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CoS – Capítulo 126

Libro 2 – Capítulo 9. Mensaje 

Un momento después, Richard regresó a la base junto a Flowsand. Él ya había entendido la situación, habiendo resuelto sus prioridades. La primera y más importante tarea era reunir información, tanto sobre el barón que vendría como sobre su entorno. La siguiente sería levantar la moral de todos y por último, el problema de formar un ejército en este plano.

Todos los que fueron contratados por Richard también volvieron corriendo a la base, asegurándose de que él estaba a salvo. Richard reasignó sus roles, enviando a Olar junto a Gangdor y Waterflower para inspeccionar el terreno. Los trolls, ahora despiertos, ayudarían a los caballeros a limpiar el campo de batalla y reparar el equipo.

Tiramisu conseguiría mostrar sus habilidades, transcribiendo un gran número de pergaminos de dominio del idioma. El primer paso para arraigarse en este plano sería conquistar la barrera del idioma.

Con el mediocre progreso de Olar en el interrogatorio, Richard decidió interrogar a los cautivos él mismo. Flowsand le ayudaría, evitando que murieran si perdiera el control.

Olar ya había obtenido cierta información, pero era tan gentil que se frenaba en momentos clave. Le dieron declaraciones ilógicas y contradictorias sobre el número de soldados y caballeros que tenía el barón, e incluso sobre su plan de seguimiento original, así como sobre el relieve del territorio del barón. Con la intensa sensación de crisis que envolvía su corazón, Richard ya había perdido la paciencia.

Cada hora que pasaba en ese punto significaba un peligro creciente. Quizás el ejército del barón ya estaba en camino, o las deidades ya habían enviado una nueva orden a través de sus oráculos. ¿Cómo podía permitir que estos cautivos gastaran más de su precioso tiempo?

Richard seguía aturdido cuando entró en la pequeña pero bien equipada sala de interrogatorios. Originalmente, los dos cautivos sentían que podían soportar más castigo, pero se marchitaron con el frío cuando él entró en la habitación. La luz del lugar parecía haberse atenuado.

El dúo estaba cubierto de heridas, pero ninguna de ellas era grave. Ambos parecían estar en sus treintas, con una constitución fuerte y una habilidad aparentemente decente. Como guerreros de nivel 5, sus agudas miradas indicaban que estaban decididos a sobrevivir sin importar a qué se les sometiera. Probablemente eran veteranos.

Con una sola mirada Richard se dio cuenta de que esto sería relativamente difícil de manejar, pero no había soluciones para eso. Dos tipos de personas no podían ser derrotadas por la tortura: los que tenían una fe firme y aquellos que protegían algo a toda costa.

Estos soldados también estaban observando a Richard. Había entrado inexpresivamente, y al ver sus brazos largos, exquisitos y firmes, sus miradas cambiaron. Cuando vieron a Flowsand entrar por detrás de él, los dos que podían molestar al bardo elfo finalmente cambiaron de expresión.

Richard rápidamente revisó las herramientas que tenía a mano, inspeccionando las heridas de los guerreros. Sus movimientos fueron rápidos y hábiles, practicados innumerables veces cuando estaba en la taberna de Naya. El procedimiento se le había grabado de tal forma, que podía ser preciso sin siquiera pensarlo. Esa fue una de las habilidades más auténticas del bajo mundo.

Richard no dijo ni una palabra desde el momento en que entró en la sala de interrogatorios, sólo se ocupó de sus tareas en silencio. Eso asustó a estos soldados.

“¡Oye! ¡Oye!”, gritó uno de ellos mientras Richard lo encadenaba, “¿Qué tratas de hacer, chico?”

Richard hizo oídos sordos a cualquier amenaza y aullido, simplemente colgando al hombre y buscando sus herramientas.

