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MNU Volumen 5 – Capítulo 9

 

Capítulo 9

El curioso caso de Raynard Boldorg.

Segadora chocaba con la espada de Neira. Y esta disparaba chispas cuando dos armas cactolium se golpeaban entre sí. Neira tenía tanta fuerza que me hacía arrodillar para aguantar el golpe. Y era tan rápida que se me dificultaba seguirla con la mirada.

Una patada me desinfló y caigo al borde del precipicio. Elle me veía con esa altivez y de una vez replicó:

— ¡Esto ya no es un entrenamiento Raynard Boldorg. Ahora tu vida corre peligro con nosotras; si no eres capaz de derrotarnos nunca más serás digno para estar dentro de nuestro clan. Es por eso que las invite a ellas. Las quince.

Yo observo detenidamente como las demás caían del palco al ring y sacan también sus armas.

Es entonces que me pongo de pie y exhalo lentamente mientras siento como la adrenalina subía a mi cabeza. La placa empieza a temblar por la fuerza que recogía, y es entonces cuando las demás atacan al mismo tiempo. Neira se hace a un lado para mirar la pelea entre las quince y yo.

Cadenas con una cuchilla, volaba sobre mi cabeza tratando de cortármela y espadas que querían escindirme por la mitad. danzaban en el viento mientras estas criaturas de aspecto semi-humano trataban por lo menos de herirme hasta la muerte. La ventaja de todo esto es que entre más me golpeaban o recibía heridas mortales; mi cuerpo se adaptaba tan rápido, que se volvía resistente a todos estos actos tan violentos que desde la escuela secundaria los sufría.

En jaurías se lanzaban, mientras escupían cuando gritaban y trataban de golpearme. Las patadas a mi abdomen me tenían tan marcado que ya no sentía nada en esa zona por los golpes tan intensos de esas mujeres que se estiraban como caucho. Ellas me arrinconaban como tratando de votarme al rio de fuego.

Y enviaban sus hojas apuntando a mi rostro, pero mi gran reflejo era lo que siempre me hacía cambiar de posición mientras ellas cortaban el suelo con la espada para atacarme. Y mientras yo rodaba por la superficie una de ellas me atrapó y me dio una patada en el rostro mientras doy la vuelta, otra me recibe como si fuera un balón y me golpea para dejarme tirado a más de dos metros.

Y no me dejaban ni siquiera sobarme porque apenas caía, una lanza con un moño rojo que daba vueltas fue lanzado a mi dirección mientras mi cabeza giraba no sé si por instinto o por el mareo que me produjo rodar tanto por los aires. Y de nuevo una patada me golpea la cabeza y me deja tendido.

Neira pronuncia estas palabras, para que yo tomara conciencia de mi compromiso con ellas.

— Raynard, esta es tu ultima oportunidad. Estas mujeres ni siquiera están peleando con sus poderes. Si no te tomas esto en serio es mejor que te vallas de aquí…

— ¿Crees que no lo intento?— Le respondí.

— Demuestra que todas esas historias que contaste son ciertas. Que no viniste aquí con engaños.

Yo me levanto y desenvaino a basilisco.  Y les muevo la mano para que vengan una por una o todas a la vez.

Una se avienta con la lanza cuando el bastón largo y flexible se movía como una serpiente mientras intentaba cachetearme. Y la hoja de basilisco cortaba la madera y látigo la cuchilla para que saliera volando por los aire y se clavara a la pared. Ella me tira una pata mientras otra con dagas que no las utilizó en la anterior lucha rasga mi camisa y corta mi pantalón mientras apoyaba a la que tenía la lanza. Recojo a segadora que estaba por ahí tirada y empiezo a pelear con mis dos espadas mientras las de la daga chocaban sus pequeños cuchillos a los filos de mis dos sables. Detrás mío una mujer que tenía la nagamaki. Peina mi corte mientras me inclino  para que no me cortara.

A ella la hago caer mientras doy una voltereta, y la dejo en el suelo. Las demás al ver eso, vienen a mí: Las recibo bloqueando sus golpes de espadas y de tres en tres mientras yo observaba detenidamente a Neira como atestiguaba la pelea. Es así que cuando ninguna puede conmigo. Yo me desvanezco y las azoto con la espada. Neira estaba a punto de entrar en  la lucha cuando de la nada Millar cae de su sitio con un arma sig sauer de 9mm tratando de matarme cuando la ráfaga de fuego empezó a ser apuntada a mí.

