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CoS – Capítulo 784

Libro 6 – Capítulo 10. Cuernos De Guerra

 

El Ducado Carmesí era un vecino aterrador, pero su amenaza se redujo parcialmente por su enfoque en las planicies bárbaras. Casi un tercio de las tierras altas ancestrales habían sido ocupadas, un área aún más grande que las Tierras Ensangrentadas. Nadie sabía si la tierra era fértil o estéril, si tenía materiales raros u otras fuentes de vida económica, pero era definitivamente suficiente territorio para formar un verdadero imperio.

Innumerables ojos se centraron en el crecimiento alarmante de este gigante, y aunque numerosos grupos deseaban contenerlo, ninguno tuvo el coraje o los recursos para intentarlo. El Ducado Carmesí no había agredido a nadie, y no había nadie que disputara las planicies ancestrales. Hubo un breve intento de capturar a los esclavos del Ducado Carmesí, pero eso fue rápidamente pisoteado sin que el ejército principal tuviera que actuar. Muchos de los países más pequeños cercanos se sintieron avergonzados por el hecho de que incluso el ejército de esclavos del Ducado Carmesí era más poderoso que sus fuerzas permanentes.

Esto no significa que el Ducado no tuviera conflictos. Todavía se producían constantes escaramuzas a lo largo de la frontera con el Imperio Triángulo de Hierro. Las docenas de batallas menores habían alcanzado un sorprendente número de bajas, y después de perder casi 40.000 soldados en total, se vieron obligados a ceder una parte significativa de su territorio occidental. La tierra en sí era estéril, pero al haberse retirado, el Ducado Carmesí suponía la única forma de acceder a la Meseta Cenicienta y a las planicies bárbaras.

Salwyn había sido convertido en chivo expiatorio una vez más. Acusado de traicionar al país, se vio obligado a renunciar a su poder militar y a volver a la pesca en sus tierras. El desafortunado príncipe había sido ahora un obstáculo para el éxito de otro por segunda vez. Con Richard ya considerado un general divino, el misterioso Andrieka ahora superó a Rislant en prestigio.

Por supuesto, todos en el Imperio Triángulo de Hierro sabían que la distancia real entre los dos era inimaginable. La única razón por la que Rislant no se había sentido avergonzado todavía, era por el hecho de que había usado la excusa de la Iglesia del Dragón para mantenerse alejado de este campo de batalla. Salwyn era el único en el país con el coraje de dar un paso al frente a pesar de una pérdida casi segura, pero sus enemigos habían hecho uso de esa debilidad para apartarlo.

Ahora que tenía una comprensión general de la situación en Faelor, Richard miró el mapa que tenía delante y se giró hacia Flowsand, “¿Crees que tenemos el poder para lanzar una guerra divina?”

Flowsand negó con la cabeza de inmediato, “Imposible. Una verdadera guerra de los dioses no es solo una guerra entre iglesias. Incluso para un debilucho como Neian, destruir algunos avatares es inútil. Realmente no tenemos la capacidad de irrumpir en los reinos divinos nosotros mismos, y hasta que no lo hagamos, no seremos una amenaza inmediata para ninguna deidad. Incluso si la fe de un dios es completamente destruida, pasarán siglos antes de que pierdan su divinidad y se desvanezcan.”

“Así que necesito llegar al legendario… Tch.” Richard sacudió la cabeza. La mayor ventaja de estar en el reino legendario no era el poder puro, sino la capacidad de controlar de alguna manera las leyes de la existencia. Incluso un producto artificial como Stardragon era difícil de enfrentar; derrotarlos era una cosa, pero dejarlos sin forma de huir fue otro problema por completo. Dada la fuerza del grupo de Richard, sería fácil vencer a una leyenda. Sin embargo, matar a uno no era una garantía en absoluto.

El propio Richard todavía tenía algo de miedo de ofender a una deidad del todo. Si realmente empujaba a una al límite, podría abandonar todo honor y enviar a un poderoso avatar a la guerra de guerrillas. Un ataque furtivo por aquí, un asesinato por allá… tal estrategia era casi imposible de contrarrestar. Era la misma razón por la que las leyendas eran tan respetadas en Norland; enojar a una no era una buena idea.

