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MNU Volumen 6 – Capítulo 1

Capítulo 1.

La batalla de Lut y Mogntul.

En el año 537 del calendario Belgliano.  La segunda guerra entre casta estaba iniciando con el primer Maltuino que se lanzó al ataque en las dunas del desierto de mogntul.

Lingot era una ciudad amurallada con casi 200 kilometros cuadrados de distancia. Y su rey Lareaj, quien había preparado su ejército de 2000 hombres estaba listo para defender las murallas.

Se sabía que las fronteras de Mogntul con el de las lamentaciones. Era compartido con las demás castas; así como muchas ciudades que colaboraban terreno por el rio que corría hacia el océano bospelante llamado Lut… El reino de Lingot era vasto y fortuito ya que los terrenos cedidos por los demás imperios permitieron asentamientos de familias ricas que compartían  riquezas con familias rojas y marrones. Es el caso de Midas que pertenece al imperio rojo. Su rey era Beith Semesh y también era rica y fortificada, era llamada también la ciudad del hiperión rojo.

Semesh y Lereaj eran buenos vecinos y tenían un buen lazo de hermandad entre las dos ciudades… mientras una producía posos y manantiales que corrían alrededor de ella. La otra poseía grandes reservas de cristales y minerales para la construcción. Esto junto con tierras fértiles para el pastoreo y los cultivos. Y a más kilómetros de estas dos ciudades estaba Enemet donde vivían los monjes para la erudición.

Ikal el Maltuino, descendió por el rio más grande y traía consigo un ejército de más de sesenta mil hombres. El reino que más cerca quedaba al campamento enemigo era Lingot. Y el rey de Lingot que miraba con desprecio a los Maltuinos, observaba con su catalejo el blasón de los cráneos negros y las tres estrellas. Este le pregunta a uno de sus súbditos el significado de esta, a lo que este responde:

— Mi señor, esa bandera pertenece a un spirrow chaca le most llamado Ikal Granatrot.

— Que maldito, planea tomar esta ciudad muy pronto. ¿Nuestro ejército está ya listo para la lucha?

—Sí, mi señor.

— ¿Y que ha dicho Semesh?

— Enviará treinta y cinco mil hombres, y dejara consigo dos mil cuatrocientos en las rutas de las palmeras para proteger la entrada, por si algo malo sucede… bueno si en caso de que…

— Sí ya entiendo, por si pierdo la guerra. Pero no podría esperar menos de Semesh. Siempre ha sido un poco precavido. Pero no importa, junto con mi ejército podríamos darle frente a ese tal Ikal.

— Otra cosa mi señor, los monjes de Enemet han enviado unos artefactos para la defensa de la ciudad…

El rey Lareaj baja de la muralla por las escaleras, y desde esa altura alcanza a ver carretas con un tipo de caño plateado llamado Bastocar de distancia corta. Contenía grandes cristales parecidos al cuarzo como munición, junto con toda esta provisión  un Maestre de armas y también erudito de altas cortes asistía en el manejo adecuado del arma. Y se presentó al rey como Dreiser Corevan un aprendiz de maestre y candidato a Prior en torres altas. Este le dijo que el fin de utilizar el arma era para defenderse de los invasores Maltuinos.

El hombre se inclina al rey y le dice:

— Mi señor, mis maestros me han enviado para ayudarle con esta batalla. También serviré a usted como estratega si me lo permite.

— ¿Ayudarme? Esta ciudad tiene muros tan altos que escalarlo les llevaría un día, y son tan gruesos que hay casas en esas murallas. Sería imposible penetrarlo.

— Si me permite dar mi opinión.

— Di lo que tenga que decir.

— Mi rey Lereaj, los muros son la fuerza de esta ciudad pero también son su debilidad.

— ¿Qué, a que se refiere?

— Bueno, muy pronto lo sabrá.

Y mientras estaba hablando Corevan con el rey, Ikal planeaba atacar. Pero las murallas que son la primera y última defensa de una ciudad, no tenía idea de cómo penetrar los muros más gruesos y altos de todo el desierto. Es entonces que uno de sus torners propone infiltrarse en la ciudad, a lo que Ikal pregunta:

— ¿Qué, infiltrarnos? La ciudad ha cerrado sus puertas, ¿cómo podríamos entrar?

