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CoS – Capítulo 152

Libro 2 – Capítulo 35. Acuerdo (2)

Flowsand asintió, extendiendo su mano hacia Richard. Ella le señaló primero a él y luego a sí misma, la energía divina fluía a través de sus cuerpos congelando las fuerzas externas que les rodeaban. Mientras permaneciesen en silencio, ahora podrían evitar la detección incluso de los exploradores más experimentados.

Luego lanzó un hechizo que les permitió mezclarse con la naturaleza, algo similar a lo que usaban los druidas que adoraban a la Diosa del Bosque. Cualquier organismo bajo los efectos de este hechizo se mezclaría perfectamente con el bosque. Incluso si tocan los árboles y las hojas, el resultado sonaría como el viento o cualquier otro ruido natural.

Flowsand había exhibido algo especial sobre sí misma, pero Richard no notó nada extraño. El no tenía experiencia con las sacerdotisas del Dragón Eterno.

Los dos se hicieron uno con el oscuro bosque, sigilosamente dirigiéndose en la dirección de Olar. Con el contrato mágico establecido, el bardo elfo no podía ocultar su posición de la mente de Richard. Había estado en la misma parte del bosque durante unos minutos.

Al principio Richard sintió que eso era extraño, pero luego tuvo la corazonada de que algo podría estar sucediendo lo cual le hizo dudar sobre si acercarse más. Sin embargo, Flowsand tropezaba con él cada vez que se frenaba, su débil aliento soplaba sobre su cuello. Ella le empujaba suavemente la espalda, instándole a ir más lejos. La sacerdotisa no podía sentir los movimientos del elfo.

Al acercarse al pie de una colina, el viento de la noche era realmente fuerte. El viento silbaba fuertemente más allá del bosque, cubriendo cualquier otro ruido. No obstante, Richard sintió que la atmósfera había cambiado, volviéndose progresivamente más ambigua. El contacto físico con Flowsand se hacía cada vez más evidente, y los pensamientos de su cuerpo empezaron a aparecer en su mente. Intentó controlarse, pero fue en vano.

El bardo elfo no se adentró demasiado en el bosque, por lo que ambos lograron alcanzarlo muy rápidamente. Había otros sonidos extraños aparte del viento ahora, las voces de Olar y de alguien más. Richard lentamente bajó el denso arbusto y las ramas frente a él, mirando hacia el frente.

A diez metros de distancia, el elfo sostenía fuertemente a una mujer mientras chocaba ferozmente contra su cuerpo una y otra vez. Al mismo tiempo, estaba usando su melodiosa voz para susurrarle palabras dulces al oído. La mujer tenía su espalda apoyada en un árbol, sus brazos alrededor del cuello del bardo mientras sus piernas se aferraban fuertemente a su cintura. Excepto por lo que soportaba el árbol, todo su peso estaba en Olar.

Ella estaba en éxtasis puro, con cada gemido más fuerte que el anterior. El elfo le recordó que bajara la voz, así que ella enterró su cabeza en el cuello de él y procedió a morder su hombro. Sonidos amortiguados escaparon de su garganta, haciéndola parecer que lloraba y en gran placer al mismo tiempo.

Esto excitó aún más al elfo, y sus empujes aumentaron en intensidad hasta que el cuerpo de la mujer comenzó a sufrir espasmos violentos. Bajo el cielo nocturno, sus deslumbrantes piernas blancas se enrollaban y retorcían repetidamente.

“¡Maldición!” Richard maldijo en voz baja. Nunca hubiera esperado ver algo así. Si este fuera otro día, no le habría importado admirar esas vistas durante un tiempo, pero ahora que Flowsand estaba detrás de él, ¿cómo tendría la desfachatez de mirar? La presencia de Flowsand no le permitía observar en paz, y estaba empezando a sentir algunas reacciones incontrolables.

Lo peor fue que Flowsand colocó todo su peso sobre su espalda, inclinándose sobre sus hombros lo suficiente como para ver la frenética exhibición.

“Olar y… Ah, la amante del caballero… ¿Qué están haciendo…? Oh, ahora lo entiendo.” La voz ronca que sonaba al lado de su oído le hizo aún más difícil a Richard controlarse, y estaba a punto de desmoronarse.

El elfo continuó su batalla contra la carne de la mujer con un nivel de rigurosidad inimaginable. Parecía que su fuerza excedía ampliamente su atractiva apariencia.