Yo por otro lado salgo corriendo tratando de que el arma no me diera. Mientras ella recarga, envío mi espada. Pero saca de su cintura una Beretta modelo 2011 mientras yo me cubro con la espada que de inmediato las balas revotan. Yo miro la espada con asombre de haber podido repeler algunos de estos proyectiles y miro como Millar ha terminado de cargar el arma mientras me apunta con las dos armas.

Es cuando al acercarme lo suficiente trato de cortar las armas pero Millar que también tenía experiencia en combate de corta distancia esquiva mis cortes. Mientras apunta y dispara. Las mujeres cerca se cubrían porque ya sabían cómo era Millar de loca y arrebatada.

Guardé mis dos espadas y me hago invisible para ella. Pero lo más impresionante también es que ella se hace invisible. Millar tenía otro truco bajo la manga y era que al poder manipular la sombra podía sentir el cuerpo o más bien la barrera que hacía que los fotones se dispersaran. Ella dispara donde yo me encontraba. Y es cuando me hago luz para ellas y las ciego por un momento.

Millar aparta su mirada y dispara, pero mi espada alcanza el arma y es cortada por la mitad. Millar saca rápidamente un revolver magnum que tenía atrás en su cintura y trata de disiparme. Pero le lanzó la otra espada que es embestida por los disparos de esta arma y es lanzada fuer da mí. Pero al soltarme de ella salto y la envisto para hacerle una llave quitándole su revólver y apuntándosela a su cabeza. Ella tenía el brazo en su espalda y fue arrinconada por mí. Y ella reía con una gran felicidad por que se percató de que Neira emprendió con su espada.

La verdad es que al tener este poder, que poco a poco recorría mi cuerpo; y más cuando sentía las pulsaciones de Millar, y como su cuerpo se estremecía. Y su sangre… ha si, su sangre recorría su torrente. El sudor andaba por su piel y su respiración se agitaba por la excitación del momento. Sentía como sus musculo se flexionaba. También mi cuerpo sentía calor por como imaginaba yo ese cuerpo que tenía dominado, y que se doblegaba por mí. Yo fui poseído por una fuerza… que ya antes había sentido. Estaba completo y extasiado.  Escuchar la voz de Neira me producía placer y sabia ya lo que tenía que hacer. Derrotarla .ya no tenía sentido porque mi hoja ya había llegado a su garganta antes de que se diera cuenta. Y la empujo un poco Mientras me despojo de toda arma.

Solté una risa y cierro mis ojos. Tenía tanta risa acumulada que saco una carcajada y me rio de ellas. La locura se apodera totalmente aun cuando mi conciencia se percata de lo que pasa. Y espero a que todas me ataquen y sigo yo peleando mientras las derribaba una por una. No importaba si venían con lanzas o espadas. Yo no dejaba de saber cómo lucharían.  Neira que está sorprendida. Mira atenta de cómo las 16 estaban en el suelo alejándose de mi por los suelos.

Millar no se hace esperar y empieza a dispararme. Pero me doblo y esquivo como a dos metros de ella.  La saco de combate con una patada en el abdomen mientras espero como Neira se lanza contra mí. Pero yo coloco mis dedos en su esternón para luego darle un beso que la desconcierta y se aleja de mí.

Todas las chicas se agitan por ese acto y ella se retira de mi presencia por que no esperaba eso.

Y es cuando se arrodilla y pone su espada en sus manos para entregarla. Yo me calmo pero no dejo de sonreír porque aún tenía esa sensación amenizada en mi interior. Y esbozo una sonrisa que me hacía parecer el gato de Alicia en el país de las maravillas.

Todas ellas se arrodillan y muestran su semblante. Yo dejo de reírme y miro que cada una me muestra una bandera:

— Mi señor, soy  Neira Negrur, y pongo antes usted el blasón de mi familia “los puños de hierro”.

— Yo soy Iznirg de la casa Swarts, y la última hija de “las rosas nocturnas”.

Otra mujer sale y entrega también su bandera.

— Soy Ling de “la espada negra” última descendiente de la familia Geom. Y entrego a usted mi semblante.

