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CoS – Capítulo 219

Libro 2 – Capítulo 102. Masacre

El Oasis Crepuscular es el oasis más grande en los desiertos de las Tierras Ensangrentadas, entre los mejores de toda la región. Dos arroyos que descienden de las planicies bárbaras se unen en su cuenca, formando un enorme lago. Si la tierra fértil de las cercanías estuviera completamente desarrollada, podría mantener a cien mil personas.

Sin embargo, este potencial para generar riqueza hizo que las tierras cercanas fueran altamente disputadas, resultando en que pocas áreas fueran desarrolladas apropiadamente. Todavía dependían principalmente de los comerciantes que viajaban desde los lejanos reinos humanos para alimentarse.

Al igual que en Agua Azul, una mezcla de individuos y grupos con diferentes grados de poder gobernaron juntos el Oasis Crepuscular. Sin embargo, a diferencia de Agua Azul, la jerarquía aquí siempre estuvo en constante cambio. No había una estructura de poder estable, cada cambio en el liderazgo iba acompañado por el derramamiento de sangre fresca.

Una noche normal, una espesa niebla se elevó del lago y se extendió por todo el oasis. Las partes habitadas de la ciudad cercana estaban completamente cubiertas de niebla, y la situación era aún peor en las zonas con vegetación. En algunos lugares, no se podía ver más allá de los diez metros. Sin embargo, tal niebla era una ocurrencia común en el Oasis Crepuscular.

Una niebla espesa y una noche oscura… Éstas eran las condiciones perfectas para el asesinato. Esta ha sido la razón por la que las situaciones mortales eran comunes en el Oasis Crepuscular.

Una vez que la niebla cubrió un área considerable, un gran caballero de armadura negra salió lentamente. Era de constitución maciza, con armadura mágica y armas pesadas que le hacían parecer un dios de guerra. Más caballeros salieron de la espesa niebla uno por uno, formando las primeras líneas de batalla. Todos permanecieron en silencio, apuntando sus armas hacia el suelo. Fuera de los ocasionales chirridos de las armaduras que se rozaban contra sí mismas, no se podía escuchar nada más.

Dos magos se abrieron paso a través del grupo de caballeros, hasta llegar al frente del grupo. Estaban completamente cubiertos con túnicas de mago, las capuchas sobre sus cabezas hacían imposible identificarlos.

La niebla en un radio de quince metros se disipó de repente, cuando una gran manticora oscura descendió del cielo para aterrizar silenciosamente frente a los caballeros. Una vez que aterrizó, circuló sin descanso por la zona, soltando pequeños gruñidos.

Su apariencia hizo que los caballeros de la guardia oso se inquietaran, mientras que las monturas cercanas se agitaron. Incluso los caballeros mismos no podían calmar a las criaturas.

Sinclair, sentada en la parte superior de la manticora, le dio un fuerte golpe en la cabeza. Su pequeño puño era sorprendentemente poderoso, la colisión hizo que la cabeza de la criatura se clavara en el suelo. La manticora se las arregló para sacar su gran cabeza con alguna dificultad, pero permaneció tranquila desde entonces. Tenía miedo de moverse violentamente como antes.

Mirando el contorno de los edificios en la distancia, la respiración de Sinclair se hizo más rápida a medida que su cara se enrojecía. Los grandes magos estaban familiarizados con su estilo, sabiendo que esto significaba que estaba a punto de estallar. Empezaron a cantar hechizos en respuesta, afinando a los caballeros y sus monturas. Era como si a las poderosas bestias les hubieran dado un colmillo extra.

Sinclair estaba claramente apretando los dientes, su cara retorciéndose. Era extraño ver su rostro refinado y exquisito distorsionado de esta manera, como si tuviera dos rostros diferentes. Ella habló con los dientes apretados, “Oigan, bastardos. ¿Escucharán obedientemente y no se rebelarán?”

“Eso…” Uno de los magos escogió cuidadosamente sus palabras, “Es difícil evitar eso. Hay tantos tontos en los planos secundarios”.

Sinclair asintió vigorosamente, sus ojos cada vez más rojos hasta que incluso su esclerótica estaba completamente carmesí. De repente sacó un par de dagas, soltando un grito estruendoso, “¡MATAD A CUALQUIERA QUE SE ATREVA A IR EN CONTRA DE MÍ! ¡ATAQUEN!”

<< Nota: Esclerótica; membrana blanca, gruesa, resistente y fibrosa que constituye la capa exterior del globo del ojo. >>

Los caballeros de la guardia oso levantaron sus armas uno tras otro, estimulando a sus monturas mientras avanzaban sin prisa. Lentamente aceleraron, acumulando poder mientras se acercaban a la cima de su carga. La aceleración acumulada estalló finalmente con una fuerza implacable; ¡resultaba imposible detenerlos a plena carga!

