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CoS – Capítulo 171

Libro 2 – Capítulo 54. Nigromante (2)

La única respuesta que obtuvo Richard fue un diluvio de esqueletos y zombis. Levantó su ardiente espada en respuesta, lentamente apuntando hacia delante. Todo tipo de aullidos y rugidos estallaron detrás de él, mientras los feroces monstruos que componían su grupo guiaban al ejército hacia delante, abalanzándose sobre el grupo de no muertos.

Waterflower era la más rápida del lote, saltando sobre el lodo como si estuviese en un terreno llano mientras pasaba junto a Richard entre los no muertos. Las flores brotaron a su paso, luciendo como lotos a medida que los enemigos ardían como antorchas de fuego sagrado. La gran efectividad de las llamas de Flowsand superaba con creces la imaginación de cualquiera, ya que incluso mil enemigos se derritieron como mantequilla sin la capacidad de resistir un solo golpe.

Los oponentes fueron eliminados rápidamente, y el grupo se acercó al centro del pantano. Como si fuera una señal, las llamas sagradas en la punta de la espada de Richard desaparecieron.

Una isla solitaria apareció a la vista de Richard, con un edificio de dos pisos que llamaba la atención. El lugar parecía tosco y en ruinas, aparentemente ya había existido durante bastante tiempo.

Un hombre larguirucho estaba de pie junto a la puerta, con aspecto de tener al menos treinta años. El cabello despeinado, las ojeras y la piel pálida dejarían una profunda impresión en cualquiera, y sus túnicas estaban tan sucias que resultaba imposible saber cómo eran antes. Sus labios estaban secos, con un color verde ceniza. Si no fuera por su leve respiración, no parecería diferente de un zombi.

Richard pisó la pequeña isla, su espada chirriando contra el suelo. Con sus ojos entrecerrados, miró al hombre que estaba frente al edificio y le dijo fríamente, “Te atreves a tratar de controlar a mi bestia contratada. ¡Qué agallas! ¿Acaso estas considerado robarme?”

El hombre frunció el ceño, con la mirada fija en Flowsand. Se oyó una voz ronca y desagradable: “¡Qué clériga más aterradora!”.

Fue solo entonces cuando escudriñó al resto del grupo, entrecerrando los ojos al ver Waterflower. Ese contraataque mental evidentemente grabó una fuerte impresión, o más bien un gran dolor, en su mente.

Al final de todo, su mirada se posó sobre Richard una vez más. “¿Eres un mago?” No pudo evitar fruncir el ceño, haciendo esa pregunta con incertidumbre. Durante la batalla había sentido las grandes habilidades con la espada por parte de Richard, pero ahora sentía el poderoso maná del chico.

“Mm, nivel 9”, respondió Richard tranquilamente.

Richard había lanzado un hechizo de detección mientras el hombre evaluaba al resto, y extrañamente parecía no haberlo notado ya que no se protegió con su maná. Los resultados le habían dejado un poco sorprendido, ¡se trataba de un nigromante de nivel 12 con seis ranuras rúnicas y hasta 90 puntos de capacidad!

El nigromante miró de cerca a Richard: “Pues bien, estimado señor, me gustaría tener un duelo contra usted basado en la tradición mágica. Aunque tengo un rango más alto, ya he perdido a todos mis servidores y me queda menos de un cuarto de maná. Mi petición no es injusta.”

“¿Tradición mágica?” Preguntó Richard, un significado subyacente a sus palabras: “¿Los otros magos te consideran parte de su clase?” Fuera del abismo, del infierno y de los planos que se inclinaban hacia el mal, ni siquiera los lugares bajo el control de los dioses oscuros favorecían a los nigromantes que jugaban con las almas y perturbaban la paz de los muertos.

La expresión del hombre cambió, volviéndose inmediatamente maliciosa y retorcida mientras aullaba: “Es verdad. Ya que todos creen que somos malvados y sedientos de sangre, ¡que así sea! Me escondí aquí porque no deseo matar con desenfreno, pero aún así tú llamas a mi puerta. Ya que no estás dispuesto a reconocer mi derecho como mago, ¡vengan juntos contra mí!¡LOS HARÉ PEDAZOS A TODOS!”

