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MNU Volumen 6 – Capítulo 21

MNU Volumen 6 – Capítulo 21
Capítulo 21.
La era de Victoria Black: Los Evans, los Terrel y los Crowbar II.
Cramer les hace señas de que no hicieran ruido y les hace una señal de que se acercara a él para ayudarlos a huir. Ellos se miran entre si y no les queda de otra que confiar.
No se dirigen palabra alguna y continúan su camino, dejando a tras al joven Cramer.
En la ciudad, sin que nadie se diera cuenta, esa misma noche las sombras cobraban vida. Solo se veían siluetas moverse por las tinieblas mientras evadían a los guardias y los centinelas de rondas. Miles de sombras estaban moviéndose en sincronía para evitar los soldados. Y nadie se percataba de eso.
Las hermanas estaban entre esas sombras que se movían. Se dirigían al asilo para sacar a los niños de ahí. Pero como el asilo estaba muy lejos, primero tenían que reunirse con el grupo para ayudar en lo que más pudieran con el plan de rescate.
Se reunió un equipo de ocho personas que venían de diferentes partes de la ciudad y se encontraron todos debajo de un puente. Evadiendo antorchas y vigías. Las hermanas les dijeron a todas esas personas que las siguieran para guiarlos al ducto. Entre el grupo estaba también los cinco sirvientes de la familia Evans.
El hombre que preparó el plan de escape hablaba con una persona que se escondía en las sombras.
— Muy bien, todos estarán aquí— Le dice el hombre manchado al hombre tras las sombras.
— ¿Y ella vendrá?
— Por supuesto que sí, es más, tenemos que ayudar a sacar a su hermanito del sanatorio.
— Muy bien, aquí solo ha llegado la mitad de la gente. Yo los llevaré mientras tú las esperaras aquí.
El hombre de las sombras se retira con un puñado de gente. Mientras el grupo de las hermana ingresaba a las fosas para llegar los ductos. Ellas siguen los trazos de luz que se infiltraban por las alcantarillas y seguían el camino por pequeñas antorchas colgadas en la pared. Cuando llegan, ven al hombre recibir más manchados que encontraron la ruta por otros ductos.
— Es la primera vez que nos vemos cara a cara— Dice la hermana mayor.
— En efecto, esperen aquí, los demás aún no han llegado— Dice el hombre.
— ¿Y el hombre que nos guiara por el ducto de escape?— Pregunta la hermana mayor mientras hace descansar el grupo.
— Se fue a llevar el primer grupo para que escaparan.
— ¿Es seguro confiar en él?
— Bueno, fue él el de la idea.
— ¿Han atrapado alguien de camino aquí?
— No, aun no. Y espero que no.
— Muy bien, el plan marcha bien.
Al momento de esa conversación. Llegan los demás, guiando a otra muchedumbre de treinta o más cada uno.
Es luego cuando todos se presentan con un número en vez de un nombre.
El grupo que había iniciado el plan de escape ya estaban completos. Uno de ellos inicia la conversación:
— Todos a quienes hemos pasado la voz se ha unido a nosotros para salir. Y quienes escucharon y no quisieron salir se quedaron.
— ¿Y el hombre que nos guiara dónde está? — Dice una de las hermanas.
— Se fue a llevar el primer grupo.
— ¿Y cómo sacaremos a los niños?— Dice otra persona.
— Él dice que primero los ancianos. El asilo tiene una entrada que puede ayudarnos a sacar a los niños también. Pero tendríamos que pasar por el vertedero de mierda.
— Ese vertedero es mortal. Es donde los fililicos se echan a morir. Yo tengo un plan mejor. Tendremos que sacrificar nuestra discreción para hacerlos llegar por el callejón oscuro, allí hay una entrada al ducto más cercano y limpio.
— Eso suena mejor, ¿Quién está de acuerdo?
Todos los del grupo levantan la mano y concuerdan en salir un poco más lejos del asilo para poder sacar los niños.
El hombre misterioso que iba a sacarlos a todos de ahí silva como señal de que venía. El otro hombre que tenía la misión de esperar al grupo le responde con el silbido.
— Este es el hombre que nos ayudara a salir de aquí.
