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MNU Volumen 3 – Capítulo 1

Capítulo 1, vol 3:

Capítulo 1. Saga de OldWorld: El trono azul

Cuando todos estábamos en la nave camino a la ciudad de Oru.

Fui a visitar a Zastrozz que estaba aún en cama reposando de su lucha.

Al golpear la puerta para avisar mi llegada, me grita que entre, y sigo para saber cómo esta, pero este con sus vendajes miraba solitario el cielo de la mañana, el viento entraba y abanicaba todo el cuarto con una frescura reconfortante. Pero él no estaba de ánimos, está muy desanimado de que su hermano hubiera muerto por mis manos.

El vuelve su mirada a mí con una sonrisa falsa, y luego se pone una bata, para cubrir su cuerpo, sus pantalones era todo lo que le cubría, y se acuesta de nuevo, y me mira.

— Siento mucho lo de tu hermano— Dije.

— ¿Qué lo sientes?, ¡le enterraste un p*** cuchillo en su cabeza!, eso no es sentir, eso es más bien una burla, si hubieras dejado que viviera estaría convenciéndolo ahora mismo de que violarte era una mala idea.

— Estas enojado para hablar, dejaremos esta conversación para después.

— No, esta conversación no estará para después, yo te respeto mi diosa Alizes y lo sabes, pero te había prometido que hubiera atravesado a mi propio hermano con mi espada si se lo merecía. Pero él no lo merecía, mi hermano siempre fue devoto a tu madre, solo se equivocó una vez, eso era todo,

Zastrozz empezaba a llorar de nuevo, y continuaba.

— Él hubiera cambiado yo lo sé— Me dijo Zasrozz.

— No, no lo hubiera hecho, él ya estaba muerto antes de que lo matara, sus ojos estaban sumergidos en la oscuridad.

— ¡Tu no lo sabes!— Me grita.

— He visto esa mirada antes, en mi mundo hay muchos como él, tu hermano no hubiera podido salir de esa locura. Zastrozz, es mejor que lo olvides… sé que te duele la muerte de tu hermano, y que no me puedas matar por que no sabes si en realidad soy tu diosa, ya la duda ha conquistado tu corazón, así que te propongo algo. Si el elemento me rechaza, pondré mi vida a ti totalmente, podrás matarme, pero si el elemento me acepta me juraras lealtad.

— Sus palabras a veces son muy dolorosas, pero no tengo más remedio que obedecerlas, así que haré como ha dicho, es una promesa.

— Ahora que hemos resuelto ese asunto responde, ya que el Imperatus Oromus ha muerto ¿cómo trataran el tema de la sucesión?

— Ya existe un sucesor al Esterio Imperio, su nombre es Dangor el Bospelante, ahora mismo está en una misión en tierras Maltuinas, cuando se entere de la muerte del Imperato vendrá aquí para tomar el Imperio.

— ¿Por qué no lo tomas tú?

— El concilio ha considerado que la tonalidad dorada de sus ojos y su cabello es más profundo que el mío, desde niños han puesto ya una línea sucesoria en ciertos grados, los Golder seguirían al Imperio, pero Oromus pidió al concilio que dejaran a Dangor Mahagoni su puesto como Esterio Imperio, cuando existe una petición del mismo Imperio y una línea sucesora muy cerca, el candidato tendría su lugar decidido en el reino.

— Escuche antes la palabra Maltuinos, ¿Qué es?

El mira con ese desconcierto de que ignorara muchas cosas de este aun cuando soy su diosa.

— Los Maltuinos son una raza bastarda, todos ahí son manchados. Hijos de padres manchados, o simples desterrados, aunque también hay nobles que traicionaron su raza por algún interés, es la única comunidad  que no podemos destruir. Al parecer tienen información confidenciales de todas las familias influyentes, y de las naciones más rica, si alguna es manifestada por ellos tendríamos una guerra civil.

— Imagino que Dangor está en una misión relacionado a esto.

— Si, su divinidad.

— Ok, solo quería saber, muy pronto lo conoceré, ahora que ye hemos arreglado todo, quiero que sepas sobre…

— Se lo que hiciste con las mujeres, y no estoy enfadado por eso, creo que mi hermano hubiera hecho lo mismo, pero me pregunto ¿Cómo saldrás de esta, que le dirás a las familias?

— Diré la verdad Zastrozz, todo esto tiene una solo propósito, restablecer la moral y las viejas costumbres, cuando se den cuenta de quién soy y de lo que hice se sabrá la verdad, y yo la aceptare cueste lo que cueste, así que desde ahora te advierto que esto aún no ha terminado.