— Igual yo, soy Yami de la casa Kuroi, es para mí un honor entregar el blasón de las “tres estrellas”.

— Yo soy Evey de los cráneos rotos de la casa Siyahis, últimos abanderados de la casa black. Sin embargo mi padre cambió su emblema y ha puesto el cráneo de un lobo, entrego el símbolo de mi familia a su alteza.

Yo la tomo igual y sigo caminando.

— Yo soy Kara Black, nuestra familia eran abanderados de la corona como “los caballeros negros”. Permítame servirle ahora.

Yo la acentuó con la cabeza, aceptando su ofrecimiento y continúo…

— Mi nombre es Marie Nerolé. Mi familia era conocida como los sin banderas. Solo fueron identificados con un semblante negro. Fuimos criados como cazadores, Mi lord.

— Igual me servirás, no importa lo que fueran en el pasado. Ahora me eres muy preciada— Le respondí. Y ella se sonroja y sonríe mientras mira el suelo. Y me pareció hermosa ya que su rostro tenía rasgos asiáticos por su cola de caballo y sus pequeñas pecas que le daban un toque fantástico.

— Yo, me llamo Shi mi Lord; nuestra familia se compone por 25 hermanas de la casa Xap, y aquí está nuestro semblante: “las dos torres y la estrella del alba”. Somos las vigías,  fuimos criadas para dominar las noches, ahora estoy bajo su mando, como líder de las centinelas de la raza Dark.

Yo le acepto y continúan con la presentación:

— Yo soy  Nuvve; de la casa trueno. Entrego el semblante de nuestra familia. Es el blasón de los rayos y el cielo. Es un honor tenerlo aquí gobernando.

Yo la tomo del hombro y le digo —El honor es todo mío.

— Yo también entrego mi emblema, las dagas blancas. Pertenezco a la familia Flydarks. Somos las domadoras y criadoras Huargo: mi nombre es Milon Flydarks. Es un honor tenerlo aquí, mi rey.

— Es un honor para mí también tenerte aquí, Milon— Le dije con mucho agrado.

—Yo soy Mdhull Aswad, pertenezco a una de las familias más renombradas de mi pueblo. Éramos los herreros. Nuestro blasón es el martillo y el yunque.

Ella pasa con mucha reverencia el mástil de su bandera. Y yo se lo recibo con sumo respeto. Para luego continuar con otra chica.

— Soy Esther. Mi blasón se perdió en la guerra mi rey. Junto con el renombre de mi familia. Pero es mi deber como última hija de los Uslim poner ante su cargo el honor de mi casa. Así que presento la nueva banderola  de los Uslim, “la muralla impenetrable”. Somos la defensa de la guardia mi señor. — Aceptaré tu banderola, por que tus generaciones estarán orgullosa de ella— Dije eso con un tono un poco nervioso. Ya que no solo me dejo algo inquieto por la formalidad de sus palabras, si no que imponía respeto por su tamaño corpulento y de gran altura. Me dejó algo maravillado…

La siguiente fue Mingu que se presenta: — Mi lord, mi nombre es Min-gú de la casa Beltza. Soy del sector Estambul. Yo no conocí a mi padre ni a mi madre. Pero mis mayores me han dicho que soy la última hija de los “Lobos aulladores” así que me permití recrear una bandera como se me había presentado. “El huargo que aúlla” mi familia era los jinetes de máxima excelencia. He entrenado a muchas de aquí, esperando que mis esfuerzos fueran de ayuda para esta raza.

— Lo serán muy pronto… Si tus padres estuvieran aquí estarían orgullosos…

De repente una chica mueve sus sables con una gran habilidad y se levanta para presentarse como toda una militar y grita:

— Mi nombre es Kon Saeg señor. Mi familia dio su vida en el campo de batalla en el bastión dorado para controlar el tropel enemigo en sus últimas fortalezas. Y la posterior bandera que quedo en pie fue la de mis ancestros señor. Cargo con orgullo el emblema del “hombre y el cuerno”. Somos la artillería y la infantería de línea y dispersión. Mis hermanas y las hijas de ellas han sido entrenadas para un evento de estas magnitudes y es un honor que usted nos comande señor.

Y me hace el saludo militar generalizado en mi mundo. Y yo le respondo igual.

