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MNU Volumen 5 – Capítulo 17

Capítulo 17

La alianza vs el pacto.

Narrado por Rdall Graw:

Mientras nos dirigíamos a islas desterradas que son propiedad de Carmel Pardo. El Sijon verde y el sijon terroso blancuzco vuelan alrededor del barco de Bill y llegan con un pequeño papel en su patas.

En una de ellas que fue abierta por Bill Caster decía lo siguiente:

— “llamado a la alianza.”

— El mío dice “llamado a la alianza” también— añade Qnty.

— Eso quiere decir que ya es hora de la guerra— Respondí un poco eufórico.

La alianza es el nombre que se le dio al convocado de guerra por los Maltuinos. Todo aquel que tuviera ejércitos, gremios, bandas, pandillas, carteles, o tan solo equipos de 4 hombres es llamado a la guerra librada por los Maltuinos.

— Si ya fuimos llamados, eso quiere decir que el consejo de los 24 y de los 7 deben estar en camino a la lucha. ¿Un momento y cuáles son los objetivos?— Pregunto, mientras Carmel muestra el color de su hoja. El pequeño papel era rojo y el de Bill dorado.

Los del consejo tenían que atacar cualquier ciudad con el color designado. Como fui considerado traidor por ayudar a Red y a un Dark, no me enviaron ningún mensaje. Pero Bill me llevaría con él a la guerra junto con Carmel Pardo.

Después de pensar eso, sin previo aviso me llega a mí un Silones Blanco con la siguiente información.

— “Isla de Telos”

— ¿Qué significa eso?— Pregunta Carmel un poco más calmada de lo habitual conmigo.

— Que no podré ir con ustedes— Les dije, y retomo.  —Aunque me odien ahora, se me ha confiado la llave de la isla, junto con otros dos.

— ¿A qué te refieres?— Pregunta Bill Caster, que se sienta a la mesa con una vasija de cerveza y sube los pies en esta, relajándose por completo. Yo le miro y le digo: — Bueno, esto es algo confidencial. Pero ¿acaso nunca se han preguntado donde guarda los Maltuinos todo los torles que nosotros hemos donado en todos estos ecos?

— No, pensé que todo ese dinero se iba; en mantener una comunidad dentro de una antigua isla maldita— Dice Bill.

— En realidad era así, pero esos gastos no representan un mayor impacto en todos los torles y corles que hemos ahorrado durante ecos, y Mosaicos (medida de tiempo para referirse a siglos). La comunidad no era mucho consumo, así que lo que quedaba era enviado a una bóveda subterránea dentro de una cueva que está en un lugar secreto en Telos. Y nos dejaron una llave como garantía para cuando la comunidad cayera,  fuera vencida, o estuviera en guerra. Solo podría ser abierta cuando los tres hombres se volvieran a reunir.

— ¡Que carajos! ¿Nos pudrimos en dinero y nadie lo sabe?— Se levanta Bill derramando un poco de cerveza y me mira exaltado. Carmel Pardo se reacomoda y dice:

— ¿De qué hombres estás hablando?

— Bueno, en realidad somos cuatro hombres, pero la bóveda de islas negras está bajo el mar y sepultada bajo los escombros del castillo. Así que solo quedan tres bóvedas secretas. Kolgar estaba encargado de Islas negras, yo de Telos. Nlson Marruquias de las montañas de Ork. Y Htoril Topasio en el desierto de Iteroi.

— ¿Entonces… tienes que ir allí para abrir la bóveda?— Carmel esta vez ya no estaba tan agresiva, y me desviaba la mirada cada vez que preguntaba.

— Una guerra no se financia sola. Así que me designaron como tesorero en secreto. Tomaré rumbo a Telos apenas lleguemos a  islas desterradas. ¿Qué crees que tu gente le esté haciendo a mi tripulación?

— De seguro ya los mataron. Pero si llegan en buenos términos los encerraran hasta que sepan cuáles son sus intenciones.

