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TG - Capítulo 437
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Algo bueno.

Capítulo 437: Algo bueno.

Un crujir de una fruta fue escuchado cuando un hombre flaco, pálido y algo desnutrido mordió una fruta roja.

El líquido empezó a chisporrotear como si estuviera hirviendo, pero la expresión de ese individuo cambio lentamente y…

“Oh, está bueno. Eres excelente para encontrar comida.” Murmuró Melgar a su compañero.

Tal vez porque ambos entraron más o menos juntos al portal, su distancia no fue tan lejana del otro y ambos lograron encontrarse temprano.

Los drones no funcionaron y el cristal de comunicación tampoco, así que ahora estaban dirigiéndose al gran árbol, al menos para ver si era posible reencontrarse con los demás.

Aun así, la misión no le quitaba intentar probar cosas nuevas y este fruto que había encontrado Zrag era un ejemplo.

“Aunque tenía confianza que fuera comestible, sigue siendo peligroso que lo intentes.” Dijo Zrag con su gran espada cargada en su espalda.

Ese goblin era alto grande y musculoso, su piel verde y oreja largas solo acentuaban su apariencia que para algunos sería considerada aterradora… Y para otros simplemente, fea.

“No te preocupes estoy bien.” Dijo Melgar… Solo que su voz vino desde un árbol cercano.

Quien estaba comiendo la fruta empezó a revelar su forma y dejo ver una figura negra con pequeños rastros humanos en su rostro.

Esa era su sombra y solo estaba utilizando un artefacto para ocultarse mientras que su verdadero cuerpo había ido a explorar.

Zrag no se inmutó y le dio una mirada a su verdadero cuerpo para ver qué era lo que tenía para informar.

“No he encontrado a nadie y solo animales o bestias extrañas.” Informó Melgar y pensar en lo que vio, añadió. “Lo más extraño fue un enorme cráter… No era como si algo hubiera caído, pero no entiendo la situación.”

Normalmente hubiera utilizado su sombra para explorar, pero no era tan importante cuando podía intercambiar posición cuando lo deseaba.

Aun así, este lugar era extraño de múltiples maneras.

Los animales, las plantas e incluso las bestias mágicas también lo eran y ni hablar de ese gran árbol que estaba a lo lejos.

Era un mundo misterioso y mágico, incluso uno muy diferente de donde él había llegado.

“¿Crees que estaba bien que nos dirijamos al árbol?” Preguntó Zrag con una expresión solemne y en voz baja, murmuró. “Cuando esa raíz apareció… Fue extraño.”

¿Extraño? Literalmente una gigantesca raíz apareció en el cielo y fue vista por ellos con total claridad.

Estaba más allá de ser extraño, pero Melgar entendió a lo que estaba apuntando.

Ahora se estaba dirigiendo al árbol, que podría ser el lugar de donde venía la raíz y sin importar su fuerza, era posible que fueran aplastados por ese supuesto árbol.

“Dejando de lado la profecía, no tenemos una posición precisa para dirigirnos y que no apareciera la Cardenal Najjar, significa que algo está ocurriendo.” Respondió Melgar y mirando a su compañero, comentó. “Tal vez es el espacio algo inestable o quizás algo más, pero ahora no tenemos demasiadas opciones.”

Hace varias horas habían llegado y visto esa enorme raíz.

Desconocían la razón por la cual apareció, pero el problema para Melgar era que la Cardenal Najjar no había aparecido para buscarlos.

Ellos tenían activado la señal en sus relojes holográficos e incluso sacaban drones de vez en cuando para que lo acompañaran, pero nada estaba sucediendo.

La Cardenal Najjar sería su principal fuente de movimiento en este mundo y era normal pensar en ella cuando esa mujer realizó grandes hazañas en el séptimo portal abismal.

No obstante, no había aparecido como se esperaba y si bien Melgar no estaba tan preocupado por su estado, si le preocupaba la incapacidad de reunirse.

“Es posible esperar que su ‘Dios’ haga algo.” Murmuró Zrag con calma.

Era la calma de un veterano que no temía quedarse encerrado en un lugar desconocido e inhóspito y para Melgar, estuvo claro que era experimentado.

La posibilidad de que ese goblin sobreviviera a este lugar sin suministros era alta y un ejemplo, era la forma que consiguió comida tan rápido.

Ahora su murmullo era más que nada una suposición que palabras dichas con confianza.

“Aurora lo dijo, no dependas de ningún ‘dios’. Es mejor depender de quien controle sus poderes.” Dijo Melgar pensando en la Cardenal Najjar y en la Sumo Sacerdotisa Xaali y tras un momento, señaló. “Aunque confió más en Aurora y Alice.”

Conocía a la Cardenal por informes e imágenes generales, pero conocía mayormente a la sacerdotisa debido a su tiempo en Zerzura.