— Eso fue lo que me dijiste antes de que todo esto sucediera, tiemblo cuando me lo dices, eres igual de sanguinaria a un Dark assas.

— Es algo muy hipócrita de tu parte, los Berserker extinguieron toda una raza ¿y dices que soy una sanguinaria cuando mando asesinar 62 mujeres de su raza Berseker? Es mejor que aprendas a diferenciar entre unas cuantas muertas y un genocidio.

Zastrozz se queda callado y me quita la mirada de encima, y se turba de mi declaración y piensa para preguntarme.

— ¿Qué es lo que harás?

— Gobernaré.

— Es la mejor respuesta que he escuchado, porque no quiero saber los detalles.

— Recupérate rápido, te necesito hasta la llegada de mi Dark Assas.

— Y ¿que harás cuando él venga?

— Gobernar.

Yo me retiro, y espero la llegada a Oru, los cuerpos de las mujeres asesinadas son envueltos en sábanas blancas, todas ellas sacadas del aposento del rey, Oromus y Goud también eran llevadas a Orus para hacerle sepultura.

Los 4 días de ida, eran una eternidad en ese barco que no hacia paradas.

Cuando aparcamos en la torre, la mitad del sequito del rey lo pregunta. Pero no obtienen respuestas de nadie que bajara de del barco volador.

Hago que los electores restantes procedan. (Así como no me dejaron descansar de mi largo viaje a Enemet, yo no los dejo descansar en Oru) Mra y Kiros llegan a mi presencia y me dan la bienvenida:

— Mra reúne al pueblo, quiero una gran multitud en la entrada del castillo, quiero que preparen a los soldados, y Kiros, trae a todos los monjes de la biblioteca, y trae a los músicos, también prepara el mensaje a todas las ciudades sobre la tormenta de media noche, hoy probaremos que soy una diosa— Les dije yo con esa exaltación.

Ellos se ponen en marcha.

Y algunos adultos que no eran muy viejos, parte del sequito del rey  me preguntan sobre Oromus, y es cuando algunos soldados bajaban el cuerpo envuelto del Imperato, y también de Goud y todas las mujeres, ellos me piden explicación y es el octavo hombre quien interfiere.

— Una de las mujeres mato al Imperato, y Goud por ayudarlo lo envenenaron con una daga, los soldados entraron y mataron a todas las revoltosas.

— Eso es… inaudito, esa malditas, no puedo creerlo.

Yo les digo:

— ¿Hay más mujeres del Imperato aquí?

— Si, incluso las tormentosas; ellas debieron empezar con esa revuelta, inicio a un grupo de mujeres que no querían ser violadas para matarlo, están encerradas esperando órdenes del Imperato, dejo dicho que cunado llegaran les impondría un castigo, las mataré, juro que las mataré, al fin hicieron cumplir su promesa esa malnacidas, las voy a…

— Espere, aun no, cuando terminemos con la ceremonia de mi elección, impondré una sentencia.

— Comprendo, puede continuar mi diosa Alizes.

Alcanzo a escuchar de Yguest un reclamo hacia el octavo hombre:

— ¿Por qué no dijiste la verdad?, esta hubiera sido nuestra oportunidad de vengarnos de ella.

— Ella no nos ha hecho nada, ustedes fueron los que empezaron todo esto, desde el principio debiste haber dicho ¡no! a la petición de Oromus cuando te pidió sabotear la elección, fueron muy indulgentes con ese Imperato desde el principio— Dijo el octavo, no creí que fuera a responder eso.

Yo me dirigía con ellos a la sala del trono e indique a los soldados que colocaran el elemento con su atril de piedra cerca al trono negro que me habían preparado antes, y que dejaran entrar a todos los invitados que estaban amontonados en la entrada para verme: entre nobles como ciudadanos distinguidos, y los que no pudieron entrar era los comerciantes, y ciudadanos de baja familia, los músicos se acomodaron con sus instrumentos en los palcos para empezar un tema suave, después de que los soldados y la virtuosa Mera ordenara a cada ciudadano en sus lugares para observarme, esperé un minuto de silencio para dirigirme a ellos.

Yguest, Belvet y el octavo hombre estaban cerca al atril de piedra, les grité:

— Ciudadanos de la gran ciudad de Oru, hoy es un gran día para todos ustedes, porque después de que el gran concilio de electores me recibieran muy amablemente en la ciudad de Enemet, me convencieron de demostrarle aquí y ahora que soy la única en este mundo que puedo tomar este elemento, así que alégrense porque ahora como dice la tormenta de media noche, traeré paz a este mundo, y cuando vean lo que en realidad soy, podrán confiar plenamente en mí.

