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KJN – Capítulo 92

 Capítulo 92 – Dos (perros) perdedores y un Perro Guardián

Edición por Paris_117

La Ciudad sin Ley es, resumiendo, un barrio gigantesco.

Los vagabundos se reúnen aquí y allá, las casuchas se alinean por las calles, y montones de basura llenaban el aire con el olor a putrefacción.

Pero eso no era lo único que había en la Ciudad sin Ley.

La razón era porque tenía tres rascacielos que se elevaban sobre el resto de la ciudad.

“Así que ese es el castillo de «La Reina de la Sangre», la Torre Roja…” Murmuro un hombre con el rostro de un malvado luchador profesional mientras miraba la torre de color rojo sangre a la luz de un sol poniente.

“¿Qué pasa, Quinton? ¿Te tiemblan las piernas?” La persona que llamaba a Quinton era un apuesto joven de cabello rubio.

“Por supuesto que no, Goldoh. Es sólo que nunca había visto un edificio tan alto.”

“Hmph…… También he luchado en muchos lugares del mundo, pero esta es una torre espléndida. Probablemente tomaría un día entero subir hasta la cima.”

Los dos miraron la Torre Roja y suspiraron.

La torre de color rojo parecía una espiral de sangre que atravesaba el cielo. Ninguno de los dos podía siquiera imaginar cómo habían construido una torre como esa.

“Sólo porque la torre sea imponente, no significa que la persona dentro sea fuerte. Vamos.”
[Paris_117 jajajajaja es la frase más tonta que eh leído… en los últimos capítulos ¿Qué le hace pensar eso? Aunque… lord Farcuad así actuaba xD]

“Este lugar es simplemente un lugar de reunión para los aspirantes. La cabeza de «La Reina de la Sangre» será nuestra.”

Por su apariencia Quinton y Goldoh podrían parecer polos opuestos, pero entablaron una muy buena relación desde la primera vez que hablaron. Quizás fuera porque compartían una característica en común, haber perdido contra el mismo oponente, pero incluso después del Festival del Dios de la Guerra, los dos se habían hecho cercanos por lo que decidieron unir fuerzas y actuar juntos.

Los dos caminaban por las calles de la Ciudad sin Ley mientras el sol se ocultaba. A medida que caminaban hacia el centro, el desolado barrio se iba tornando gradualmente en una ciudad desordenada donde las diferentes culturas chocaban entre si fusionándose unas con otras en formas coloridas y llamativas.

“Bueno, esto es sorprendente…”

“Estoy de acuerdo…mantén los ojos bien abiertos.”

Ese era el centro de la Ciudad sin Ley que nadie podía imaginar mirando desde fuera.

No solo los edificios habían cambiado. La gente que caminaba por las calles ya no se trataba de vagabundos, sino de bestias con brillantes ojos que parecían estar al asecho de alguna presa.

Ho había ni un solo pececillo en los alrededores.

Tanto Quinton como Goldoh lo entendían perfectamente.

Avanzaban mientras se mantenían listos para desenvainar sus espadas en cualquier momento, la desordenada ciudad parecía repentinamente unificada bajo un aire sombrío.

Esa era la prueba de que habían entrado al territorio de «La Reina de la Sangre».

Ambos pudieron percibir el cambio en la atmósfera.

“Estamos cerca.”

Misteriosamente, no había un solo residente a la vista. Sin embargo, percibían la presencia de algo retorciéndose dentro de las casas. La Torre Roja también parecía mucho más cercana ahora.

Los dos redoblaron su vigilancia.

Entonces, finalmente llegaron ante la Torre Roja.

“¡Esta es la entrada a la torre…!”

Quinton se acercó a la gigantesca puerta. La puerta estaba decorada por complejos tallados de figuras siniestras que lucían como tallados por humanos, pero no lo eran.

“Vamos.” Quinton puso una mano en la puerta. Pero en ese momento.