La siguiente es una chica más pequeña y morena. Esta se levanta también y no me entrega una bandera si no en su lugar, un libro que tiene una bandera en ella. Y me dice:

—Mi nombre es Klli Kaala de la casa Kaala. Mi semblante en realidad es un libro abierto. Este libro me fue entregado por mi madre antes de morir. Ella me dijo que es algo que se pasa de hija ha hija por todas las generaciones… Somos los eruditos de las cortes Darkianas. Mis 3 hermanas y mis 2 hijas son las responsables de ayudar al gran sabio Mihail a construir, entender y analizar  cada objeto o libro que viene de tu mundo. Nuestro clan conformaba en su gran mayoría a las buscadoras del olvido. Es para mí un gran placer ayudarle en todo lo que necesite. Mi clan estará a su disposición  mi rey.

— Agradezco su ayudad—Le respondí.

Y por último la mujer que se presentaba ante mí con una sonrisa. Millar…

— Raynard Boldorg. El rey sonriente. Lamento no presentarte una bandera o un gran apellido. Pero toda mi familia fue masacrada. Soy la última de mi casa… una casa olvidada incluso para las mayores que no sabían cómo era mi bandera. Así que en vez de lamentarme en vergüenza. Te presenté hoy este emblema:

Ella extiende una tela larga y me muestra el mejor semblante hasta ahora.

— “El rey sonriente”— Dije yo. Era la cara en perfil de un rey con una corona de tres picos y con una gran sonrisa que observaba siempre la estrella del norte. Con un peculiar bigote, este demostraba su peculiar mirada picara y su gran sonrisa rebosante.

— Tú serás mi semblante— Dijo ella. Y luego se arrodilla.

Después de eso, todas y cada una de las Darkinas se arrodillaron y mostraron sus respetos. Y luego de eso los lobos gigantes escupieron fuego a las alturas y las cavernas se mostraron con un techo de fuego. Y les dije:

— Levántese, no soy digno de tanta reverencia. Aceptaré ser su rey hasta que se acabe la guerra. Y después de eso yo regresaré a mi lugar de origen. Cada una de ustedes sé que me servirán fielmente; y es por eso que desde ahora, no habrá remordimientos por sus decisiones.  Nos espera al otro lado del mundo: Los malditos Berserkers y los Redgroouk— Las mujeres empezaba a abuchear cuando decía sus nombres y le seguí hablando: —Y sin contar a los traidores de casta marrón. Ellos son los peores.

Cada una de ustedes ha construido dentro de su corazón un templo purificado. En donde no conocen nada fuera de este hoyo. Ni hombre ni raza. Pero quiero decirles que no se repriman, saquen todo de ustedes… ira, frustraciones, saquen esos recuerdo amargos de su pasado y su corazón para matarlos sin misericordia.

— ¡Eso es! —Grita Neira, — ¡Eso es, ahora que ya tenemos Rey, y que todo está listo para la guerra. Es hora de nuestro descanso… este será su último día de relajación. Por qué mañana al salir el sol empezaremos nuestra marcha al otro continente.

Las mujeres gritaron en unísono “¡Aguas termales!”.

Neira y las demas se dirigen a mí y me dicen:

— Raynard. Es hora de que nos tomes…

— ¿Disculpa?…

— Oh prefieres a una esposa … la tradición dicta que solo la mayor puede ser escogida como esposa, o cuando una más joven reta a la mayor a una lucha amistosa. Tú decides…

— Yo, bueno… ¿qué?

— Ven, hablaremos del tema en las aguas termales.

Cuando salimos de la placa me llevaron a una playa con lagos térmicos. El vapor que emanaba, nublaba un poco el agua cristalina. Y las mujeres empezaban a desnudarse para poder bañarse.

Yo de nuevo suelto una sonrisa, y mi cabeza libera un escalofrío desde mi nuca hasta el sacro. Ya no podía reprimirme…

*                                                              *                                                     *

Despierto en una cama. Muy cómodamente mientras siento la pierna de alguien que cubre mi cuerpo. Yo aclaro mi vista y miro cuidadosamente el torso desnudo de una mujer durmiendo.

Y un fuerte dolor de cabeza no me dejaba  poner en orden mis pensamientos.

