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CoS – Capítulo 2

Capítulo 2. Ceremonia

El pequeño Richard perdió su infancia en la siguiente primavera. El cuchillo de caza que llevaba en la cintura ya no era una decoración, en cambio, lo uso cuando empezó a unirse a los cazadores en las montañas. No se aventuraba demasiado profundo, ni estaba en primera línea luchando contra las bestias mágicas, pero seguía ayudando con tareas como armar trampas y recoger presas. El herrero Bobby se había regocijado al ver esto, haciendo al niño un cuchillo nuevo con acero fuerte y templado. Se alegraba cada vez que Richard lo usaba para asesinar a una bestia mágica.

Siempre hubo cierto peligro asociado con la vida de un cazador. Innumerables bestias mágicas se encontraban ocultas a lo largo de la costa y dentro de las montañas, y en ocasiones se perdían y se dirigían a Rooseland. Richard conoció una vez a un demonio lobo ceniciento, una auténtica bestia mágica rango dos que hasta el jefe de la aldea tenía que tratar seriamente. Sólo había otros dos cazadores junto a Richard en ese momento, y se tuvo que librar una lucha encarnizada para matarlo. Todos ellos sufrieron graves lesiones, pero aun así consiguieron arrastrar el cadáver del lobo hasta la aldea.

La tranquilidad de Richard al enfrentar una batalla a muerte asombró a los aldeanos, incluso el mejor cazador de la aldea no sería capaz de lograrlo.

Además, si no fuera por un corte limpio de él en el musculos trasero de la garra del demonio, el resultado podría haber sido diferente. No importa qué, el pequeño Richard se había enfrentado con calma a los numerosos peligros que había conocido este año, manteniéndose al tanto de la situación. Nunca se acobardó ante el peligro.

A los nueve años de edad, Richard había aprendido la valentía. Debió haber sido lo más fácil de aprender,  los jóvenes montañeros jamás carecían de agallas, pero la valentía que su madre le había enseñado era extraordinaria. Tras su éxito, Elaine dejó de llamarlo Pequeño Richard.

“¡Mi Richard finalmente es un hombre de verdad!” siempre decía con una sonrisa plena cada vez que lo miraba.

Un día, Richard llenó su pecho con esta afirmación: “Aún necesito sabiduría para ser un hombre de verdad”.

Esto sorprendió a su madre, la cual lo miró seriamente y le preguntó: “Dile a mamá quién te lo dijo”.

“Estaba escrito en un libro”.

“¿Qué libro era?” Elaine preguntó pacientemente. Los acólitos poseían grandes conocimientos, y ella había enseñado a su hijo muchas lenguas complejas y arcaicas. La lectura no era un problema para el niño, e incluso había terminado muchos libros sobre los fundamentos de la magia durante el invierno sin inconvenientes. Sin embargo, Elaine no podía recordar tal afirmación en ninguna de ellos.

“Fue aquel libro en el ático. Había muchas cosas interesantes, ¡no sabía que el mundo era tan grande!”. Richard contestó emocionado.

“¿Ese libro?” Elaine parecía recordar algo, luego dijo con una sonrisa: “Realmente es interesante. Mi Richard… Un verdadero hombre no puede carecer de sabiduría, pero la tenacidad, la perseverancia y la valentía son más difíciles de dominar. Eres tan inteligente que no te faltará sabiduría cuando crezcas. Tu madre sólo quería cultivar más cualidades en ti. ¿Ahora lo entiendes?”

“¡Olvidaste la felicidad!” Richard añadió apresuradamente.

Elaine sonrió mientras acariciaba la cabeza de Richard y le respondió: “Así es, ¿Fuiste feliz estos últimos años?”

Richard negó con la cabeza y dijo tristemente: “No siempre he sido feliz. Beirut me agredía, y odio el fruto del pan… De todos modos, madre, ¿qué clase de persona es mi padre?”

La expresión de Elaine cambió instantáneamente, antes de responder suavemente: “Tu padre es un verdadero hombre…”

Richard inmediatamente le siguió, “¡Lo sé! También es el peor villano, a quien mamá más odia”.

Elaine se rió entre dientes, su hijo le hacía esta pregunta todos los años, y siempre respondía de esa manera. Él había memorizado la respuesta de ella, pero el niño inteligente había oído con frecuencia a su madre llorar en medio de la noche. Sentía un profundo odio por su padre cada vez que se le mencionaba. Los niños tenían mentes verdaderamente simples. Su madre lo amaba y adoraba, y a su vez él amaba mucho más a su madre. Richard odiaría a quien sea que su madre odiara.