“Hihi, espera un segundo…” Repentinamente alguien se acercó a ellos. Su aterradora vos estaba rota hasta el punto de que era bastante difícil de escuchar.

Al bajar la mano y mirar a su alrededor, notaron un trapo sucio que había caído al lado de la puerta. Mirando de nuevo vieron que se movía un poco… resultando ser un humano y no un trapo.

“Ninguno de los dos está calificado para abrir esa puerta…” Después de decir eso, la persona envuelta en harapos se puso de pie.

Y al hacerlo, revelo la figura de un hombre terriblemente demacrado. Su altura estaba por encima de la de Quinton, pero tenía las mejillas ahuecadas y los ojos hundidos. Es exactamente como si estuviera hecho solo de piel y huesos. Su cabello blanco, opaco y sucio le llegaba hasta los hombros.

Un cadáver viviente. No existía otra descripción más adecuada para él.

“¿Acaso dijo que no estamos calificados?”

“A las únicas personas a las que se les permite abrir esta puerta es a los subordinados de la Reina, sus invitados, o los verdaderamente fuertes…”

“Hmph. Es cierto que no somos subordinados ni huéspedes. Pero somos lo suficientemente fuertes para cortar la cabeza de «La Reina de la Sangre».” Quinton miro al hombre de cabello blanco mientras sonreía con audacia.

“Hihi, hihihi, hi, hi, hihihi…”

“¡¿Qué es tan gracioso?!”

“Hihi, hi, sé que yo mismo soy un tonto, pero… siempre es divertido ver a aquellos que son aún más tontos que yo…”

“¡¿Qué dijiste?!”

“Hihi, conoce tu lugar… una vez que te vuelvas como yo, será demasiado tarde…” El hombre de cabello blanco retiro una parte de sus harapos.

Lo que permitió contemplar su costado izquierdo.

Pero no había nada más por debajo de su hombro izquierdo.

“Esto es lo que le pasó a un tonto que desafió a «La Reina de la Sangre» hace cuatro años… El tonto perdió su brazo dominante, e incluso él sabe que es mantenido como un humilde y miserable Perro Guardián…”

Tenía un anillo de aspecto robusto alrededor de su cuello que estaba conectado a unas cadenas.

“Hah. Soy Quinton, un hombre famoso por mi ferocidad en el Festival del Dios de la Guerra. Y este es el Dragón Dorado Victoria Segura Goldoh. ¡Estamos en una dimensión completamente diferente a la de un pececillo como tú!”

“Hihi, nunca he oído hablar de ninguno de ustedes… es mi política personal no recordar los nombres de los más débiles que yo…”

“¿Ahh? Entonces, ¿quién demonios eres tú?”

“Hihi, no soy más que un simple Perro Guardián… pero hace mucho tiempo… había quienes me llamaban «El Demonio Blanco» …”

“¿«El Demonio Blanco»? Nunca he oído hablar de él. ¿Qué hay de ti, Goldoh?” Preguntó Quinton a Goldoh.

“Siento como si lo hubiera oído en alguna parte, pero… lo siento, no se me viene nada a la cabeza.” Goldoh meneo la cabeza.

Pero sus ojos seguían fijos en el Perro Guardián mientras se mantenía en alerta.

“Así que ahí lo tienes, Pececillo Sin Nombre-san.”

“Hihi, muy bien. El nombre de un tonto es mejor dejarlo enterrado y olvidado…”

“Lo siento, pero vas a tener que dejarnos pasar.”

“Soy un Perro Guardián… no puedo dejar pasar a ningún debilucho…”

“…después no nos culpes por lo que pase.” Quinton miro fijamente al Perro Guardián que se rehusaba a salir de su camino y saco su Espadón.

El Perro Guardián también saco una espada delgada de un solo filo. Era una hermosa pieza de trabajo más larga que la altura de un hombre promedio.

“Permanece alerta… Quinton.” Goldoh también desenvaino su espada.