Richard había tenido suficiente. Ya no podía luchar contra sus impulsos sexuales ni contra lo que estaba sucediendo frente a él, así que se preparó para ponerse de pie y gritarle al elfo que se detuviera. Sería bastante fácil encontrar una razón para eso; no se podían tomar libertades con los prisioneros, al menos no el elfo.

Flowsand parecía haber sentido lo que Richard estaba a punto de hacer, así que usó su peso para inmovilizarlo y le dijo suavemente: “No te muevas. Sigamos observando, nunca he visto algo así antes”.

Richard ya no podía controlar sus impulsos, su hombría alcanzó su límite. Giró su mano con un grito de furia, agarrando los pechos de Flowsand y manoseándolos fuertemente.

En respuesta, la sacerdotisa sólo gruñó afirmativamente.

El elfo y la mujer estaban retorciéndose vigorosamente, alcanzando el orgasmo. Sin embargo, pareció que estuvieron allí durante mucho tiempo. El bardo no solo parecía tener un talento natural, sino que había pasado por un riguroso entrenamiento especial para ser tan efectivo en el ‘combate’.

En ese momento amoroso, Richard se sintió especialmente agotado en su lugar. El bardo tardó mucho tiempo en detenerse, y para entonces la mujer se había vuelto flácida como el barro, suavemente colgada sobre él. Rápidamente se pusieron la ropa y se fueron apresuradamente. Olar continuó diciendolé palabras dulces por el camino, haciendo promesas con su voz melodiosa. Si las cumpliría o no sería algo que cualquiera adivinaría.

Richard y Flowsand permanecieron donde estaban, sin moverse ni un centímetro. El bardo había acabado de jugar y volvió a la realidad. Era un buen explorador, y sería incómodo si los descubrieran. Como Richard no había salido antes para detenerlos, sería aún más inapropiado que lo hicieran ahora.

Una vez que Olar se había ido, el bosque recuperó su calma. De repente, Richard sujetó a Flowsand y la mantuvo inmóvil contra el suelo, agarrando su túnica por el cuello y tirando de ella hasta bajársela a la cintura con un fuerte movimiento. Esto expuso sus pezones de color ámbar, aumentando aún más la lujuria de Richard.

Flowsand miró al joven que estaba rechinando los dientes, apretando suavemente su brazo mientras le susurraba, “Devórame, y no habrá vuelta atrás. Piensa antes de actuar”.

“¿Qué quieres decir con eso? ¿Estás insinuándome que las sacerdotisas del Dragón Eterno necesitan permanecer puras?” preguntó Richard. La pequeña y fría mano que descansaba sobre él, hacía que su sangre corriese violentamente por todo su cuerpo.

“No, no existe tal cosa. Sin embargo, puedo decirte con confianza que comenzar una relación sexual conmigo va a ser muy problemático, más de lo que puedas imaginar. A su vez, yo también seré una persona muy problemática, si me tratas como a una mujer. Pero tráteme como una sacerdotisa, una compañera de confianza, y no se sentirá decepcionado ni agobiado. Al contrario, te ayudaré a resolver muchos problemas”. Flowsand rara vez hablaba tanto.

Richard no se dejó intimidar por su discurso, arrancándole completamente la túnica para mostrar sus piernas desnudas. Luego se posicionó antes de hablar, “Claramente estás tratando de provocarme. No soy alguien que teme a los problemas, y si quiero puedo probarte que la única opción ahora es devorarte. No sé si alguna vez volveremos a Norland, así que no hay necesidad de que considere asuntos del futuro”.

Flowsand dijo suavemente: “Podríamos morir mañana de todos modos, ¿por qué no divertirnos un poco antes de hacerlo? ¿Eso es todo? ¡Entonces ya puedes dejar de actuar como un caballero!”

Las palabras de Flowsand fueron como un chaparrón frío sobre su cabeza. Richard había estado preparado para comenzar, pero terminó aguantando un minuto entero mientras pensaba en ello.

De repente pareció entender algo, exclamando: “Sobreviviré y los llevaré a todos de vuelta a Norland. Una noche antes de que regresemos, te devoraré”.

Flowsand sonrió ligeramente, hablando en un tono suave, “Bien, entonces. Me resistiré hasta que llegue ese momento”

Esta sentencia hizo que Richard temblara, y casi no pudo evitar penetrar su cuerpo.


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