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CoS – Capítulo 298

Libro 2 – Capítulo 181. Negociación (2)

 

La cara de Augen inmediatamente se tornó de color ceniza. “¡SIR RICHARD!” Grito, “¡Estás tratando de provocar a un conde!”

“Un conde de la corte”, dijo Richard con frialdad. Este era el punto débil de Augen; un conde de la corte ni siquiera tenía tanto territorio como un caballero titulado. El hecho de que hubiera logrado reunir a doscientos soldados y vestirlos con una llamativa armadura fue un logro. Por supuesto, cualquier esperanza de que un ejército como ese fuera realmente efectivo en la batalla era solo una ilusión.

El hombre casi se puso verde en ese punto, teniendo que contenerse al máximo para no azotar la cara de Richard. Era extremadamente tonto luchar contra un gran mago; Augen tenía algunas de las deficiencias comunes de los nobles de la corte, pero definitivamente no era tonto.

“¡¿Quieres empezar una guerra contra el Conde Yatu y el Duque Grasberg?!” Rugió Augen.

“¡Conde Augen, no olvides tu posición! ¿Tienes derecho a provocar una guerra? Recuerda para qué estás aquí; si quieres una batalla, honraré tus deseos. Sin embargo, permítame darle un consejo: no tengo intención de ganar ningún oro de ti. Un conde de la corte no vale mucho”, Richard le recordó fríamente.

Las batallas internas entre nobles normalmente se resolvían mediante la guerra. Aunque muchos nobles poderosos trataron de suprimir tales cosas, la lucha nunca pudo ser controlada. Sin embargo, a menos que las familias enfrentadas tuvieran una disputa de sangre, el perdedor podía rendirse sin que lo mataran. Además, el monto del rescate dependía también del valor del prisionero. Incluso si Richard no quería matar a Augen, todavía podía fácilmente mutilarlo.

La tez de Augen brillaba entre verde y blanco, sin palabras que le vinieran a la mente. Quería ordenar a todas sus tropas que cargaran, matando a Richard y a su ejército con un movimiento rápido, pero su lado racional le recordó que los únicos que obedecerían tal orden serían sus tropas personales.

La caballería ligera de 300 miembros pertenecía al ejército real. Estaban aquí por orden de la madre de Zim, para proteger a su hijo. Solo habían sido prestados a Augen para evitar que Richard hiciera demandas poco razonables. Si sus órdenes amenazaban la seguridad de Zim, el batallón lo mataría primero.

El Conde respiró hondo varias veces para calmar su intensa ira. Luego dijo con frialdad, “Ahora bien, Sir Richard Archeron, ¿está aquí para discutir el rescate conmigo?”

“¡Por supuesto que no!” Richard se rió. Rescate era una palabra que siempre le producía alegría, “Sígueme, te llevaré al Vizconde Zim. Una vez que hayamos terminado con eso, procederemos a una sala de reuniones para discutir el rescate.

“Sólo para que lo sepas, no tengo ningún té o refrigerio de primera calidad. Tampoco tengo porcelana o pinturas al óleo. Todos los que estén fuera de su guardia personal deben permanecer a un kilómetro de distancia del cuartel. ¡Por supuesto, puede enviar los carros de suministros primero!”

No mucho después, Augen se reunió con el Vizconde y confirmó su estado de salud. La resonante voz de Zim solo fue prueba suficiente de que estaba bien.

Sin embargo, el proceso de la negociación tuvo algunas sorpresas. La ira de Augen no pareció haberse disipado. No estaba dispuesto a ceder en ningún aspecto de la discusión, decidido a discutirlo con Richard. Incluso amenazó con volver y hacer que alguien más ocupara su lugar.

Esta actitud inflexible sorprendió a Richard. Normalmente, la familia real debería haber puesto a alguien objetivo para las negociaciones, especialmente para un presionero tan especial como Zim. Las palabras de Bevry sobre la familia real considerando al vizconde como una carga estaban comenzando a tener sentido.

La inesperada terquedad de Augen hizo que Richard reexaminara la cantidad del rescate. Parecía estar cerca de su límite, y él no tenía ningún deseo de tener a Zim como prisionero por mucho más tiempo. Si el Conde se echaba para atrás y una nueva persona tuviera que tomar su lugar, pasaría más de medio mes antes de que las negociaciones se reanudaran. En la actualidad, el tiempo era esencial.

La oferta final de Augen fue de 50.000 de oro, 20.000 de materiales mágicos y veinte carruajes de bienes preciosos con un valor total de 30.000. Esto ascendió a 100.000 de oro en total.

Sin embargo, Richard ya había visto los ‘bienes preciosos’. Eran cosas como mármoles, arena negra y seda dorada. Tales cosas cumplirían definitivamente con los estándares de un palacio para un Conde, implicando que el Duque Grasberg había pensado un poco en ello. Reunir todas estas cosas no fue nada fácil, y la conversión al oro en realidad minimizó un poco su valor. Cualquier noble honorable estaría encantado con tal regalo para la construcción de un nuevo castillo.

No obstante, hubo un problema. Richard no tenía planes de lujo ni de confort, sólo se preocupaba por las capacidades defensivas del castillo como fortaleza. No había ningún significado para estos materiales aparte de su robustez. Su interés estaba en los 50.000 de oro y los materiales mágicos, que podrían aumentar la fuerza de su ejército.

Richard examinó la oferta con detenimiento. Incluso con solo 50.000 monedas, podría tener retornos de más de 20.000 en un mes. No hubo necesidad de seguir negociando; su necesidad más apremiante era participar en las disputas en las Tierras Ensangrentadas.

Al final, los dos finalmente hicieron el trato. Después de pagar el rescate, ambas partes firmaron una tregua permanente. Innecesario decir que todos sabían que esta tregua solo se mantendría hasta que uno de ellos fuera lo suficientemente fuerte como para comenzar una guerra. El único significado de este documento era que el próximo rescate del Vizconde comenzaría con el doble de la cantidad actual.

Al día siguiente, Augen sacó a Zim del territorio de Richard. En cuanto a los soldados capturados, serían liberados en lotes. Parecía un final feliz para todos los involucrados, ya fuese Augen, Zim o Richard. Por supuesto, las razones de la felicidad de cada uno fueron diferentes.

Para Richard, era el oro y los materiales que necesitaba con urgencia. Zim estaba eufórico de no ser más un prisionero, volviendo a su lujoso estilo de vida. Incluso podría reunir un ejército completamente nuevo, para tratar de vengarse de Richard.

En cuanto al Conde Augen, estuvo feliz de gastar solo 50.000 de sus 80.000 de presupuesto de oro a través de sus negociaciones defensivas. El resto del oro fue directamente a su bolsillo. Había asumido un gran riesgo por estas ganancias; cuando escuchó por primera vez las amenazas de Richard, pensó en darse por vencido. Solo el resplandeciente encanto del oro le había dado el coraje para seguir luchando.

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