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CoS – Capítulo 263

Libro 2 – Capítulo 146. La madre cría entra en batalla (2)

 

Los caballeros de la guardia oso seguían colapsando uno tras otro. Aunque cada uno de ellos se llevó consigo a un número significativo de soldados enemigos, estos eran caballeros casi-rúnicos, élites irremplazables. Su lealtad y habilidad fueron incuestionables, ¿pero aquellos que murieron por el lado de Richard? Eran bárbaros, guerreros del desierto y los habitantes de este plano. Todos ellos activos confiscados a Faelor, siendo los únicos leales lo pocos caballeros que Richard había traído de Norland. Sin embargo, incluso diez de esos caballeros no tenían tanta importancia como un solo caballero de la guardia oso para Sinclair.

Aunque la luz verde en su cuerpo comenzaba a desvanecerse, el dolor de sus heridas ardientes apenas comenzaba a aliviarse. Las llamas de oro pálido eran tan apagadas en este punto que bien podrían ser inexistentes. Ella comenzó a reflexionar: una vez que recuperara la movilidad, ¿primero debería matar o capturar a Richard, o salvar a algunos de los caballeros? Sería difícil expandirse y desarrollarse en este plano extranjero sin subordinados leales. Sin el favor divino del  Dragón Eterno sobre ella, no estaba dispuesta a desperdiciar su preciosa vida en este humilde plano extranjero.

En ese momento, el cuerpo de la mantícora comenzó a agacharse a medida que las llamas de color verde oscuro comenzaban a brotar de sus fosas nasales. Parecía que había enemigos terroríficos escondidos en la niebla.

Justo cuando Sinclair estaba contemplando las cosas, los lobos de viento comenzaron a salir de la niebla. Rodearon rápidamente a la mantícora, comenzando a aullar fuertemente. Sin embargo, no se abalanzaron sobre la criatura al instante. Se detuvieron en seco, enviando una ráfaga de cuchillas de viento en su dirección.

Estos ataques causarían un daño limitado a la mantícora, a lo sumo causando pequeños cortes en su cuerpo que ni siquiera atravesarían su piel. Sin embargo, había demasiados de ellos. Sinclair examinó la escena y supuso que había más de trescientos de estos enormes lobos rodeándola, dejando en claro que estas criaturas sin alma fueron definitivamente enviadas por alguien. ¡Tal vez fue incluso Richard desde lo alto de las murallas del castillo!

Una lluvia de cuchillas de viento azotó a la mantícora, causando que la enorme criatura aullara con furia. Enviaba ocasionalmente un contraataque, usando sus grandes garras y dientes afilados para cortar a los lobos de viento. Esta era una criatura de nivel 16; no fue imposible para esta matar a estos enemigos de nivel 7. Sin embargo, pese a la desesperada situación, la mantícora parecía temerosa y cautelosa de algo, sin atreverse a ir y comenzar una matanza.

Finalmente, Sinclair decidió abandonar el maldito lugar, agarrándose a la melena de la criatura con fuerza mientras gritaba, “¡Cariño! ¡Matalos a todos, para luego irnos de este lugar! Rápido … AHH, ¡¿QUÉ ES ESO ?! ”

A menos de cien metros de distancia, la espesa niebla se separó para revelar una enorme sombra negra. Sinclair había visto todo tipo de bestias mágicas antes, pero mirando a esta enorme criatura de seis o siete metros de altura y unos treinta metros de largo, aún se sintió abrumada por la impresión. Comparada con la madre cría, su mantícora era solo un pequeño gato manso.

Por supuesto, este ‘gato’ se apartó rápidamente de la manada de lobos, cargando velozmente hacia este recién llegado. Fácilmente saltó sobre la espalda de la madre cría, enterrándose ferozmente. Sus sentidos le decían que este era el enemigo más peligroso.

Aunque el caparazón de la madre cría era duro como el acero, apenas podía defenderse de este ataque desesperado. Las garras de la mantícora medían alrededor de medio metro, enterrándose profundamente en su lomo. Su afilada cola perforó la cabeza increíblemente pequeña de la madre cría, y la totalidad del veneno mortal dentro de ella se vació. La respiración de la manticora instantáneamente se hizo débil.

Este veneno era lo suficientemente mortal como para matar a toda una ciudad, pero la madre cría sólo estaba ligeramente deteriorada. Llevaba a la mantícora camino al Castillo Crepúsculo como si nada hubiera sucedido. Era inmune al veneno y al ácido, convirtiéndola en la némesis de la mantícora. Y aunque su cabeza estaba hecha papilla debido a los ataques de la mantícora, de alguna manera logró colocar sus pequeñas pero extrañamente afiladas pinzas en la cola.

