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CoS – Capítulo 198

Libro 2 – Capítulo 81. Una Guerra Interminable

Su última noche en el Campamento Piedra de Sangre.

Parecía un lugar tranquilo y apacible, pero en la posada las cosas estaban lejos de serlo. Un fuerte estallido sonó cuando el ágil cuerpo de Flowsand fue enviado volando a través del dormitorio de Richard, aterrizando en su cama.

El lanzamiento de Richard fue calculado y meticuloso. Había usado la mínima fuerza para desplazarla por toda esa distancia, sin golpearla contra la pared ni hacerle daño. Sin embargo, la sacerdotisa se quedó acostada sobre la cama jadeando, aparentemente incapaz de levantarse. Las túnicas que cubrían su cuerpo estaban rotas e irreconocibles, exponiendo sus blancos hombros y casi la mitad de su espalda en su desnuda e inmaculada gloria. La mitad inferior había sido hecha pedazos, mostrando sus seductores muslos mientras sus dedos se clavaban en las sábanas.

Richard se burló, viendo a través de su actuación. Claro que se equivocaría si pensara que ella le dejaría salirse con la suya tan fácilmente. Sus experiencias previas le habían enseñado bien, esta vez no se dejaría engañar por sus trucos.

Se quitó la ropa sin mucha prisa, mostrando un cuerpo perfecto que estaba más allá de su edad y ocupación. Entonces se acercó lentamente a un lado de la cama, preguntando: “¿Te he hecho daño?”

Flowsand mantuvo su cara enterrada entre las sábanas, gimiendo suavemente en respuesta.

Richard aprovechó la oportunidad para agarrarla por el tobillo, tirando de ella hacia él antes de quitarse el resto de su ropa y ponerse en posición. Justo cuando él estaba a punto de empezar a disfrutar, las piernas de ella se enroscaron alrededor de su cintura y lo empujaron hacia adentro, haciendo que sus cuerpos colapsaran uno contra el otro. Sus piernas eran inusualmente fuertes, jalando sus cuerpos hacia una distancia íntima.

Un cambio de diez centímetros respecto a su posición anterior rápidamente cambió la situación, debido a que la astuta chica atacó su ingle. Flowsand controlaba perfectamente su fuerza, causando gran cantidad de dolor al chico pero sin dejar ningún traumatismo o lesión duradera. Sin embargo, no era una sensación  agradable que las partes privadas de uno fueran atacadas.

Richard gruñó internamente, su cabeza estaba llena de ira. Flowsand todavía estaba rebosante de energía, apoyándose contra la cama para voltearlo en una fracción de segundo antes de que aterrizara con gracia. Este definitivamente no era el débil físico de una clériga.

Flowsand corrió hacia la puerta en el momento en que sus pies tocaron el suelo, obviamente queriendo escapar. Sin embargo, sus dedos apenas rozaron la manija de la puerta antes de que fuera tirada hacia atrás.

“Pensando en huir, eh”, dijo Richard de una forma pícara, arrastrándola de vuelta.

La pareja se enredó una vez más, convirtiéndose en un desastre y cayeron nuevamente sobre la cama. Flowsand se las arregló para escabullirse otra vez, pero en esta ocasión las cosas no estaban a su favor. Aterrizó en una esquina de la habitación y, antes de correr, Richard ya le había bloqueado el paso.

Como ella había dicho, no dejaría que la tuviera tan fácilmente. Había pasado un tiempo desde que comenzó esta batalla por la dominación, y la sacerdotisa había demostrado sus habilidades cuerpo a cuerpo una y otra vez. Practicaba algo parecido a la lucha; su fuerza y dirección eran impredecibles. Su gran agilidad y flexibilidad sólo sirvió para elevar su técnica a otro nivel.

Richard se enteró más tarde de que las sacerdotisas de la Iglesia del Dragón Eterno habían sido entrenadas para defenderse por si acaso eran emboscadas por detrás. Sin embargo, ese entrenamiento resultó ser su mayor obstáculo.

Pero cuanto más se familiarizaba con las técnicas de ella, más fuertes y precisos resultaban sus contraataques. Esto empujó a Flowsand a una posición cada vez más desfavorable. En algunos intentos, casi la había conseguido, rasgando sus túnicas y prendas de vestir para dejarla casi sin defensas.

La sacerdotisa se estaba quedando sin energía mientras continuaba la batalla. Richard estaba empapado de sudor, pero eso sólo lo exaltó más. Era un hombre – cuanto más feroz fuese la resistencia, más excitado se pondría.

