MNU Volumen 3 – Capítulo 19

Modo Noche

Capítulo 31

Saga de OldWorld:

La triste vida de Charles Irving Smith.

“— Siento mucho que me hayas visto llorar, es solo que me hiciste recordar algo— Le dije a Julio, pero este me mira y dice. — No se preocupe, más bien cuénteme que es lo que recordó.

— No es nada, no te preocupes no es nada malo.

De inmediato llega mi hijo todo apurado para avisarme la muerte de mi cuñada. Al atestiguar eso, Julio se retira con decoro y yo aceptándole su despedida, cierro la panadería y tomo mi gabán para ir donde estaba mi esposa.

Es ahí cuando miro atentamente el silencio ensordecedor que ambientaba la tristeza en ese cuarto con la muerte de su hermana. Mi esposa llora sobre su cuerpo pálido y demarcado. Y se levanta para abrazarme y llorar sobre mi pecho. Mi hijo coloca una sábana blanca en su cuerpo y esperamos parte médica para el deceso.

* * *

Era época de lluvia cuando fuimos a enterrar a Florences, la hermana mayor de mi esposa; nunca se la llevaron bien, pero aun así ella en su último suspiro, deja en heredad un viñedo, y la casa en parís. Chardi nunca le contó a su hermana lo que le tocó hacer en Britania para sobrevivir. Ella me cuenta, que de pequeña se escapó de su casa; y su hermana fue en busca de ella para convencerla de que volviera con su madre que estaba enferma. Pero ella no quiso así que sin poder convencerla esta volvió resentida con ella por su egoísmo. Pero sin falta, Chardi enviaba dinero para sus cuidados, y medicina que podía conseguir más barato en la ciudad, pero todo fue en vano.

Su madre murió, ninguna medicina funciono. Chardi nunca se perdonó haber dejado tanta carga a su hermana cuando estaba viva. Tenía una deuda pendiente que ahora debía pagar.

En tres meses y sin saber nada de ese joven prometedor, mi esposa y yo nos dedicamos enteramente al viñedo. Vendí mi panadería y pagué mi deuda al banco, vendimos la casa de parís y nos fuimos a Alsacia.

En 1869 la producción de vino iba de maravilla, mi hijo Michael nos había presentado su prometida Olett, quien le dio un hijo que bautizo como Charles tercero. Eran tiempos de paz y calma, todo marchaba bien: mi esposa Chardi estaba feliz, prosperábamos con el vino rosado y blanco, monté mi propia cervecería de malta de cebada como en Dublin, mi hijo estudiaba medicina, y su esposa Olett ayudaba a Chardi en los viñedos con las demás mujeres que ella ayudo. Un día mientras cuidaba al pequeño Charles, mi hijo Michael trae consigo un presente desde parís de un conocido mío.

Abrí el paquete, y revelé que el paquete era un libro que se titulaba «veinte mil leguas de viaje submarino, por Julio Verne», quede totalmente sorprendido, aquel chico había publicado ya algún escrito suyo, y según mi hijo era el libro más vendido.

Leí su historia y me trajo nostalgia, así que cada vez que mi hijo viajaba a parís, le pedía siempre que trajera consigo alguna historia de ese joven, como « las aventuras del capitán Hatteras», pero el que más me gusto fue «viaje al centro de la tierra».

Todo marchaba tan bien para mí en esa época. Pero como la incertidumbre misma, la vida era un mar impredecible de sucesos que llevaban a los hombres a cometer actos viles, como de hazañas heroicas. En 1870 se desata la guerra Franco-Prusiana.

Alemanes irrumpieron una noche para incendiar los viñedos.

Que errado estaba en aquellos tiempos de paz, era algo insensato de mi parte haber ignorado por tanto tiempo la situación del país. Disfruté de tanto mí tiempo en esta tierra con mi hijo y mi esposa, que no presté atención a lo demás.

Francia entraba en una crisis política, la confederación alemana del norte ayudaba a Prusia a recuperar Luxemburgo, y así mismo estropean el plan de Napoleón III para convertir Francia en una potencia Europea.

Mi hijo fue reclutado en la guerra, mientras nosotros nos la arreglábamos para recuperar el daño en los viñedos.

