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MNU Volumen 7 – Cap 1

Capítulo 1
Las dos chicas.
El ejército de Alizes había llegado a las faldas del monte Hang. La puerta al mundo frio de los White. Una montaña con el pico más alto en todo el continente, se interponía entre ellos y la avanzada.
Para llegar a Froztland se tenía que recorrer un camino serpenteado en medio de un espeso bosque, que se dirigía a un valle oscuro y tormentoso con vientos huracanados.
Las heladas tierras del norte, llamada Agrtha por sus habitantes, nunca fue reconocida como una tierra hegemonizada ni soberana. Pero de igual manera si fue registrada como la tierra más antigua, vasta, y despoblada de los continentes. El sol se posaba en ella tan solo por tres semanas y las noches prolongadas le dieron el sobrenombre de “tierra noche”. Siempre helada y poderosa, las tormentas de nieve nunca cesaban en esa parte del mundo.
Los caminos a los cuales estaban acostumbrado los hombres eran firmes y calurosos. De vez en cuando lodosos y pantanosos, pero nunca; nunca hundidos y fríos.
Los bosques se creían encantados y con vida propia, los caballos que marchaban por las laderas y por los caminos dentro del bosque resoplaban y se agitaban por que escuchaban voces y quejidos. Y no solo ellos. Cada soldado y militar en silencio podían escuchar cómo se reían, y a veces como lloraban.
Los arces y los pinos que se cubrían de una espesa cortina blanca tenia tallada en su corteza rostros melancólicos y horrorizados.
Los Madroños y los Sauces, se movían forzosamente cuando el resoplo del invierno se mecía en los caminos. Era espeluznante a su manera, cada hombre montado alucinaba; el frio les calaba y veían sombras largas y encapuchadas de negro moverse entre los árboles. De gran estatura eran descritos a los que muchos decían eran espantos de la noche.
La falta de sol y su calor provocaba en los soldados un miedo inherente que los atormentaba en su travesía.
Alizes por su parte no se inmutaba por el frio, lo sentía, pero no alucinaba, ni se dejaba influenciar por el bajón de la temperatura. Aun cuando montaba un huargo negro que despedía calor. Alizes no usaba nada abrigado ni lo de lo más inusual para soportar el inclemente frio; su armadura era todo lo que tenía. Su escudo repelente se mantenía en todo su cuerpo dándole calor y, por otro lado: Sorth que con su gran pelaje y su cuerpo que emanaba ardor había logrado cambiar de aspecto.
Sorth había cambiado su color de ojos, por uno color carmesí, su mirada siempre evaporaba, y su aliento soltaba hilos de vapor. Su pecho y parte de su pelaje brillaban por el interior de Sorth como un caldero. Sus garras se fundieron en un color rojo y por donde pisaba el camino se despejaba. Podía controlar su calor para no quemar a su jinete, y dejaba su mandíbula abierta para que el calor sirviera de linterna.
Alizes sentía una tención de miedo y angustia en su ejército, mira de lado a lado y observa el tembletee en los rostros de cada hombre. Entonces con su agudeza gira su rostro a su lado derecho y ve luces, antorchas, por millares que sobresalían de la oscuridad del bosque y que se expandían hasta el final de todo lo cercano y visible. Luego de eso, notó un caballos y una mujer que cabalgaba con una linterna, que solo se advertía en ella y en su bestia estelas del cálido aliento de un ser viviente.
Alizes, conmocionada notó su estandarte y su uniforme. Eran aliados que llegaban desde otro camino mucho más al sur que traspasaba las fronteras de Ouro.
Un ejército que traía consigo calor, y esperanza entre los soldados del trueno y el relámpago.
Una mujer de coletas rojas como Rubí, y de una armadura conformada entre cota de mallas y cuero, llega cabalgando un espécimen raro incluso para los dorados. Un Pegaso blanco con manchas rojas, cabalgaba ante el ejército de Alizes para poder unírseles. Ella le grita y con la linterna que se agitaba en su mano se distinguió una sonrisa de esperanza.
Alizes detuvo el avance, y deja que ella llegara para presentarse. La chica parecía un poco menor que Rubí. Los rojos no necesitaban de mucho abrigo, ya que podían controlar su temperatura y su calor. Y un ejército completo y unido con soldados que controlaban el calor traía en sí un confort más apacible. Los soldados de Rubí que se revolvieron entre la multitud no desperdigaban esa sensación por estar disueltos y mesclados. Así que cuando se reunieron, lo primero que la chica hizo fue invitarlos al campamento que ella había puesto a unos cuantos metros del pico.