Miro la pierna y veo que es la pierna de Neira que también estaba desnuda. Yo me asusto y miro que por toda la habitación había mujeres desnudas durmiendo.

— ¿Qué carajos? ¿Cuántas mujeres hay aquí? ¿Qué paso? ¿Por qué estoy con ellas?

Desde luego no recuerdo nada después de que llegue a las aguas termales. Y me puse a retroceder mis recuerdos y solo sentía una gran satisfacción. Y aun con ese dolor de cabeza sonreía. No sabía porque mi cuerpo sentía esa rareza de estar sonriendo… pero me sentía bien. Y mi conciencia desde hace mucho tiempo ya no me hablaba, ni me daba consejos.

— Una, dos, tres, cuatro, cinco… diez, quince… no puede ser.  Hay más de treinta mujeres.  Y cuando me levanto veo que las mujeres que tenía al frente era Millar, y la de atrás era Neira. Las que me rodeaban eran las demás que componían al consejo de las mayores.

— Hay no, ¿qué he hecho? ¿Qué he hecho? mi entrelace con ella, parece que se ha roto…—  Y se me ocurre una idea — ¡Mihail!— Comenté, —  Mihail debe saber lo que pasó.

Me levanté con cuidado sin ánimos de levantarlas y me fui buscar a Mihail. Me coloque de nuevo mis calzoncillos y mis pantalones. Pero la camisa la tenía una chica entre sus pechos desnudos. Así que me fui sin él.

Mi estómago me sonaba. Quería algo de comer, pero primero tenía que encontrar ha Mihail. Y es que cuando abro la puerta que  me encuentro con un cuarto más grande donde estaba el resto de mujeres durmiendo y sus Lupinas se alertaron de mi presencia y pararon sus orejas para escuchar lo que yo decía en voz baja.

— Shhhhhhhhhhhh— Les indique que no hicieran nada para no despertarlas.

De nuevo las lupinas se postran y me dejan pasar. Yo abro otra puerta y salgo de nuevo de la sala de un crucero.   “La royal internacional” era el nombre de este barco.

 

Busco el barco donde dormía Mihail y golpeo la puerta de su cabina para que el viejo me escuchara. Este me abre y yo entro apresurado con la sensación de que alguien me estaba observando.

— Oiga viejo. Que paso ahí  adentro. De repente me levanté con un océano de mujeres en esa habitación.

— ¿Qué? ¿Acaso no te acuerdas? — El viejo pone su mano izquierda en su quijada como preguntándose lo que me pasaba.

— ¿Paso algo?— Le comenté.

— Bueno, tuviste un aparente cambio de actitud. Yo me retiré a mis aposentos. Y desde ahí no sé lo que paso. Pero se veía que te divertías.

— No sabe si tuve… ¿relaciones con ella?

— Es probable, no lo sé.

— Es que no recuerdo nada… — Comenté.

— Al parecer, sufriste un cambio cuando empezaste a tener un fuerte dolor en tu cabeza. Me dijiste que “el entrelace”, o el no sé qué se había roto.

— Es cierto. Aún tengo ese pequeño malestar en mi frente.

— Hmmmmmmmm, me parece que… dame un momento, buscaré algo.

El viejo busca unos libros y pone tres en la mesa mientras revisa las páginas. Y cuando no hallaba nada, seguía pasando páginas en  el otro  libro y así hasta que por fin exclama.

— ¡Aquí esta!

— ¿Qué ha encontrado?

— Bueno, ¿te acuerdas cuando te conté que este mundo se adapta a ti?

—Sí— respondí.

— Bueno, al parecer te han contaminado tanto de su cultura que has adoptado algún tipo de papel en este mundo. Y la conciencia que ha servido como muro de tus deseos. Ha muerto.

— ¿Mi conciencia?

— Oh, perdón me referí mal. Es tu trastorno de identidad múltiple. Aunque el otro tú no es más que todas la cosas que reprimías. Lujuria, ira, pensamientos. Y eso dio lugar a que tu conciencia tomara una personalidad… o eso creo. De cualquier manera, no se hubiera manifestado si no pasaras tanto tiempo con ellas.

No podía creerlo,  al fin lo que más tanto me temía. Que mi conciencia; aquella que me hablaba y me decía que hacer, se manifestara en mí cuerpo tomando control. He desatado todo lo que tenía dentro.