Cramer sale de la oscuridad y todos se sorprenden de ver que el hijo del comendador estuviera ayudándoles. La hermana mayor les dice a todos:
— ¡Esto es una trampa!
Pero cuando dijo eso, la hermana menor corre por el túnel que sin importa mojarse su vestido abraza al hombre y lo besa. La hermana menor tenía un romance secreto con Cramer.
— ¡Gisel!— Dice su hermana, y todos los presentes escucharon su nombre.
La multitud temió que el hijo del comendador les entregara, y gritaban que era una trampa. Pero Cramer se había arriesgado a costa de su propia vida para ayudarlos. Él les dijo:
— No teman, yo estoy aquí para ayudarlos. Yo fui quien le dijo a este hombre que los reuniera a todos para que huyeran de la ciudad.
Los sirvientes de la casa Evans conocían el corazón y la bondad del joven amo. Así que lo defendieron:
— Yo creo en él, serví en la casa de su padre y estuve ahí cuando discutió con él. Este muchacho está dando su reputación y su vida con tal de salvar nuestra raza manchada. Yo doy fe de ello.
— Además— Dice una de las sirvientas— Nos ayudó a escapar de su propia casa.
Y los demás que lo seguían y que sirvieron en su casa defendieron al chico.
La única que no confiaba en él era su hermana mayor de nombre Belinda. Su hermana menor se acercó a ella y le trató de convencer:
— Hermana, si no confías en él no lo hagas, pero confía en mí.
Luego el hombre que estaba con Cramer les dice:
— Escuchen, yo también tenía mis dudas. Pero él nos entregó los turnos y los lugares por donde pasaría la guardia y los vigías. Nos ha ayudado mucho para que no nos descubrieran.
— Muy bien, parece que muchos aquí lo conocen de toda la vida— Dice Belinda enfadada y sarcástica, para luego culminar con un comentario poco halagador. — Podrán confiar en él ahora, pero es hijo de su padre. Él es un Evans.
Todos se pusieron de acuerdo en confiar en él y empezaron a salir grupo por grupo mientras se repasaba el plan de rescate. No quedaba mucho tiempo.
Los ocho que se reunían para buscar la ruta. Se van por los túneles oscuros guiados por un mapa que el mismo Cramer les dio.
Al llegar al lugar seguro, se dieron cuenta que una pandilla de soldados corrían hacia un callejón donde custodiaban una carretera. No comprendía el grupo de ocho lo que sucedía, pero mientras no se acercaran al asilo ni al sanatorio todo estaría bien, o eso pensaban.
Luego los cuatro hombre salieron de las alcantarillas y se acercaron a un callejón oscuro que llevaba a otra calle que les permitía ver como se encontraba de vigilada toda la comarca. Las lunas ya ocultas y Eos que estaba próxima a ser luna llena presenciaban lo que hacían estos manchados, que con cautela atravesaron uno por uno la calle que estaba siendo vigilada por dos patrulleros. Las chicas eran las últimas. La mayor paso primero la penumbra y luego con señas de uno de los hombres, la menor pasa como un gato sigiloso el callejón.
— Al otro lado está el segundo callejón. Miraremos primero y luego cuando no haya ereisers, les daré la señal— Dice uno de los hombres.
Y después de que confirmaran el plan, vuelve y pasa la pandilla de soldados por delante de ellos sin darse cuenta que había manchados ocultos en las sombras. Solo las antorchas advertía del peligro que inducia ese plan de rescate. Los hombres salieron primero y dejaron a las mujeres para que se mantuvieran alerta ante cualquier eventualidad. Pero los hombres demoraron mucho y no dieron ninguna señal.
Una de las mujeres se preocupó y comentó que deberían abortar la misión. Pero las hermanas que tenían mucho que perder se negaron a desechar el plan.
Entonces la mayor lideró el grupo y atestiguaron el horror. Habían capturado a los hombres y los ejecutaron inmediatamente cortándoles el cuello. Luego prendieron fuego al sanatorio y al asilo mientras todos sus ocupantes aún estaban en los edificios.