Llamo a Zastrozz para lo tomara.

— Zastrozz, tu que eres un gran domador del trueno, por favor toca este elemento, quiero demostrar primero que no es una falso.

Zastrozz sube primero y se cubre de energía eléctrica, cosa que era común ver en los Berserker, y antes de tocar el elemento este le responde de la misma manera y golpea a Zastrozz con energía y lo deja inconsciente en el suelo.

La audiencia se asusta.

Yo miro a uno de los electores para que continuara la ceremonia:

Belvet se acerca a mí y grita también:

— Este es el elemento enviado por los dioses, si ella logra tomarla se habrá determinado su autenticidad ante este concilio y ante todos ustedes. Por favor sube y toma el elemento.

Yo subo con mis vestidos, mi diadema y mi nuevo corte de cabello, para tomar ese elemento.

Y al acercarme, mi corazón latía fuertemente, por que dudaba de que pudiera tomarlo.

Pero yo observaba esa roca parecida al ámbar, y veía que no sucedía nada como le paso a Zastrozz cuando se acercaba a tomarla y aun así respondió muy agresivamente ente él y lo inmovilizó. Alguien que maneja esa energía fue electrocutado, pero yo que no poseía esas características, no sabía que pasaría.

Si moría ya no tendría más posibilidades, la muerte es absoluta.

Así que acerque mi mano, y no sucedía nada.

Hasta que al fin logré tomarla, una luz azul blancuzca, empieza a emitir energía y rayos, yo siento esa electricidad en mí que levanta mis cabellos, y grito de dolor, mientras que todo el salón se ilumina de esa luz y los rayos azules sonaban como mil coros de mujeres.

Y ese espectáculo de luces sucedió exactamente en un minuto.

El escuchar tanto ese agudo pitido repetitivo y agudo, quede un poco aturdida.

Aún seguía con vida, y sostenía esa piedra en mi mano, podía ver que mi mano estaba caliente y mis ropas emanaban calor y algo de vapor, mis cabellos aún estaban erizados, pero lo más raro era que el tiempo estaba detenido.

Aunque fuera algo ilusorio, mire brevemente al público como unos apartaban sus miradas de la luz y otros asustados colocaban sus manos en sus bocas y ojos para no ver.

 

Entendí que aún estaba tomando el elemento, y que la prueba no había terminado. ¿Será un sueño?… No era muy real.

Después de que volví mi mirada a la roca, sentí en mí, un intenso dolor incesante en todo mi abdomen que después recorría mi columna vertebral, hasta llegar a mi cabeza. Y todo ese sentimiento de vida o muerte fue apagado.

Ya no era necesario sentir terror por ese momento cuando estabas entre la línea que separa la realidad con la nada. Entonces cerré mis ojos y deje que pasara lo que pasara.

Y es cuando me tocan el hombro.

Y abro mis ojos, al parecer todo lo que yo había sentido en ese instante era un sueño, cosa que para mí fue muy real el mundo detenido.

Yo no podía oír nada, pero cuando Belvet toca mi hombro, poco a poco sentía como ese ruido ya no de coros, si no de aplausos y algarabía se abría paso por los camino de mi tímpano.

Mis ojos perdidos en la cortina roja que adornaba el salón, se giró para mirar al público que se levantaba a aplaudirme y gritan con euforia que yo era la mujer que esperaban, la diosa Alizes.

Entonces me percato que aún no soltaba esa roca.

Y salgo afuera para mostrar a toda la audiencia expectante en las puertas en las afueras, que yo era esa diosa, alzando mi mano donde tenía el elemento.

Y los músicos tocaron sonatas de alegría, y todos sin excepción lloraron y se alegraron.

Miré a los 3 sobrevivientes del concilio. Belvet y Yguest no podian creerlo, estaba estupefactos.

Pero el octavo se arrodilla y acepta mi elección.

Los llamo al balcón para que anuncien mi procedencia, Yguest, Belvet y el octavo se acercan a mí.

Yguest grita a todo pulmón:

— ¡Nuestra diosa,  ha llegado!

Le hago una señal a Mera y A Kiros para que libere las aves que llevaban mi mensaje de pregonar en todos los pueblo el verdadero enunciado de las tormentas de media noche.

Y también les hago una señal a los soldados que hacían guardia en el trono negro que ya habían puesto en el lugar del trono del Imperato.

Los soldados se acercan por detrás de Yguest y de Belvet y les cortan la garganta, el pueblo se sorprende, y se asusta por mis actos, y los soldado tiran desde mi balcón los cuerpos de los hombres que se desangraban, tenía como unos 20 o 30 pisos de altos, estos se estrellaron en el suelo y todo los expectante esperaban saber porque había hecho eso.

