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CoS – Capítulo 786

Libro 6 – Capítulo 12. Recorriendo El Norte

 

Un enorme elefante caminaba por las ilimitadas planicies ancestrales, sobre el cual había un howdah que albergaba a dos personas con vestimenta tradicional de los bárbaros. Uno de los dos miraba hacia las nubes, mientras que el otro miraba hacia el lejano horizonte.

<< Nota: Howdah; es un compartimento situado sobre el lomo de un elefante, u ocasionalmente sobre algún otro animal. >>

Nadie aquí lo sabía, pero estos eran dos guardianes celestiales en una búsqueda para conseguir ofrendas. Si Richard estuviera aquí, reconocería a Nyra e Io inmediatamente.

“Richard está de vuelta,” dijo el sacerdote de batalla perezosamente, “¿Tenemos que ir a verlo?”

“Por supuesto,” dijo Nyra en su monotonía característica, “No soy tan estúpida como tú para ofenderlo.”

“Podemos encontrar ofrendas por nosotros mismos ahora, ¿no? ¿Por qué debería tener que escuchar a ese bastardo? Quiero vivir con un poco de dignidad.”

“¿Podemos? Dos años de lucha y solo hemos realizado un sacrificio mayor. Pasará mucho tiempo antes de que avancemos.”

“¡Eso es porque los dos somos sacerdotes! Sería mucho más fácil si tuviéramos un santo ayudando, y tampoco ayuda que este lugar sea tan estéril. ¡Miles de bárbaros y ni un hijo de puta vale un sacrificio menor!”

“¿Y cuánto crees que ha hecho él en este tiempo? ¿No estabas orgulloso del sacrificio mayor? ”

“¿Cómo se supone que voy a competir con él? Él es—”

“Él es bueno con nosotros. Incluso si no le ayudamos deliberadamente, tampoco hay necesidad de enemistarse. Jeje, y si crees que podemos compararnos remotamente con el número de ofrendas que habrá traído… Bueno, no olvides tu dignidad.”

“¿Qué quieres decir? ¿Cuáles son tus planes?”

“Estoy dispuesta a inclinarme a sus pies si eso ayuda. Como te dije, mejor que te mantengas al margen. Richard solo estará dispuesto a dar un número limitado de ofrendas, y definitivamente no hay suficiente para dos personas.”

De repente, Io escuchó campanas de advertencia resonando en su mente. Aunque llegó unos años antes, tuvo que admitir que Nyra lo superaba en muchos escenarios.

……

Solo tomó un día y una noche para que el elefante gigante llegara hasta Agua Azul. Con dos sacerdotes buffeandolo, curándolo y revitalizándolo, había corrido a través de las planicies sin pausa. La criatura inmediatamente llamó la atención, pero la dejaron en el campamento del ejército y fueron a ver a Flowsand.

Cuando vieron el enorme cofre de ofrendas justo en medio de la habitación de Flowsand, Io y Nyra casi pierden el aliento. Tenía todo tipo de ofrendas dentro, y cada una era de primer nivel. Tres, cinco… A medida que contaban más y más, los dos guardianes celestiales soltaron jadeos audibles. Todo lo que vieron fue el pasaje al nivel 19, 20, o incluso al reino legendario.

“Estas son…” Io preguntó con una voz seca.

Ocupada mirando a través de las ofrendas, Flowsand ni siquiera levantó la vista, “Richard está de vuelta.”

“Oh”, se rió Io, “Así que mi Señor está— ¡Ay!”

Nyra retiró silenciosamente su mano de los testículos de Io, tosiendo débilmente, “Ejem, dignidad.”

……

El Emperador de Triángulo de Hierro celebró una reunión de emergencia la misma noche en que llegó el mensajero de Richard, llamando a todos los funcionarios importantes que se encontraban en sus camas. Cuando la media docena de ministros somnolientos se reunieron en el salón del palacio, cada uno encontró una carta colocada en sus asientos. La tinta estaba todavía fresca; el contenido acababa de ser copiado.

El propio Emperador estaba sentado encorvado en su trono, con una expresión más oscura que el cielo nocturno de afuera. Las tradicionales antorchas tenues del salón hicieron que su sombra cubriera toda la pared detrás de él, y las llamas parpadeantes parecían dar vida a los retratos siempre presentes de los emperadores anteriores.

“Lean” fue la única palabra que dijo una vez que todos se reunieron, lo que llevó a los ministros a examinar palabra por palabra de la carta.

El contenido de la carta era bastante simple, contenía dos demandas y un aviso. La primera demanda era que el Ducado Carmesí debía poder comprar las existencias de acero frío del Imperio a precios justos, mientras que la segunda era una ‘invitación’ extendida al Príncipe Salwyn. El aviso era que Richard traería un séquito con él de vacaciones en el Imperio, y esperaba que nadie lo obstruyera.