Sinclair saltó de su manticora, y se envolvió en su capa mientras estaba en el aire. Desapareció en el cielo nocturno, y apareció en el borde de la ciudad.

“¡Arrodíllense!”, ordenó con voz aguda.

El caballero a cargo de la guarnición se enfureció, y gritó: “¡Pertenecemos a la Bandera de Guerra Dorada! ¿De dónde vienes, tú…”

Sólo las primeras palabras resultaron audibles, su voz se hacía más y más suave mientras hablaba. Sus últimas palabras incluso desaparecieron en el viento de la noche. Quería bajar la cabeza, pero no pudo hacerlo. El mundo comenzó a girar, y eventualmente fue envuelto en la oscuridad.

Sinclair pasó junto al caballero, su capa negra ondeando en el cielo nocturno mientras hojas de viento salían disparadas de su capa. Estas hojas de viento eran inimaginablemente afiladas, cortando sin problemas las cabezas de los caballeros patrulleros.

No tenía intención de usar su cuchillo para tratar con esta mezcla de soldados. Su silueta apareció y desapareció por todas partes en las calles, y en un instante se ocultó entre las capas de edificios lejanos. Un baño de sangre ocurría dondequiera que ella aparecía, formando un río de sangre en el suelo. Casi la mitad de la ciudad cubierta de niebla apesto rápidamente a sangre.

Una oscura sombra volvió a aparecer en el cielo, y la manticora aterrizó silenciosamente en medio de la ciudad. Aplastó un edificio que tenía ante ella, dejando expuesta el interior de la habitación.

Decenas de caballeros estaban durmiendo en estos cuartos, el vertiginoso ritmo de estos eventos implicaba que la mitad de ellos todavía estaban en sus sueños. Sólo dos fueron lo suficientemente rápidos para saltar de sus camas, pero lamentablemente fueron recibidos por una nube venenosa proveniente de la cola de la manticora.

Era como si esta niebla tuviera vida propia. Envolvió toda la habitación casi instantáneamente, condensándose en vapor, pues no dejaba ningún rincón intacto.

Los caballeros se balancearon entre la niebla, cayendo rápidamente al suelo mientras estaban congelados en sus posturas. Sus cuerpos se movían incontrolablemente, burbujas formándose en su piel como si su sangre estuviera hirviendo. Pronto se volvieron irreconocibles, los huesos y la carne se derritieron en un montón de líquido hirviendo envuelto en piel.

Una espada corta que había estado suspendida en una pared cayó repentinamente, atravesando un cuerpo. Era como si hubiera caído sobre una bolsa de agua y la hubiera cortado, dejando un torrente de líquido negro saliendo a chorros. La persona se marchitó instantáneamente.

El estruendoso sonido de las pezuñas resonó en las fronteras de la ciudad. Los caballeros de la guardia oso se apresuraron a entrar en ese preciso momento, ¡iniciando rápidamente una masacre generalizada!

Por todos lados los caballeros estaban llenos de sangre fresca y extremidades rotas. Los edificios en el oasis no eran rivales para las inmensas armas de los caballeros, casi parecían hechos de papel. Los violentos caballeros negros arrasaron con todo, enterrando a cualquiera que estuviera vivo.

Dos poderosos santos normalmente vigilaban el Oasis Crepuscular, pero solo uno estaba presente en la ciudad esta noche. Sintiendo el peligro, se despertó de su sueño y estaba a punto de alertar a la gente que necesitaba, pero no pudo escapar de su propio destino.

Mientras miraba por la ventana de su habitación hacia la ciudad y trataba de darle sentido a la vista que tenía ante él, su olor era como un faro en la oscuridad que atrajo a Sinclair al lugar. Ella se movió con sigilo, montando un ataque letal. En una repentina y rápida confrontación, ella había conseguido un corazón suave pero aún apetitoso.

Sin la poderosa protección del santo, el ataque al Oasis Crepuscular se convirtió en una masacre unilateral. La batalla duró una hora entera, antes de que las cosas finalmente comenzaran a calmarse. Más de mil cadáveres yacían en el suelo, haciendo que la espesa niebla que cubría toda la ciudad se viera manchada por el putrefacto olor de la sangre.

Sin embargo, esta niebla había ayudado tanto a los habitantes como a los invasores. Muchos habían utilizado su protección para escapar de la ciudad, dirigiéndose hacia el resto de las Tierras Ensangrentadas.


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