EL público se silenció, entonces mando a llamar a los soldados para que trajeran los 62 cuerpos de las mujeres, el cuerpo de Oromus, y el cuerpo de Goud.

Un soldado destapa a Oromus, mostrando su rostro deformado a la audiencia, y muestra el cuerpo de Goud, que ya se estaban descomponiendo, pero gracias al bálsamo de Aldorra, su olor fétido no se esparcía en el salón.

— ¡¿Conocen a este hombre?!— Les grité.

Todos asentaban, pero temían decir quién era.

— Él es el Imperato Oromus Au, el Esterio Imperio que como todos ustedes sabían, tenía relaciones ilícitas con mujeres.

Di mi señal para que destaparan y mostraran los rostros de las mujeres.

— ¡¿Alguno conoce a esta mujer?!— Volví a preguntar.

Una mujer lloró al verla y se acerca.

— Ella era mi hija, y era la prometida de…

—… Si, ella era mi prometida— Dijo un soldado.

Él se acerca a esa mujer y dice:

— Ella, fue violada por el Imperio, ella…

El hombre quería llorar, pero le continúo diciendo.

— Pero me era infiel a lo último con él.

Y mientras más personas se daban cuenta quienes eran esas mujeres, soldados explicaban a sus familias lo que el Imperato en secreto les hacías. Se había revelado la verdad.

Muchos lloraron, y otros demostraron rabia hacia el cuerpo inerte del Imperato escupiéndole.

Y les dije:

— ¿Sabia alguien de aquí lo que el Imperato les hacía estas mujeres?

— Solo eran rumores, eso era lo que creíamos— Gritó un hombre, y otro más decía — Nadie quería creerlo, muchas chicas querían ir allí para presentarse como candidatas a Imperata, pero ninguna regresaba después de eso… nos mentían, no sabíamos que las mataba o que las violaba.

— Les diré la verdad, algunas mujeres si fueron asesinadas por el Imperato, pero estas las hemos matado nosotros.

El público cambio su expresión de tristeza a intriga, y les continúe.

— Estas mujeres estaban perdidas, ya no eran lo que ustedes conocían, las mujeres inducían a sus hijas a tener relaciones, y quienes nacían varones eran asesinados por los nobles que estaban con él, lo que él hacia no tenía perdón, este hombre de aquí— Señalo el cuerpo de Goud —Este hombre ¿saben quién es?

— ¡Es el hermano de Zastrozz!— grita alguien entre el público.

— Exacto, se le conocía por ser el hombre más devoto a las tradiciones de la diosa calipso, pero su espiritu se rompió por la  constante tortura del Oromus contra él. Toda mujer que a él le gustaba, tenía que soportar como Oromus la rompía, y no era el único, todos estos hombres aquí, también sufrieron eso. Ellos no se recuperaran más, no sientan ira contra mí, ni contra ellos, toda la culpa la tenía este Imperato, y el concilio que lo eligió. Ellos le protegieron desde niño aun sabiendo cómo era,  intentaron desprestigiar mi procedencia en secreto, y hacer que el mismo Imperato me violara para que así no pudiera llegar a ser lo que soy ahora.

El sequito restante quería huir pero los soldados en las puertas no se lo permitieron.

— Escuchen, yo lo hice con un solo propósito, estas mujeres no volverían a ser las mismas, era necesario su sacrificio, al igual que el concilio que también mandé a asesinar, como ya lo vieron con Yguest y Belvet. Traje los cuerpos porque sabiendo que aunque ellas ya no tenían salvación, ustedes no tendrían la culpa, aun querrían enterrarlas como es debido,  y recordar lo poco que han atesorado de ellas. Tomen los cuerpos y denle su sepultura, y hagan como quieran con el cuerpo de Oromus.

Llamo a Zastrozz que estaba recompuesto por su desmayo, y él se acerca a mí.

— Haz tú la ceremonia, da tu última despedida a tu hermano, pero que toda esta ciudad esté presente, no quiero que se enteré en lo que se convirtió después.

Zastrozz toma el cuerpo de su hermano entre los brazos, y mira al publicó.

— Larga vida a la diosa Alizes— Grita Zastrozz arrodillado, se levanta y se va del salón.

Uno por uno los familiares toman los cuerpos y dicen lo mismo.

Algunos soldados se retiran con los familiares y se despiden de mí, cuando todos los cuerpos son sacados, el cuerpo de Oromus y su sequito quedan  y todos los hombres sacan el cuerpo para exponerlo y patearlo, algunos lo tiran entre unicornios, para arrastrarlos, otros quemaban los cuerpo o en el peor de los casos se lo daban a comer a las bestias.