El campamento de Purpurea era el que los estaba esperando. Rubí antes de llegar a Orus, envió una carta a su amiga para que reuniera todo el ejército posible de su casa y el de sus amigas para que pudieran ayudar a Alizes. Eran 31600 hombres que yacían en el fuerte de la entrada de la caverna de los 3000 hombres.
La caverna de los 3000 hombres fue bautizada por Dorius el inclemente, décimo tercer Imperato en regir la orden antes de la guerra, cuando visitó por primera vez las tierras de Agrtha.
Cuenta la leyenda: que cuando se incursionó a conquistar las tierras de las tribus blancas, muchos hombres murieron por las bajas temperaturas. 500 hombres sucumbieron por enfermedades y muchos otros desertaron, sin haber llegado aún a los territorios de los Saambala. Cuando todo estaba perdido, solo 3000 hombres quedaron en el prado de los muertos, perdidos y moribundos; Si no fuera por el jefe de la tribu que los ayudó, entrando en la gruta que servía como entrada a las tierras congeladas. Ellos no habrían contado esta historia.
Pero a pesar de todo, 3000 hombres transitaron por la caverna y se refugiaron, mientras el jefe de la tribu los reabastecía de suministros. Así que, como agradecimiento, Dorius, prometió que nunca tomaría las tierras heladas, ni ninguna otra casta por el calor de su recibimiento y su atención a ellos aun cuando iban con la intención de conquistarlos, y si bien alguien osara en tomarlas, los berserkers defenderían sus tierras aun si no estuviera sometidas a sus mandatos. Y lo declaró Terranillius (tierra de nadie).
A un así, no paso mucho tiempo en que los Imperato siguientes no la reconocieran como una casta y por respeto al decreto del anterior regente, la dejaron a su suerte. No comerciaron, ni tuvieron relaciones diplomáticas, y fue así por mucho tiempo que las tribus reconocieron el valor de la unión y concordaron en que servirían a las castas a cambio de introducirlos en las rutas comerciales. No querían seguir excluidos del resto del mundo y aceptaron ser lo que ahora se conocen como los consejeros de los reyes y voceros de las diosas. Y la gruta de los 3000 hombre fue lo único que quedó en la historia como vestigios de las tribus originales de las tierras blancas.
Alizes no pensaba aun incursionarse, hasta que todos recobraran fuerzas. La tienda de la principal líder recién fue puesta. Y cuando retomaron la conversación sobre la gruta, Purpurea pregunta la presencia de su amiga Rubí Carmesí.
La pequeña niña que al estar casi su cuerpo al descubierto, Alizes la mira y le sonríe, no lo había hecho antes con tanta sinceridad porque comprendió lo agradable que era la chica y le dijo:
— Mira, trajimos a Rubí, porque ella es la que lidera los ejércitos actuales de los Redgroouk. Pero por alguna razón ella se desmayó y no ha despertado. Pero tengo un presentimiento de que ella despertara muy pronto, ve con ella, y envía a mi tienda a los oficiales de alto rango para poder iniciar la estrategia.
— ¡Muy bien! — Responde la chica.
Alizes la ve y sube su mirada al cielo, y no daba crédito a lo hermoso que no pudo detallar antes al subir la montaña. La luna estaba más grande de lo usual y se maravilló como el rojo que antes era impactante, se volvió rosa.
Ar Dumis al verla como estaba hipnotizada por el satélite, el también ve la luna y dice:
— ¿Es siniestra no es así?
Alizes sorprendida por lo que dijo, quedo en silencio para que Dumis terminara de explicar por qué era siniestra.
— Dentro de 6 ciclos será luna llena. Y ya sabes lo que pasara.
— ¿Qué?, no sé qué significa, explícame…
Dumis se le queda viendo algo confundido y entra en la tienda de ella para tomar un poco de vino y mientras servía le dijo:

— ¿No sabes lo que significa el color de la diosa eos, en luna llena?
— No, ¿puedes explicármelo?
— Bien, en seis días cuando esté en su ciclo más grande he intenso. La luna reflejara un color rojo como nunca lo veras en un redgroouk. Se cuenta que ese día los Dark se volvían locos. Y en cada lugar siempre que la luna estuviera en luna llena, todos atrancaban sus puertas. Sé que es una superstición muy rara, pero, aun así, en esos días las personas cierran sus puertas porque creían que los espíritus de los Dark rondaban por las calles de cada ciudad. Es una tontería, porque menos mal ya no hay Dark assas en estos tiempos.
