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CoS – Capítulo 132

Libro 2 – Capítulo 15. Punto Muerto (2)

Capítulo extra, Patrocinador por: ¡El Legendario Jóse López! ¡Muchas Gracias!

El estruendoso rugido de Menta resonó por toda la base, el zumbido de su lucero del alba por el aire fue tan agudo que hizo que el corazón de uno se acelerara. Sin embargo, incluso con su ventaja en nivel y energía, no tenía forma de ganarle a Gangdor. La fuerza innata del bruto le permitía igualar golpe por golpe a Menta, y a diferencia de su apariencia tosca, era extremadamente hábil. Hizo un gran uso de los estrechos caminos entre los edificios; las restricciones para el lucero del alba de Menta eran peores que las de su hacha.

Lo que más enfureció a Menta fue que los edificios en esta base eran más robustos que las casas típicas. Ya fueran las paredes o las puertas de madera, eran más fuertes de lo que parecían. Menta a menudo golpeaba una esquina con su arma, pero se atascaba en las paredes y la cadena rebotaba, trayendo ladrillos destrozados a su paso.

Después de una ciega ráfaga de ataques sin tener en cuenta su resistencia y energía, Menta finalmente atrapó a Gangdor en un ataque. Su salvaje fuerza quebró el hacha de su oponente, las púas del lucero del alba dejaron profundas heridas en el pecho de Gangdor. Sin embargo, Gangdor ni siquiera gimió por el daño. Su mano seguía agarrada a su hacha, como si nada le hubiese pasado.

Resultar herido fue normal en los campamentos de la muerte Archeron. Cualquiera que pudiera sobrevivir a ese infierno era anormal, capaz de ignorar completamente el dolor. La respiración de Menta se hizo más pesada, pero Gangdor parecía un no muerto mientras se levantaba a pesar de la severidad de sus heridas. Parecía que podía ser herido pero no asesinado, su energía seguía siendo fuerte como si no tuviera límites en su fuerza. Menta había determinado desde el principio que Gangdor sólo tenía el nivel 10, pero incluso con una diferencia de tres niveles, su lucha fue así de reñida. No pudo evitar enfurecerse.

Detrás de Gangdor había otro caballero, con un escudo en una mano y un hacha en la otra. Protegió la espalda del bruto, dejando a los caballeros oponentes que cargaban contra ellos sin forma de atacar. Mantuvo la espalda y el costado de Gangdor protegidos.

Estos caballeros de nivel 10 que Gaton había enviado no eran particularmente talentosos, pero todos tenían experiencia en la guerra. Eran como rocas en medio de una batalla, inmóviles e invencibles.

Menta se había enfurecido tanto en ese momento que se estaba preparando para acabar con Gangdor de un golpe. Sin embargo, una leve voz sonó en ese momento y una tenue luz parpadeó en el cuerpo de Gangdor mientras se entonaba un canto. El exhausto gigante recobró lucidez de inmediato, su fuerza incluso pareció crecer mientras bloqueaba una vez más los numerosos golpes con toda la fuerza de Menta.

“¡Malditos! ¡Bichos!” Menta maldijo de furia. Gangdor había recuperado su fuerza de la canción del bardo elfo. En este plano los bardos no se limitaban a sus artes; la mayoría de ellos vendían sus cuerpos. Eran básicamente iguales que las bailarinas.

Sin embargo, fue esta clase “barata” la que perturbó en gran medida esta batalla. Olar era extremadamente ágil, moviéndose libremente entre los edificios como si estuviera en el bosque. Escogía ocasionalmente la oportunidad de saltar sobre un tejado, rápidamente derribando a algunos desafortunados guerreros antes de huir a un lugar seguro para luego ser rodeado. Cada vez que sacaba su arco soltaba una flecha en los signos vitales de un oponente, todo ello sin mucho tiempo para apuntar. Los disparados fueron inmovilizados o directamente asesinados.

En su nivel actual, Olar podía bendecir a tres personas con el poder de su canción de batalla. Gangdor y otros dos caballeros irradiaron energía de inmediato, prolongando la batalla una vez más.

Gangdor retrocedía sin parar, mientras que Menta avanzaba. En el momento que Gangdor se alejó del estrecho callejón para situarse en un cruce, un rayo de luz sagrada brilló sobre él. Las marcas de la herida en su pecho dejaron de sangrar inmediatamente, mientras la carne se retorcía a una velocidad perceptible a simple vista. Las heridas se cerraron lentamente.

“¡Sanación mayor!” Rugió histéricamente Menta. Esta habilidad destruyó prácticamente toda su moral. ¿Quién era esta sacerdotisa? El hechizo era aún más poderoso que el sacerdote más viejo que habían traído, ¡y él estaba en el nivel 10!

El tipo más raro de intruso era un sacerdote. Las diferentes leyes planares condujeron al dominio de diferentes deidades, y un sacerdote a menudo perdía la conexión con su dios y por lo tanto su poder cuando entraba en un nuevo plano. Reponer el maná no sería un problema, pero no podrían progresar.

Menta observó los alrededores, viendo inmediatamente la ventana de un edificio en la esquina de la calle. Estaba la silueta de una mujer que parecía un sacerdotisa.

Al instante señaló a ese edificio, gritando: “¡HOMBRES! ¡MATEN A ESA PUTA!”