Las pinzas eventualmente cortaron la cola de la manticora en dos, haciendo que chillara de dolor mientras casi arrojó a Sinclair.

La criatura había vertido toda su fuerza en el enfrentamiento inicial. Sinclair solo tenía algo de control sobre esta, y desprovista de toda fuerza de lucha, ella solo podía aferrarse firmemente, con la esperanza de no ser arrojada. Su única mano libre se agarró con fuerza a sus dos cuchillas mientras trataba continuamente de reunir su energía, pero el daño de la luz lunar verde era demasiado intenso. Cada vez que su energía intentaba salir a la superficie, chocaba con la fuerza lunar que quedaba sobre sus heridas y hervía, causando un  dolor penetrante en su alma.

La mantícora continuó cavando en la madre cría, pero no pudo penetrar el caparazón. El caparazón de la madre cría tenía un metro de grosor, y la mantícora tenía que perforar implacablemente para llegar a sus entrañas. La madre cría era diferente de la mayoría de los insectos normales; la cabeza solo contenía su aparato respiratorio y algunos ojos. Su destrucción no tuvo ningún impacto en su función. El tamaño pequeño no era un perjuicio, sino una trampa.

Los lobos de los alrededores se detuvieron en seco, abriendo sus bocas como si fueran uno solo en la dirección de la mantícora. Los pelos de este híbrido de escorpiones y leones se erizaron, y sintió el impulso de saltar y escapar. Sin embargo, sintió un dolor indescriptiblemente agudo en su mente, sus cuatro extremidades se debilitaron colapsando sobre la espalda de la madre cría.

La madre cría había lanzado su ataque mental. La fuerza total de la habilidad solo ralentizaría a la mantícora unos pocos segundos, pero incluso una pequeña demora era extremadamente mortal en este momento.

“¡NOO!” Chilló Sinclair, enterrándose en la melena de la mantícora. En el momento siguiente sintió innumerables cuchillas atravesando su espalda, el dolor y el miedo la hicieron gritar histéricamente. En un momento de desesperación, ella lanzó algunos ataques propios con sus dagas, logrando derribar a algunos de los lobos, pero la fuerza lunar se mezcló con su energía haciéndola sentir como si estuviera hirviendo de pies a cabeza.

Las trescientas cuchillas de viento cayeron como una tormenta de lluvia, envolviendo a la madre cría. La mitad de ellas aterrizaron en su enorme cuerpo, cortando innumerables trozos de caparazón o la piel gruesa y arrugada de su vientre, mientras que la otra mitad atravesó a la mantícora y a Sinclair. La melena de la mantícora, la sangre negra y pedazos de armadura rota y cabello bailaban en el viento, tras lo cual sangre negra brotó como una niebla oscura.

Sinclair perdió toda la fuerza en su agarre, cayendo de la mantícora y estrellándose contra el suelo antes de quedarse completamente quieta.

La manticora gritó de dolor, deslizándose hacia abajo desde el cuerpo de la madre cría. Una sola cuchilla de viento no podría causarle mucho daño, pero simplemente había demasiadas. La carne se derramó de su piel rasgada, el sangrado fue lo suficiente como para matarla. El dolor la volvió loca, haciendo que abandonara a su ama en un intento de escapar sola.

“¡Deténganla!”, Ordenó Richard y la madre cría al mismo tiempo. Los lobos de viento que habían agotado completamente sus cuchillas de viento se lanzaron hacia delante, se abalanzaron sobre la mantícora y mordieron. Sus dientes y garras no podían romper las defensas de la criatura, pero mientras no la soltaran era efectiva para detener su escape. Con tantos lobos de viento aferrándose a su cuerpo, la velocidad de la mantícora se redujo en gran medida. Su ferocidad se mostró a medida que tomaba represalias, destrozando a los lobos del viento en segundos.

Richard estaba observando esta batalla crucial desde lo alto de las murallas del castillo. Una vez que vio que la mantícora se detuvo, ordenó con frialdad, “¡Madre cría, rocío ácido!”

La madre cría levantó repentinamente la parte superior de su cuerpo, y la cabeza podrida se desprendió para revelar un nuevo aparato respiratorio debajo. ¡Un ácido verde oscuro fue lanzado, recorriendo los diez metros para cubrir completamente a la mantícora!

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