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CoS – Capítulo 36A

Capítulo 36A. Participación

Richard no retiró la barra metálica, en cambio soltó su agarre sobre ella. Luego empujó la espalda del asesino, enviándolo a volar para después seguir de cerca al hombre, cuyas extremidades ya no le respondían. El asesino aún podía pensar un poco a pesar del shock, y ¡de repente recordó que su compañero estaba allí!

Un par de golpes sordos sonaron cuando dos dagas se clavaron simultáneamente en el cuerpo del asesino. Una le perforó el corazón a través de los huecos entre las costillas, y la otra le hizo un agujero en la columna vertebral con la suficiente precisión para quitarle la vida de un solo golpe. Tristemente, estos ataques de su compañero encontraron a la persona equivocada, un error fatal.

Richard se escabulló como si fuera un fantasma, golpeando al otro asesino con sus manos. Sus manos parecían poseer una cierta agudeza logrando arrancarle la cabeza al asesino, ocasionando que su sangre saliera a chorros por su cuello.

Richard se estiró para agarrar la cabeza que había sido desprendida, inclinándose y empujándola al suelo como una pelota. La cara todavía mostraba una mezcla de conmoción y miedo mientras su cabeza rodaba por las profundidades del callejón, deteniéndose ante una oscura sombra. Mientras tanto, sus ojos vacíos miraban las sombras.

La persona en las sombras pareció sentirse incómoda al ver esto, finalmente se movió un poco y abrió dos pequeñas rendijas. Sus ojos salvajes y bestiales se cruzaron con los del asesino, un ligero cambio que era prácticamente imposible de notar. Sin embargo, los números que saltaban en la visión de Richard le dijeron que la sombra no coincidía en absoluto con su entorno, y pudo notarlo de inmediato.

Una ardiente bola de fuego penetró en el callejón con un estruendo, explotando en el pequeño espacio. Su potencia se amplificó por las paredes, dándole casi 50 grados de daño que sería básicamente fatal para cualquier ser por debajo del nivel 10. Un lastimoso grito resonó entre las llamas, y una figura en llamas bailaba en su interior.

Una ola de calor se precipitó, insoportable a pesar de que el impacto se produjo a unos diez metros de distancia. Richard eligió no evadirla, y entró en el callejón para atacar. Se detuvo junto a la pared de la entrada y retraía su aura, levantando ligeramente su brazo derecho y apuntando con la palma hacia la entrada.

La creciente ola de calor finalmente cesó, y las llamas mágicas ahora eran levemente perceptibles. Sin embargo, el cuerpo medio carbonizado en las profundidades del callejón aún seguía retorciéndose, soltando lamentables gemidos que indicaban que estaba a punto de llegar a su fin. En ese momento, un delgado hombre apareció en la entrada del callejón, y se asomó para echar un vistazo al interior. Este nuevo sujeto blandía una pesada hacha con una sola mano que emitía un brillo opaco y frío que no encajaba con su físico.

¡Lo primero que vio fue la palma de Richard expulsando fuego! Las llamas apuntaban directamente a su cara, haciéndole gritar de dolor al sentir que su rostro se quemaba y todo se volvía negro. Rápidamente retrocedió; aunque la Mano de Llamas era un hechizo de grado 1 con solo dos grados de daño que a menudo se usaba para iluminar el camino en las expediciones, podría mostrar un inmenso poder si se usaba apropiadamente.

El hombre dio varios pasos hacia atrás y de repente sintió un escalofrío en el costado de su abdomen. Entonces rugió, su pesada hacha que estaba en el suelo rápidamente pasó como un rayo por la cabellera de Richard.

Richard, que quería aprovechar esta oportunidad para hacer un ataque furtivo, inmediatamente comenzó a sudar frío. ¿Quién iba a imaginar que el hombre aún podía contrarrestarlo con tanta velocidad y precisión a pesar de su ataque? ¡La energía emergente del hacha le indicó que era al menos un guerrero de nivel 10!

Richard se dejó caer inmediatamente con un extraño movimiento, y comenzó a arrastrarse como un lagarto hasta que se halló a diez metros de distancia. La decisión resultó ser correcta, porque el hombre continuó con un aluvión de ataques en su posición anterior. El hacha ya le había rozado la cabeza tres veces seguidas, acercándose cada vez más. ¡El más peligroso incluso le había cortado la ropa en su espalda!

Richard se detuvo y se pegó a la pared, permaneciendo inmóvil. Le dolía la boca del estómago y sentía como si estuviera ardiendo, la sensación asfixiante seguía asaltando sus sentidos. Se sintió como un pez en tierra, forzado a abrir bien la boca para respirar, pero se controló a sí mismo y soportó el dolor de estómago. Respiraba mucho más despacio de lo normal, para evitar que el guerrero que había perdido la visión le encontrara.

Los efectos de Erupción habían pasado, y habiendo estallado con una fuerza mayor de lo usual, se sentiría somnoliento y fatigado por un rato. Aunque bebiera inmediatamente una potente poción energética, todavía le llevaría media hora volver a la normalidad. Durante esa media hora, básicamente no sería capaz de moverse en absoluto.

La mirada de Richard estaba concentrada en el suelo frente a los pies del guerrero. Usó la poca luz que había allí para observar sus movimientos, una pequeña técnica del inframundo que permitía a uno evitar una mirada directa que alarmaría a los contrincantes. Mientras tanto, calculó el maná que le quedaba.

Su cuerpo se había vuelto muy frágil, y habiendo lanzado dos hechizos ya sólo tenía suficiente maná para lanzar una bola de fuego normal. Sin embargo, eso tendría un efecto limitado en un guerrero por encima del nivel 10.