Los expectantes que quedaron salieron para la trifulca, yo me salí al balcón para que anunciaran la tormenta de media noche.

La gente estaba desordenada, pero cuando escucharon al anunciador esas palabras de que un Dark llegaría a buscarme, automáticamente dejaron de hacer lo que estaban haciendo.

Y escucharon atentamente esas palabras que repetía y repetía ese hombre.

Y les dije:

— No se alarmen ciudad dorada, ese Dark vendrá en paz para mi búsqueda, yo les cumpliré, les traeré paz a ustedes, y a toda raza, abundancia y alegría.

Ellos ya no respondieron, se quedaron callados no sabían que responder.

— No anuncien la desgracia que ese Imperio ha traído a ustedes, manténgalo en confidencia. Yo estaré para ustedes aquí, mientras que el nuevo concilio de electores escojan a un candidato yo tomaré control de ustedes, les demostraré con hechos que lo que digo es cierto y no dudaran de mi palabra a partir de hoy.

Ellos se quedaron inquietos con ese anuncio, no sabían que hacer.

Envié a los guardias que controlaran el cao que formé, e hice que el sequito restante, el octavo hombre, Mera, y Kiros se formaran para que escucharan mi palabra.

Y en ningún momento me senté en el trono negro.

De pie les dije:

— Octavo, he visto en usted integridad, al principio pensaba que estaba con ellos, pero luego vi como estaba tranquilo cuando los 5 fueron masacrados, o cuando entraste muy cómodamente al barco mientras asesinaban a esas mujeres, o cuando mentiste por mí al sequito, así que decidí dejarte vivo para que escogieras a nuevos electores… honestos, imparciales como tú, esa será tu tarea. Reconstruye la ciudad, y mantente con tu cargo, porque ahora tienes que escoger al nuevo Imperato, mañana partirás, por ahora descansa.

El octavo muy serio se inclina un poco y se retira.

— Ustedes vengan aquí— Me dirijo al sequito restante.

La guardia que me acompañaba, hace inclinar a los tres nobles que seguían al Imperio Oromus.

— Su divinidad, nosotros le juraremos lealtad mi nombre es…

— No necesito sus nombres— Dije yo —Sabían muy bien los que el Imperio hacía, incluso ayudaban a que muchachas entraran con engaños para que el Imperio pudiera saciar su hambre de lujuria, ¿no es así?— Los hombres estaban nerviosos, evitaban mirarme. — estoy al tanto de su reputación, se lo que hicieron con la mujeres también, los Ereiser que imploraban a su benevolencia, esperando que no involucraran a sus prometidas, sufrieron, algunas madres también sufrieron e incluso también cayeron en sus trampas. Podría seguir todo el día y relatar sus barbaridades pero lo haré rápido. No apelen a mi clemencia porque ya no serán más parte de este reino.

— Su divinidad, espere un momento, estamos arrepentidos de todo esto, no nos mate por favor, fuimos obligados por el Imperato hacer todas esa cosas— El hombre arrodillado llora por misericordia. — Los Ereiser dicen todo lo contrario, que aprovecharon la situación para tomar a sus prometidas también y hacerlas suyas, los calmé diciéndoles que los desterraría, pero me sugirieron matarlos porque sabían que si los liberaría, iniciarían una revuelta en la ciudad para destituirme como diosa, alegando que mi elección de matar a estas mujeres fue la equivocada, y una ciudad dividida es una ciudad debilitada, así que procedan por favor.

Ellos empezaron a llorar e implorarme que no pero los guardias tomaron las espadas y los mataron.

Kiros y Mera se acercaron con sus miradas agachadas, pero yo los tomo a los dos de la quijada y obligo a que me miren, ellos sonríen y se preparan para escucharme.

— Bien, como me han esperado fielmente, empezaré de una vez, así que presten mucha atención, ya se ha confirmado mi elección, soy su diosa esperada como dice la tormenta de media noche, mi chico, ese Dark assas que tanto temen está de camino, así que mientras él llega tendré que ocupar mi tiempo en alguna cosa, así que Mera ve con los Maestros constructores para que hagan un nuevo trono, que sea apropiado a mi apariencia, un trono… un trono… un trono azul, hermoso, esplendoroso, ¿Entendiste Mera?

— Si su divinidad.

— Entonces ve.

Mera sale de mi presencia escoltada por dos guardias a sus órdenes, como yo lo había pedido. Y así comienza mi vida en este mundo, con la idea de un trono azul.

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