No obstante, si tuviera que dar un voto de confianza elegiría a la líder de la expedición y su hermana.

Ambas tenían una alta destreza cuando eran jovencitas y siempre lograron su objetivo y era inevitable que en la actualidad ellas se hubieran fortalecido.

“He escuchado algunas hazañas de ambas.” Respondió Zrag asintiendo con calma.

Ese goblin era de otro mundo y si bien seguramente sabía que fue Aurora quien empujo para tratar de salvar a su raza, no significaba que la conociera como otros.

Si algo tenía Aurora era que no se relacionaba con las personas que ayudaba y si bien buscaba darle un lugar y verificaba que estuvieran bien, no se relacionaría con ellos tanto.

Tal vez hubiera cambiado de como la recordaba, pero últimamente ambos trabajaban en dos sectores muy diferentes

“Es mejor que nos movamos.” Dijo Melgar sacando varios drones de su anillo espacial y observando al gran árbol, añadió. “Deberíamos seguir en alerta, nunca se sabe lo que puede suceder.”

Si el análisis de la profecía era acertado y ese gran árbol era un ‘Dios’, Melgar esperaba que fuera uno agradable.

O si no… Era posible que la Cardenal Najjar o la Sumo Sacerdotisa Xaali tuviera que llamar a su propia deidad y si algo pensaban los terrícolas sobre el Dios del Tiempo y el Espacio, era que resultaba poco confiable.

Aun así, era mejor que cualquier Dios Infernal que él alguna vez rezó en su mundo natal o la existencia que incluso esas deidades respetaban.

Sin pensar demasiado en esa Primordial, Melgar le hizo una señal para que continuaran.

Su objetivo era acercarse al árbol y esperar para reagruparse con su grupo.

******

Dos gorilas de tres metros cada uno saltaron por las ramas de los árboles y se balancearon por las lianas con rapidez y velocidad.

Ambos se movieron de forma natural a pesar de que el bosque era desconocido y algunos árboles eran extraños.

Era imposible que no fuera extraño un árbol, cuya flor crecía en el interior del árbol a la vista de todos o con lianas que parecían grandes sogas y que en realidad eran raíces capaces de moverse.

César al sentir varias presencias, le hizo una señal a su compañero que se detuvo en otra rama.

Él estaba utilizando su cinturón para disminuir su tamaño y pudo afirmarse de una rama y el gran tronco del árbol mientras miraba al suelo.

Ambos estaban equipados con collarines, brazaletes o tobilleras que eran artefactos de distintas clases y el reloj holográfico diseñado para bestias mágicas estaba en su otra muñeca.

Uno de esos artefactos estaba diseñado para la ocultación y el sigilo lo que, combinado con sus movimientos ágiles y naturales, lo ocultaron bastante bien.

Permitiendo que en este momento observara, lo que ante sus ojos era una bestia felina… No, un pez con cuatro patas.

Era difícil precisar que era la bestia.

Cuatro patas gruesas y musculosas que estaban diseñadas para los saltos rápidos de agilidad y garras negras que brillaban.

Con un metro de alto y dos metros de longitud, la bestia que parecía tener la cabeza de un pez con largos bigotes, estaba luchando con lo que antes sus ojos era un pollo.

Al menos en forma general, era eso, solo que esta criatura tenía un pico que daba la impresión de ser metálico y sus plumas parecían evitar las garras de su oponente.

Las patas y las alas eran lo más interesante, ya que esas patas tenían garras poderosas y cuando la bestia lo utilizaba cortaba a su oponente.

Por su parte las alas no eran emplumadas, sino que tenía parte escamosa y era capaz de atacar con ellas.

—Parece rango A. Instintivos y salvajes, apuesto que no tienen una alta inteligencia. —Mencionó Rupert que estaba en otro árbol y con cierta duda, añadió. —Un depredador contra su presa.

Un análisis solemne y bastante preciso, dado por comunicación telepática.

Ambas bestias estaban luchando bastante bien y cada una trataba de atacar aprovechando su ventaja, pero entre más pasaba tiempo, ambos más se arriesgaban a detener a su enemigo.

El depredador estaba tratando de presionar a su rival y lo atacaba con una ferocidad impresionante, mientras que el pollo alienígena se estaba protegiendo sabiendo que era incapaz de escapar.

César prestó atención a los movimientos y lo hizo, porque entender la naturaleza a sus alrededores era lo más útil para sobrevivir en un lugar desconocido.

También comprender las bestias y enemigos que estaban presentes, le ayudaría en las próximas batallas si es que no la podían evitar.

Viendo atentamente, César pudo sentir una presencia que aparecía de repente y entonces vio como lo que parecía una serpiente escamosa saltaba de repente de un árbol y atrapaba al pollo.

