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CoS – Capítulo 0.4

Capítulo 0.4 Prólogo

El mago continuó sonriendo extrañamente. El humo de la explosión causado por el hechizo parecía juntarse detrás de él, silenciosamente desenvainaron una gran espada colocándola delante del mago. La flecha golpeó la espada y rebotó como si fuera un juguete, el humo se dispersó para revelar la presencia de un caballero fuertemente armado.

La luz brillaba en las articulaciones de la armadura del caballero, y el caballo de guerra en el que estaba sentado era medianamente más grande que el resto. No había armadura ni arnés en el caballo, pero sí complejas runas que estaban inscritas en su piel.

“¡Caballero de la Runa!” Tzu gritó, y esta fue la primera vez que reveló tal terror.

Los Caballeros de la Runa eran el exponente de la fuerza humana. Poderosos guerreros con armaduras personalizadas y encantadas, la verdadera fuente de poder yacía en las runas inscritas en ellos y en sus caballos. Uno sólo podría ser llamado Caballero de la Runa si pudiera manejar al menos cinco runas.

En el campo de batalla, un solo Caballero de la Runa podría masacrar fácilmente a todo un ejército. Tenían tanto control sobre el flujo de una batalla que la primera generación de Caballeros de la Runa se convirtió hace siglos en la pesadilla de las otras razas habitantes de Norlandia. Los Maestros de Runas, que pudieron inscribir estas runas, se convirtieron en las personas más buscadas de todo el continente, pero el número de ellos podía contarse con una mano. Se necesita un gran talento para ser un Maestro de Runas.

Tzu estaba desconcertada por la apariencia del Caballero de la Runa, pero antes de que pudiese reaccionar una ráfaga de hojas verdes oscuras se adherían en su cuerpo. Las hojas palpitaban con energía mágica mientras la cubrían, y por mucho que tratara de resistirse a la magia que no podía.

“¡Elena!” Gritó, pero su cuerpo lentamente se volvió transparente y desapareció. Las hojas eran una poderosa herramienta mágica, utilizables sólo una vez. Su propósito era transportar al objetivo a un lugar designado, y su poder era algo a lo que Tzu no podía enfrentarse. Sólo podía observar mientras una marea de maná se filtraba del cuerpo de Elena, drenándola hasta caer al suelo.

Elena estaba tan malherida que su visión estaba borrosa, ni siquiera podía ver a los pocos guardias que quedaban. La anterior explosión mágica  les afecto a ellos también, y los caballeros armados de los oponentes estaban preparando otra carga. Si bien podían pelear con la armadura ligera, este asalto los eliminaría a todos.

¿En lo que respecta a sí misma? No se preocupaba pensando en las consecuencias de caer en las manos de sus oponentes, porque sabía que eso no sucedería. Una daga de jade apareció en sus manos, apuntando hacia su corazón. La daga resplandecía con un brillo plateado, las runas inscritas en su interior eran capaces de quitarle la vida y el alma. Rápidamente esta daga la convertiría en un montón de cenizas.

Había un último obstáculo que permanecía a su alcance, y era un conjuro almacenado en un ornamento que llevaba puesto. Una vez que lo destruyera, ella se quitaba la vida. Nunca dejaría nada para estos humanos.

Los jinetes lanzaron una carga ensordecedora que bloqueaba todo el ruido. Pero esta vez, Elena recogió algo familiar en medio de esa avalancha de movimiento…

Gaton se encontraba cerca del campo de batalla, y la fuerte e imponente conducta del Caballero de la Runa había hecho que sus pupilas se encogieran. Subconscientemente había querido irse, pero el momento en que vio la barrera de Elena rompiéndose su cara se puso pálida. El iris blanco de sus ojos se llenó de hilos de sangre mientras rugía como un maníaco, cabalgando hacia el Caballero de la Runa.

“Es demasiado tarde para intentar cualquier cosa.” La conciencia de Elena se desvanecía, agarró la daga y  apuñaló su corazón.

*¡Thud! Su muñeca de repente recibió un fuerte golpe, ocasionando que la daga volara alejándose de su cuerpo. Elena ya tenía la ropa rayada, casi perforando la piel. Una vez que atravesara la piel,  los efectos de la daga comenzarían.

Un brazo poderoso se enrolló alrededor del cuerpo de Elena, levantándola. Se sentía repleta de alivio, como flotando entre las nubes. Un olor familiar calmaba sus nervios, relajando sus sentidos. Su visión se oscureció, y finalmente se desmayó. Lo último que sintió fue una sensación en su espalda. El cuerpo de ese hombre se quemó, pero era robusto como el acero.

Elena no sabía cuánto tiempo pasaba antes de abrir sus ojos, pero lo primero que vio fue una espalda desnuda con la piel enrojecida y los músculos tensos, repleta de cicatrices. El hombre no tenía que voltearse para que ella supiera que era Gaton.

Su mente aún estaba borrosa, y su cuerpo no tenía fuerza. Se preguntó cómo un guerrero de nivel 3 consiguió sacarla del campo de batalla mientras observaba el cielo; no estaba en la mazmorra de un castillo, sino en una cueva.

Se esforzó para sentarse y sintió un repentino frío en su pecho que la hizo darse cuenta que sus ropas estaban completamente destrozadas. Incluso la resistente ropa interior había sido rasgada, y mientras ella se sentaba sus ropas se desgarraron para revelar su pecho en su totalidad. Gaton escuchó los movimientos detrás de él en ese mismo instante, girándose vio a Elena en toda su gloria.

“¡Tú!” Elena gritó enfadada. Levantó sus manos, preparándose para desencadenar una explosión de magia, pero con su maná agotado desde la batalla causó que su visión se debilitara. Casi se desmayó de nuevo ante el inmenso dolor en sus manos, su cuerpo cayó al suelo.