La hermana mayor de nombre Belinda grita de dolor al ver como el sanatorio se prende fuego. Y corre tras el grupo con una piedra para golpearlos. La ira la impulsó instintivamente a vengarse. Pero la hoja de una espada la esperó para clavarse en su abdomen. Gisel ve con espanto lo sucedido. Sus piernas temblaban y se orina del miedo.
Gisel se esconde esperando que las otras mujeres la protegieran, pero ellas corren dejándola a su suerte. Al notar que las mujeres no estaban, ella se sintió desamparada; luego de ver como su hermana muere y como los niños del sanatorio empiezan a chillar para huir del fuego, ella se petrifica y piensa que todo lo que está sucediendo es una pesadilla. Los niños prendidos en fuego caen del tercer piso del sanatorio y se estrellan en el suelo muriendo en el impacto. Los gritos de angustia torturan a Gisel que no sabía qué hacer.
El plan se había echado a perder y todo en un instante perturbador y nada esperanzador.
Las dos mujeres que la dejaron sola fueron capturadas y violadas. Para luego ser asesinadas y arrojadas al fuego. Los soldados no solo prendieron fuego al sanatorio si no que al asilo, y al callejón de los moribundos. Matando a todo enfermo de fililea. Gisel estaba en silencio y esperando a que no la encontraran, pero una mano surge de la sombra y le tapa la boca. Ella se asusta y se da cuenta que era Cramer que la había encontrado.
Gisel llora en su pecho y repite el nombre de su hermana y su hermanito. Luego Cramer la toma y huyen de ahí para llegar al alcantarillado. Estos encuentras refugio por un momento, y descansan dentro de un ducto de aguas de lluvia. Gisel estaba tan estupefacta que no parpadeaba, las lágrimas no paraban de salir. Cramer no sabía que decirle.
Las cuadrillas de Ereiser estaban por doquier buscando más manchados desertores. Quemaron toda la parte baja donde vivían los más pobres de la ciudad que en su mayoría eran manchados.
El ajetreo en las calles indicaba una purga. Y los muertos incinerados los acumulaban en una parte del incendio y los muertos por fililea enviaban sus partes por el caño.
Cramer al notar eso y ver como los cuerpos flotaban por los canales para llegar al rio. Le dice a Gisel:
— Tenemos que irnos de aquí. Los demás nos están esperando— Dice Cramer algo agitado. Gisel ya no tenía alma, era un cuerpo que se dejaba llevar por la mano del muchacho. Este la toma y la lleva por ese laberinto hasta llegar al hombre que custodiaba los grupos.
— ¿Que está pasando allá arriba y donde están los demás?— Grita el hombre.
Ni Cramer ni Gisel responden. Y el hombre toma su silencio como algo fatídico. Luego el hombre comenta:
— ¿Huelen eso?
Cramer se percata de un olor, pero no sabía que era. El hombre le dice:
— El último grupo ya salió, solo faltan ustedes.
Una cantidad de ruidos surgen del ducto por donde el grupo había salido. El hombre mira como antorchas alumbra el panorama de los tubos y se percata de sombras que agitaban espadas contra otras sombras. Y una lanza surge de otro ducto y mata al hombre que vigilaba. Gisel grita de nuevo, porque la sangre salpica su cara.
Cramer la toma de la mano y salen corriendo. Llegan a los ductos donde se riega todos los canales y un solo vertiente que sale al rio en una violenta corriente de agua.
Una voz se escucha:
— ¿Hermanito, donde estás? ¡Sal de una vez, papá está muy enfadado contigo!
Gisel en su traumada y enmarañada cabeza, empieza a deducir un montón de erróneas ideas, y en su retorcida comprensión concluye que Cramer le había tendido una trampa. Que fue él quien le dijo a su padre sobre su plan de escape, que fue él quien les dijo a los soldados que prendieran fuego al asilo y al sanatorio donde vivía su hermano menor, que fue él quien llevo a los soldados a los ductos para matarlos a todos.
Entonces ella observa la daga que tenía en la cintura Cramer y la saca de su funda para apuñalarlo en el abdomen bajo.
Y le dice:
— Tú me engañaste.
Cramer ve su propia sangre y antes de que Gisel pudiera apuñalarlo más, una bola de fuego con ímpetu, los expulsa por el ducto a la corriente de agua.

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