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ISSTH – Capítulo 597

Capítulo 597: Señor, Haré que Estés Orgulloso

“Con el Hechizo de Divergencia del Alma, puedes cultivar un Alma Inmortal. Desafortunadamente, el nivel de dificultad es demasiado alto para ti… Sin embargo, este ataúd puede ayudarte a cultivar el Arte. Con ello, incluso si surgiera una gran calamidad, tú… ¡Podrás seguir viviendo!”

Solo pronunció algunas oraciones, pero incluso eso dejó a Ke Yunhai jadeando sin aliento. Su rostro estaba pálido, y los puntos de luz volando a su alrededor se hicieron más densos. Circulaban alrededor de su cuerpo, casi como si fueran haces brillantes que lo rodeaban.

Miró amablemente a Meng Hao, y su mirada se llenó de una amabilidad cariñosa y la renuencia a separarse… Y amor…

Temía que el niño que dejó atrás fuera acosado, quedando solo o taciturno.

Meng Hao se mordió el labio mientras se arrodillaba sin palabras frente a Ke Yunhai, y más lágrimas brotaban de sus ojos.

“No hay necesidad de llorar…”, dijo Ke Yunhai. “Si los hombres lloran demasiado sus días, su Dao se vuelve inestable. Ven aquí, chico…” Levantó una mano temblorosa, y Meng Hao, con las lágrimas goteando por su rostro, caminó hacia delante para pararse frente a él.

La mano de Ke Yunhai, cubierta de arrugas, acarició suavemente la cabeza de Meng Hao.

“Has crecido…”

“Papá…” Meng Hao observó el aura de muerte, como marchitó a Ke Yunhai, y sintió que su corazón comenzaba a romperse en pedazos.

Su cuerpo tembló y, de repente, su corazón se llenó de la intensa sensación de que su padre estaba a punto de dejarlo.

Él… hacía tiempo que había aceptado a Ke Yunhai como su propio padre.

“Todos morimos con el tiempo, eso es algo que no podemos cambiar… Lord Li devolvió la vida a las masas y, considerando mi posición, debo respetar su decisión…”

“¿Por qué?” Murmuró Meng Hao, mientras sus lágrimas caían. “¡¿Por qué tienes que respetarlo?!”

“Los Cultivadores practicamos el Cultivo para obtener la vida eterna, ¿No es así? ¡¿Qué sentido tiene abandonar la vida eterna?!”

Ke Yunhai se quedó en silencio por un momento antes de levantar la cabeza. Su mirada parecía atravesar la Cueva Inmortal hacia un lugar lejano en el futuro.

La sentencia de muerte en el exterior había alcanzado el número sesenta y nueve.

Las campanadas se acercaban a su fin.

“Nosotros los Cultivadores no solo practicamos el Cultivo para obtener la vida eterna. No, perseguimos el Dao… Para aquellos que luchan por el Dao, la vida es una mañana y la muerte es una tarde. Para aquellos que buscan el Dao, cuando llega la noche, ¿De qué sirve el anhelo…?” Ke Yunhai bajó la cabeza para mirar a Meng Hao.

“La muerte y la vida no son importantes para mí. Sin Lord Li, tu padre habría muerto hace mucho tiempo, innumerables veces… No temo a la muerte. Lo único que me inquieta… eres tú…” Mientras decía esto, Ke Yunhai despeinó el cabello de Meng Hao.

Ya se estaba quedando sin energía, pero sus ojos aún estaban llenos de amabilidad y una indulgencia cada vez más fuerte.

“Debería haber perecido hace muchos años…”, continuó. “Pero estaba preocupado por ti, así que dejé las cosas hasta hoy.”

“Si fuera posible, te acompañaría un poco más, al igual que en la Pagoda del Demonio Inmortal, yo a la cabeza, guiándote… a la distancia.” Él sonrió, pero su rostro estaba pálido. Más y más puntos blancos flotaban a su alrededor, haciendo que su sonrisa pareciera algo distante.

“Papá…”, dijo Meng Hao, tirando de la mano de Ke Yunhai.

“Todos tus hermanos y hermanas ya se han ido. Ahora que me voy, no te quedarán parientes en el mundo… Espero que en el futuro… aprendas a ser un poco más sensato.”

Cuando Ke Yunhai miró a Meng Hao, la amabilidad de sus ojos se hizo más fuerte, al igual que la renuencia a separarse. Fue exactamente como él dijo; Lo que más le preocupaba en su vida, era el niño que ahora estaba arrodillado delante de él.

Incluso si tuviera un poco de esperanza y pudiera ganar más tiempo, la aprovecharía y vería crecer a Ke Jiusi.

Meng Hao no fue capaz de expresar lo que sentía en lo profundo de su corazón. Sintió puñaladas de dolor, como si su mundo se estuviera desmoronando. Era como si hubiera un vórtice dentro de él, absorbiendo todos sus pensamientos.

Solo podía apretar la mano de Ke Yunhai con la suya. Solo podía llorar.

Abrió la boca, pero no salieron palabras… ni siquiera una.