Gaton estaba asustado. Se apresuró para atraparla, abrazándola como apoyo. Elena luchó violentamente, pero luego Gaton protestó: “Ya lo vi  todo, así que deja de luchar, ¿quieres?”.

Su voz llevaba un poder misterioso, y Elena lentamente fue tomando conciencia al ver su rostro cubierto de sangre, su cuerpo apestando a sangre, pero sosteniendo una tierna expresión. La parte izquierda del pecho de Gaton estaba herida justo sobre su corazón, y sus esfuerzos habían causado que las heridas se abrieran de nuevo. La sangre brotó como una flecha.

Elena se puso pálida, y Gaton se rió un poco: “El Caballero de la Runa me apuñaló, pero estaré bien. Necesitaba un golpe para escapar de él”.

Elena dejó de moverse, no se molestó en limpiar la sangre de su rostro. Su pecho aún estaba expuesto, pero ya no pensaba en eso, concentrándose en la herida del pecho de Gaton. Incluso con toda la suerte del mundo, un guerrero de nivel 3 tendría que asumir  las consecuencias de enfrentarse a  un Caballero de la Runa. Probablemente el corazón del hombre fue penetrado, a juzgar por la profundidad de la herida.

“Tu…” Gaton parecía entender antes de que ella continuara hablando, sujetó su mano y la coloco en su pecho. Elena sintió un latido cardiaco fuerte y constante bajo sus músculos firmes.

“Tengo dos corazones, y puedo recuperarme más rápido que las bestias. Perder uno no significa nada.” Sus risas seguían brillando, dándole a Elena una paz repentina que la hacía sentir segura. Cuando Gaton se inclinó para besarla, y no se resistió…

Al caer la noche, la hoguera en la cueva ahuyentó toda la frialdad. Gaton y Elena se sentaron junto al fuego. Un conejo salvaje estaba siendo asado a la barbacoa, pero Elena tenía poco apetito, abrazaba sus rodillas y apoyaba su cabeza en ellas. Justo en el clímax de su sesión íntima, ella había empujado a Gaton. Cualquier otro tipo probablemente se pondría furioso, pero actuó como si nada hubiera pasado y en vez de eso estaba contento haciendo la cena para los dos. Sus ojos estaban llenos de una inocente dicha y amor, y ella no podía ver signos de odio o resentimiento en ellos.

“¿Te gusto?”

“¡Por supuesto!”

“¿Por qué?”

“No hay razón”.

Elena ordenó sus pensamientos antes de volver a hablar: “Apenas nos conocemos. No me entiendes y no conoces mi pasado.  ¿Pensaste por qué nos atacó Earl Kyle? Deberías saber que tengo secretos”.

“No importa. Soy un Archeron, y si nos gusta alguien a nosotros. No hay ninguna causa, ni razón para ello”, dijo Gaton casualmente.

“¿A cualquier precio?”

“Por supuesto.”

“¿Y si quisiera que te murieras?”

“Si es necesario, entonces seguro.” Gaton sonrió.

Elena no habló mucho, se quedó callada, pues no creía en las palabras de aquel hombre. No se conocían bien, de hecho ni siquiera habían conversado mucho. Incluso Tzu estaba más familiarizada con él, ¿pero estaba dispuesto a morir por su amor?

Humanos. Dan promesas sin sentido, pero nunca están dispuestos a cumplirlas. Y sin embargo, ella observó el escandaloso chorro de sangre que aún fluía de la herida de Gaton, y Elena flaqueó.

El silencio reinaba. Hizo falta una eternidad para que Elena hablara: “¿Todos los de tu familia son…?”

¿”Estúpidos”? Preguntó Gaton riéndose, continuando: “Tal vez sea verdad. Todos somos idiotas cuando estamos jóvenes. Pero está bien ser idiota, lo más aterrador es no poder encontrar a alguien por quien volverse un idiota”.

“Tu respuesta no era lo que espera. Pero este apellido, Archeron, es un poco raro. ¿Podrías decirme tu nombre completo?”

“Gaton Isaiah Satanistoria Archeron.” Sorprendida, Elena levanta la cabeza para mirar a Gaton. Sus ojos seguían siendo como las gemas más puras y perfectas, pero su corazón aun así ya no estaba en paz. El nombre era ridículamente largo y difícil de pronunciar, pero ella podía reconocer que ésta era un nombre tradicional de demonios. Si este hombre realmente tuviera sangre de demonio en él, sólo el nombre sería capaz de vincularlo. Su poder no parecía de un demonio, pero era comparable.

Se detuvo por un tiempo y finalmente dijo: “¿No te dijeron que no pronunciaras tu nombre a la ligera?”.

“¿Te refieres a mi nombre verdadero?” Gaton continuó. “Mi madre me advirtió en cuanto crecí que no se lo contara a nadie. Pero si tuviera que hacerlo, sólo podría ser a una persona”.

Así que lo sabe todo. De repente, Elena no pudo encontrar las palabras para hablar. Ella sólo sentía que este hombre y todo lo relacionado con él, era muy absurdo, pero tan real.

De alguna manera, algo que tocaba su corazón existía entre los reinos de la ilusión y la realidad. Al igual que Gaton había dicho, sus palabras significaban un pacto sincero de su voluntad de morir por ella. Decirle su nombre verdadero era tan importante como poner su vida en sus manos… En verdad, ¿cómo podía haber un hombre tan idiota?

“¿Qué quieres ser, entonces? ¿Permanecerás como un aventurero?”

“¡Por supuesto que no, crearé mi propio ejército y lucharé contra otras razas, pavimentaré tierras y estableceré mi propio reino!” Dijo Gaton con dignidad, como si fuera un general que antes había dirigido miles de tropas.


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