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KJN – Capítulo 158

Capítulo 158 – El faro de la revuelta

Edición por Paris_117

El campamento estaba en un total frenesí.

Los guardias corrían por todos lados, y se oían sonidos de destrucción desde el patio y los pasillos.

Clara, que estaba en sus aposentos privados, habló. “¿Es cierto que el Búho ha aparecido?”

El cabello rubio-rosado de la princesa se agitaba por el aire helado.

“Así parece, mi lady. Desde hace algún tiempo, los guardias gritan que han encontrado al tal Búho”, dijo Guin de pie a su lado.

“Bien…” Lo que significa que Búho estaba en una mala situación.

Aunque normalmente optaban por el lado de la precaución, también podría ser prudente ver esto como una oportunidad. Clara tenía que tomar una decisión ahora. Para Oriana, y para sus leales seguidores que la habían acompañado todo este tiempo.

“¿Qué creen que deberíamos hacer?” Preguntó a las personas de la facción de la monarquía que la rodeaban.

“¡Debemos salvar al Búho y escapar juntos! ¡Seguramente podremos volver a unirnos al ejército!”

“¡Aún no sabemos si este Búho es enemigo o aliado! ¡Deberíamos esperar y ver!”

“¡Los guardias están todos ocupados afuera! ¡Tenemos que hacer nuestro movimiento, es ahora o nunca!”

“¡No debemos tomar decisiones precipitadas! ¡Piensen en la causa mayor!”

Sus seguidores expresaron incondicionalmente sus respectivas posturas.

Guin dijo con calma: “Debemos tener precaución. No sabemos si Búho es un aliado. Y aunque lo salvemos, no hay garantía de que podamos escapar del campamento con su ayuda.”

Entonces, todos se giraron hacia Clara.

“Su Alteza, ¿qué desea hacer?”

Y entonces demandaron su decisión.

Clara sintió que su pecho se oprimía como si le estuvieran estrujando el corazón. Miró alrededor de la habitación, observando los rostros de cada uno de sus seguidores. La mayoría de ellos favorecían la espera y la aproximación. Era una cuestión de rutina. No tendrían una segunda oportunidad. El fracaso seguramente significaba la muerte.

Y Clara comprendió que la posibilidad de éxito no era favorable.

Aun así—

Si no actuaban ahora, ¿tendrán otra oportunidad tan buena?

Tal como estaban las cosas, se encontraban en la palma de la mano de Doem. ¿Quién sabía si todos serían enviados a la guillotina al día siguiente? ¿Estaba bien dejar pasar esta oportunidad con esperanzas inciertas para la próxima?

¿No se habían dado cuenta los que querían esperar que las posibilidades de que ocurriera un evento similar eran muy bajas?

Clara cerró los ojos y contempló las posibilidades. Sus manos se sentían terriblemente sudorosas. ¿Quizás era que éstas personas se habían acostumbrado demasiado al campamento? Ella estaba segura de que tenían una sensación de peligro mayor cuando los pusieron en ese lugar por primera vez.

Ya no tenían el placer de elegir su oportunidad, era lo que Clara creía.

Por otra parte…

Clara una vez más miró los rostros de su gente. Sí, la mayoría quería esperar. Eran más viejos y tenían más experiencia, eran la mayoría. Clara no era más que una joven de 15 años. ¿No eran sus opiniones más sabias y elaboradas que las de ella?

Además, si ella ignoraba a la mayoría, ¿no dudarían de su juicio cómo soberana?

Y si eso ocurriera, la Fracción de la monarquía se fracturaría. Sí, Clara debería escuchar.

Sí, si ella escuchaba, entonces ellos no…

“Yo, yo creo que deberíamos…”

“—Su Alteza.” Un hombre habló, interrumpiéndola. Era un hombre de mediana edad, con la piel bronceada por años de trabajo bajo el sol.

“Escuchar la opinión de todos es bueno. Pero no debería mirar tanto sus rostros.” Su voz era áspera y poco refinada, pero tenía un cierto sentimiento nostálgico para ella.

“Batt…” Clara dijo su nombre.

Era el jardinero que Clara conocía desde la infancia. No conocía, ni de política, ni de guerra. Lo que podía hacer, y lo hacía muy bien, era conseguir de los jardines reales tuviesen vista impresionante.

Pero fueron sus palabras las que le resultaron más acertadas. Recientemente, ella estaba desarrollado el hábito de mirar las caras y expresiones de todos. No tenía confianza en sí misma. Estaba asustada. Quería confiar en algo fuera de sí misma…

“Jardinero. ¡Mi lady no pidió su opinión!” Guin miró a Batt.

“¡Deja eso! Él también es uno de nosotros.”

“¿Cómo dice? Es un simple jardinero. ¿Qué puede hacer?”

“Lo es porque está aquí. Un simple jardinero no tiene motivos para seguirme hasta aquí. Y aun así, Batt lo hizo. Porque él también creía en mí.”

“¿Y qué si lo hizo? Sería una tontería buscar la sabiduría de un jardinero.”

“He dicho que pares, Guin. Ni una palabra más sobre esto.” Clara y Guin se miraron a los ojos. Guin miró hacia otro lado primero.

“… Mis disculpas, mi lady.”

“Está bien. Sé que siempre quieres lo mejor para nosotros.” Diciendo eso, Clara una vez más reunió sus pensamientos.

Escavo hasta la raíz de ello, cuál era su objetivo, qué quería lograr. Por un solo instante, recordó su infancia, donde ella, Batt y su hermana jugaban juntas en los hermosos jardines reales.

Si fuera ella, ella…

“Ayudaremos a Búho, y escaparemos. Esta es nuestra oportunidad, debemos darlo todo.” Mirando a Batt, ella sonrió.

“Muy bien. Hombres, han seguido a la princesa Clara hasta ahora, ¿qué dicen? ¿¡Están listos!?”

“¡Con todo lo que podamos!”

“Hemos estado esperando pacientemente este día. ¡Demostrémosle a esos usurpadores que no pueden detenernos!”

Todos los hombres se pusieron de pie. De un compartimiento secreto en la pared, recogieron armas ocultas. Incluso Clara recibió su propia espada. Ella no podía usarla, por supuesto. Pero el simple hecho de que ella sostuviera una espada tenía un significado en sí mismo.

“Ahora, levantemos el faro de la revuelta.”

La vida cotidiana en el campamento terminó en este momento.

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