— Podemos meternos por las cuevas subterráneas. Por algún lugar deben salir los vertederos de la ciudad. Esperaremos en la noche y subiremos. Encontraremos algún ducto para entrar y abriremos las puertas.

— Pero para eso deberíamos tener una distracción. Creo que pensaran en ello cuando tengan oportunidad y bloquearan el paso. Es mejor actuar rápido ¿qué piensa usted señor Ikal?

A Ikal se le ocurre la idea de fingir una audiencia con el rey mientras su gente intenta escabullirse por el acueducto.

Es entonces que, al medio día después de haber investigado el oleoducto de la ciudad. Ikal se prepara y se acerca al muro con cien hombres y grita a cualquiera que lo escuchara que llamaran al rey y dice antes de gritar:

— ¿Cómo es que se llama el rey de esta ciudad?

— Lereaj, el rey de este lugar se llama Lereaj.

— Muy bien… ¡llamen al rey Lereaj quiero hablar con él!

Los gritos del hombre alertaron a la guardia, Y cincuenta hombre vigías apuntaban flecha hacia él. Entonces uno de ellos le da señal a un guardia para que fuera buscar a su rey. Luego aparece en las murallas y grita:

— ¡¿Qué es lo que quieres?!

— ¡Que se rindan!

— ¡Ni una mierda!, este es nuestra ciudad, y ustedes bastardos invasores… váyanse de aquí. No podrán tomar esta metrópoli.

— ¡Oiga, Oiga, sea más cortes y no insulte, tan solo pedí que se rindiera, evitaríamos un baño de sangre!

— ¡No me hagas reír sangre sucia! ¡El único baño de sangre que se verterá en este desierto es el de ustedes si intentan atacar!

— ¡Por que no sale y tomamos algo y llegamos a un acuerdo!

— ¿A un acuerdo? Hahahahahahahaha ¡Qué divertido eres Ikal Granatrot! No tenemos nada de qué hablar. Llévese sus barcos, sus rameras, y a sus sangre sucia de aquí.

— ¡Muy bien! ¡Lo pondré divertido para usted! ¡ ¿Qué tal un duelo?… ¡Algo sencillo! ¡Uno de sus campeones, contra uno de mis campeones! ¡O podría ser usted contra mí, lo dejaré a su gusto!

— ¡Yo no me rebajaría a tanto! ¡Con escorias como ustedes!

— Oiga, eso hirió mis sentimientos. Pero lo olvidaré si, acepta mi desafío.

El rey mira a sus súbditos y mira cómo avanza el plan. Luego se siente confiado y mira a Ikal.

— ¡¿Crees que puedes venir hasta mi ciudad,  amenazarme y a retarme?!—. Ikal mira a sus camaradas y sonríe para luego decir: — ¡Bueno, creo que eso es lo que estoy haciendo ya! ¡¿Pero entonces, que dice?!

— ¿Acaso me ves desesperado? No tengo ninguna necesidad de salir y entrar bajo tus peticiones absurdas… Tan solo necesito esperar mientras viene la ayuda. En cambio tú no tienes mucho tiempo que digamos o ¿sí?

— Oye, eres un viejo rey aburrido. Lo que te traigo es solo un tiempo de diversión es todo. Y de paso ¿quién sabe? humillar a tu pueblo.

— No me dejaré provocar por tus irreverencias.

— Es cierto, cierto… no tengo tiempo, bueno tan solo digo, que solo tienes miedo a que tu campeón muera a manos de alguno de mis hombres y es entendible, alguien que pretende conquistarlos. Eso da un poco de miedo. Esto tan solo es un negocio… Te propongo esto. Si alguien de tu ciudad mata o derrota a mi campeón, pues me resignare con la idea de que tu ciudad es muy fuerte y me voy de aquí. Pero si gano, tan solo, bueno… No pediré nada a cambio, si no quieren rendirse esta en todo su derecho, igual tomaré esta ciudad, pero bueno si gano disfrutare mucho saber de qué mi gente es superior a cualquiera encerrados dentro de esas muralla.

