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CoS – Capítulo 250

Libro 2 – Capítulo 133. Un enemigo necesario (3)

 

La expresión de Zim se distorsionó entre conmoción, humillación y locura, pero el terror que Richard  esperaba no se manifestó. “Soy el Unicornio de las Tierras Altas-”

No pudo evitar interrumpir al vizconde trastornado, “Lo sé. Eres el hijo del Conde Yatu, y tu madre es la prima del rey. Los de sangre real en el Reino Sequoia suelen tener ‘Tierras Altas’ al final de sus títulos.  Unicornio es un buen comienzo, ¿pero eso es todo?”

Zim quedó atónito, hablando con incredulidad, “¿Sabes todo eso pero todavía te atreves a tratarme con tanta falta de respeto? ¡Déjame ir de inmediato! ¡Una vez que regrese a mi tierra, traeré a mi ejército y me vengaré! Cuando llegue el momento mataré a toda tu familia, y te torturaré, y … ”

“Y tomaras mi mujer”, Richard le recordó amablemente.

“¡Sí, sí, tu mujer! Esa pequeña chica no está tan mal, ¡nunca antes había visto unos ojos tan bonitos! ¡Una vez que drene toda tu sangre, la entretendré apropiadamente! Primero seré yo, luego mi amado perro, luego mis leales guardias … ”

Al ver que Zim escupía saliva por todas partes, Richard frunció el ceño ligeramente y preguntó, “¿No tienes miedo de que te mate aquí?”

“No eres más que un caballero fronterizo …” Zim de repente se quedó en silencio, recobrando sus sentidos mientras su rostro se llenaba de pánico. Gotas de sudor frío surgieron de su frente. No era completamente estúpido, y ahora se percató de que sus oponentes tenían tanta fuerza que ninguno de sus hombres podía huir. Si este caballero fronterizo frente a él ordenara matar a todos y arrojar sus cuerpos al desierto, nadie sabría lo que había ocurrido en esta tierra desolada.

Richard se rió entre dientes y saltó de su caballo, “Entonces no eres tan tonto. Asegurémonos de que recuerdes esto mejor, creo que necesitas algo más de entretenimiento. Ustedes, desnuden al honorable Vizconde. Olar, azota al señor diez veces. ¡Recuerda usar su propio látigo, los nuestros no son de alta calidad!”

Los bárbaros empezaron a desnudar al vizconde rápidamente; Zim chillaba como un cerdo siendo sacrificado, pero pronto quedó completamente desnudo. La piel del joven obeso era blanca y tierna, de un blanco casi cegador.

Olar era vil y despiadado, el bardo elfo tomó el látigo y no escatimó fuerzas al golpear las nalgas del vizconde. El extremo del látigo dejó una huella profunda y sangrienta en la parte interna del muslo de Zim, elevando el volumen de sus gritos.

Richard levantó una mano, deteniendo el segundo latigazo del elfo mientras señalaba entre las piernas de Zim. “Olar. Ten cuidado de no arruinar esa parte de nuestro querido vizconde. ¡Son extremadamente tiernas! Si no estoy equivocado, la mayor parte de su valor está en ese lugar “.

El bardo elfo no entendía el significado subyacente detrás de las palabras, pero aún entendía la orden directa. Sus muñecas se retorcieron una vez más, el látigo aterrizó sobre las blancas y tiernas nalgas de Zim y en su espalda baja. Dejó algunas huellas más sangrientas en la parte interna de los muslos, pero esta vez se ocupó de evitar las áreas sensibles. El tono del vizconde aumentaba tras cada latigazo; parecía haber energía sin fin en ese cuerpo gordo que soportaba sus gritos.

Los diez latigazos finalmente se terminaron con gran dificultad, pero el tipo seguía aullando. Las marcas de los azotes se hinchaban lentamente, el proceso era lento y doloroso. No resultó mucho mejor que la flagelación en realidad.

Richard finalmente se acercó a Zim y levantó la barbilla del hombre, con sus caras a no más de diez centímetros de distancia. Los ojos del vizconde ardían en llamas producto de la contradicción entre la furia y el miedo.

