<- Actualmente solo registrados A- A A+

MNU Volumen 6 – Capítulo 2

Capítulo 2

La trampa roja.

Al día siguiente, el rey Lereaj sale de la muralla con una tropa de caballería de 50 hombres hasta el rio Lut donde había anclado los barcos de Ikal.

Pero Ikal Granatror efectivamente si se había retirado. No había barcos, ni tiendas de campañas… lo único que acompañaba el desierto era los trozos de carbón que se desmoronaban al pasar el viento. Vestigios de que allí se reunieron miles para resguardarse del frio y congregarse para contemplaciones y risas de embriaguez.

La serenidad del desierto traía para el rey Lereaj un mal augurio. Pero al ver que Ikal ya no estaba. Su corazón descansó un poco.

Lereaj estaba entrado en la vejez. Y no necesitaba corona para que su cabeza brillara. Sus risos dorados eran tan brillantes; que desde la muralla se podía ver la cabeza dorada del rey. Y montado en su Huargo albino llamado “Abion” contemplaba en máxima grandeza el desierto silencioso.

Cuando miraron a su alrededor. Los Ereiser miraron a cada lado de su tierra para ver si se ocultaban algo o si era alguna trampa. Pero ni el rey, ni nadie allegado a él, encontraron algo fuera de lo común. Fue así que mandó la siguiente orden:

— Divídanse, y rodeen la muralla, busquen algo fuera de lo normal. Yo lo estaré esperando en la entra principal para su informe, se quedaran conmigo cinco hombres.

Sus Abneguer’s gritaron y ordenaron la marcha. Y salieron a toda prisa a lados opuestos. Y la bomba de polvo era lo único que se divisiva de su cuadrilla, cuando sus bestias corrían por el valle.

Es entonces que de venida noto algo extraño para él. Una marca roja en el suelo se repartía en varias zonas. Desde una roca enorme a once metros más allá, y donde la vista podía llegar. Señaló el hallazgo a uno de los Ereiser y mando que verificara si había más de esos rastro rojos en el suelo.

El caballero corrió con su caballo y llego a un extremo donde el horizonte ondulaba por el calor y el caballero fue tan lejos que su silueta pequeña vibraba por los efectos de las altas temperaturas. Este, luego se devuelve he informa al rey que hay marcas por todo lo ancho y largo de la muralla.

Este se pregunta que era esa marca. Y luego mientras llegaron a la puerta esperaron la cuadrilla de veinte cinco hombres por un lado y veinte por el otro.

Le informaron que lo único sospechoso son esas marcas rojas… El rey no se daba por entendido que significaba. Así que mandó a llamar a Corevan y le cuenta lo que vio.

Corevan se consterna por lo que el rey le cuenta, y este sale a investigar. No tenía como saber qué tipo de tinta era. Pero algo era seguro, eso no estaba ahí… lo único que concebía Corevan, era que esas marcas las había hecho Ikal, y se preguntó ¿En como ayudará en su plan de conquista? Se sentó a la sombra de la muralla y luego media las marcas. He ideo muchas maneras en que le servían esas marcas. Y lo único lógico que podía concebir, era que servían como señales: Podría ser algún tipo de señal que advirtiera que no había guardias, o que ese lado de la muralla era débil, o que se podía escalar, o ser un escondite. Pero fuera lo que fuera, la marca no se iba, ni la ventisca se llevaba la arena pintada.

Corevan, descartaba cada posibilidad, gritaba y  los guardias se asomaban a ver. Entonces que no era un punto ciego de guardia. Intento escalarlo pero el bloque era tan poco protuberante que llegaba un punto donde no podía escalar más. Así que no era para escalarlo. Entró y observó tanto dentro como fuera, y no vio grietas, o bloques que se fueran a remover. Con ayuda de Ereiser golpeaban la pared pero esta ni se inmutaba. No era un punto débil como para romperlo, y ni mucho menos para ocultarse— Pensó Corevan. ¿Para que servían esas marcas?… Una remota posibilidad surgió en su reflexión. Podrían atacar la muralla, pero como era inútil por su gran grosor, entonces pasar bolas de fuego por sobre ellas ¿era posible?