Dos soldados reaccionaron, entrando en el edificio, pero una tenue espada se interpuso en el momento en que entraron. Waterflower los rebanó, antes de abandonar el piso con el Pastor del Descanso Eterno en su mano. Subió al segundo piso, saltando a una de las habitaciones antes de salir por las ventanas para desaparecer hacia otro edificio. Richard y Flowsand, que originalmente también estaban en el segundo piso, no se veían por ningún lado.

Otro rayo de luz sagrada aterrizó en un abrir y cerrar de ojos, deteniendo inmediatamente el sangrado de un soldado gravemente herido. Una bola de fuego explotó no muy lejos, matando a los enemigos que le perseguían. El caballero aprovechó la oportunidad para escabullirse en uno de los edificios cercanos. El hechizo de Flowsand trataría la mayoría de sus lesiones en pocos minutos, tiempo suficiente para que él también recuperara algo de energía.

El tercero, el cuarto y el quinto… Aún más rayos de luz sagrada destellaron a través del campo de batalla, cada uno solo alimentó la furia ardiente de Menta. Su victoria había sido revertida, así como así, y ninguno de los enemigos había sido asesinado todavía. ¡Cada rayo que caía inclinaba un poco la balanza de la batalla, y esto ni siquiera contó a ese mago! Ya había lanzado cinco bolas de fuego y dos tormentas de carámbanos; ¿Tenía un poder interminable como el de esa sacerdotisa?

Menta tenía ganas de atacar personalmente a esa detestable sacerdotisa, pero Gangdor, que estaba de pie frente a él, se mantuvo firme, sin dejarle espacio para escapar. El olor a sangre en la base se hacía cada vez más intenso, pero la mayor parte provenía de las tropas de Menta.

“¡HUBERT! ¿Adónde fue ese desgraciado? ¡HUBERT! MATA A ESA PUTA!” El rugido de Menta cubrió la base una vez más, ¡pero la respuesta que recibió esta vez fue en realidad un extraño chillido afligido!
Su corazón dio un salto, una indescriptible urgencia llenó repentinamente su mente. Reconoció que el grito provenía de un subordinado, pero estos guerreros habían visto sangre y muerte antes, la mayoría incluso luchando contra los de otras razas. ¡Incluso muriendo en batalla no deberían haber gritado así! Este fue un grito de miedo extremo.

Incluso los no-muertos no asustarían a sus guerreros. Estos intrusos parecían ser humanos, ¿qué fue eso?

El chillido provenía de una pequeña casa en la esquina de la base. Un guerrero estaba rodando por el suelo, tratando de sacar un insecto grande y exótico de su cuerpo. Era un gusano de un metro de largo con un lustre negro, que arrastraba un abdomen extrañamente grande con seis robustas patas. Parecía muy torpe.

El caparazón en la espalda de la criatura estaba abierto, y agitaba sus alas de vez en cuando. Un par de cortas pero afiladas tenazas atravesaron el cuerpo del guerrero, la criatura estaba excavando en él. El guerrero, presa del pánico, sólo podía intentar golpear al bicho con las manos; había perdido hace tiempo sus armas.

Otro guerrero se apresuró hacia la escena, respirando un poco de aire frío ante la aterradora visión. Se quedó inmóvil durante unos segundos, antes de lanzarse hacia delante con un rugido, con su espada en la mano. Ese rugido no era para amenazar al enemigo, sino para darse valor.

Esta era la madre cría que había nacido de la semilla del Dragón Eterno. Había crecido varias veces en un solo día de búsqueda de alimento, desde el tamaño de un gatito hasta la bestia de un metro de largo que era ahora. Al ver a un nuevo enemigo, sacó su cabeza del cuerpo del guerrero, fijando sus ojos en la presa que le iba a atacar.

El guerrero tendido en el suelo empezó a sentir un dolor insoportable. Miró hacia abajo, solo para ver que la armadura, la piel, la carne, e incluso el hueso de su cintura se habían ido. El grito resultante ni siquiera sonó humano, y colapsó con los ojos en blanco.

El caparazón de la madre cría se abrió de nuevo, y se sacudió mientras volaba abalanzándose sobre el guerrero contrario. Su movimiento era cómico, como si le resultara difícil mantener el equilibrio.

Al oír el grito de su camarada, el hombre sintió cómo se le ponía la piel de gallina. Volvió a rugir, la espada larga en su mano cortó hacia abajo como un viento aullador mientras atacaba la cabeza y espalda de la criatura tres veces. Al ser atacada en el aire, la criatura cayó al suelo con un ruido sordo. Los golpes de la espada sobre su caparazón no habían hecho nada, solo habían causado un estruendo de metales colisionando. Los tres poderosos golpes del élite de nivel 5 sólo habían dejado cicatrices en el caparazón, sin atravesarlo.

La boca de la madre cría se movió repentinamente, y lanzó un ataque mental al guerrero. El veterano de batalla sentía como si hubiese decenas de agujas afiladas penetrando en su cerebro, quitándole la visión mientras perdía el equilibrio y caía. La madre de cría se abalanzó sobre él inmediatamente, aferrándose firmemente a su cabeza con sus seis patas mientras le atravesaba la espalda con sus tenazas.

La silueta de Richard apareció en la puerta de la casa. Tras ver a los dos guerreros derrotados, rápidamente se movió al siguiente campo de batalla. Flowsand lo siguió de cerca, asomándose también a la habitación. Sus pupilas se encogieron al ver a la madre cría, pero ella se apresuró a seguir a Richard sin decir ni una palabra.


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