Cuando el guerrero se dio cuenta de que su hacha había atravesado el aire varias veces seguidas, se sorprendió bastante. Nunca pensó que fallaría todos sus golpes; incluso si estaba ciego, sus sentidos y técnicas seguían activos. Al recordar la última posición del objetivo y atacando furtivamente, así como el cálculo de la velocidad del oponente, podría averiguar dónde esquivaría y de esta manera sellaría sus rutas de escape. Incluso lo había tocado una vez, ¿pero aun así había fallado? A no ser que Richard se hubiera arrastrado como un lagarto.

El hombre contuvo la respiración y se giró lentamente, preparándose para encontrar al maldito chico. Sin embargo, de repente sintió un frío al costado del abdomen mientras se movía. Una herida de casi cuarenta centímetros de largo se produjo en su cuerpo, dividiendo sus entrañas y dejando a la intemperie los intestinos y otros órganos. El guerrero se tambaleó, con una mirada de incredulidad en su cara mientras soltaba su arma. El hacha se estrelló contra el suelo, mientras su propio cuerpo se sentía como un saco de papas.

La luz parpadeante de la magia comenzó a iluminarse en la distancia, y se estaba haciendo llamativa. Pasos apresurados se avecinan, eran los ejecutores del mago que ya se habían alarmado. Incluso en las fronteras estaba prohibido lanzar hechizos peligrosos y de largo alcance en público, y la bola de fuego era un ejemplo clásico de tales hechizos. La llegada de los ejecutores fue obviamente buena para Richard, y se relajó soltando un soplo de aire fresco.

Justo cuando Richard se relajaba, una serie de risitas ásperas y bajas sonaban. Seguido de una encantadora voz que parecía hablarle al oído: “Ya puedes morir en paz, Richard”.

Sin embargo, la asesina no se sentía en ningún sitio tan cerca como su voz. En el momento en que terminó de hablar, una daga opaca que no emitía ningún rayo de luz se extendió a tres o cuatro pasos de distancia de él, dirigiéndose hacia la parte baja de la espalda de Richard. La daga tenía un extraño color gris oscuro, con toxinas esparcidas por su superficie. Incluso si sus áreas vitales no fueron golpeadas, el simple hecho de deslizarla sobre la piel podría quitarle la vida a Richard en menos de un minuto. Justo cuando la daga estaba a punto de tocar la parte media de su espalda, el esbozo del cuerpo del asesino apareció como un ser traslúcido.

Sin embargo, el ataque que ella preparó no funcionó. Una daga de aspecto extraño, con un lustre rojo oscuro a su alrededor, apareció de la nada, bloqueando la suya con una habilidad que la superaba.

Esta no era una daga cualquiera. Por el contrario, el extraño surco de su hoja y su característico brillo rojo de sangre era bien conocido en el mundo oscuro.

“¡La Espada de la Calamidad!” Gritó la asesina. Su figura ahora se veía sumamente clara, e incluso su cara se hacía algo perceptible. Se quedó mirando mientras la daga carmesí desaparecía en su cuerpo, instantáneamente recordando las muchas leyendas del pasado sobre la Espada de la Calamidad. Los recuerdos de hace una década surgieron en su mente.

Lo más aterrador de la Espada de la Calamidad no era la agudeza de la daga, sino lo exquisita y destacada que resultaba su técnica. También estaban las misteriosas e impredecibles maldiciones de la calamidad.

Cada vez que la daga asesinaba a alguien, absorbía parte del alma de la persona, usando ese poder como combustible para activar las maldiciones de la calamidad. Había un total de seis, y aunque sólo se podían usar una vez al día, quienes eran golpeados por la maldición no sabían cuándo serían atacados; cuanto más tiempo la Espada de la Calamidad tenía el ojo puesto en alguien, más peligroso se volvía. El brillo rojo oscuro que emitió la daga no se sintió nada en absoluto una vez que entró en su cuerpo, pero la asesina sabía que la Espada de la Calamidad había desatado el Rastro de Sangre sobre ella. Esta fue su maldición más conocida, permitiéndole determinar su posición en cualquier momento durante los siguientes tres días.

La asesina saltó muy alto e hizo una voltereta hacia atrás, aterrizando sigilosamente a diez metros de distancia. Se agachó en el suelo como una pantera oscura, con un par de ojos sin vida mirando la daga roja de sangre.

Una mano apareció en la empuñadura de la daga, seguida de un brazo que parecía delgado. Luego, estaba la ropa tan normal que parecía impresentable, seguido de una cara de aspecto promedio. Sin embargo, su sonrisa parecía simple y vulgar. Si no fuera por esa maliciosa y aterradora daga, Naya definitivamente podría ser tomado como el jefe de un pequeño restaurante o taberna, usando las pequeñas ganancias que tenía para llenar su estómago, tan ocupado todos los días que sólo podía fantasear con mujeres hermosas para pasar el tiempo. Fuese lo que fuese, resultaba difícil vincularlo con el apuesto hombre que había brillado en el mundo oscuro hacía una década.

Naya era totalmente lo contrario de la asesina, que parecía haber visto a un gran enemigo. En cambio, hizo un espectáculo y comenzó a alardear de sus habilidades con su daga, mirando vulgarmente las poderosas curvas de la asesina como un viejo sucio, “Así que eres tú. ¿Cómo te llamabas? Déjame pensar, es Loro Sanguinario, o Gorrión de las Cenizas… Ya no importa cómo te llamen. En un abrir y cerrar de ojos, han pasado unos diez años desde la última vez que te vi. ¡No esperaba que tu cuerpo se volviera tan sexy! Pero tu nivel, tsk, cómo podría decirlo… ¿Cómo es que después de tantos años no hay ningún cambio? ¿Sigues siendo un nivel 14? ¿Has pasado todos estos años acompañando a viejos nobles a la cama sin tener tiempo para entrenar?”


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