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CoS – Capítulo 161

libro 2 – Capítulo 44. Visitante (2)

Un ayudante se acercó cabalgando para llamar a los tres caballeros, y se apresuraron hacia Piersage parandose respetuosamente ante él. El Barón Forza permaneció en su puente a más de cien metros de distancia, no estaría bien seguir adelante y recibir al hombre, pero no darle la bienvenida también sería inapropiado.

“¿Quiénes son esas personas en los carruajes? ¿Por qué están aquí?” Piersage les preguntó. Su voz era extremadamente áspera, como el sonido del viento que pasaba entre el granito; bastante desagradable al oído.

Los tres caballeros se miraron entre sí, antes de que el mayor del grupo se adelantara para responder a la pregunta. Estos carruajes transportan a los familiares de los caballeros titulados fallecidos, y Richard los había dejado ir junto con otros dos cautivos. Habían sido enviados a Joven, donde el caballero a cargo no sabía qué hacer con ellos y entonces reunió varias decenas de carruajes y envió a su ayudante junto con 200 guerreros para que pudieran llegar a salvo a las tierras del Barón. El Barón Forza tomaría la decisión.

Piersage asintió, “Así que los rumores que oí fueron ciertos. ¿Esto significa que ustedes dos fueron capturados por los invasores y luego liberados?”

“¡Sí! preferimos morir antes que rendirnos, y como esos invasores necesitaban proteger a las nobles damas tuvieron que liberarnos también”, dijo uno de los antiguos cautivos.

“¿Qué hay del resto? Escuché que algunos de ellos se rindieron…” Preguntó Piersage.

“En total éramos siete cautivos y uno murió de una lesión intratable. Todos menos nosotros dos fueron subyugados por los invasores”.

“Muy bien, lo entiendo” Piersage asintió una vez más. Pero luego, alzó la voz y dijo: “¡Hombres, capturen a estos dos!”

Varios soldados gritaron al unísono, avanzando para detener a los dos caballeros. Estos se sobresaltaron, luchando mientras gritaban: “¡Somos leales a la iglesia y al Barón!”

Sin embargo, a pesar de su resistencia, fueron simplemente superados en número y no pudieron librarse de las tropas de Piersage. Fueron golpeados en la nuca, para evitar que sus gritos molestaran al Barón. A Piersage no le gustaban las cosas ruidosas.

“Envíen a los que están en los carruajes al castillo del Barón Forza”, ordenó Piersage a un grupo de caballeros.

Sólo entonces Piersage echó un vistazo a Forza. Instó a su caballo hacia la posición del otro barón, bajándose con una sonrisa mientras asentía, “Mi Señor Forza, parece que le he hecho esperar bastante”. Mientras hablaba, golpeó las riendas de su caballo con sus guantes de metal, como si acabara de regresar de una cacería.

“¡Por supuesto que no!” Forza forzó una sonrisa rígida. Asentir no era siquiera el más informal de los saludos para un noble, y si saludaba a su contraparte con cortesía, reconocería su propia inferioridad.

A Piersage no parecía importarle las formalidades, y su atención ya no estaba en Forza. Miró a los alrededores y dijo con indiferencia: “Pues bien, llévame a echar un vistazo a tu castillo y organiza el alojamiento para mis guerreros. Además, deseo ver el interrogatorio de los prisioneros más tarde.”

“¿Prisioneros?” Forza estaba algo confundido. No recordaba ningún interrogatorio programado para ese día.

Piersage se giró, mirando a los ojos de Forza tanto tiempo que la frente de este último resplandecía de sudor: “Esos prisioneros que secretamente se pusieron del lado de los invasores”.

En ese momento, la expresión de Forza se volvió extremadamente desagradable.