— Que consolador es oír eso— Le respondí

EL barco de Bill Caster con buenos vientos viajaba en aguas pardas a una velocidad considerable. Después de la tormenta, las velas del galeón corrían sobre la marea rompiendo olas, y deslizándose por la corriente tan rápido que parecía que volara. Pero, la distancia de las islas era considerablemente larga y se tenía calculado llegar en el ocaso de  dos noches. Yo estaba escribiendo una carta al comité de tesorería, para decirles que la llave que escondía por seguridad estaba resguardada en el barco más grande jamás construido. «Elsupremus»

Y mientras yo estaba redactando la carta. “El pacto” que es la unión de las tres grandes naciones conformadas por los Berserkers, Redgroouk y Koumen. No tenían ni idea de lo que pasaba con nosotros. Y más allá de eso, dos traidores que no se había mostrado ante la comunidad se encontraban en secreto para desvelar el plan de los Maltuinos a los reyes de estas naciones.

Dangor el Bospelante y  Jreidin barbar roja. Estaban sentados dentro de unas ruinas en islas negras. Partes de esta que no fueron inundadas. Ellos no habían zarpado aun, y todo lo que alguna vez fue Maltuino, ahora estaba deshabitado. Ellos presenciaron el despliegue de toda la comunidad; unos a la guerra y otro a Telos. Y esperaron el momento oportuno para quedarse y conversar un rato sobre el futuro de la comunidad Maltuina. Hombres de Jreidin y de Dangor vigilaban el lugar, asegurando de que no quedara nadie por quien preocuparse.

Las ruinas solamente eran conductos primarios de alcantarillado y todo estaba lleno de agua. Pero la luz se colaba por algunos agujeros formados por la erosión o por la deformación de la tierra que se producía por la guerra o por la devastación del suelo. Pero como algunas partes estaban secas, Dangor entra, y mira el suelo oscuro del subterráneo, pasando su mano por los bloques grises del subsuelo que alguna vez fueron columna del pasillo oscuro. La tierra allí arrumada  se desmoronaba al pasar su sus dedos, y luego de ese momento, el sonido consolante de la tierra caída anunciaba el taconeo lento de  Jreidin que entra con su singular risa burlona.

— Mira lo que fue y lo que es ahora… un mundo de campeones hecho polvo por el tiempo y por nuestros antepasados— Jreidin mira todo el lugar con atisbo y renueva su mirada a Dangor que no responde a su comentario.

Jreidin camina hacia él, y no dice nada, pero al ver lo que tenía entretenido a Dangor, abre sus ojos y exclama:

— Eso es…

— Si, es la historia primigenia  del origen del mundo— Dice Dangor. Pero luego sin saberlo este le mira también en desasosiego y le comenta.

— El mural esta hecho en cada reino, y aun así me pregunto, ¿Por qué tuvimos que matarlos a todos? — Jreidin se encoje de hombros y espera a que Dangor se responda en retrospectiva. — Nunca supe por que empezó la guerra. Antes de que abordara el odio sin sentido, por puras supersticiones tontas… Nadie, ni siquiera mi abuelo sabían por que se originaba ese rencor hacia los oscuros.  ¿Tú sabes por qué, Jreidin?

Jreidin se mantuvo callado, y dejo que Dangor prosiguiera. — Yo creo que solo los primeros ancestros lo supieron, y lo mantuvieron en secreto… y dejaron que ese odio hacia ellos, prosiguiera generación por generación. Es así que comprendí, que sí, algo tan trivial como eso continúo por  ecos. Una idea tan simple como el conquistar todo el continente sin dar importancia a las castas, como el oscuro, el marrón o el rojo, puede ser llevado a cabo. Creo que se podría tener algo más importante que el entendimiento mismo de la supremacía. — ¿Que estas queriendo decir Dangor?— Dice Jreidin que no sabía cómo responder a ese comentario. Pero sin ninguna duda empezaba a tener una confusión y un temor inexpresable hacia ese hombre de corazón dorado.

Jreidin le responde un poco sereno pero con un tono de voz algo acelerado — ¿Me mandaste a llamar solo para decirme eso Dangor?—. Dangor le mira con un temple frio, y le dice: — He enviado informes a mi superiores de los ataques que sucederán próximamente, y sé que  tu mi amigo también haces parte del pacto.  Eres un espía de la legión roja, como yo hago parte de la legión dorada del pacto.

