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CoS – Capítulo 37A

Capítulo 37A. Sangre y Pureza

 

Naya arrastró casualmente a la inconsciente Loro Sanguinario de regreso a la pequeña taberna, como si fuese un paquete con suministros. Las fronteras estaban tranquilas a altas horas de la noche, e incluso aquellos que vagaban por las oscuras calles no se veían por ningún lado. Con el alboroto que los magos habían hecho con su llegada, todas las puertas y ventanas de los distintos callejones estaban bien cerradas, sin una pequeña grieta por la que asomarse. La fuerza por sobrevivir había quitado toda curiosidad.

Richard le siguió en silencio, con un aspecto un poco más pálido de lo normal. Las manos ocultadas en sus mangas estaban apretadas, sin embargo, los músculos de sus antebrazos seguían temblando. Gotas de sangre fresca salieron de entre sus dedos, la herida proveniente de los gránulos que la barra de metal sin pulir había dejado en su palma. La herida sólo había sido superficial al principio, pero con la cantidad de presión que Richard estaba poniendo en su mano, el dolor de la herida era suficiente para reprimir el latido salvaje de su corazón. Su mente ya era un desastre; si no hubiera habido nadie alrededor, todo lo que haría sería gritar, patear y destrozar  por  todas partes. Sólo eso le ayudaría a descargar algo de la tensión extrema por la que acababa de pasar, aunque se retrase un poco.

Esta era la primera vez que Richard había matado a alguien, y había tomado cuatro vidas en tan solo unos momentos. Había cortado a ese guerrero con sus propias manos, dañando muchos de sus órganos, condenándolo a una muerte dolorosa y temerosa. A pocos centímetros de su propia muerte, Richard se había vuelto completamente tranquilo; la conciencia al moverse se transformó en un frío cálculo, y cada técnica que había aprendido de Naya la utilizó como si fuera natural. Los cuatro asesinos habían asumido que Richard era sólo un mago novato, y esta idea les había hecho pagar con sus vidas. Además de la bola de fuego que mató a uno, los otros tres habían muerto por la asombrosa habilidad de Richard en las artes del asesinato. Cuando se trataba de eso, hasta la sincronización de esa bola de fuego tuvo que ver con esas técnicas.

Las batallas del bajo mundo determinaban la vida y la muerte en un solo roce con el oponente. En esa batalla decisiva Richard se había sentido como en un sueño; un sueño real y escalofriante, lleno de números. Solo se despertó una vez que Blackgold se había ido, dejando su nerviosismo, fragilidad, náuseas y todo tipo de cosas negativas en su corazón.

Además de la angustia de matar a alguien por primera vez, Richard también estaba muy nervioso por el destino venidero de Loro Sangriento, de una manera que no podía describir. Por alguna razón, la despreocupación de Naya no hizo más que aumentar su nerviosismo.

Siempre había sido meticuloso con las observaciones, y notó la expresión de malestar en los rostros de los compañeros de Naya cuando la alzó. Por un momento, ni siquiera la propia Loro Sanguinario había sido capaz de ocultar el terror y la desesperación en su cara antes de desmayarse.

Las palabras de Naya le dijeron a Richard que Loro Sanguinario poseía cierta reputación en el  bajo mundo incluso hace una década. Para que alguien así se volviese tan tenso y temeroso, ¿qué  será lo que Naya le mostrará pronto? El solo hecho de pensar en la cubeta que Naya le había indicado que trajera hizo que el estómago de Richard se revolviera, sintiendo la necesidad de encontrar un rincón y vomitar todo lo que tenía en el estómago inmediatamente. Naya era igual que Sharon y muchos de los grandes magos, nunca bromeaba en asuntos propios.

Aunque quería vomitar de inmediato, Richard aún rechinaba los dientes y seguía a Naya, persistiendo todo el camino hasta la taberna. Incluso él mismo sentía que eso era un milagro.

Los dos compañeros de Naya parecieron despojarse de toda su pereza en el momento en que la Espada de la Calamidad se marchó, limpiando los cuerpos y limpiando la escena con una velocidad increíble. En pocos minutos todos los rastros habían sido borrados, siendo los únicos restos de la batalla las marcas hechas por las llamas de fuego en las profundidades del callejón.