“¡AH! ¡MALDITO SEAS, ¡HEREJE! ¡ARDERÁS EN LLAMAS!” Los gritos de los guerreros penetraron en la sala de interrogatorios, extendiéndose por el resto de la base. Richard se mantuvo rápido y firme, sin detenerse indiferentemente del volumen de los gritos del hombre. Una por una, todas sus herramientas fueron manchadas de sangre y desechadas. Flowsand ya había empezado a lanzar sanaciones menores, teniendo que lanzar el hechizo un total de siete veces para el momento en que Richard terminó de usar todo su repertorio por primera vez. El soldado había perdido toda su energía, su antigua ira ahora solo eran suaves gemidos que salían de su garganta.

“Siguiente”. Esta fue la primera palabra de Richard desde que entró en la sala de interrogatorios.

“¡No! No me toques, te diré lo que quieras… ¡AAAAH!” El primer guerrero había sido bajado, y colgó al segundo en su lugar. Richard ni siquiera consideró escuchar las palabras del hombre, repitiendo el proceso una vez más.

Cinco minutos y seis curaciones menores después, las herramientas se habían agotado una vez más. Esta vez, Flowsand incluso había necesitado lanzar un hechizo de sanación mayor para mantenerlo vivo. Los dos fueron devueltos a sus posiciones originales, aún cubiertos de heridas. Se veían más o menos igual que hace diez minutos, pero la arrogancia de sus ojos había desaparecido por completo.

Richard arrojó las herramientas manchadas de sangre en un cubo de agua fría con un estruendo fuerte. También se lavó convenientemente las manos, sentándose frente a los soldados: “Ahora, ¿qué tienen para decir? Sólo para que lo sepan, la clériga sólo ha usado un tercio de su maná.”

Minutos después, Richard había reunido todo lo que necesitaba saber. Les había interrogado varias veces, asegurándose de que no estuvieran mintiendo. Los soldados se desmayaron varias veces a lo largo del proceso, pero fueron despertados por salpicaduras de agua fría, impidiendo que perdieran el conocimiento.

El agua fría era lo mejor para usar en este tipo de situaciones, no la magia. La humedad que enfriaba los huesos envolviendo todo el cuerpo era la medicina más refrescante, los chorros de agua que bajaban por la espalda y las gotitas que caían del cabello los mantenían despiertos.

En el momento en que se aseguraron de que no podían conseguir más información, Richard y Flowsand cruzaron miradas. Ambos sintieron la preocupación en la mente del otro. Habían confirmado que se trataba de un plano intermedio, con gran poder militar. Su base de reconocimiento había terminado en el Ducado de Roca Blanca, una tierra de terreno complejo que estaba compuesta principalmente de montañas y bosques. A través de esta tierra, a más de diez kilómetros de distancia, fluía un río que mantenía la tierra fuera de la cordillera fértil y cultivable. En la curvatura del río se ubicaba el castillo del Barón Forza, junto a una ciudad portuaria. Kojo había sido uno de los cinco caballeros subordinados a él.

El plano era muy lluvioso y de suelo fértil, lo que les permitía desarrollar su agricultura a un nivel en el que los alimentos eran lo suficientemente abundantes como para mantener a una gran población. Había casi 200.000 personas viviendo en unos cientos de kilómetros cuadrados aledaños, con un ejército establecido que correspondía a más de mil personas con docenas de caballeros en entrenamiento.

La tradición en este plano permitía que cualquier plebeyo fuera nombrado caballero sobre la base del mérito y el poder, otorgándole un pequeño feudo con una mansión. Sin embargo, uno tenía que estar por encima del nivel 10 para poder recibir dicho tratamiento. Forza sólo tenía el nivel 8 con más de cincuenta años de edad, pero eso no disminuyó el peligro al que se enfrentaba Richard. El enorme ejército del barón podía extinguir el pequeño grupo de Richard que tenía menos de veinte hombres.

Además, el Barón era el noble gobernante de este gran territorio. Si hubiera una crisis, podría movilizar a los veteranos retirados, a hombres libres, a mercenarios y a jóvenes entrenados en una milicia del doble del tamaño del ejército. Por supuesto que eso significó menos de doscientos líderes que estaban por encima del nivel 5, con el resto más débiles que eso.


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