Alizes, se queda callada y reflexiona sobre ello, luego deja que Ar que reía por el comentario bebiera, y luego él la ve algo desconcertada. Mira una copa y le sirve, le extiende su brazo para darle la copa. Prontamente se sienta y comenta:
— Después de que la triarquia se disolvió, mi hermano me habló sobre el matrimonio antes de que su autoridad fuera excomulgada. Yo estaba entusiasmado con la idea, pero al ver la luna de ese color, siempre trajo en mi un mal augurio. Una luna roja siempre trae desdichas en las parejas ¿sabías? o eso dicen, son solo agüeros. Antes no creía en ellos, pero después de que ella me aceptó, cualquier cosa que no traiga nada bueno me preocupa… esta guerra me preocupa. Pienso mucho en morir o en que ella muera, y al final solo esta esa maldita luna roja que me afecta.
— Tú lo dijiste, son solo supersticiones.
— Al parecer no lo entiendes mi diosa… cada luna influencia una raza, calipso, cupido, selene, y eos trae consigo un tipo de comportamiento. Cupido trae la vitalidad, cupido el amor, selene la tristeza y eos la ira. Para cada casta las diosas traen cosas buenas y cosas mala, pero eos, es la luna que más dominio trae. Es la que más demora en salir y en permanecer en los cielos, es la que más alejada esta entre sus hermanas, y lo que nos hace sentir no es nada bueno; miedo, tristeza, ira, demencia… violencia.
— Bueno, esperemos que pase rápido. 6 ciclos se pasarán volando…
— Si, ¿si no es mucho atrevimiento de mi parte puedo preguntar sobre ese Dark? Muchos susurran sobre él, y corren rumores siniestros sobre ese hombre. Y escuché que él… él… es tu, como decirlo…
— ¿Mi pareja?
— Sí, no podría haberlo dicho mejor.
— Sí, pero primero quiero saber ¿qué es lo que dicen de él?
— Bueno, es mucho lo que se dice: que es la muerte, la reencarnación de Drop el oscuro, se le apoda la muerte, el rey sonriente, el hijo de eos, agonia nocturna, luna de sangre, el que no perdona, venganza he ira y bla, bla, bla.
— Todo lo que escuches en algún momento será cierto— Dijo Alizes con una intrascendente sonrisa, —traerá venganza he ira, es la muerte para aquellos que son injustos, pero, aunque te diga todo esto… él tan solo es un chico normal. El miedo que trae sobre él, tan solo son rumores, habladurías, agüeros, tal como esa luna roja.
— Aun no me ha respondido, ¿esa persona tan siniestra es su pareja?
— Si, lo es.
Ar Dumis se desinfla ante tal declaración y continúa bebiendo.

• * *
A partir de aquí, al otro lado de la montaña donde se situaba el castillo de la matriarca Jsviel. Un valle cubierto de nieve y con vientos blancos que cubrían el horizonte, y en esta planicie sobresalía el castillo blanco o Froztland. Solo era una fortaleza de hielo como nunca se había visto, enorme entres todas las fortalezas blancas; y en su cúspide una pompa azul que destellaba a los cielos un hilo azul, que disparaba en estas el reflejo de las lagunas que había en el centro de las torres. Y detrás de ella, el mar, y una cantidad de barcos de guerra que estaban a punto de soltar amarras hacia el sur, las velas blancas y el símbolo de los Saambala, junto con otras tribus, izaba con los vientos y la neblina el estandarte de los Edric, los Medrac, los Ninrod, y los Boldric.
Jsviel y la vieja Gorza mentirosa y adyacente a ella el sequito de su consejo lo conformaba; Nlson Marruquias, y Jvsegort. Caminaban el corredor que llevaba a la sala del trono y esta se sienta en su lugar para decirles:
— ¿Está todo listo para la partida?
Jvselgort era quien dirigía el éxodo, y partió diciendo algo que le comento sus espías en las montañas.
— Matriarca— dice Jvselgort, — Nos informan que el ejército de la diosa Alizes está del otro lado de la montaña, en el prado de los muertos.
— ¿Ya cruzaron la gruta de los 3000? — Dice Jsviel.
— No, aun no, pero no tardará mucho en hacerlo.
— Bien, déjalo que lo haga.
La vieja Gorza mentirosa no sabía que estaba planeando su hija, así que hace una mueca con su boca arrugada y frunce el ceño, mientras movía sus manos entre si ansiosamente, coloca su mano en el hombro y le pregunta:
— ¿Exactamente que estas planeando? ¿Por qué no estas organizando la defensa en esta ciudad? Los preparativos están listos, pero con una orden tuya, un ejército estará preparados para poder repeler el ataque.