Cada vez resultaba más difícil para Flowsand escapar. Sus luchas finalmente terminaron cuando Richard la sostuvo contra la mesa. Ella torció su cuerpo en un intento de escapar, pero su fuerza se estaba agotando y sólo logró rebotar un poco antes de ser empujada contra la mesa. Él agarró su mano y se la puso contra la cintura, antes de moverse hacia dentro.

Dos gritos resonaron en la habitación al mismo tiempo. Uno era el gruñido bestial de un hombre, mientras que el otro era el dolor de una mujer. Richard mantuvo a Flowsand atrapada debajo de él, sólo liberando la presión una vez que la penetró. Apenas esperó a que ella recobrase el aliento antes de volver a entrar, sus movimientos fueron bruscos y duros.

Parecía que Flowsand finalmente había llegado a su límite, inclinándose sobre la mesa para soportar el interminable ataque. Lo único que podía hacer era soltar suaves gemidos aquí y allá, su sudor estaba empapando la madera.

El propio Richard casi alcanzó el clímax en poco tiempo, probablemente debido a la intensa batalla que sirvió como precursora de esto. Respiró hondo y detuvo sus movimientos; no fue un premio fácil, no podía terminar tan rápido.

Sin embargo, Flowsand, que parecía agotada de energía, de repente aprovechó la oportunidad para mover su cuerpo, intentando salir de su alcance. Un sentimiento inexplicable llenó a Richard mientras rugía, “¿QUÉ ESTÁS TRATANDO DE HACER?” Pero entonces, perdió el control de sí mismo y lo liberó.

Luego se inclinó sobre la espalda desnuda de Flowsand, jadeando con fuerza. La clériga levantó su cabeza, acariciando su rostro, “Nada. Quería huir, pero no tuve la oportunidad”.

Richard se enfadó al pensar eso. ¿Estaba pensando en huir de esta manera?

Permaneció en silencio unos minutos más antes de levantarse repentinamente, levantando a la sacerdotisa y tirándola en la cama. Luego se puso encima de ella. Ahora le tocaba el turno a Flowsand de sorprenderse; ella no esperaba que se recuperara tan rápido. Su segunda batalla fue especialmente intensa, durando mucho tiempo.

Según las tradiciones militares de Norland, una primera batalla enfurecida iría seguida de una guerra prolongada. En cuanto a la tercera….

Richard, sudando baldes en este punto, se acostó junto a Flowsand y echó un resoplido. Entonces le preguntó de buen humor: “¿Esta vez serás sincera con tus sentimientos?”

Flowsand se rió un poco, respondiendo sólo con un hechizo de vitalidad.

La tercera batalla sería un contraataque. La antigua batalla que estaba oprimida volvería a reaparecer, cambiando completamente de posición.

La noche era aún joven cuando la tercera batalla llegó a su fin. La guerra no había terminado, especialmente con una parte provocando implacablemente a la otra. La cuarta batalla comenzó inevitablemente. Esta vez, Richard lo dio todo…

Cuando el sol finalmente salió, Richard estaba completamente cansado y somnoliento. Por otro lado, Flowsand estaba tan enérgica como siempre, exudando un resplandor que la hacía lucir irrevocablemente bella a la luz del amanecer. Se aferró a Richard sin dejarlo dormir, con la intención de empezar una quinta batalla.

“¿En qué estás pensando?” Flowsand apoyó su barbilla en el pecho de Richard y lo miró expectante. Sus ojos estaban llenos de significado.

“Me acordé de los tiempos en que estaba más joven”, contestó Richard débilmente.

“¿Cuando eras más joven?” Flowsand se sorprendió bastante con su respuesta, especialmente en un momento como éste.

“Sí, todavía estaba en Rooseland entonces con mi madre. Cuando crecí un poco, me dejó ayudar con la granja de hierbas. También observé la granja de los aldeanos.

Rooseland era un pueblo de montaña. Los granjeros criaron toros mágicos para ahorrar mano de obra. Esto me recordó a esos tiempos”.

“¿Qué pasa con eso?” Flowsand se volvió aún más curiosa, pero estaba segura de que Richard la estaba distrayendo para evitar el quinto asalto.

Richard giró la cabeza para mirar a Flowsand. Entonces él mostró una vaga sonrisa, “Siento como si yo fuera el toro y tú la granja. Según mi experiencia, los toros murieron de cansancio, pero las granjas nunca se estropearon”.

Y una vez más, la única respuesta con la que se encontró fue un hechizo de vitalidad. Por supuesto, su partida del Campamento Piedra de Sangre se retrasó una vez más.


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