No podía llevar una catapulta por ser muy peligroso. Pero probó una ballesta gigante para probar a que altura llegaba. Lanzó la flecha, y no era lo suficiente alta como para traspasar la muralla… aduras penas le faltaban como 8 metros para que llegara al borde de la cúspide… si algo más preciso y rápido no llegaba hasta la torre, entonces ¿cómo podría una catapulta hacer pasar esa bola de fuego sin ser notado? Tendria que ser una catapulta muy grande como para que pasara.

Pasaron tres días desde que Corevan investigo. Pero no hubo noticias de ellos… es entonces que el rey se resignó a una contra medida. Y Corevan con ese malestar que tenía sobre la marca, trato de convencer al rey de que no subestimara a Ikal, que él vendría tarde que temprano por una retribución.

Pero el rey en cambio se burló de Ikal por que este le había dado un enigma que no pudo resolver. De igual manera envió una carta a su vecino para informarle de que el Maltuino ya no era de peligroso y que lo había derrotado en un duelo de uno a uno. Y se enalteció en esa carta y esperó la respuesta de su amigo el rey Beith Semesh. Pero no recibió respuesta de parte de este.

*                                                     *                                                    *

Parecía ser ya algo así como un poco más de media noche. Unos hombres  se movían bajo la luz de la luna, con una carreta enorme en un silencio sorprendente, tanto así que los guardias entre dormidos no escuchaban nada.

El arma que había sido utilizado en el asedio de Char, “almijón” fue modificada para que lanzaran mil flechas.

Fue llevado al desierto de Mogntul a pedido de Ikal. Luego fue duplicado y armado. En una sincronía perfecta colocaron ciento cuarenta catapultas largas y pesadas en las marcas que antes Corevan dudaban para que era.

Trajeron montones y montones de cuerda. Y amarraban y salían cantidades de cuerda. Y cada hombre amarraba un extremo en una flecha gigante y la otra en bolas bañadas de líquido inflamable.

Con la señal de una bengala al cielo, guiado por una flecha. Todas las ballestas cargadas por dos hombres, dispararon a la cúspide de la torre y estas quedaron clavadas con la cuerda.

Luego cuando los soldados se alertaron, fueron atacados por una lluvia de flechas que eran lanzados por “Almijón”. Un soldado trata de tocar la campana pero no lo logra. Las flechas lanzadas que pasaban la muralla. Caen en las casas y alertaban a sus ocupantes. Guardias miraron lo que eran, y cuando se dieron cuenta de que estaban siendo atacados. Bolas de fuego eran lanzados y destruían casas y quemaban todo lo que destruían.

El rey Lereaj se levantó y vio como caen del cielo esas bolas. Luego tocaron la campana y toda la guardia se levantó. Pero algunos batallones fueron destruidos por las bolas.

En las cuerdas; estaban amarradas con un cordón unas bolsas incendiarias. Estas colgaban de la cuerda cuando la bola de fuego quedaba en el suelo y se templaba cuando la flecha quedaba sujeta al muro. Y el fyego de la bola en llamas consumía la cuerda. Y los cordones se rompían, y estas caían en los techos de las viviendas y estallaban.

Ikal envió hombre para sellar las puertas desde afuera. Y disparaban mil flechas con “Almijon”

Algunos ciudadanos incluyendo Corevan se refugian de la ola de fuego que incrementaba a medida que el fuego llegaba a los distritos.

El rey Lereaj se pone su armadura y tratan de salir para el combate, pero todas las puertas estaban siendo custodiadas por los hombres de Ikal.

Ya cuando no habían más bolas de fuego. Los 140 almijónes que se colocaron en la muralla, disparaban flechas con fuego en su punta. Algunos ciudadanos trataban de salir por los acueductos, y en esas estaba Corevan que estaba asustado por la gran maniobra agresiva de Ikal.

