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CoS – Capítulo 134

Libro 2 – Capítulo 17. Un Guerrero Valiente

Capítulo extra, Patrocinador por: ¡El Legendario Jóse López! ¡Muchas Gracias!

Una vez que los dos poderosos trolls se unieron, el apenas sostenido punto muerto se rompió finalmente. Los fatigados soldados y caballeros fueron incapaces de resistir sus golpes mágicos.

Un caballero chocó frontalmente contra Término Medio, tambaleándose hacia atrás por el fuerte golpe. Su brazo izquierdo estaba deformado por el impacto, colgando del costado de su cuerpo con su escudo abollado.

Término Medio estalló en una furia violenta. Había golpeado con todas sus fuerzas, pero no había sido capaz de derribar a este débil enemigo. Rugió salvajemente, girando de nuevo sus pesados martillos haciendo que el caballero volase a la distancia como una marioneta con las cuerdas cortadas. Luego se enderezó, golpeándose el pecho mientras rugía estruendosamente: “Malditos trozos de carne, ¿quién todavía quiere pelear?”.

Nadie respondió al grito de guerra del troll. No había tenido un hechizo de dominio del idioma, así que para ellos sus rugidos no tenían sentido. Por supuesto, lo mismo podría decirse del contrario.

Mientras Término Medio rugía hasta satisfacer su corazón, Tiramisu rápidamente le adelantó. Blandía su propio martillo, golpeando sin piedad a un guerrero contra el suelo. Su hermano rugió de rabia, persiguiéndolo de inmediato.

Un momento después, Menta y sus soldados sobrevivientes fueron rodeados en un espacio abierto en una esquina de la base. El casco de Menta no se veía por ningún lado, con su sudoroso cabello pegado en la frente.

El lucero del alba se hacía cada vez más pesado, tanto que se le hacía difícil sostenerlo. Cada músculo del cuerpo de Menta estaba adolorido. Se había formado una grieta en el escudo de su mano izquierda, con su borde un poco deformado.

Menta miró hacia atrás. Sólo quedaban dos caballeros, empapados en sangre por todas partes, así como una decena de guerreros que también resultaron heridos. En el lado opuesto estaban Gangdor y siete soldados Archeron, así como los dos formidables trolls. El bardo elfo estaba agachado sobre un techo, sus manos temblando de cansancio mientras se aferraba a su arco y flecha. Sin embargo, incluso entonces ese maldito canto de guerra no dejó de salir de sus labios.

Su mirada finalmente se posó en Richard, Waterflower y Flowsand. La clériga pareció no percatarse de su mirada animalista, en su lugar hojeaba el Libro del Tiempo a medida que lanzaba un hechizo tras otro sobre sus propias líneas delanteras, incluyendo a Gangdor y los caballeros. Aunque esta vez sólo fueron hechizos menores, irritaron tanto a Menta que casi se vuelve loco.

¡Fue esta mujer! Su poder divino parecía interminable, rescatando a los enemigos de Menta uno tras otro del borde de la muerte y llevándolos de vuelta al campo de batalla. Cuando la batalla se desarrolló por primera vez, los dos caballeros originales que aún no se habían recuperado de sus graves heridas sólo habían sido capaces de defenderse. Sin embargo, con lo cansado y herido que estaba su ejército, incluso ellos se habían convertido en una fuerza a tener en cuenta.

Richard clavó en el suelo la espada sin nombre que Gatón le había dado y dio un paso hacia adelante mientras le hablaba a Menta: “Ríndete, Sir Menta. No hay necesidad de más sacrificios inútiles.”

Menta se rió a carcajadas, antes de replicar amenazadoramente: “¿Rendirme? ¿Qué puedes ofrecerme?”

“Jurarme lealtad a mí sería la mejor opción, pero de lo contrario te convertirás en prisionero de guerra. Haré que el Barón Forza pague un rescate por ti, dándome un pedazo de tus tierras”.

“¡En tus sueños!” Menta gruñó, apretando con más fuerza su arma: “¡Aquellos que adoran al Dios del Valor nunca ceden ante los intrusos! ¡Saquearás, masacrarás y destruirás! ¡Nadie cooperará contigo!”

Richard sonrió: “Que yo sepa, el Dios del Valor no es la única deidad aquí. Hay muchos otros, algunos de los cuales son sus enemigos. Además, no todos aquí son religiosos. Siempre puedo encontrar a alguien que esté dispuesto a trabajar para mí. No eres tan valioso como crees”.