Los alemanes habían matado algunos de nuestros trabajadores y violado algunas mujeres. Mi esposa estaba empeñada en sacar a los invasores, así que invertimos con nuestros ahorros, en algunas armas para la defensa de nuestra propiedad.

Pero al final todo fue para nada, nos llegó la noticia de que nuestro hijo había muerto en batalla. 

Lloré como nunca había llorado, y ese día mi esposa dejo de comer y de sonreír. Mi nuera la cuidaba cuanto podía, pero los mese pasaron y los tiempos difíciles llegaron.

Francia había perdido la guerra, las tierras de mi esposa fueron incautadas, y la crisis empeoró. Mi esposa murió tiempo después por el brote de una enfermedad inmunda que surgió en España, y fue quemada junto con otras mujeres.

El destino había dado un duro golpe a mi plenitud, me arrebató a Chardi y a mi hijo, después fue mi nieto y casi por último a mi nuera que se salvó milagrosamente.

Yo era la única familia que tenía esa muchacha, que no pudo disfrutar la vida junto con su marido.

Vendimos los últimos barriles de vino que escondimos en la guerra, a un pueblo aledaño Aleman, y con ese dinero nos fuimos de Francia. Los trabajadores que no vieron futuro en el viñedo se fueron a otras partes de Europa.

Yo le propuse a Ollet irnos para Londres, esta acepta porque no tenía opción, al igual que mi esposa, Olett ya no sonreía. Perder a su esposo he hijo al igual que yo, nos mantenía extrañamente unidos.

Todo era diferente a como yo recordaba cuando llegué, mi felicidad en Francia opaco los recuerdos duros que había tenido en este país.

Me aloje en una residencia en la zona más baja de Londres, Ollet estaba un poco abrumada por el cambio tan repentino. Yo no sabía qué hacer, deje todo por mi esposa, ya no poseía nada.

En un momento de descuido Ollett estaba hablando con un joven. No sé qué era pero esta se puso toda roja cuando dejo de hablar con él.

Yo pedí trabajo en ese mismo establecimiento como cocinero, pero lo único que obtuve fue ser el limpiado y mesero de ese lugar.

Al menos tenía algo con que poder sostener a ambos, pero a medida que pasaba el tiempo Ollett hablaba siempre con ese chico. No sabía que le decía, así que me propuse saber qué era lo que tanto le platicaba. En ese momento Olett era la mucama de una residencia para burócratas.

Una noche Ollet llega tarde en la noche en la residencia donde morábamos, estaba ebria. Yo no sabía que sucedía con ella, pero esta vez entre su borrachera se desnuda en frente de mí.

Tome mi camisa y se la puse, ella tan solo acepta la prenda y se queda dormida en la cama donde yo dormía. Me indigne tanto que me fui esa noche para buscar prostíbulos, y preguntar si ella trabajaba en alguno. Pero esa noche ningún establecimiento me dio razón.

Me devolví y justo en ese momento vi al joven que antes platicaba con Ollet en un callejón fumando. Estaba solo, tenía una ira interna que no había salido desde que mi hijo murió. Así que me acerque desde las sombras y atrapé al joven, el joven no se explicaba por qué le atacaba, pero algo me decía que lo que Ollet hacía en las noche era algo inmoral. Pero me recordé a mismo en mi juventud, como me enamoré de una prostituta que me dio un hijo. Paré de golpearlo y lo dejé tirado inconsciente. Me limpié y le dije a unos hombres que había un hombre moribundo en el callejón.

Yo tomé rumbo a la residencia y me acosté llorando por todo lo que me había ocurrido. Había pasado tanto tiempo que mi mente se ahogaba en cosas que un hombre normal no debería haber pasado. La muerte siempre estaba acuñada en mi mente, pedía tanto el final de mi vida.

Desde ese momento Ollet nunca más llegó tarde, y ella tampoco me dijo que era lo que hacía en las noches cuando llegaba tarde, paso todo lo contrario, a medida que el tiempo pasaba, vi una actitud diferente en ella con migo: Era más atenta, estaba más temprano en la residencia con algo de comer, me tenía el baño listo, y siempre me preguntaba algo para tener una conversación.

Y una noche, sin haberlo previsto aun con esas señales, ella llevaba un vestido transparente.

Esa noche me fue inevitable no caer en la tentación.

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