Richard preguntaba regularmente sobre su padre por dos razones. Uno era la curiosidad, su madre le contaba más y más cada año. Por otra parte, quería tener una mayor comprensión de su padre para poder vengar a su madre una vez creciera. En cuanto a cómo, naturalmente no tenía ni idea, pero este asunto se había arraigado en su corazón.

Sin embargo, Elaine dejó de hablarle a Richard acerca de su padre después de esto, solo decía que había pasado poco tiempo con él, así que sólo sabía eso.

“Algún día entenderás a tu padre”. No sabía por qué la cara de Elaine cambió después de emitir esta declaración. Era como si algo se hubiera apoderado de su corazón; incluso ella misma desconocía el porqué había pronunciado tales palabras.

Richard sintió que el humor de su madre se había vuelto pésimo, así que sacó una lengua en secreto y dijo: “Iré a leer algo”. Luego corrió a la parte trasera de la casa, al cuarto de estudio de Elaine y el taller donde ella elaboraba sus pociones. No había muchos libros allí, todos eran acerca de lo básico de la magia, la medicina, la historia del continente, el paisaje, y cosas por el estilo que se relacionaban con su identidad como acólita, pero a Richard le encantaba leer libros por la noche. Había una tenue lámpara mágica en el cuarto de estudio, capaz de brillar toda la noche una vez que Elaine la llenaba de magia. Con el petróleo tan caro como era, sólo Elaine, el jefe de la aldea, Bobby, y algunos de los mejores cazadores de la aldea podían tener luz hasta altas horas de la noche.

Richard pasó lentamente su niñez en este pequeño pero caluroso cuarto. Podía ver un mundo más grande y complejo gracias a estos gruesos libros, distantes de Rooseland pero fascinantes. Siempre soñó con irse una vez se convirtiera en el mejor cazador de la aldea, llevando a su madre al mundo fuera de las montañas.

En la sala de estar. Elaine escuchó el sonido de las páginas que se movían en el estudio. Richard estaba trabajando arduamente leyendo de nuevo. El niño ya tenía una base estable para practicar magia, pero nunca la había practicado. Ella le había prohibido incluso meditar, haciéndole perder la edad óptima de cuatro a cinco años para convertirse en un buen mago, lo que le habría dado la fuerza mental necesaria para empezar a practicar a su edad actual. A pesar de esto Richard no pensó en lo más mínimo que su situación era pésima, siendo ignorante y asumiendo que todo lo que su madre hacía era correcto.

Se sentó en silencio, pensando en esa última frase que había dicho. Una puerta se abrió en sus sellados recuerdos, inundándose de varios acontecimientos que ella no podía reprimir. Sintió un ligero dolor de cabeza, masajeó suavemente su sien mientras suspiraba discretamente. Su mirada se posó en el calendario, notando una cruz que indicaba que el décimo cumpleaños de Richard sería en un par de días.

Diez años de edad era el umbral para que un niño fuera considerado joven, a tan sólo tres o cuatro años de la edad adulta.

“¿Ya pasó una década?” Elaine contempló las llamas que parpadeaban en la linterna mágica, una brillante luz proveniente de la lámpara de bronce iluminaba su rostro. No podía llamarse hermosa, pero seguía siendo atractiva, convirtiéndola en una de las principales bellezas de la aldea. Diez años no habían puesto ni una sola marca en el rostro de Elaine, y si no fuera por su vestimenta probablemente ninguno de los aldeanos se acordaría. Los extraños pensarían que sólo tenía unos veinte años.

Su cara ante la luz de la lámpara era desconocida incluso para ella. Era demasiado sencilla, no era la misma cara con la que había nacido. Ni siquiera ella hubiera imaginado hace una década que estaría viviendo una vida tan simple, sencilla y difícil, pero ahora estaba satisfecha de ver a Richard crecer día tras día.

Cuando entró en el cuarto de estudio, Elaine vio a Richard abrazando y leyendo con gran interés un grueso libro ilustrado. Ella sonrió, “Mi Richard va a cumplir diez años muy pronto. Tu Madre preparará una ceremonia especial para celebrar tu crecimiento”.

“¡Hurra!” Richard se puso de pie, “¿Habrá regalos?” Este tipo de momentos dejaban claro que aún era un niño.

“¡Por supuesto! ¡De hecho, te sucederá de por vida! Pero debes descansar bien estos próximos días, ¿entiendes? Ya es tarde, debes ir a la cama”.


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