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CoS – Capítulo 156

Libro 2 – Capítulo 39.  Ataque (2)

Richard espoleó a su caballo y los demás también aceleraron el paso mientras galopaban rápidamente hacia la iglesia que estaba a cierta distancia de allí. Los sonidos fragmentados de las pezuñas golpeando el suelo resonaban por toda la zona, provocando que los corazones de la gente se agitaran.

Un hombre se asomó por las persianas de una casa en el camino, tratando de entender la conmoción que lo rodeaba. Jadeó sorprendido por lo que vio, cubriéndose inmediatamente la boca cuando se dio cuenta de que había emitido un ruido. Luego cerró bien las ventanas, derrumbándose en el suelo sin la capacidad de levantarse.

El suelo tembló con otro estruendo, los dos trolls detrás del ejército avanzaron a grandes zancadas. También había sombras que pasaban entre los edificios a los lados del camino, los nueve raptors flanqueaban rápidamente por los costados. Demostraron gran agilidad mientras saltaban a través de tejados y callejones oscuros.

Los raptors eran diferentes a las bestias normales. Tenían un cierto nivel de inteligencia, y Richard podía darles algunas órdenes simples como hacer que se permanecieran cerca el uno del otro, anduvieran libremente, se detuvieran y observaran, o atacaran objetivos enemigos.

Cuando la iglesia estaba a menos de medio kilómetro de distancia, Richard golpeó de nuevo a su caballo. El sonido de sus pezuñas contra el suelo se intensificó, como un trueno amortiguado antes de una tormenta. Dos jóvenes ebrios salieron de una taberna brillantemente iluminada, vestidos con el uniforme del ejército y pareciendo como si estuvieran supuestamente de patrullaje nocturno. Miraron las calles para ver qué había interrumpido su alegría.

Al ver a los caballos de guerra que se dirigían en su dirección, uno de los borrachos dijo con asombro: “Dios mío, ¿qué son?”.

El otro, un poco más sobrio ahora, vio a lo lejos la amenazante silueta de los trolls: “¡SON LAS BESTAS DE OTRO PLANO! DIOS, REALMENTE SE LAS HAN ARREGLADO PARA ENTRAR EN LA CIUDAD. ¡DEPRISA, DEBEMOS HACER SONAR LA ALARMA! RÁPIDO”

Antes de que pudiese continuar, una flecha procedente de la oscuridad le atravesó la garganta. Las palabras restantes nunca se pronunciaron, e incluso cuando su tambaleante compañero trató de darle sentido a la situación, un caballero montado cargó sobre él como una ráfaga de viento. Le cortó la cabeza al hombre con su hacha a una mano, haciéndola volar por los aires.

La tropa continuó galopando más allá de la puerta de la taberna, y al ver a los dos trolls que la seguían, los clientes se estremecieron completamente, reprimiendo cualquier idea que tuvieran de salir. Cerraron la puertas en pánico, apagando todas las luces.

La iglesia estaba ahora a la vista. En lo alto de las escaleras que conducían al edificio había dos caballeros de pie, altos como estatuas, ambos vestidos con elaborados trajes dorados. A decir verdad, en realidad no eran más que escuderos; sólo en el servicio de guardia tenían la oportunidad de estar completamente armados como los paladines de la iglesia.

Richard mantuvo su espada a su lado, subiendo los escalones sin dudarlo. Los guardias ya los habían descubierto; uno levantó su gran espada con ambos brazos, mientras que el otro gritó fuertemente para advertir de los invasores.

* ¡Whoosh! * Otras dos flechas salieron detrás de Richard, alcanzando a los dos guardias. Al que había gritado para alertar al resto le dio en la cara, cayendo, pero el otro consiguió desviarla con su espada. Olar no era un arquero profesional; cuanto más rápido disparaba, más débiles y menos precisas se volvían sus flechas.

