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CoS – Capítulo 89

Capítulo 89. Castigo

 

Richard ahora estaba sentado a solas junto a la cama, con sus manos apoyadas sobre la frente. Los acontecimientos que acababan de ocurrir se repetían en su mente escena por escena, cada instante incomparablemente claro.

Las cosas habían sucedido de repente. Desde el principio sentía una clara sensación de peligro, por lo que se había puesto furioso cuando esos guardias le atacaron. Había elegido tomar represalias con toda su fuerza, paralizando despiadadamente a dos de ellos, pero había caído con ese ataque del tercero. Este fue un resultado que Richard ya había anticipado, no era lo suficientemente arrogante como para pensar que podría ganar contra el ataque conjunto de tres guerreros por encima del nivel 8. El hecho de que pudiera arrastrar a dos de ellos con él ya era un resultado inesperado.

Aunque esta fue la primera vez que experimentó una situación de esta naturaleza, Richard sabía que se trataba de la reputación de los Archerons. Pequeños problemas como éste no eran frecuentes en Fausto, pero tampoco exactamente raros. Cada familia que entró y se estableció exitosamente en Fausto normalmente experimentaba alguna clase de animosidad con las familias más antiguas y poderosas establecidas allí. Por eso, Richard estaba preparado para la humillación. El hecho de que Faulk le pisase la cabeza contra el suelo era una de esas formas, aunque era un tipo extremo que crearía una contienda sangrienta. Sin embargo, en el momento siguiente todo había cambiado.

Cuando pensó en ello, la fuerza que venía del pie de Faulk había sido lo suficientemente fuerte como para aplastarle la cabeza, ¡destrozando su cráneo en pedazos como si fuera porcelana! En ese momento, una verdadera sombra de la muerte había envuelto todos sus sentidos. ¡Faulk quiso matarlo! ¡No fue una decisión que tomo en el momento, sino un asesinato premeditado!

Richard nunca antes había sentido tan de cerca el filo de la muerte. Aquel ataque de Loro Sanguinario había sido rápido y silencioso, sin darle ni siquiera la oportunidad de sentir miedo. Esta vez, las cosas habían sido diferentes. La aterradora presión de ese zapato, y el crujido de su cráneo ante esa fuerza… Se repitió claramente en su mente, una y otra vez.

Sus heladas manos temblaban sin fin, y se sentía tan débil que podía perder la conciencia en el momento siguiente, sumiéndose en una oscuridad sin límites. Sintió ráfagas de dolor en los dedos, como resultado de golpear a un guerrero de nivel 8 con los puños sin usar ninguna técnica. Sus articulaciones aún estaban hinchadas y sudaba por el dolor.

Sin embargo, Richard estaba agradecido por el dolor. Fue lo que le permitió permanecer sobrio. La gran cantidad de sudor que empapaba su ropa la hacía pegarse a su piel.

Si no fuera por la aparición repentina de Alice y Goliat, ese pie hubiera caído por completo… Richard no pudo evitar pensar en eso una y otra vez. Quería controlarse, pero no podía reprimir el terror en su corazón. Una vez que la furia y la humillación habían desaparecido, todo lo que quedó fue el miedo a la muerte. ¡Era un terror enorme que Richard jamás se había imaginado!

Levantó la vista, forzándose a ver todo lo que había en la habitación, observándola atentamente para expulsar el miedo. Sin embargo, la Precisión estaba errática, con incontables números apareciendo en su visión. Por mucho que lo intentara, no podía entenderlos, como si su mente hubiera estado sellada en hielo. Fue sólo cuando esa extraña espada apareció en su visión que el corazón de Ricardo saltó ligeramente.

Su residencia no era grande, sólo contenía una sala y dos habitaciones. El dormitorio tenía unos diez metros de largo, por lo que la hoja de un metro y medio de largo ya ocupaba una gran cantidad de espacio. Sin vaina, fue envuelta toscamente en piel de bestia y colocada horizontalmente en el escritorio junto a su ventana. Una esquina de la piel se había abierto, revelando un poco de la afilada hoja que había dentro.

El corazón de Richard latía con fuerza. Como hechizado, saltó de la cama y lentamente se dirigió al escritorio, agarrando la empuñadura y quitando la piel de bestia que estaba envuelta alrededor de la hoja. Luego cerró los ojos, respirando lenta y profundamente.