Jreidin se pone frio y tartamudea un rato. Luego se calma y admite lo que Dangor dice. El hombre se siente a la vez calmado por lo que Dangor le comenta sobre que también es un espía. Luego Dangor le dice: —  Una pregunta. ¿Por qué no mataste a los espías, que se te encomendaron asesinar? ¡Me tocó hacer el trabajo sucio por ti Jreidin! — Jreidin responde. — Era muy peligroso. No sabía cómo abordar esa misión.

— A demás hice lo que se tenía que hacer, y  también envié informes sobre lo que pasaba en la comunidad. — ¡Me importa una mierda! Jreidin, arriesgué mucho por tu incompetencia. Y me imagino que cumplieras la orden Maltuina de atacar ciudades rojas. A sabiendas de que el pacto te dejo tierras y ciudades a tu disposición.

Jreidin se sintió tan ofendido que le gritó: — ¡No seas tonto, ¿qué me crees un traidor?! Nunca atacaría mi propia casa…

Dangor le ve y retira su mirada. Luego le pregunta. — ¿Cuál es tu orden entonces? — El gordo barba roja se retira de su presencia  y luego hace una pausa para decirle: — Atacaré Telos.

— Ósea que le eres fiel al pacto.

— Sin ninguna duda, aunque fuera un cobarde…

— ¿Sabes por qué la comunidad te dejo entrar al consejo, a sabiendas de que eres un noble de  casta roja?

Jreidin abrió sus ojos, y voltio a verlo con terror. Es cuando espera a que Dangor le respondiera.

— Cada espía muerto que era enviado por nuestros gobiernos. Yo los descubría y hacia que los mataran, para decir luego que tú me lo habías dicho.  Hacia todo lo posible para desviar la atención de mí y de que tú fueras el heroe que este pacto necesitaba.

— ¿A qué te refieres?— Dice Jreidin exaltado.

— Luego enviaba informes falsos, sobre tu progreso. Y me di cuenta tiempo después de que no se podía contar contigo. No ayudabas en nada a la causa Jreidin, tu casa, tu gente, tu raza… todos creían que eras excepcional, pero era mentira. Esperabas una oportunidad para entrar a los chaca le most y volverte un Spirrow. Ansiabas la corona Maltuina y ser el peiraoo, lo vi en tus ojos. — ¡Qué tontería dices!— Responde Jreidin, y luego argumentando Dangor: — Entonces, dime ¿cuáles son tus intenciones?, no ayudas al pacto ni a la alianza, ¿de qué lado estas Jreidin barba roja?

Jreidin le da la espalda y pensaba terminar la conversación con su defensa.

—Nunca dañaría mi propia casta, ni mi propia familia. Y agradezco tu ayuda en todo en este tiempo… Dangor, aun cuando me estas acusando. He hecho esto por el pacto.  ¡Yo soy leal al pacto!

— Pues que lastima… ¡Yo no!

— ¿Qué?— Con su último suspiro en pronunciar esa palabra. Dangor se abalanza a su garganta y lo degüella.

El gordo cae al suelo sujetando su garganta y muere desangrado.

Unos hombres que atestiguaron el homicidio entraron cuando Dangor les ordenó hacerlo. Le entrega una bolsa de bacilos y les dice:

— Lleven el cuerpo a su familia y digan que fue descubierto. Y cuando los Maltuinos ataque la ciudad. Hagan lo que quieran con ellos. Envíen una carta a Solomea de que el traidor Jreidin ha muerto por mi mano.

— ¿Y qué hacemos con el cuerpo?

— Quémenlo, destrócenlo, hagan lo que quieran con él. Ya no tiene importancia.

Los hombres que traicionaron a Jreidin se llevaron el cuerpo, y el Torner de su nave entra para preguntarle qué hacer. Así que  este le responde:

— Envía una carta al pacto y diles, que Jreidin ha caído en servicio fielmente. Y diles que los Maltuinos se están escondiendo en Telos. Y escribe cada detalle de los ataques en las ciudades.

 

 

 

 

 

 

 

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