Sonrió tiernamente, palmeando la cara del hombre, “Mi nombre es Richard, Richard Archeron. No lo olvides esta vez. Una vez que regreses, reúne a tu ejército lo antes posible para vengarte.

“Además, soy un caballero fronterizo, no uno normal. Aprende la diferencia entre los dos, así no cometerás un error tan tonto en el futuro”. Dicho esto, Richard se levantó y sacó un pañuelo, limpiándose la mano con la que había palmeado la cara del cerdo. Este acto trastornó al llamado Unicornio de las Tierras Altas no menos que los diez latigazos. La furia era tan intensa en ese rostro regordete que parecía asfixiarse.

El noble desnudo fue arrojado al suelo. Los guardias cuyas extremidades estaban bien inmediatamente lo ayudaron a levantarse, quitándose sus propias ropas para que se las pusiera. Aquellos cuyos brazos fueron cortados ya habían atado sus heridas, soportando el dolor con gran dificultad mientras se dirigían hacia el vizconde. Nadie se preocupaba por los cadáveres de sus compañeros muertos; terminarían alimentando a las bestias de la tierra.

Al ver la figura de Zim retroceder en la distancia, Richard negó con la cabeza y señaló a los guardias cuyas extremidades estaban bien, “Si yo fuera ellos, definitivamente encontraría una manera de escapar en este momento”.

“¿Qué pasará cuando regresen?” Preguntó Flowsand.

“Están condenados a morir. Aquellos que perdieron sus brazos tampoco serán perdonados”.

“¿Por qué trataste tan bien a ese imbécil?”, ella continuó frunciendo el ceño. Desde su punto de vista, había muchos métodos para encargarse de semejantes tipos arrogantes y darles una lección. Lo mejor sería matarlo y hacer que los lobos de viento comieran su cuerpo. De esa forma, no habría rastros en absoluto. El método de Richard parecía ser el más violento, pero también había problemas que podrían surgir en el futuro.

“Necesitamos enemigos ahora, y Zim es el mejor que podemos tener”, sonrió Richard en respuesta.

“También …” hizo una pausa, “Se atrevió a pensar en llevarte. ¡Dejaré una huella en él por el resto de su vida!”

——-

Concluido el episodio, las tropas continuaron avanzando. Al amanecer del día siguiente, habían llegado al primer territorio verdadero de Richard en este plano, una pequeña aldea llamada Bran con alrededor de cien familias.

Bran estaba al pie de una montaña, con un pequeño arroyo que pasaba por la aldea. Estaba a menos de diez kilómetros del camino entre el Reino Sequoia y las Tierras Ensangrentadas. La Tierra del Caos en el sureste tenía bosques, pantanos y una cordillera escarpada. Ahí es donde la madre cría estaba deambulando, limpiando a todos los poderosos seres que podía encontrar.

Richard no se quedó en la aldea por mucho tiempo. Conoció al jefe de la aldea y a algunos ancianos, aprendiendo un poco sobre la población y el medio ambiente antes de partir a la Tierra del Caos.

Al pie de la montaña, decenas de lobos de viento salieron en fila, escoltando a dos que tenían atados bultos en su espalda. Algunos se quedaron al lado de Richard, dándole veinte en total. Este era el número máximo que el podía controlar simultáneamente.

Después de haber enviado los cuatro ídolos orcos que había obtenido de las Tierras Ensangrentadas a la madre cría, Richard condujo al grupo hacia el territorio del Barón Fontaine. Un mensajero ya había avisado que él esperaba conocer al Duque Lobo Terrible. Y de vuelta en el bosque dentro de la Tierra del Caos, la madre cría obedeció la orden de Richard y dio media vuelta, dirigiéndose hacia las fronteras de las Tierras Ensangrentadas.

Ahora, todo estaba puesto en juego. Todo lo que quedaba era la reunión con el Duque Bevry. Los resultados de esa reunión determinarían el próximo cebo de Richard. Si bien él mismo sentía que el cebo que había arrojado era amplio y complacería los gustos del duque, no podía estar cien por ciento seguro de los resultados.

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