Esta era una antigua espada larga, con forma de puñal de apoyo. Las hebras en el mango de madera mostraban desgaste, pero se sentía extremadamente cómoda de sostener. En sólo un suspiro, la mente de Richard se extendió a través de la empuñadura y la hoja, y su sangre de la luna de plata comenzó a fluir mientras absorbía la fuerza lunar del cielo y la vertía en la espada. Le dio a la hoja un color que fluctuaba con la fuerza lunar, cambiando irregularmente con los colores de las lunas.

Fue sólo entonces cuando la mente de Richard comenzó a estabilizarse, la espada en su mano le hacía sentir que tenía un poder del cual confiar. Todavía no podía evitar recordar la escena cerca de la iglesia, pero las cosas ya eran diferentes. Ahora estaba simulando el curso de los acontecimientos si hubiera tenido esta espada larga en la mano durante la pelea.

La espada le habría permitido sacar suficiente poder de las lunas al primer indicio de peligro, ¡y con el poder extra de la Erupción su poder de batalla se habría triplicado! Sería capaz de matar a la mayoría de los guardias y jóvenes nobles que había en la escena antes de que una pluma cayese, y el poder destructivo de la luna dejaría a Faulk gravemente herido.

Sólo cuando estuvo verdaderamente cerca de la muerte, al entrar en contacto con la guadaña de la muerte, Richard comprendió verdaderamente el terror y la importancia del poder. Si nadie hubiera podido detener a Faulk, ¿qué le habría importado si la Familia Archeron perseguía el asunto y si la Familia Joseph no hubiera tenido más remedio que ejecutar a Faulk? Ya estaría muerto, y los muertos no podrían cumplir ningún deseo o sueño.

Sus pensamientos finalmente se calmaron, y todo ante sus ojos volvió a la normalidad. Richard soltó un largo suspiro y lentamente bajó la espada. Luego se sentó junto a la ventana y comenzó a pensar sobre lo vivido ese día. Numerosos eventos sospechosos comenzaron a vincularse uno por uno, y tenía la conmovedora sensación de que algo andaba mal. Sólo entonces se dio cuenta de que sabía muy poco sobre su propia familia y el mundo exterior, sin poder vincularlo todo lógicamente. La fatiga finalmente llegó a su debilitado cuerpo y mente, y no pudo evitar apoyarse en el escritorio y quedarse profundamente dormido…

Un tiempo después, una pequeña campana de bronce comenzó a sonar mágicamente dentro de la habitación, despertando a Richard de sus sueños. Se frotó los ojos, descubriendo que ya era de noche. La habitación estaba oscura, con sólo una pequeña área iluminada por la luz de la luna entrando por la ventana.

La campana de bronce continuó sonando, y fue seguida por un suave golpe en su puerta. Richard abrió la puerta y se encontró con su mayordomo, pero en lugar de cenar fue llevado al sótano del castillo para participar en una juicio interno de la familia.

Poco después, un desconcertado Richard siguió al mayordomo hasta un piso debajo de la torre principal del castillo. Los pasillos de aquí eran diferentes de los húmedos y oscuros del castillo, en lugar son secos y sofocantes. Pasando a través de una gran puerta custodiada por dos soldados de infantería completamente armados, Richard fue llevado a un salón subterráneo de una escala considerable.

Este salón tenía cientos de metros cuadrados y dos pisos de alto. Las paredes estaban hechas de roca, y de ellas colgaban unas cuantas banderas rojas oscuras que podían considerarse decoraciones.

Al final del salón había una plataforma con cinco sillas. Gaton estaba sentado en el centro, con Goliat y Alice sentados a su derecha y en orden. A su izquierda había un mago anciano, seguido por un hombre helado de mediana edad vestido con una armadura de cuero negro. A ambos lados del salón, alineados contra la pared, había muchos otros Archerons, y él reconoció a algunos jóvenes que había visto el día del banquete.

Richard se dirigió a un lado, de pie entre la multitud. Las dos grandes puertas de madera con hierro incrustado en ellas se cerraron lentamente, y con un sonido desolado y distante de una campana se abrió una puerta en una esquina del salón. Un guerrero con el pecho desnudo y de aspecto burdo llevó a Warren y caminó hacía el centro del salón.


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