MNU Volumen 2 – Capítulo 6

Modo Noche

Capítulo 6, vol 2:

Capítulo 6

El nuevo amanecer Dorado.

El barco llega a la ciudad, y no era muy difícil no saber cuándo llegas a una ciudad dorada, y si te preguntas ¿por qué?, te darás cuenta que si estuvieras en mi lugar, y ves lo que yo veo sería algo ilógico negarse a reconocer algo tan magnifico y esplendoroso como lo que se veía desde las alturas. Siendo ya de madrugada y con el sol resplandeciendo, las nubes cubrían la mayor parte de la ciudad y un clima agradable arrullaba la solemnidad de las torres hechas completamente de oro, como si de un rasca cielo se tratase, sobresalían de las nubosidades, columnas doradas, y brillaban tanto que parecía que dos soles se asomaran por las bóvedas celestes.

 

Era como ver lingotes de 24 quilates sostenidos por más lingotes, no había otra referencia que nombrar, porque era solo eso, oro.

 

El capitán del barco gritaba a sus hombres que descenderíamos a una de las fortalezas donde supuestamente nos esperaba el rey y su sequito.

 

Veía desde arriba las plazas y las calles, los centros de comercio, y también las casas, los puertos, las mansiones, y cada edificación,  cada callejón, y cada lugar repleta de personas que me saludaban, y gritaban mi llegada.

 

Cada hombre dorado, cada niño y niña, mujer y anciano, de cabellos rubios, de ojos dorados, me saludaban con felicidad, corriendo todos hasta el castillo del Esterio Imperio esperando que me pronuncie ante ellos.

 

Todo era exuberante y hermoso, glamuroso y elegante, fino y delicado, de extremo detalle, cada arbusto o jardín, cada estatua o busto, todo en orden y sin ninguna mancha o desgaste, las paredes que limitaban y separaban las calles y los condominios estaban cortadas y puestas en una exactitud enormemente exacta,  las personas vestían elegantemente, y no había nada que manchara el nombre de la raza Berserker, no existía la pobreza en ese lugar, existía abundancia por donde quiera que veas, campos hermosos de alimentos dorados, como el trigo o el maíz.

 

Ellos no podían quejarse de nada, vivían bien y sin restricción, los soldados era altos y apuestos, y que decir de las mujeres que excedían mi belleza.

 

El barco llegó al hangar, en la cúspide de una torre y desembarcó en las alturas, vigilado por los vigías del cielo eran como los llamaban  aquellos que montaban grifos y lobos con alas.

 

No sabía mucho de este mundo, ni de lo que me depararía, pero  me había  impuesto una meta, y era esperar su llegada.

 

Nada podía detener este momento, saludaba a toda esa gente desde la sima, les sonreía y les correspondía con la mirada a todo aquel que me aclamaba.

 

De momento llegó un hombre alto, más alto que Goud Gold, y rinde respeto arrodillándose y luego levantándose para inclinar su cabeza después.

 

— Mi diosa, el Imperato la espera— Me dijo Zastrozz.

 

—  ¿Quién eres tú?— Pregunté muy educadamente, mientras este sonríe levemente, pensando que me había impresionado.

 

— mi nombre es Zastrozz Gold.

 

— ¿Gold? Eso quiere decir que tu…

 

—… Si su divinidad, Goud es mi hermano… soy su hermano mayor.

 

Este hombre no solamente es presumido sino que también es irrespetuoso interrumpiéndome de esa manera.

 

— Síganme los llevare donde está el Imperio.

 

Parecía muy impetuoso, sentía una tención así él de que quería coquetearme, su hermano era todo lo contrario, se mantenía a una distancia prudente detrás de mí, y en silencio.

 

Zastrozz caminaba delante de mí  y decía:

 

— Espero mi hermano no le haya causado molestias, y que su viaje haya sido cómodo.

 

Yo no le hablaba, solo caminaba con él, con toda su guardia en la retaguardia, sus armaduras y sus armas rechinante era todo lo que se escuchaba en ese pasillo vasto y lleno de columnas doradas.

 

De pronto se oían gritos, los gritos de una mujer gimiendo, sabía lo que estaban haciendo, Zastrozz golpeó la puerta y dijo:

 

— ¡Su imperio!

— Largo, estoy en mi hora, déjenos en paz, lárguense— Respondió el rey entre jadeos.

— ¡Su imperio, ella está aquí!

 

De un sobresalto se escucha el quejido del Imperio, y la puerta se abre; una mujer sale, los hombres se inclinan ante ella. Una mujer hermosa y de pechos grandes, tan grandes que podría alimentar con su leche a un batallón, su escote pronunciado hacia que el que la viera pensara que se fuera a estallar su corcel,  ella me mira feliz y se inclina ante mí, trata de saludarme pero yo me alejo de ella.

 

— ¡Su divinidad!— Dice ella, entendiendo mi mensaje silencioso.

 

La mujer se retira con una mirada triste. Y el supuesto rey sale a recibirme.

 

— Su divinidad le imploro clemencia por mi acto tan vil de no recibirla apropiadamente, y ruego perdone a mi esposa, ella no tiene la culpa.

 

El imperio se arrodilla,  Zastrozz le ve con ira. Sin embargo ante esa tención, Zastrozz, dice:

 

— Su divinidad, por favor siga y tome su lugar en el trono.

 

Pero cuando sigo y veo fluidos corporales en el trono me desvió de este y me voy hacia la ventana, teniendo paciencia.

 

Zastrozz ve mi inconformidad y lo que yo vi en el trono y ve de nuevo al Imperato con ira, el Imperato se levanta y manda a limpiar, pero yo le digo:

 

— ¡Hagan otro trono!

— Per su divinidad, ¡es solo limpiarlo, y ya estará!

— No me sentaré donde usted su Imperio Oromus ha tenido actos sexuales con su esposa.

 

De inmediato se mandó hacer un trono para mí, y el soldado Zastrozz que era el más confiado, se refirió a mí, diciéndome que tenía que pasar una prueba más para gobernar este mundo.

— Mi señora hemos enviado una carta al concilio de los electores para que se presentaran ante usted y terminen la última etapa de verificación de procedencia.

— ¿Qué es lo que dices? ¿Investigaran mi procedencia?

— Esa es la labor del concilio de los electores, mañana enviaran su comunicado, mientras tanto siéntase libre de mirar, caminar y preguntar todo lo que quiera.

El Rey Oromus,  se levantó y se refirió a mi como su igual, cosa que no me importaba, ya que él, era un Esterio Imperio, algo así como el rey en este lugar. De túnicas doradas largas y esponjosas, sotana blanca impecable bajo eso, y su corona era rombos formados en cuatro pisos, repetidos de forma vertical y horizontal. Este rey era viejo, y de cabellera larga muy bien cuidada, de barbas doradas y tan largas que llegaban hasta su abdomen, sus ojos dorados se escondían bajo esos parpados arrugados y caídos.

 

— Su divinidad, es tradición que ellos verifiquen la autenticidad, pero no tiene de que preocuparse, todos sabemos que eres nuestra diosa.

 

— Me siento honrada Imperio Oromus de que diga eso, aunque no me importa, que  hagan lo que quieran, haré mi trabajo adecuadamente, para eso he venido.

 

Al retirarse Zastrozz de la habitación, el rey Oromus abre la ventana enorme, y grita a toda la ciudad que la diosa ha llegado al mundo, el bullicio no se hace esperar y el amanecer dorado empieza.

 

 

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