— No madre, ellos están esperando que hagamos esto. Pero no lo haré, después de todo, tengo algo mucho mejor que un ejército para poder enfrentarme a ellos.
— No estarás pensando en… Otomandi y Sifiro— La vieja Gorza mentirosa, exclama con tanta preocupación que Nlson Marruquias pregunta quienes eran, pero fue ignorado por ambas.
— Váyanse de aquí, zarpen ahora y déjenme sola, yo me encargaré de ellos.
— No te dejaré— Gritó Gorza, tomándola de la mano. — Eres mi única hija, sería una terrible madre si no puedo protegerte.
— ¡Basta! — Grita Jsviel. — No necesito que me protejas, mi poder es perfecto, fui la primera que lo despertó y que lo refinó. Yo soy la maestra de todos, su matriarca, las más poderosa… ¿qué ejemplo daría a mis devotos si no derroto a un ejército donde el trueno no reina y el calor no tiene cabida en estas tierras?
Jvselgort y Nlson Maarruquias callaron, la vieja Gorza no pudo argumentar nada y la mira un poco triste, porque la verdad era que le temía un poco a su propia hija. Ellos obedecen y cuando estaba a punto de salir, la matriarca llama a Jvselgort.
— Antes de que se vayan ven aquí Jvselgort, me dice mi madre que tú eres un experto en objetos raros y curiosos. Quiero que le eches un ojo a esta espada y quiero que me digas sinceramente si puede cortar una roca.
Jvselgort se acerca para inspeccionar más de cerca la espada, pero no la ve por ningún lado. Y sus ojos buscaban el objeto, pero no lo hallaba.

Jsviel estira su mano y abre su puño. Jvselgort no se enteraba de que podría hacer la misteriosa niña. Entonces el estanque detrás del trono tenuemente empieza a producir ondas, y de un momento a otro produce burbujas. Jvselgort retrocede un poco del miedo que le producía la matriarca y una fuente de agua se levanta atrás de ella y trae consigo una caja blanca. Y la fuente se pone en frente de Jvselgort y los demás. La tapa de esta se abre y le muestra una espada de plata y negro.

Jvselgort se acerca y admira la espada tan extraña y particularmente antigua que poseía la matriarca que endurece su rostro para detallarla. Saca un lente de su bolsillo y un libro que guardaba en su mochila café. La mira más de cerca y estudia el grabado, baja por la hoja y empieza a exclamar asombro.

— ¿De donde ha sacado esta espada? — Pregunta Jvselgort algo maravillado.
— Es un regalo.
— Es una autentica espada meloliana, forjada en los crisoles de las montañas de fuego en Narsid, y la firma de la espada son estas escrituras basada en el lenguaje de los colosales. Es seretra… el único al que conozco con esa habilidad para forjar un tipo de espada tan refinada seria Doromas Tornus. Su estilo de fundir el cactolium en las forjas es única, y darle esta estética tan impecable… sin duda seria él. Solo hizo 3 espadas y todas son famosas.
— Pero es una lástima que ya esté muerto— Dice Nlson Marruquias.
— ¿Y en qué tipo de roca piensa que no pueda romper esta espada? — Pregunta Jvselgort.
— La roca que no cede…
— ¿El cactolium?, es la única que no puede romperse a sí misma. De resto no hay material que no pueda ser cortado con ese metal…
— ¿Y si hubiera algo que pueda cortar el cactolium?, ¿no sería aún más poderos que el metal más aclamado?
— No creo que haya material que sea capaz de romper el cactolium.
— Ya lo veremos.
Jsviel saca la espada de su caja, y su mano no podía sostenerla por el peso del metal.
Tres de las espadas más poderosas fue forjadas por Doromas: Aldebaran, Cephei, y Canis la mayor. La espada que no podía sostener Jsviel era Aldevaran, las más pequeña entre las tres y la más elaborada. Al no poder sostenerla, Jsviel la regresa a su caja. Era algo divertido de ver para los anfitriones, incluyendo su madre que no sabía que pretendía al mostrar la espada y tratar de levantarla, así que al ver sus resistas burlonas. Jasviel se exasperó y arrugo su cara en furia.
Extendió de nuevo su brazo derecho y abrió su puño. De una de las columnas de hielo, un bloque se aparece en frente de todos y se talla a sí misma una copia exacta de Aldebaran de un color tan blanco como la nieve. Todos se sorprendieron, se callaron instintivamente y con mayor respeto a lo que había hecho la muchacha.
Luego de eso, la espada flota enfrente de la matriarca y ella toma el mango de esta. Ella sonríe porque era más liviana para blandir y de un movimiento rápido y fugaz, casi imperceptible para el ojo. Jsviel había cortada la caja diagonalmente. Esta cae al suelo y la espada más dura y afilada del mundo había sido cortada como mantequilla.