Algunos soldados llevaron troncos gigantes para romper las puertas situadas en diferentes lados de la ciudad. Y cuando la gran barra de madera que truncaba las portillas se rompe. Los soldados ríen porque logaron salir del fuego consumidor de la ciudad, que estaba un infierno. Pero hombres estaban afuera, pocos para enfrentar un escuadrón de los dorados. Así que los de alto rango que dirigía la compañía roja y dorada, estaban confiados. Y sacan sus espadas y les dicen a sus soldados:

— Esto será fácil, pagaran por lo que le hicieron a nuestra ciudad.

Pero luego se va mostrando una llama en la oscuridad. Parecían antorchas, y más antorchas se iban prendiendo. Una a una, docenas, luego cientos, al final miles. Y un océano de antorchas se prendía. Mostrando como rodeaban la ciudad…

—… No puede ser— Dijo un Ereiser, luego hombres mostraban su rostro con la luz de la antorcha y esbozaban una sonrisa siniestra como la de su líder Ikal Granatrot.

El Ereiser asustado aun sostiene su espada, y un grito de guerra se oye desde la horda furiosa que se lanza atacar a los soldados.

— ¡Por la alianza!— Era el coro de los Maltuinos que rodearon la muralla.

Los ciudadanos que se inmiscuían por las alcantarillas para luego resultar en el interior de las cuevas se encontraron con todo un ejército apuntando a la entrada. Corevan que iba en esa multitud, no se lo esperaba… la misma táctica que él utilizó contra ellos cuando trataron de infiltrarse por el oleoducto.

— ¡Disparen!— Grita un hombre a cargo de los arqueros.

Matan a todos, no importaba que hubiera niños o mujeres. La orden era no dejarlos salir.

Ikal entra con su espada y mata a todo al que se le atravesara.

Y exclama a toda voz:

— Traigan al descomunal.

El descomunal era trabuquete tan grande. Que solo en tres días Ikal solo pudo construir cuatro. Su contrapeso eran dos grandes placas de concreto, y podía lanza un proyectil que pesara una tonelada. Y solo se podía recargar una vez.

Cuando el descomunal fe puesto. Ikal apuntaba a los fuertes donde estaban los oldados rojos de Midas y los de Lingot. Dio la orden y cuatro enorme y escandalizadas rocas de fuego caen sobre los batallones matando a miles.

 

Luego ve como el rey Lereaj huye con su turma. Una unidad de caballería compuesta por 30 hombres. Ayudó a liberar  a la infantería del tropel de Ikal que estaba atacando los distritos mayores.

Ikal grita a su decurio que trajera su ballesta. Una versión mejorada de la ballesta pero que disparaba proyectiles por  aire comprimido.

Este apunta al rey, y lo pone en la mira. Pero ve personas corres de un lado a otro y no le dejaban tener un tiro limpio. Cuando Lereaj se aleja. Ikal corre por las casas en llamas y quita a las personas violentamente de su camino con la espada, aun sí era amigo o enemigo. Para luego subirse por una barricada de escombros y situarse por encima de Lereaj. Es entonces que le ve y le dispara.

La flecha atraviesa el yelmo a Lereaj y cae de su lobo que ya estaba bastante herido con las flechas. El casco de Lereaj le protege que la flecha se enterrara en su cabeza. Se quita rápidamente el casco y se levanta, para luego recibir otro disparo en su pierna izquierda.

— Bastardo hijo de p***— Grita Lereaj. Los soldados que con  él andaban se rindieron.

Al amanecer, toda la ciudad fue conquistada.

El sol salía, con espumosas nubosidades. Y el radiante brillo sale a buscar lo que la noche escondía. Casas y cuerpos quemados, muertos en las calles, humo negro y escombros por todos lados.

Ikal, estaba sentado en la muralla mirando el amanecer. Y uno de sus torners le grita:

— Jefe, ya reunimos a todos los sobrevivientes. Y mire a quien encontramos.

— ¿Quién es?— Pregunta Ikal.

— Es quien descubrió el plan de infiltración.

— ¿Y cómo lo sabes?

— Los pobladores lo entregaron a cambio de perdonarles la vida.

— Bueno, pues llévalo a la sala real con Lereaj. Y toda tropa que este viva.

Descarga:

Deja un comentario para mostrar que estuviste aquí:

Necesitas Iniciar Sesión para comentar.