El anciano me dio un consejo.

— Si quieres mantenerte cuerdo con toda esta locura de tu doble personalidad. Leí de mi maestro que muchos piratas empezaban a tener esquizofrenia o algún tipo de ataque epiléptico: no todos desarrollan el mismo síntoma disosiativo. Es mejor que te comportes y te tomes esto.

— ¿Qué es esto?— Pregunte con un desasosiego al recibir del viejo una botella pequeña.

— Se ve que nunca has estado con una mujer antes, y eso te sube las hormonas. Si reprimes demasiado tus impulsos juveniles es más fácil que tu lado más oscuro te controle. Tomate esto: son unos calmantes acelerados. Te mantendrá concentrado. Ahora niño presta atención: es mejor que tengas los pantalones bien puestos, y que no te dejes manipular por todas esas mujeres.

— ¿Manipular?

— ¡Sí!, ¿qué pensabas? …dejaste que Millar te llevara a un dojo para obligarte a pelear; afortunadamente fue algo bueno para ti.

— Bueno, eso fue…

— Dejaste que la mayor decidiera tu destino. No debiste dejar hacer eso. Ambos sabemos que no eres de este mundo, al igual que yo. Hubieras podido esforzarte más en convencerlas de otra manera.

— Pero sus tradiciones…

— ¿Quién crees que apresuró la llegada de esos Berserkers para que todo esto pasara?

— ¿Fuiste tú?

— Si, era un precio muy alto que se tenía que pagar.

— ¡Eres un maldito… por tu culpa Galax está muerta!— Le dije airado mientras intentaba golpearlo. Pero el viejo tenía más poder de lo que yo había imaginado. — ¿Ahora posees la telequinesis?

— Los verdaderos Dark no hubieran estado aquí ocultos por milenios mientras aquellos malditos de raza dorada se quedaban con todo… El rey Dark Black me encomendó la retaliación… pero ellas se dedicaron solo a lamentarse en este agujero.

— ¡Eres un!… ¡eres un!

— Si, puede que sea un maldito. Pero no dejaré que esta raza caiga solo por la muerte de una. Fue necesario Raynard, entiéndelo.

— Entonces lo sabias, sabias que me estaban rastreando.

— Desde que llegaste a lomos de Zereth.

El viejo me suelta.

— Te lo iba a decir, créeme. Pero vi una oportunidad para que Galax fuera el impulso que todas estas mujeres necesitaban para la guerra. Raynard, mi propio hermano me sacrificó para su beneficio. Le seguí durante la mitad de mi vida… y perdí todo en mi mundo. Ya no tenía más por qué vivir, pero fue mi maestro que al morir me dijo: Que una nueva oportunidad se me presentaría para redimirme a mí mismo de todas las cosas que no pude hacer.

— ¿Y creíste que dejar morir a una de las más preciadas Darkinas sería la solución? Mihail, creo que eso no fue lo más correcto.

— Independiente del resultado, el método me sirvió para prender la mecha. No sabía el alcance de mi plan; ni siquiera pude imaginar que Galax fuera la chispa… si recibiré algún castigo divino, lo recibiré sin temor alguno.

— Ahora entiendo tu actitud después de todo.

— ¿A qué te refieres?— Me dijo el viejo que no esperaba esa respuesta.

— Dejaste que todo esto sucediera, mintiéndole a Neira. Dejaste que me sedujeran a tal punto que permitiste que fuera contaminado por ellas… Tú me lo dijiste y yo no lo… yo… al final fue Galax quien murió por mi estupidez. Dejé que me manipularan, tanto ella como tú, y las Darkinas. Fui utilizado para iniciar una purga. Ahora me entero que tengo otra personalidad que también toma poder de mi cuerpo para hacer quien sabae que cosas.

— …

Mis lágrimas salían y sentía por primera vez el dolor de la soledad. Ya sin el entrelace, mis emociones salieron a flote y lloré.

— Esa chica, la tal Alices. Tenía controlada tus emociones ¿no es cierto?— Pregunta el viejo mientras me mira desconsolado.

— Sí.

— Te hizo un mal. Nada puede ser contenido.

— No sé con qué propósito lo hizo— Le expliqué. —Pero ha logrado ponerme triste, si tan solo hubiera aceptado irse conmigo…quisiera que todo esto fuera un mal sueño.