La carta no mencionaba ninguna consecuencia de negarse a nada, pero todos los presentes conocían la amenaza implícita que había detrás. El Triángulo de Hierro había sido arrinconado incluso cuando Richard estaba ausente, así que ahora que estaba de vuelta no habría resistencia. El único que se había atrevido a enfrentarse a él era Salwyn, y el príncipe había sido demasiado herido por sus propios camaradas como para seguir haciéndolo.

Los ministros miraron la carta una y otra vez, pero no expresaron sus opiniones por mucho tiempo. Era casi como si la delgada hoja de papel no tuviera fin. La reunión demoró todo un día y una noche en concluir, pero no hubo noticias públicas sobre la decisión. A Salwyn le enviaron una orden para dirigirse a la capital de inmediato, pero nadie le dijo por qué.

Mientras el Imperio tomaba sus propias decisiones, Richard había llevado a Waterflower y al grupo de tres de Flowsand en un viaje al Imperio Triángulo de Hierro. Su destino era el Valle de las Tinieblas, la prisión para aquellos que ofendían de tal manera al Dios del Valor que ni siquiera la muerte era suficiente castigo. Richard estaba buscando a Essien en parte, pero también iba a ver cómo era una tierra de castigo divino.

Cinco personas montaron sus corceles mágicos a través de la frontera, dirigiéndose tranquilamente hacia el Imperio sin ninguna precaución. Incluso sin su unicornio, Richard tuvo una gran presencia, las monturas tan llamativas que señalaban su presencia a kilómetros de distancia.

No necesitaba decirle al Imperio que estaba cruzando— no habría habido manera de que notaran a su grupo— pero estaba ansioso por pelear y esperaba que los enemigos mordieran el anzuelo. No esperó a Tiramisú ni tampoco trajo a Gangdor, sin caballeros de élite ni rúnicos en su entorno. Estaba casi rogando que ocurriera un asesinato.

El invierno estaba actualmente en su apogeo, pero ni siquiera la nieve de medio metro de profundidad planteaba problemas para las monturas mágicas. Sin embargo, el grupo de Richard se encontró con bastantes personas en su camino, y pocos de ellos eran pobres o estaban enfermos. El Imperio estaba poco poblado, pero en medio del invierno, sus ciudadanos no tenían otra cosa que hacer que beber, apostar y meterse en peleas. Cada pueblo que visitaban estaba lleno de gente, y provenientes de un antiguo imperio, todos parecían estar haciéndolo bastante bien.

Planificación urbana, aislamiento por frío, arreglos agrícolas … todo estaba muy por encima de lo aceptable incluso con los estándares de Norland. Tal vez fue por el clima y la comida, pero la gente en general era alta y fuerte también.

El grupo era ciertamente deslumbrante; Io y Richard estaban entre los hombres más guapos, y las tres mujeres no perdieron en belleza. Como resultado, surgieron algunos pequeños problemas, pero eran más molestias que cualquier otra cosa. Lo peor fue cuando un hombre de caballería, un caballero, un barón, e incluso un conde se enamoraron de las mujeres en fila. Se necesitó dejar a cientos de soldados inconscientes antes de que el conde finalmente cediera, y Richard aprovechó la oportunidad para robarle decenas de miles de monedas de oro.

Los cinco pasaron momentos bastante alegres en el camino, sin incidentes significativos hasta que llegaron a las cercanías del Valle de las Tinieblas. Richard decidió descansar en una pequeña ciudad cercana antes de dirigirse a la tierra que pertenecía al Conde Panzev, de quien se decía que era descendiente de un ser legendario.

Richard eligió vivir en la única posada de la ciudad, un lugar pequeño, pero bastante limpio. La chimenea era cálida en la oscuridad de la noche, con un caldo que burbujeaba constantemente sobre el fuego para esparcir un rico aroma por todas partes. No era una comida particularmente exquisita, pero después de haber pasado tanto tiempo en el frío, el grupo de Richard se la comió junto con el pan y todos los demás platos de acompañamiento. El vino desapareció por sus gargantas como si fuera agua, pero ni uno solo de los miembros del grupo parecía estar borracho. Los vinos del norte eran particularmente fuertes, pero todos aquí eran borrachos hasta cierto punto.

Había un bardo en el salón, y Richard casi instintivamente se arrancó los oídos por la voz fuerte y ronca, pero después de unas pocas líneas la clara canción se convirtió rápidamente en soportable. Se remontaba a tiempos muy lejanos cuando los colonos originales estaban luchando por sobrevivir en esta tierra, y extrañamente la voz ronca encajaba a la perfección.

Las cinco personas comieron y bebieron, sintiendo por un momento que una vida tan simple sería genial.

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