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Capítulo 4: ¡No califica!

Capítulo 4: ¡No califica!

 

En una llanura, bueno lo sería si no tuviera una hilera de cerros que parecían una columna, siendo cada uno de éstos como una lumbar. En ellos había unas casas de piedra, sería más correcto decir unos iglús de piedra. A las afuera de esta zona había un bosque de inmensos árboles que impedían la visión de extranjeros, era una cubierta natural.

Las estructuras de piedra poseían unos grabados rúnicos parecidos a venas que se extendían por toda el iglú. La conexión entre cerros era un camino serpenteante hecho de piedra pizarra.

Si uno mirara desde los cielos verían que cada cerro poseía agujeros, pero no como los volcanes, pues estos no poseían magma.

Sin dudas la configuración del lugar daba una vista extraña.

Dentro de una de las estructuras de piedra, quizás la más prominente ya que con su tamaño parecía un templo o un palacio se encontraban tres hombres y un joven.

Uno de los hombres poseía una expresión helada como la de un objeto inanimado.

El otro se veía astuto y siniestro a este le faltaba un ojo lo que le otorgaba un toque de ferocidad.

Ambos estaban arrodillados y contemplaban a un anciano de túnica purpura que tenía un aura indescifrable, de pelo y barba blanca con un par de ojos que revelaban hermetismo e indiferencia.

El anciano estaba sentado en una silla y contemplaba a un pequeño, que estaba inconsciente en el suelo. Una luz brillo en sus ojos y luego dijo.

“Veo que han vuelto y con ganancias inesperadas” pronunció con un tono plano, de su voz no se podía saber que pensaba o como se sentía.

“No nos atrevemos maestro, solo que este mocoso estaba en la zona a la que nos envió, era sospechoso y por lo tanto peligroso dejar que se fuera, así que lo capturamos y sedamos para que este inconsciente por otros tres días. Además, posee una raíz espiritual.” Informó el hombre frio, sin embargo, ahora en su frialdad había un toque de emociones mezcladas si uno no era cuidadoso no se daría cuenta, sin embargo, si uno ve sus ojos vislumbraría un toque de terror, mansedumbre e impotencia.

El anciano asintió miro al tuerto y luego se fijó en el crio. Sus ojos llevaban un tinte de curiosidad profundamente oculto. Luego dijo suavemente

“despierta”.

El niño tembló como si tuviera un espasmo y luego abrió los ojos. Sus pupilas se encogieron y se puso unos cuantos grados más pálido. Aunque había recobrado la consciencia no se atrevió a hablar.

El silencio se prolongó por unos instantes, aunque para todos los presentes menos el anciano, se sintieron como una eternidad.

Luego el anciano no miro más al joven y dijo

“raíz espiritual mortal de grado pobre… ¡No califica!” el anciano se calló por uno momento y luego prosiguió.

“Llévenlo al subterráneo, arréglenle sus cosas y no me molesten con asuntos insignificantes, que no haya una próxima, ahora ¡largo!” el anciano desapareció de la sala, pero su voz aun resonaba en el lugar, sobretodo la última palabra.

 

El jovencito era Baezen, cuando escucho las palabras del anciano supo que lo que se avecinaba no era nada bueno…

 

Los hombres escoltaron a Baezen al agujero de uno de los cerros. Desde el exterior no se notan sin embargo, existía una escalera de caracol que estaba pegada a la superficie del agujero en el que estaban y esta se extendía por un largo tramo.

Bajaron alrededor de 15 minutos y según Baezen ya estaban bajo tierra pues el cerro solo tenía un centenar de metros de altura quizás un poco menos.

El niño no pregunto nada a los dos hombres pues lo trataban como si no existiera. Vio que era inútil intentar dialogar, pues lo intento unas veces en el camino, sin exito. Así mientras descendían pensó en su padre en el tío Bedar y Tía Felicia. Sobre lo que había pasado, y cuanto había pasado desde su coma, sentía una profunda sensación de dolor y miedo. La inseguridad de no saber lo que es verdadero o falso era desgarrante, para él todo lo que ha sucedido no era más que un sueño, uno extraño, realista y desagradable, toda una pesadilla.