Cuando la gente de la frontera saliera de sus casas temprano en la mañana, sentirían como si nada hubiera pasado esa noche. Con el caos en las fronteras se habían acostumbrado a temblores, explosiones y todo tipo de sonidos extraños. La ley de Deepblue establecía que el allanamiento de las casas o el daño de las paredes exteriores significaban una invasión del Deepblue, por lo que esas cosas estaban definitivamente prohibidas. Sus casas eran, por lo tanto, refugios seguros del mundo exterior.

Naya arrastró a Loro Sanguinario a través del pequeño vestíbulo, más allá del mostrador y entró en la cocina de la parte posterior. Richard descubrió que la cocina de la taberna era extrañamente grande, aparentemente más grande que el vestíbulo mismo. Había muchos gabinetes de licor y comida al lado de la estufa, y había anillos de hierro grandes y pequeños clavados en la pared. También había unos pocos bloques y aparejos que colgaban del techo, también muchos ganchos de hierro de diferentes tamaños.

El olor concentrado de hollín y alcohol de mala calidad impregnaba el aire. Sin embargo, estos dos olores fuertes no podían suprimir el olor a moho. Las paredes y el piso estaban hechos de piedra y habían sido limpiados. Sin embargo, aún quedaban marcas irregulares y tenues en una gran área.

“Cierra bien la puerta”, ordenó Naya, arrastrando a Loro Sangriento al centro de la cocina.

Richard hizo lo que le pidió, viendo que realmente había un balde de madera bastante grande detrás de la puerta. El balde parecía bastante viejo, aunque estaba lavado y no emitía extraños olores, Richard ya no podía aguantar las reacciones intensas de su cuerpo. Se inclinó abruptamente sobre el costado del balde y comenzó vomitar.

Al no haber tenido la oportunidad de cenar, vomito poca comida. La mayoría era ácido gástrico de color claro, el fuerte olor llenaba sus sentidos y cubría todos los otros olores de la cocina. Sin embargo, esta supresión reveló un olor tenue que no había sido demasiado perceptible antes. Richard pudo determinar la fuente en un instante; este era un residuo de años de sangre y polvo.

Fue terrible que se enterara en ese momento, porque los instintos de su cuerpo ahora tenían la ventaja. Su estómago se revolvió intensamente y prácticamente se contrajo, básicamente chorreando  ácido por su boca.

Naya parecía haber adivinado la reacción de Richard, enviándole una mirada despreocupada antes de empezar su propio trabajo. Tiró de los ganchos de hierro del techo con la sintonía de un choque, perforando directamente las extremidades de la Lora Sangrienta. Quedó suspendida en el aire con un tirón de la cadena y  sus extremidades estiradas en varias direcciones.

El inmenso dolor la hizo recobrar la conciencia, gritando por instinto. Sin embargo, la asesina se detuvo inmediatamente una vez que se volvió lúcida, relajando su cuerpo y mirando a su alrededor. No obstante, la desesperación apareció inmediatamente en sus ojos cuando vio a Naya, y no pudo evitar suspirar.

Naya extendió sus manos, apretando y acariciando distraídamente su cuerpo. Su expresión obscena le hacía parecer extremadamente vulgar, pero estas caricias le robaron la fuerza a Loro Sangriento, cesando sus luchas y reemplazándolas con una total desesperación.

Naya tarareó una pequeña canción desafinada, empezando a quitar la ropa de Lora Sangrienta pieza por pieza. Sólo después de quitarle el último trozo de tela se detuvo, dejándola colgada desnuda en el centro de la cocina. Sus músculos y nervios dañados le causaban contracciones ocasionales, pero extrañamente los puntos perforados no sangraban mucho. La sangre salía lentamente, goteando hacia el suelo.

Richard finalmente se levantó. Parecía mortalmente pálido, solo podía mantenerse firme apoyándose en la pared. Se limpió algo de la mugre que había salpicado su pecho y se armó de valor para mirar hacia arriba, mirando el cuerpo desnudo del Loro Sangriento. Sabía que lo que venía después era la verdadera prueba.

Loro Sangriento probablemente había pasado la edad media, pero su gran poder había permitido que su aspecto y cuerpo se mantuvieran en un estado muy joven. No importa cómo se mire, no parecía tener más de treinta años. Sus piernas, pecho y trasero apretados y vigorosos eran excesivamente curvos, algo bastante tentador para los hombres. Su apariencia y cuerpo eran sus mejores armas, pero ahora no seducían a Richard. En vez de eso, permaneció extremadamente concentrado en eso, porque los números que vio allí eran extraños.


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