Dos horas más tarde, se celebró un juicio parcialmente público en las salas del barón. Los que fueron juzgados eran los dos caballeros que fueron liberados por los invasores, así como las esposas de los caballeros fallecidos, sus siete amantes, sus seis hijas mayores y once hijos. En cuanto a los tres hijos adultos, ya habían sido asesinados. Tuvieron una enemistad a muerte con Richard, y él no dejaba ir a la gente que estaba destinada a odiarlo durante el resto de sus vidas. En cuanto a los hijos que aún no habían madurado, no se preocupó demasiado, no tenía ningún interés en matar niños.

Para el momento en que los más jóvenes tuvieran suficiente fuerza, Richard habría entrado en un reino que ni siquiera se atreverían a mirar, y también estaría de vuelta en Norland. De no ser así, entonces se habría convertido en cenizas en este plano.

Los que vigilaban el juicio tenían algún estatus en la baronía. Los dos caballeros titulados sobrevivientes habían sido convocados, y aquellos familiarizados con los caballeros muertos también estaban presentes. Los que estaban a cargo de la ciudad ya estaban aquí, así que la sala estaba repleta de docenas de personas.

El techo de la sala tenuemente iluminada era muy alto, haciéndola un poco sombría. Las antorchas parpadeantes no la hacían mucho más brillante, sino que añadían un toque siniestro a la atmósfera. El Barón Forza estaba sentado a la cabeza, con Piersage de túnicas negras a su lado. El hombre parecía soñoliento acomodándose el cuello, su mirada se deslizaba a través de la sala.

La sala estaba extremadamente silenciosa, e incluso las mujeres que estaban siendo juzgadas no se atrevían a llorar. Piersage era conocido por disfrutar de su paz, y las consecuencias por perturbarla serían graves.

Piersage no era sólo el general principal bajo el mando del Conde Jayleon; también era sobrino del hombre. Había rumores de que se trataba de un hijo bastardo del Conde, por lo tanto, no importaba cuántos hábitos extraños tuviera y cuánta gente matara, el Conde le seguía favoreciendo. Mirándolo desde otro ángulo, incluso si los dos no estaban relacionados por sangre, alguien en el nivel 15 seguía siendo un notable experto en el Ducado de Roca Blanca, y como Barón, Piersage también era un líder capaz.

Había otros dos generales a las órdenes del Conde Jayleon con un mando similar, además de un experto de nivel 15 que era un poco más fuerte que el Barón. Sin embargo, Piersage era el único que podía liderar las tropas y luchar por sí mismo, siendo él la última persona a la que Forza quería ver. De hecho, debido a la posición y poder únicos de Piersage, el Barón Forza no tenía intención de entrar en conflicto con éste. Por no hablar de evitar conflictos, ni siquiera podría rechazar ninguna petición absurda que el hombre tuviera. Si el tipo hubiera sido normal, ya sería un Vizconde.

Las demandas de Piersage normalmente fueron irrazonables, sin dar tiempo para la preparación. El juicio que se está celebrando ahora es un buen ejemplo. Sin embargo, Forza sabía perfectamente las consecuencias de no satisfacer esas demandas. Hace cinco años, la familia del Barón Lowry había sido exterminada por ponerse del lado equivocado. Jayleon sólo había reprendido y multado a Piersage por su mala conducta, pero hasta la fecha la mitad del feudo de Lowry seguía bajo el gobierno de Piersage.

Forza escuchó inexpresivamente las historias de los caballeros y de la esposa de Sir Kojo, y luego miró a sus subordinados que también estaban escuchando en silencio la historia. Para entonces mirar a Piersage.

Los ojos semicerrados de Piersage pasaban continuamente entre la gente que estaba siendo juzgada, pero nunca se giró para mirar a Forza. Forza sabía que este juicio no podía evitarse, así que apretó los dientes mientras señalaba a los caballeros y hablaba en un tono profundo: “Ustedes… han conspirado con los demonios. No hace falta ninguna otra explicación, ¡serán castigados en la horca!”

Una vez pronunciado el veredicto, surgió un clamor en la sala.


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Capítulo Diario 1-2.

 

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