"¿Seguirá el legado?" susurro muy suavemente por lo que no lo escucharon.

Pensó en los Baúles que vio en uno de los flashes de su sueño. Lamentablemente la fortuna juega con los hombres y algunas cosas están destinadas a quedar inconclusas... Solo que esta destinado a aceptar esto en un futuro.

Pasaron otros 5 minutos cuando llegaron a una especie de piso que tenía muchas cuevas. Algunas tenían puertas y otras parecían pasillos. Se dirigieron a una que tenía una puerta metálica.

Dentro de la cueva había un hombre de mediana edad que estaba sentado frente a un escritorio y revisando unos documentos.

El tuerto hablo

“El Anciano Kelgar nos pidió que te entregáramos a este mocoso. Informale que hacer y dale las cosas básicas,  nos retiramos” con eso empujo a Baezen a la cueva y aquel dúo se marchó.

El hombre de mediana edad parecía molesto y luego dijo

“Me llamo Vodrias, soy el inspector del distrito A37, ten toma estas cosas y ponte este uniforme”

Le pasó un vestido con parches y sucio además de unos libros y una guía.

Baezen parecía dudoso y luego hablo con inquietud

“Señor Vodrias, me llamo Baezen el problema es que  no se leer por lo que será un poco difícil”

“no me interesa, eso además te guiare a tu recinto, no estarás solo tienes dos compañeros. Ellos se encargarán de que aprendas” respondió Vodrias con un tono exasperado, como si no soportara más esta tarea.

Con eso los dos salieron de la cueva con la puerta de metal y se metieron a una de las cuevas pasillo. El camino era largo e intrincado. En las paredes de los pasillos a veces había cuevas y estas estaban selladas por una niebla verdosa, amarilla o purpura verdosa. Para la iluminación había una especie de rocas que irradiaban luz.

Luego a medio camino Vodrias hablo como si hubiera recordado algo y esta vez su tono fue un poco más amable

“Ah, si… si te esfuerzas podrás ser un discípulo externo como yo, solo que eso depende de cómo te desempeñes, ahora bien, trabaja duro y te adaptaras.” Hizo una leve pausa y dejo una frase

“A y un consejo, haz el trabajo o sino…” se detuvo y se rio por un momento.

Tras unos instantes llegaron a una cueva que tenía gas amarillo y el hombre saco de un bolsillo un jade.

El hombre lo levanto y el jade brilló, entonces la niebla se dispersó.

En la cueva había tres pilas de paja, aunque dos de éstas tenían forma de cama.

“Wei Nan, ¿Qué paso con Odos?” pregunto Vodrias

“se lo llevaron hace tres semanas y aún no ha vuelto, asique no lo sé” dijo Wei Nan débilmente.

“A con que fue así… da igual, este es tu nuevo compañero se llama Baezen. Enséñale a leer y las reglas, Adiós.” después de hablar el hombre inmediatamente se fue.

La niebla amarilla se activó tras la partida de Vodrias.

La apariencia de Wei Nan era la de un joven un par de años mayor que Baezen su piel era pálida. Probablemente por no ver la luz del sol y además se veía frágil y de poca vitalidad.

Sus facciones eran comunes y tenía los ojos almendrados, nariz pequeña y cejas con forma de montaña. El joven se veía desanimado y sus ojos habían perdido el brillo, ese era su rasgo más notable. Su expresión era la de un moribundo no la de un pre-adolescente en pleno desarrollo.

Con mirar a Wei Nan el corazón de Baezen se apretó, estaba asustado. Además, su cautela y sensación de malestar aumento aún más.

Trato de sonreír y parecer amable, pero daba el efecto contrario, mostraba su ansiedad y preocupación. No era relajante en absoluto.

Aún con la sonrisa falsa hablo

“Hola mi nombre es Baezen y ¿el tuyo?”