Sin embargo, las tropas a ambos lados de Richard se adelantaron, cargando por los escalones hasta la entrada de la iglesia. Usaron el impulso de la carga para golpear con sus espadas al guardia, causando que cayese hacia atrás. Dos heridas rojas aparecieron en su pecho, con sangre roja saliendo a borbotones. Cayó contra la puerta con un ruido sordo, antes de colapsar en el suelo.

Sólo entonces comenzó a sonar una alarma fuertemente. Era ruidosa y llena de un sentido de urgencia, despertando indudablemente a cada alma dormida en la ciudad. Incluso Forza, que acababa de acostarse en su cama, se levantó sobresaltado. Su cara se puso pálida, y su corazón casi se le sale del pecho. Corrió hacia la ventana, apartó las cortinas y vió incendios devastadores en dirección a la iglesia.

“Esto… ¿la iglesia está siendo atacada por los intrusos?” Forza no podía creer lo que veía.

Las puertas de la iglesia eran altas y grandes, pero no estaban especialmente construidas para la defensa. Los dos trolls lograron derrumbarlas con unos pocos y poderosos golpes, mientras que Richard aprovechó el caos y la nube de polvo para dar unos pasos adelante y empezar a recitar. Dos bolas de fuego volaron hacia la iglesia en rápida sucesión en menos de tres segundos, dejándola con un zumbido de alarma y caos. Ninguno de los guardias pudo llegar a tiempo para evitar el ataque.

La línea de visión de Richard estaba obstruida por la nube de polvo, pero eso no importaba. Los hechizos habían sido lanzados como estaba previsto, y estaban lejos de ser un disparo a ciegas. Según la información que había recibido, si no fueran bloqueados caerían justo frente al altar, suprimiendo el poder divino de la iglesia. En el espacio parcialmente sellado, las bolas de fuego podían exhibir un gran poder.

“¡Tiramisú, Término Medio, el resto de vosotros, por ese camino!” Richard señaló hacia el lado derecho de la iglesia. Los trolls, dos caballeros, y Olar se movieron rápidamente, precipitándose hacia el alojamiento de los paladines en la lejanía. Los raptors también se abalanzaron hacia delante, un mar de negro corriendo por el suelo.

Waterflower aprovechó la situación caótica, manteniéndose cerca de la pared mientras se colaba sigilosamente en la iglesia. Por otro lado, Gangdor irrumpió con su gran hacha en la mano.

“¡TIEMBLEN, DEBILUCHOS!” El aulló, un caballero con un enorme escudo le seguía justo detrás para defenderlo si fuera necesario. Este fue un hábito desarrollado a través de numerosas batallas; después de todo, la llamativa constitución de Gangdor y el hecho de que era ruidoso lo dejaron fácil de notar en el campo de batalla.

Richard y Flowsand también entraron en la iglesia, viendo a seis paladines completamente armados que salían de los pilares en ambos lados. Los ojos de Richard se entrecerraron, “¿Cómo es que hay tantos?”

Era tarde en la noche, y todos los paladines deberían haber estado descansando. Como máximo debía haber tres o cuatro haciendo guardia, pero en ese momento aparecieron seis paladines totalmente armados. Sin embargo, al mirar la situación cerca del altar pudo entender exactamente esto.

A pesar de que los daños en el edificio no parecían tan extensos desde el exterior, la escena frente a él mostraba perfectamente la capacidad destructiva de su táctica. El daño fue aún mayor de lo que había esperado, dejando un mar de destrucción ante el altar. Había siete u ocho cadáveres dispersos, y la estatua de Neian se inclinaba precariamente hacia un lado, todo el entorno bañado en llamas mágicas.

Parecía que el ataque había interrumpido algún tipo de ceremonia secreta. Entre el derrumbe de las puertas y la llegada de las bolas de fuego sólo transcurrieron unos segundos, y con la primera de ellas con un retraso en la explosión, los daños se habían producido al mismo tiempo. Esto había dejado a los oficiales que realizaban los ritos sin escapatoria, completamente indefensos ante las llamas.


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Capítulo Pendiente 4-4.

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