Richard miró de cerca al nigromante, los números danzantes de su visión se fueron aclarando gradualmente. Era cierto que al nigromante no le quedaba mucho maná, y básicamente todos sus familiares permanentes habían sido asesinados. Un nigromante sin no muertos era como un caballero sin montura.

Rápidamente decidió su siguiente táctica: “Aunque no te reconozcan el resto de magos, todavía estoy dispuesto a enfrentarte en un duelo basado en la tradición”.

“¡Mi Señor! No hay necesidad de eso, ¿verdad? ¿No podemos atacarlo y derrotarlo entre todos como cuando trataste con Menta?” Preguntó Olar desde un costado. Fue la última persona cuya arma fue encantada por Flowsand, y las llamas sagradas en sus flechas serían una gran amenaza para el nigromante.

Richard hizo un gesto con la mano para detener al bardo: “No, éste es diferente. Es un mago”.

¿Un mago? Si bien el nigromante era un mago, Olar no podía entender por qué tenían que tratar a los magos y a los luchadores cuerpo a cuerpo de forma diferente.

Por otro lado, la cara rígida del nigromante cambió. Se ajustó la túnica, dando dos pasos adelante para decir solemnemente: “Soy Zendrall, un nigromante de nivel 12”.

Richard enterró su espada en el lodo sin pensarlo mucho, dando un paso adelante: “Richard. Mago de nivel 9, y maestro de runas”.

El término maestro de runas hizo que una pizca de duda apareciera en la cara de Zendrall. Evidentemente, nunca había oído hablar de tal profesión. Sin embargo, rápidamente pasaron al duelo, enfrentándose el uno con el otro con veinte metros de distancia entre ellos.

Aunque era imposible saber qué hechizo comenzó a realizar Zendrall debido a la diferencia de lenguaje, una formación mágica de color gris oscuro apareció inmediatamente frente al nigromante. Un denso poder de muerte impregnó el aire, y el poder surgió en la palpitante formación, como si alguna criatura viva quisiera salir. Los sentidos de Richard le dijeron que esto sería un hechizo de Invocación de No Muertos, y con el nivel de Zendrall una poderosa criatura no muerto pronto aparecería en el plano.

La formación palpitaba con energía negativa, enviando terror y oscuridad a las mentes de los que estaban cerca. La criatura ya tenía un gran poder espiritual antes de aparecer, haciendo obvio que se trataba de una formación poderosa. La única desventaja fue la duración de lanzamiento.

Richard no intentó lanzar un hechizo él mismo, sino que recuperó la página remanente del Libro de la Tenencia y la activó silenciosamente con un movimiento de sus manos. Cinco lobos terribles aparecieron inmediatamente en el campo de batalla, aullando mientras se abalanzaban sobre el nigromante. Docenas de luces azules y verdes hicieron todo lo posible para proteger el cuerpo del nigromante, pero un crujido resonó muy rápidamente. Su hechizo defensivo había sido destrozado, y aunque dos de los lobos fueron enviados a volar, él también fue empujado hacia atrás. El hechizo de invocación que estaba a mitad de camino fue interrumpido naturalmente.

Richard esperó pacientemente hasta que Zendrall no pudo aguantar más, levantando la mano y disipando el hechizo para descomponer a los lobos terribles en maná puro. El hechizo de escudo había sido completamente diezmado bajo su ataque, y las ropas ya desgastadas del nigromante casi se convirtieron en meras tiras de tela. Tenía moretones y heridas por todo el cuerpo, pero sus puntos críticos aún estaban protegidos a pesar de encontrarse a punto de derrumbarse. Ninguna de las heridas que sufrió lo mataría.

Zendrall luchó por sentarse a medida que Richard se acercaba. Se arregló sus andrajosas túnicas, “Poder morir en un duelo justo es mi honor. ¡Hazlo!”

Richard miró a Zendrall, “¿Estás tan ansioso por morir?”

“¡Por supuesto que no! Todavía tengo demasiadas hipótesis que probar… Pero soy un nigromante malvado, no tolerado por ningún humano. Si alguien lo descubre, me quemarán en la hoguera”, rió Zendrall amargamente.

Ciertamente. Incluso en Norland los nigromantes no abundaban, considerados enemigos de todas las almas vivientes.


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