— Maldito bocón, si decidiera aceptar, no tendrían oportunidad.

— Bueno eso no lo sabemos aún. Hasta donde se tu gente es la débil.

Cuando Lereaj ve al maestre darle la señal, mira a Ikal para decirle:

— Muy bien, muéstrame a tu campeón.

Ikal manda a un hombre llamado Reiker el degollador. Este era delgado, de cabello marrón y blanco, de buena constitución. Poseía un diente de oro y estaba tuerto. Sin embargo poseía dos dagas curvas negras. Este se pone al frente para mostrarse y le ve sonriendo.

— ¿Ese es tu campeón? Hahahahahahahahahaha es mejor que vayas preparando los barcos, porque no es nada comparable a mi campeón y mejor guerrero.

— Bueno, pues muéstralo, quiero verlo.

Abren la puerta.

El rey y un pequeño pelotón de hombre salen con él y un individuo que parecía medir 2 metros. No poseía armaduras y lo único que tenía era un hacha color dorado.

— ¿Oye, oye ese es tu campeón? Maldición, se ve que es un tipo duro.

— Espero no te arrepientas de esto.

— Hahahahaha, no lo estoy. Al contrario no creo que un tipo tan grande le gané a este degollador. — Muy bien Ikal… recuerda. Si yo gano, te iras de aquí.

— No te confíes, rey Lereaj.

Lereaj e Ikal estaba sentado a extremos de cada lugar con sus hombres a una distancia de 20 metros. Y tenían escoltas que escudaban a sus líderes. Mientras los hombres se preparaban para la lucha.

Ikal y el rey eran abanicados y protegidos del sol por sombrillas. Para que estuvieran más cómodos durante la riña…

Esperaron a que sus hombres estuvieran listos y dieron inicio a la contienda.

Reiker se lanzó ante el hombre y trato de golpearlo. Pero Reiker se quitó rápidamente antes de que el hacha lo partiera en dos. Luego corta su espalda con sus dagas, pero la maniobra del gigante lo repele y lo tira al suelo cuando el bastón y la cabeza inversa del hacha lo golpean. Luego Reiker le tira arena en la cara y se lanza atacarle el cuello. Pero el hombre embiste y golpea su cabeza con la de él.

Raiker cae mientras sangra por la nariz. Luego corre y le tira cuchillos al cuerpo… pero estos aunque se entierran en su carne, él se los quita como si fueran astillas. Entonces se tira al suelo mientras gira sus brazos para atacar las coyunturas de sus piernas, pero el  hombre aunque grande y pesado, era muy ágil con sus piernas y evitaba que la cuchilla cortara sus piernas. Luego tira el hacha al hombre y este se retira. Pero al ser más rápido Reiker salta a sus hombros y entierra el cuchillo en el cuello del hombre… Sin embargo aunque sangrara, el hombre lo toma de la cabeza y lo lanza a dos metros de él. Y el hombre con su runez básico le dice:

— Uhg te izhio puhen, treo ihtagen.

El rey traduce:

— Él dice: te falta más que un cuchillo para matarme.

Reiken se compone de nuevo y ve como el hombre de dos metros aún sigue sin que le afectara lo que hizo. Así que toma sus garras metálicas y se lanza contra él para cortarle el abdomen, pero luego es recibido por un rodillazo que lo hace sangrar y su cabeza es estrellada contra el suelo. Reiken como pudo tomar  las dagas curvas y corta la mano del hombre y este lo suelta.

Mientras Reiken trataba de calmarse. El suelo se sacude y una explosión se escucha. Todo el mundo se distrae buscando el origen de la explosión, Y cuando Reiken mira de nuevo al hombre este ya tenía su hacha sobre él y lo parte en dos. Desde su frente hasta la ingle… el cuerpo de Reiken se divide en dos lados.

Ikal arruga su frente por la ira, pero luego para no demostrar enfado se calma y sonríe. Le dice al rey:

— Creo que he perdido.

Ikal llama al torner mas cerca y le dice en susurros.