“¿Qué quieres decir con eso?”

“Este hombre… no puedo ver la profundidad de su fuerza.”

“¿Haah? ¿Este saco de huesos con una sola mano? Me estás tomando el pelo, ¿verdad?” Quinton ignoro la advertencia y se precipito con un swing.

La trayectoria de su espadón brillo en el crepúsculo y — sangre broto al momento siguiente.

“¿……ah?”

Un trozo cortado de su espadón cayó al suelo con un sonido seco.

“¡¡Qu-Quinton!!” El grito Goldoh y la caída de Quinton con el estómago abierto ocurrieron al mismo tiempo.

“Entonces, ¿el siguiente… serás tú…?” Ante Goldoh se encontraba el Perro Guardián, manchado con la sangre de Quinton.

“¡B-BASTARDO!” Goldoh casi no pudo distinguir la espada que había cortado a Quinton.

Lo único que había podido ver con seguridad era la fuente de sangre y la gran espada rota.

Qué absurda habilidad con la espada.

A pesar de que le hubiesen robado su brazo dominante y de que haya pasado hambre hasta que no fuera más que piel y huesos, ese Perro Guardián se encontraba a un nivel mucho más alto que donde él y Quinton se encontraban. Eso era algo, Goldoh ahora lo entendía.
[Paris_117 muertos por jugarle al vergas, aaaa la gente en estos mundos xD]

Pero Goldoh aún estaba en guardia, con la espada en alto.

Su tiempo con Quinton había sido corto. Pero eran camaradas que compartían la misma voluntad después de ayudarse mutuamente a recuperarse de la derrota.

“No te preocupes… no está muerto. No puede ser usado adecuadamente si muere…” El Perro Guardián se burló.

“¡¿Cómo te atreves a hacerle algo así a Quinton?!” Goldoh impregno su espada con magia liberando su técnica más poderosa.

“DIOS MALIGNO・MUERTE INSTANTÁNEA・¡¡¡¡ESPADA DE DRAGÓN DORADO!!!!”

En el momento en que desato su técnica, los ojos de Goldoh se encontraron con los del Perro Guardián. Con las aterradoramente enrojecidas pupilas del Perro Guardián.

Cuando vio esos ojos insondables, un recuerdo del «El Demonio Blanco» regreso a él.

“N-no me digas, tú eres…”

Los labios del Perro Guardián se curvaron hacia arriba.

Si ese Perro Guardián con una sola mano era ese «Demonio Blanco», entonces—

Comprendiendo la enorme y desesperante diferencia de fuerza entre los dos, Goldoh eligió rápidamente dejar que su espada golpease el suelo.

“¿Nn……?”

La arena y el polvo se elevaron en una gran nube.

“¡Quinton! Te lo prometo… ¡¡¡Te prometo que definitivamente volveré por ti!!!” Goldoh gritó mientras se alejaba corriendo.

“Se escapó… No puedo perseguirlo… Soy un Perro Guardián después de todo…” Despejando la nube de polvo con un swing de su espada, el Perro Guardián observo cómo la espalda de Goldoh se alejaba a la distancia.

“Hihi, pero… ¿se las arreglará para escapar…?” Lo que se reflejaba en los ojos del Perro Guardián eran las puertas de las numerosas casas que se abrían y «ellos» se apresuraban a capturar a Goldoh.

“¡Hi, hihi, hihi, hihihi…!” El Perro Guardián miro hacia arriba a la torre que se eleva en el cielo.

El lugar donde se alzaban tres torres desde donde reinaban los tres gobernantes era el vertedero de basura del mundo— La Ciudad sin Ley.

Un mundo donde los fuertes se alimentaban de los débiles tragando el mal, riquezas y poder de todas partes del mundo.

Reyes, caballeros, e incluso monstruos demoníacos no tenían poder en ese lugar.

Eso era la Ciudad sin Ley.

En ese lugar, la fuerza era la ley.

 

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