormida.

―va una, faltan once―dijo Eshima―Hasta pronto, hermanos Hiromi.

Eshima Eri comenzó a volar, en lo alto extendió su mano y el círculo de fuego desapareció. Lo increíble de esto al desaparecer el fuego, fue ver la parte que estaba en llamas estaba bien, no había signo de haberse quemado.

La cara sin inexpresión de Eshima Eri, no reflejaba asombro frente a esto.

Luego un sonido se escuchaba, como si de varias varillas delgadas larga, se arrastrasen por el asfalto una velocidad un poco rápida.

El agujero negro estaba apareciendo.

Se completó el agujero, y Eshima Eri se dirigió hacia él, y poco a poco fue entrando.

Pero…

Ese rostro sin expresión que había tenido hasta el momento, antes de eso, dirigió su mirada hacia donde estaba Arata y los demás.

Y estando a punto de desaparecer, en su rostro se pudo ver una pequeña sonrisa en su boca.

Acto seguido desapareció y el agujero negro misterioso se cerró en un instante.

Eso fue todo.

El cuerpo de Arata herido, por su decisión su hermana había sido herida, y Nozomi había sido afectada por los efectos secundarios del poder del fundador que Arata uso. Y la pérdida de su hermano mayor, este fue el día mas desastroso para sus vida.

Ya no había más nada que hacer.

Las primeras gotas de una lluvia interminable habían comenzado a caer.

***

20 minutos después

La lluvia no cesaba.

En medio de esta lluvia se podía ver a más de cien personas desde los aires, mujeres y hombres entre ellos.

Estos llevaban el uniforme de Kuranmunsuta.

Estaba con las cabezas bajas y tristes.

El porqué de esto.

Todos ellos estaban rodeando a las cuatros personas que estaban tirada en el suelo, uno sin vida, tres casi en estado crítico y una desmayada por el agotamiento.

Estos eran, Hiromi Katashi, Hiromi Aratani, Hiromi Arata, Hiromi Nozomi y Kitsune.

Todos ellos habían sido acomodados uno al lado de otro.

Una persona de cabello largo rosado los estaba curando, estaba llorando, no paraba de llorar, la oscuridad y su cabeza agachada no se podía ver muy bien su rostro.

Era la madre de los hermanos Hiromi.

―¿Quién Pudo haber hecho esto?—dijo la mujer de pelo rosado.

―No sé pero hare todo lo posible para encontrar al responsable―respondió un hombre de una edad de treinta o más años que estaba detrás de ella con una mano en su hombro.

La estaba consolando.

―No pudimos hacer nada―dijo la mujer―cuando llegamos, esa barrera nos impedía el paso, fue imposible de destruir.

Se estaban echando las culpas por no haber hecho nada por sus hijos.

Las personas que estaban alrededor estaban de la misma manera, habían venido lo más rápido posible.

Por qué sabía enterado de esto.

Fue porque una de las aves que estaba huyendo del peligro, llego ante la esposa de Hiromi Koyomi, tío de Arata. Y viendo de lo agitado que estaba, miro los recuerdos del ave y vio todo lo que había sucedido.

Hiromi Koyomi estaba hablando con uno de los integrantes del clan Kuranmunsuta, luego de terminar se dirigió hacia donde estaba La mujer de cabello rosado.

―Lo siento mucho―. Le dijo Koyomi a los dos.

No dijeron más nada.

La mujer de cabello rosado había terminado.

―ya termine y mis hijos van a estar bien, la cuestión es Kitsune, ella ha entrado en coma y no la podre ayudar, no sé qué le habrán echo―dijo la mujer de cabello rosado.

No había más nada que decir.

Todos los cuerpos, ahora estaban siendo levantados y poniendo a flote en el aire para llevarlos.

La mujer no paraba de llorar.

Este había sido uno de los peores días de la familia Hiromi y el clan Kuranmunsuta.

Y seguido de esto se fueron caminando hacia la casa de Koyomi, la lluvia no paraba, aunque no estaba lloviendo muy fuerte, era lo suficiente para no poder llevar paraguas.

Había sido todo.

La mujer Eshima Eri, sin ningún pequeño esfuerzo había hecho todo esto, y lo que se le pudo hacer, fue solo un pequeño corte realizado por Arata.

Cuando el fuego desapareció, pensaron que la barrera había sido quitada, pero no fue así, esta quedo ahí y luego de unos 10 a 15 minutos desapareció.

Cuando llegaron, ya era demasiado tarde.

El padre de Arata y líder del clan, había ordenado no divulgar esto a los demás clanes por el momento.

Lo que más les iba a preocupar, era…

¿Cómo se iban a enfrentar a los doces y su líder cuando ellos decidieran hacer su movimiento?

Pero lo único que tenían que hacer, lo que tenían que hacer ahora, era esperar para ver que iba a pasar en el futuro.

Este fue el comienzo de una lluvia sin fin.