“No estés triste. Tus hermanos y hermanas me están esperando. Yo también soy su padre. Necesito pasar un tiempo con ellos, además… Jiusi, papá, espera que algún día, cuando esté en el inframundo, me hagas sentir orgulloso…”

Afuera, las campanas habían tocado ochenta y nueve veces. El cuerpo de Ke Yunhai ahora estaba completamente rodeado de puntos de luz blancos que giraban a su alrededor. La mano que sostenía Meng Hao comenzó a desvanecerse. Lo único que estaba claro ahora, era la amable sonrisa de Ke Yunhai.

Sus ojos habían empezado a desvanecerse. Durante las últimas diez campanadas de la sentencia de muerte, perderían todo su brillo. Se transformarían en incontables puntos de luz. Luego desaparecerían en el aire.

Meng Hao sintió como su corazón parecía estar haciéndose pedazos. Su cuerpo se estremeció, e intentó agarrar con fuerza la mano de Ke Yunhai que desaparecía.

“Papá……..”

De repente, los ojos perdidos de Ke Yunhai una vez más parecieron enfocarse, como si estuviera usando todos los últimos fragmentos de su fuerza vital para mirar a Meng Hao.

Parecía casi como si estuviera aturdido.

Allí, frente a él, vio una figura que se materializaba lentamente detrás de Meng Hao. Era un hombre con una túnica blanca, cuyas características se veían completamente diferentes a las de Meng Hao. Tenía el pelo largo y parecía joven, pero también parecía estar lleno de una antigüedad infinita.

Este no era otro que… ¡Ke Jiusi!

Ke Jiusi miró a su padre con lágrimas en sus ojos. Lentamente se arrodilló y su cuerpo se superpuso con el de Meng Hao.

Una sonrisa apareció en el rostro de Ke Yunhai. Hacía tiempo que había juntado todas las piezas del rompecabezas. Él asintió, y lentamente extendió su mano para tocar la frente de Meng Hao. O quizás… estaba tocando la frente de Ke Jiusi.

En ese instante, unas imágenes aparecieron en la mente de Ke Yunhai. Vio la destrucción de la Secta del Demonio Inmortal y la impactante batalla final de Ke Jiusi. Vio cómo Ke Jiusi volvió a la vida y vigiló la Secta del Demonio Inmortal solo… durante decenas de miles de años.

Ke Jiusi miró a Ke Yunhai. Las lágrimas corrían por su rostro cuando dijo suavemente: “Papá… Aprendí a ser un poco más sensible… Lo siento por todo lo de antes… Lo siento. Padre… todo fue mi culpa…”

Por fin, pudo volver a ver a su padre.

Por fin, pudo decirle esas palabras a su Padre.

Las palabras fueron las de Ke Jiusi, y también las de Meng Hao. Dos personas, un conjunto de palabras. Era difícil saber si Ke Jiusi tomaba prestada la boca de Meng Hao, o si Meng Hao tomaba prestada el alma de Ke Jiusi.

“Papá… He crecido. Puede dejar de preocuparse, señor. Siempre te haré sentir orgulloso…”

Ke Yunhai miró a Meng Hao y a Ke Jiusi por un largo momento. Su rostro se llenó de una sonrisa amable, una sonrisa llena de admiración, y más aún, de un profundo sentimiento.

“Gracias…”, dijo Ke Yunhai, con voz ronca. “Tú también eres mi hijo. Somos padre e hijo en esta vida.” Le dirigió a Meng Hao una mirada profunda, y dentro de esa mirada se podía ver la indulgencia y la bondad. Fue en ese momento que innumerables puntos de luz rodearon completamente su cuerpo.

Meng Hao tembló cuando se dio cuenta de que la mano que sostenía a Ke Yunhai… ahora no sostenía nada.

Se extinguió la llama final de la lámpara de aceite.

“¡¡PAPÁ….!!” Las lágrimas cayeron por el rostro de Meng Hao mientras veía a Ke Yunhai desaparecer.

¡Afuera, se escuchó la campanada número noventa y nueve de la sentencia de muerte!

Una menos de cien.

La perfección no estaba permitida.

La sentencia de muerte protegía el camino y resguardaba el alma. No podría ser una de más, ni una de menos. Noventa y nueve pasos al inframundo.

Esa es la sentencia de muerte que suena cuando un Paragon perece.

El sonido de la sentencia de muerte continuó haciendo eco a lo largo de los siete grandes picos montañosos del Primer Cielo.

En ese momento, todos los Cultivadores en los Siete Picos se estaban inclinando hacia el Cuarto Pico. Todos, incluso los otros Paragones, hicieron una profunda reverencia.

En el Cuarto Pico, los sonidos de llanto se elevaron. Todos los discípulos se dirigieron hacia la Cueva Inmortal de Ke Yunhai y comenzaron a postrarse con las rodillas dobladas.

Ke Yunhai había perecido.

Cuando Meng Hao vio a Ke Yunhai desvanecerse por completo, el sonido de un lamento surgió hacia el exterior. Se arrodilló allí en silencio por un tiempo muy largo antes de finalmente ponerse de pie.