— Lo siento chico. Lo que te está pasando es muy pesado para ti.

— Y ahora, la muerte de esa chica se ha sumado en un cargo de conciencia.

— No fue tu culpa. Lo que…

— ¿Que no fue mi culpa?— Le interrumpí y luego le sigo hablando con enojo. — Ahora que me cuentas todo esto, lo pienso mejor y hubiera podido evitar todo esto. Si tan solo les hubiera advertido que…¡Que! Oh, es inútil, si tan solo me hubiera dado cuenta antes de que me seguían.

— Bueno al menos tienes un harem de Darkinas— Me dijo el viejo con motivos de darme ánimos. Pero eso no me hizo nada de gracias.

— ¿Un harem? Qué caso tiene tener un harem si no lo puedo disfrutar. No tengo sensaciones con ellas porque siempre olvido lo que pasa.  Solo mi otro yo puede saberlo y no sé cómo es. Aunque haya perdido la virginidad, sin poder recordar cómo es. Es lo mismo que ser virgen. Desde que lo hice con Victo…

— ¿Tuviste relaciones con Victoria?

Creo que dije demasiado.

— Ya veo. Es por eso: Parece que tu problema viene desde ese instante.

— ¿Ha que se refiere?

— Amigo mío. Tener sexo en este mundo es algo extremo para nosotros los humanos. Y más cuando Cupido te revela tu verdadera naturaleza. Es por eso que tú conciencia dejo  de hablarte. ¿Acaso cuando la viste no era su aspecto la de una mujer adulta?

— Si, así fue.

— Bueno, la luz de Cupido revela la madures de la mente. Y Victoria es un poco mayor que tu aunque se vea como una niña de catorce años. En cambio tú, que no tienes nada que ver con este mundo, lo único que mostraste fue lo más oculto de ti… una versión oscura.

Además estas mujeres están bajo la influencia de tu lado oscuro que fue capaz de romper el entrelace con Alices. Y ya que nos acercamos a la forma verdadera de Eos, las mujeres ya no soportaron su lujuria comprimida. Por más poder de voluntad que tengas, la naturaleza se abre paso y se desborda.

— Eso tiene sentido, ella ya me lo había advertido.

—No te mescles mucho con ella, porque tu conciencia podría devorarte y perderás toda identidad que conoces ahora.

— ¿Y Cómo puedo ser normal? ¿Cómo podre no tener otra personalidad? Desde que tengo memoria siempre ha estado esa voz que me dice que hacer o no.

— Bueno, al parecer un trastorno de identidad se manifiesta de muchas maneras. Pero lo que veo más acertado puede ser por un evento postraumático como respuesta a  estímulos que tú no puedes manejar. Así que tu cuerpo opta por operar otro tipo de reacción y crea una personalidad alterna.

Bueno eso es lo que dice el libro.

— Tiene que ser una broma. Ya no puedo más…

— Joven Dark, espero que mantengas en secreto lo que te conté sobre Galax.

— Llegara el día anciano cuando tus actos sean juzgados.

Ya que sentido tenía seguir con esta búsqueda. La encontré y me manda al carajo. Ahora me encuentro con que tengo trastorno de identidad múltiple y que no puedo tener sexo sin saber cómo lo hice.

Ya no quiero seguir aquí… tal vez sea mejor de que me vaya.

Me siento ya cansado de tanta estupidez, y de tanta guerra, odio, y rivalidades… Qué sentido tiene ayudarles,  si siguen en las mismas. Maldita sea, he pasado por mares y desierto solo para encontrarla y llevármela. y me envía a un lugar tan… tan desolador y deprimente.  Creo que ya estoy perdiendo la cordura.

Estoy entrando en pánico. Que me está pasando…

Me falta aire, todo me da vueltas. Me siento mareado y con un gran miedo y enojo por ella. La maldije… la maldije por enviarme aquí.

A veces el sentido de la vida se resume en un sentimiento que te hace vivir o morir. Y es el amor… Sin él, la vida no tiene sentido, o con el todo lo tiene. Y mi única conexión que sentí verdaderamente para sacrificar fue ella.

Estaba vagando por Core cuando de pronto con esa sensación de terminar mi camino en este mundo me encuentro con alguien inesperado.

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