“Entonces no podemos atacar todavía,” frunció el ceño.

“Si solo estás preocupado por las leyendas, hay un 30% de posibilidades de que pueda evitar que escapen ahora,” agregó Flowsand.

“No, no es lo suficientemente bueno. Cualquiera que sobreviva será una espina clavada en nuestro costado para siempre. No necesitamos tomar tales riesgos, de todos modos, tendremos el control de todo en unos pocos años. Bien, Kellac,” señaló a una parte de las planicies ancestrales, “¿Aquí es donde está el santuario central del Dios de la Guerra de las Tierras Altas?”

“Sí,” la voz de Kellac tembló un poco.

“Y el que te excomulgó…”

<< Nota: Excomulgar; excluir a uno de sus fieles de la comunidad religiosa a la que pertenece y negarle los sacramentos. >>

“Su título actual es Leitun, el Señor de las Tierras Altas. Ya es el sumo pontífice de la iglesia.”

“¿El Señor de las Tierras Altas? Je, ¿quién califica para darle tal título? Como sea, vamos a mostrarle quién es el jefe.”

“Mi Señor, usted quiere…”

“Si no podemos luchar contra un dios adecuado, ¿por qué no luchar contra uno fuera del panteón? Vamos a tomar el nido del Dios de la Guerra de las Tierras Altas.”

El Dios de la Guerra de las Tierras Altas era originalmente parte del panteón Faeloriano, pero él había caído de su puesto y Lutheris había tomado su lugar. Sin embargo, en un momento dado estableció una fundación en las planicies bárbaras y se convirtió en una deidad de los bárbaros. Sin embargo, todavía estaba débil.

Las fronteras del Ducado Carmesí estaban ahora a solo 200 kilómetros del gran santuario del Dios de la Guerra de las Tierras Altas. La única razón por la que los seguidores de Richard no habían presionado más fue porque esperaban órdenes adicionales, y el autoproclamado Señor de las Tierras Altas no tuvo las agallas para atacar.

“Notifiquen a las tres diosas para que se preparen para la guerra, nos vamos en tres días,” dijo Richard antes de detenerse a pensar, “También envíen mensajeros a Neian, Cerces y quizás a otros dioses caóticos. Díganles que vamos a luchar contra el Señor de la Guerra de las Tierras Altas y que pueden apoyarnos.”

“¿Apoyar?” Gangdor se rascó la cabeza. Él había matado personalmente a varios sacerdotes y clérigos de Faelor en el pasado, por lo que no entendía por qué las iglesias estarían dispuestas a apoyarlos en este esfuerzo.

“Los dioses también son egoístas,” sonrió Richard, “El Dios de la Guerra de las Tierras Altas no es un miembro del panteón de Faelor, por lo que destruir su iglesia será un gran golpe. Al mismo tiempo, los dioses pueden irrumpir en su reino divino y destrozarlo. No será tan costoso como luchar contra una deidad en toda regla, y el dominio y los poderes adicionales son demasiado para rechazarlos.”

“¿Pero no tenemos a las diosas con nosotros? ¿Por qué no dejar que ellas lo hagan?” Continuó Gangdor. Esto era algo que Richard apreciaba en el bruto; no lo entendía todo, pero se aseguraba de hacer preguntas sin sentirse avergonzado.

“Esas tres no son buenas peleando. Incluso si dañamos al Dios de la Guerra de las Tierras Altas, no se puede asegurar la victoria en su reino divino. Además, si ganan, entonces tendrán divinidad mucho más allá de lo que su fuerza debería permitir. Alguien más las robará luego.”

“¿Pero esto no está facilitando las cosas para esos bastardos?” Gangdor todavía estaba desconcertado.

Richard sonrió, “Quienquiera que tome la iniciativa en la guerra divina, ciertamente sufrirá pérdidas. Se necesitará mucha energía para asimilar el nuevo reino, lo que los dejará débil durante mucho tiempo. Tardarán décadas en recuperarse…”

Richard se detuvo por un momento, con un brillo malicioso en sus ojos, “¿Pero por qué les daríamos tanto tiempo?”


Capítulo semanal (5/14)

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