Jvselgort y Nlson Marruquias quedaron con la boca abierta y con ojos que parecían salir de sus cuencas. El asombro fue tal, que produjo en ellos una tembladera que no podía ser detenida sino solamente con un pellizco para ser despertados del sueño o ilusión al cual estuvieran sometidos. Pero no era así, la espada de hielo que formo Jsviel, era real y corto como si nada el metal más duro conocido.
Jvselgort no fue capaz de recoger la espada, más sin embargo miro a la muchacha y atisbo la réplica que sostenía. Y si fue capaz de tocarla y sentirla.
Era una réplica tan exacta que pareciera que fuera más real la copia que la original. La espada estaba fría, y su piel se pegaba a ella; el hielo emanaba vapor muy indetectable mente, y el filo de ella era aún mejor y pulcro.
— ¿Cómo es esto posible? — resopla Nlson Marruquias. Esta mira a la vieja mentirosa y le pregunta de nuevo: — ¿Cómo fue eso posible? ¿sabías que tu hija podía hacer eso?
Ella le niega con la cabeza y mira de nueva a Jsviel, La vieja Gorza mentirosa se le acerca y con denuedo le interroga: — Hija mía, ¿cómo es que hiciste eso?
— ¿Aún dudas de mi madre? — Le responde con una mirada fría y penetrante, en su estado más sereno, la chica sonríe y baja las escaleras con su espada blanca. — ¿aun sigues creyendo que no podre contra un ejército de debiluchos? ¿aún siguen dudando de mi fuerza y mi destreza?
— Que hayas partido una milenaria espada no prueba que seas capaz.
— Oh, sí que lo es madre, soy la única mujer que puede derrotar una espada echa de la roca que no cede, y soy la única que puede blandir esta espada… quien, si no yo, mantiene el filo eterno de un trozo de hielo que nunca se derretirá, una espada que nunca se romperá.
— Jsviel, hija mía has perdido la razón. Razona, aunque poseas la espada eterna, una muchacha como tú no podría contra un ejército, aun cuando tenga a su mando a Otomandi y Sifiro.
Jsviel la mira triste y desorientada, entonces retoma su mirada de orgullo y la despide.
— Es hora de que se vallan, yo los detendré aquí. Ellos Perderán sus fuerzas en estas tierras, mientras ustedes ganan terreno en las ciudades que ellos desprotegieron.
Nlson Marruquias se inclina y antes de irse le dice:
— Me ha despertado en mí una gran admiración en su persona, matriarca Jsviel. Y si me permite, cuando todo esto acabe, espero me considere un candidato para ser su esposo.
Todos se sorprenden, incluyendo Jvselgort que no se lo esperaba. Ni siquiera Jsviel que siempre fue tímida en esas cuestiones, ella se sonroja y retira su mira en él y le da la espalda en señal de vergüenza. Así que un poco turbia en sus pensamientos le responde:
— Cumple tu deber adecuadamente y cuando todo esto termine hablaremos del tema.
La viejas Gorza se retira junto con los dos Maltuinos y Jsviel se sienta en su trono mientras mira la puerta principal de su castillo.

• * *
En ese preciso instante, Rubí Carmesí se levanta abruptamente de su sueño y Purpurea que estaba cerca de ella se asusta por tal golpe en la dominata.
La chica se toca la cabeza y exclama en dolor:
— Mi cabeza, siento que va estallar.
— ¡Dominata! — Grita Purpurea mientras se le abalanza a la pequeña chica.
— ¿Desde cuanto tiempo he estado dormida? — Pregunta Rubí.
— 3 ciclos de luna. ¿Qué sucedió? Es raro que te desmayes ¿acaso estas enfermas? — Responde Purpurea.
— No, lo último que recuerdo es que estaba con la diosa Alizes, y después todo se oscureció. ¿Dónde está ella?
— En su tienda de campaña hablando con los Neguers y abneguers de toda la infantería y caballería aérea.
— ¿Trajiste los pegasos a estas tierras heladas?
— Tú me dijiste que trajera todo el ejército posible, y entre ellos esta los pegasos de nuestra casa.
— No importa, llévame con la diosa.
— Muy bien.
Purpurea, le ayuda a caminar, porque aun Rubí sentía su cuerpo entumecido y con un dolor de cabeza, luego le dice a Purpurea.
— Rápido tengo que contarle a Alizes lo que vi en mi sueño.
— ¿Y que viste?
— A dos chicas.

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