Agarrándose el pecho, salió de la Cueva Inmortal. Afuera, vio que todos los discípulos del Cuarto Pico estaban presentes, mirando en su dirección.

Cuando volvió a mirarlos, una expresión de profunda pena llenó su rostro.

Miró hacia el cielo y la luz del sol se vertió en sus ojos.

Por un momento, pensó que podía ver la sombra de Ke Yunhai. Noventa y nueve rayos de luz se arremolinaban a su alrededor, escoltándolo lejos. Cuándo Ke Yunhai se alejó en la distancia, giró ligeramente la cabeza para mirar las tierras de abajo, y a Meng Hao.

Cuando la luz del sol se derramó sobre Meng Hao, vio la imagen de sí mismo cuando llegó por primera vez a este mundo ilusorio. Recordó la primera vez que vio a Ke Yunhai y la amabilidad que había visto en sus ojos, una amabilidad que podía perdonar cualquier cosa.

Después de que él mató a Ji Mingfeng, fue azotado. Recordó haber escuchado la voz de Ke Yunhai transmitida a su oído, preguntándole por qué no había gritado todavía. Su corazón había temblado.

Luego, estaban los artículos mágicos y los talismanes forjados personalmente con la fuerza vital de Ke Yunhai. En la Pagoda del Demonio Inmortal, Meng Hao llegó al punto en el que estaba seguro de haber sido derrotado.

Fue entonces cuando una figura apareció frente a él, despeinó su cabello, y luego amablemente dijo: “Te llevaré el resto del camino.”

Meng Hao vio todas estas cosas, y se transformaron en la escena final de su separación…

Ahora, finalmente se dio cuenta de que Ke Yunhai sabía todo el tiempo que él no era Ke Jiusi.

Al final, incluso le había dado las gracias. Eso lo demostró todo. Él había dicho que Meng Hao también era su hijo. Aprobó a Meng Hao…

Todo parecía un sueño. ¡Pero era un sueño que Meng Hao deseaba profundamente!

“El viejo… se ha ido”, murmuró. La luz en sus ojos se convirtió en oscuridad, superando a todo lo demás en el mundo. Tosió un poco de sangre y luego se desplomó en el suelo.

Meng Hao estuvo en coma durante dos días. Cuando finalmente se despertó, vio a Xu Qing vigilándolo ansiosamente.

Él no dijo nada. Xu Qing lo acompañó al funeral de Ke Yunhai. La tumba estaba en un valle en el Séptimo Pico, una tumba que no contenía ningún cadáver, sólo una lámpara de aceite apagada.

Meng Hao ya no era un discípulo ordinario. Tampoco era un Aprendiz de Élite. Ahora era el Señor del Cuarto Pico, aunque era un Señor que no era un Paragon.

No confeccionó más píldoras, ni buscó la iluminación de las Magias Daoistas. Se sentó afuera de la Cueva Inmortal mirando hacia la oscuridad de la noche y el brillante cielo del día.

No estaba seguro de lo que estaba mirando. Él sólo se quedó mirando.

Varios días después, las imágenes ilusorias aparecían varias veces al día en el mundo antiguo e ilusorio. Meng Hao sabía que este lugar… estaba a punto de desaparecer.

“Vivir y morir. Puede ser una partida, pero también un comienzo.” Meng Hao sintió que había experimentado un destello de percepción. Cerró los ojos y no los abrió en mucho tiempo. Cuando lo hizo, decidió dirigirse a la gran escalera que conducía hacia el cielo.

Antes de irse, notó la píldora medicinal que había sido creada de la nada.

No le trajo ninguna alegría. La miró fijamente por un momento y luego la puso cuidadosamente en su bolsa de almacenamiento.

Mientras estaba de pie ante la gran escalera, volvió a mirar el Cuarto Pico una vez más.

Con esa mirada, colocó la imagen del Cuarto Pico firmemente en un lugar de sus recuerdos.

Luego se dio la vuelta y subió a la escalera que ninguno de los otros discípulos de la Secta podía ver. Comenzó a caminar, paso a paso. Mientras todos los Cultivadores de las grandes tierras del Cielo Sur lo observaban.

Estaban esperando. Esperando que Meng Hao llegara a la parte superior de la escalera. Luego, el Segundo Plano alcanzaría su fin, y el Tercer Plano… se abriría.

 

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4 Comentarios Comentar

  1. Avatar

    Lector

    Nivel 1

    AlexisVT - hace 2 meses

    Otra vez imposible no derramar una lagrima, quizá me este metiendo mucho en la historia de la novela pero se disfruta muchísimo este tipo de capítulos. Muchísimas gracias

  2. Avatar

    Lector

    Nivel 1

    bubalu girl - hace 6 días

    La verdad esta vez si me hizo llorar y más que ayer fue el día de los papás y hoy leer esto es muy triste 😞😞😞 pobre Meng hao que hará cuando vea a su verdadero padre otra vez ☹️☹️☹️

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