— Averigua que pasó— Pero el Rey adivinando lo que le decía a su hombre de confianza le dice:

— Y no solo a este hombre. También a los otros que intentaron entrar por el ducto ¿Crees que no sabía que  lo primero que intentarían seria entrar por el subtarraneo? La muralla no es lo único impenetrable. Si creíste que mi fortaleza es mi debilidad, déjame decirte que ahora sabes a lo que te enfrentas, Ikal Granatrot. Ahora cumple lo que prometiste, y vete de aquí y no vuelvas.

— Antes de eso, ¿Cómo se llama tu campeón?— Pregunta Ikal.

— Su nombre es Trasgo. Desciende de los parias de los monjes blancos llamados colosales.

— Que bueno saberlo— Dijo Ikal. Luego el hombre llamado Trasgo habla y le dice:

—  Arg, ung ishahen tools talken shehezen— Y luego escupe en el cuerpo del muerto y sonríe mostrando los diente podridos.

— él dice: el hombre merecía una muerte más dolorosa, y que no era digno o algo así; aun no le comprendo muy bien— proclama el rey al traducirlo.

— Muy bien, seré un buen perdedor y me iré— Luego grita a todos los hombres. — ¡Empaquen todas sus cosas, nos largamos de aquí! Y traigan el cuerpo de Reiker. Nos volveremos a ver Lereaj.

Lereaj se sorprende por sus palabras y pregunta:

— ¿Qué dijiste?

Ikal le da la espalda y se va. Luego se vuelve uno de los torner hacia él y le dice:

— ¿De verdad nos iremos jefe?— A lo que ikal esperando tener una buena distancia le responde:

— No seas idiota, es solo una distracción. Diles a los otros que vengan, y que tengan preparada la marca roja.

Uno de los súbditos del rey Lereaj apunta con un arco y una flecha a la espalda de Ikal para atacarlo. Pero el rey levanta su mano en señal de que negaran el ataque porque pensaba que Ikal era un hombre de palabra.

Es así, como sucedieron las cosas:

4 horas antes.

— Mi rey Lereaj, los muros son la fuerza de esta ciudad pero también son su debilidad.

— ¿Qué, a que se refiere?

— Bueno, muy pronto lo sabrá.

— Sea más claro, no tengo tiempo para esto.

— Bueno. Como vera, el muro es algo imponente por sí mismo. Toda su confianza radica en él. Así que su fortaleza es su debilidad… al confiar tanto en que el muro es impenetrable. No se fijara en que podrían entrar por el subterráneo. Y eso es una debilidad de los muros. Opaca los puntos vulnerables de una ciudad.

— Y que tienes planeado.

— Sin lugar a duda, buscaran tiempo para que algunos hombres entren por los ductos. El subterráneo no está vigilado y es muy fácil la infiltración por las cuevas. Crearan algún tipo de distracción. Entonces aprovecharemos el tiempo que buscan para que también sea nuestra oportunidad de contraatacar… su estrategia será la nuestra también.

— ¿Me dices que si de alguna manera ellos vienen a negociar, o buscar tregua? ¿Buscaran los vertederos para infiltrarse?

— Así es su majestad, sígales el juego y yo los rastreare. Y le daré la señal para que usted siga comprando más tiempo, de esa manera los eliminaré.

Y mientras los hombres de Ikal buscaban la ruta, por donde se hallaban los canales de los desechos. Corevan alistaba los bastocar de distancia en las entradas de los canales, con muchos hombres para que activaran el arma cuando vieran hombres surgir.

Eran 25 caminos y todos fueron cubiertos por ellos. Y Corevan estaba situado en la alcantarilla principal y le hacía señas de que aún no era hora.

Cuando le hicieron la señal a Corevan de que ya algunos hombres fueron localizados. Corevan le hizo la señal al rey de que ya era hora de la distracción.

Y fue así de que con ayuda de hombres que conocía los acueductos. Atraparon a los infiltrados y los mataron con los cañones del bastocar de distancia corta. No fue sino cuando vieron el fuego en las antorchas para fulminarlos con toda la artillería. Fue tanto así que los canales temblaron y las bases de la ciudad se estremecieron.

 

 

 

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