Menta escupió ásperamente al suelo, burlándose: “Mi valor reside en la dignidad y la convicción. Hijo de puta, ¿te atreves a enfrentarte a mí en un duelo? ¡Incluso sin energía puedo patearte el culo contra el suelo!”

El rabillo del ojo de Richard tembló violentamente en el momento en que escuchó la palabrota que le había dicho. Dio dos pasos hacia atrás con calma, sosteniendo la espada enterrada en el suelo con un agarre de revés.

Menta entrecerró los ojos, inconscientemente se encogió un poco como si hubiera visto una bestia peligrosa. Aunque estaba desconcertado por el mago que sostenía una espada extravagantemente larga y delgada, en el fondo estaba gratamente sorprendido. Este joven mago era claramente el líder de los intrusos. Si pudiera capturarlo, probablemente sería capaz de sacar a sus hombres de este aprieto.

Flowsand y Waterflower se movieron hacia Richard, mientras que Gangdor se giró y mantuvo su hacha preparada para poder interceptar a Menta instantáneamente. De repente, el campo de batalla se quedó en silencio, con la excepción de un murmullo en una esquina.

Richard extendió su mano hacia Gangdor, “¡Gangdor, vino!”

Gangdor se quedó perplejo por un momento, pero solo murmuró un poco antes de coger el pequeño frasco plateado que llevaba en la cintura. Le quitó la tapa y le dio la botella a Richard. Richard no miró de nuevo, levantando la cabeza y tragando todo el licor fuerte en unos pocos sorbos.

“¡Maestro, venenoso!” Waterflower le recordó con firmeza.

“¡Waterflower! Tú…” Gangdor se volteó para mirar fijamente a Waterflower, pero la chica no cedió mientras le devolvía la mirada. Intencionadamente levantó su espada un poco más alto, debilitando significativamente la ira del bruto en un instante.

La cara de Richard se enrojeció rápidamente con el alcohol entrando en su sistema, sus ojos se iluminaron como el oscuro cielo por la noche. Devolvió la botella de vino vacía a Gangdor, mientras aflojaba gradualmente su agarre sobre la espada dedo a dedo.

Richard miró al cielo, dejando escapar un aliento que apestaba a alcohol antes de mirar a Menta una vez más: “Ésta es una guerra planar, no una sala de estar de un noble. No puedes pedir un duelo. ¡A la carga, todos! ¡Acabad con él!”

Menta rugió y empezó a lanzar su propio ataque, pero inmediatamente se encontró con una firme línea defensiva. Gangdor y los trolls lo interceptaron con éxito, moviéndose con una agilidad que no se correspondía con sus enormes cuerpos.

En extrema desesperación, el caballero estalló con una fuerza asombrosa. La fuerza del lucero del alba hizo temblar la tierra, forzando a Gangdor y a los trolls a retirarse continuamente. Sin embargo, una luz amarilla brilló sobre Menta e instantáneamente lo ralentizó por más de un segundo. El mago troll levantó rápidamente su martillo, dándole un fuerte golpe en la espalda al caballero. Dos caballeros Archeron relativamente ilesos ocuparon otras dos posiciones, los cinco rodearon y atraparon a su objetivo.

“Aquellos que no deseen morir, suelten sus armas. pónganse contra la pared y quédense quietos”. Dijo fríamente Richard, señalando a los soldados sobrevivientes un rincón del muro.

Un caballero novicio miró inexpresivamente a Sir Menta, apenas capaz de ver su figura tras el velo de polvo. Dudó un momento, antes de soltar sus armas y lentamente girarse para pararse de frente al muro. Al mismo tiempo, levantó las manos hacia arriba. Con tal precedente, los otros soldados tampoco dudaron más. Dejaron caer sus armas una a una, y no resistieron más.

Los rugidos de Menta se volvían cada vez más suaves. Cuando su figura alta y robusta finalmente colapsó, tenía innumerables heridas por todo el cuerpo. Todos los que luchaban contra él, ya fuese Gangdor, los trolls, o los caballeros, también habían sufrido graves heridas. Era un guerrero que luchaba como un león, sin darse por vencido por desesperado que estuviera.

Richard se acercó al cadáver de Menta y se agachó, extendiendo su mano para tocar la sangre que fluía del caballero. Todavía estaba hirviendo.

Suspiró, levantándose antes de decir: “Este era un enemigo respetable, entiérrenlo bien. Hagan que su equipamiento lo acompañe en su eterno descanso”.


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