Había apuntado al pez-felino, pero los bigotes de esa bestia se agitaron y logró esquivar el ataque, dejando que fuera en contra del pollo.

“Hggg…”

La boca de esa bestia serpentina, atrapó el cuello del pollo, clavando sus colmillos y mientras que piernas aparecían bajo esa serpiente, desgarrando a la criatura.

Tenía la forma de una serpiente, pero no se deslizaba, sino que caminaba con sus seis patas que tenía garras.

Con sus tres metros de longitud y su metro y medio de altura, esa bestia utilizó su peso para aplastar el pollo y alejarse del pez-felino, que estaba revelando sus fauces.

Entonces mientras el pollo estaba muriendo, un sentimiento extraño se extendió y ambas bestias dieron una mirada al cielo, antes de empezar a huir.

—¿Alguien vino por nosotros? —Preguntó Rupert con curiosidad mirando sus alrededores tratando de sentir, lo que sucedía.

El movimiento espacial dio la sensación de ser alguien que utilizaba magia espacial, pero César al ver que el pollo medio muerto trataba de huir, frunció el ceño al sentir que su peso se reducía.

Su reloj holográfico no le decía nada sobre la presencia de nadie amigo, lo que significaba que ese movimiento espacial no era de un aliado.

Mientras observaba el bosque en los alrededores, tratando de captar en caso de ataque enemigo, César volvió a sentir como si su peso se reducía y entonces notó que una hoja dorada se elevaba junto a lo que a sus ojos era un pequeño insecto alienígena.

Lo primero que distinguió no fue la forma, sino que el miedo que esa criatura sentía y viendo que se elevaba al cielo, se giró para mirar al cielo.

Las hojas que conformaban las copas de los árboles, empezaron a agitarse hasta que fue arrancada mientras que su peso disminuía cada vez más.

“¡Corre! ¡Ahora!” Gritó César sin importar si alguien lo notaba.

Por medio de las hojas, pudo ver un agujero apareciendo de la nada en el cielo y solo con ver ese agujero, sintió que su pelaje se ponía de punta.

Rupert obedeció sin preguntar de qué se trataba y empezó a correr con mayor fuerza mientras se alejaban.

No obstante, César empezó a sentir el cambio a su alrededor y en su cuerpo.

Antes había sentido que su peso disminuía, pero era más que eso y algo empezaba a atraerlo al cielo, cada vez con mayor fuerza.

Saltando entre las ramas y utilizando las lianas para moverse, ambos empezaron a aumentar la velocidad, pero la fuerza de atracción no disminuía, sino que aumentaba.

“Mierda…”

“¡Sigue corriendo!” Ordenó César al ver que la rama de su compañero se rompía y Rupert caía al suelo maldiciendo mientras volvía a levantarse y correr.

Saltando a mitad de camino, César no pudo alcanzar el árbol cuando empezó a flotar y Rupert que se dio cuenta de lo que sucedió, se giró al detenerse.

Por sus ojos abiertos, estuvo claro que lo que fuera que estaba a su espalda, lo sorprendió, pero ese gorila arrancó una liana y la lanzó hacia él.

Apenas la tomó, Rupert lo tiró con toda su fuerza y mientras era empujado hacia adelante, César desactivo su cinturón para que su peso aumentara.

“Dos parpadeos.” Murmuró César tomando el hombro de su compañero y parpadeando con su artefacto.

Ambos se movieron más de cincuenta metros, bastante menos de lo que esperaba y Rupert hizo lo mismo y esta vez ambos saltaron hasta alcanzar los cien metros.

En este punto los árboles estaban siendo arrancados junto a la tierra y el peligro ya era palpable.

Volviendo a correr mientras fortalecían su cuerpo, buscando aumentar su peso, tras dar algunos pasos, César vio como una sombra estaba adelante y al darse cuenta de quien se trataba, saltó hacia el lugar.

Rupert lo acompañó y ambos entraron a un lugar completamente oscuro y tras unos segundos, vieron la luz cuando fueron empujados por una masa oscura al exterior.

A más de trescientos metros de distancia, salieron al lado de una jovencita que estaba mirando el lugar a donde habían estado con una bolsa de papitas.

“¿Qué demonios es eso?” Preguntó Rupert con una voz sorprendida.

En el lugar en donde había estado, los monstruos, insectos y los árboles estaban elevándose hacia una grieta, que estaba tragando todo lo que se acercaba.

La escena tan impactante, no terminó en ese punto.

La tierra estaba siendo arrancada e incluso las grandes rocas estaban subiéndose en el cielo hasta la grieta que lo tragaba todo.

No era una grieta grande, pero era increíble su poder para absorber y si uno miraba el centro de la grieta, buscando a donde iba, solo podía encontrar oscuridad y un vacío inexplicable.

La sombra que estuvo presente en su anterior posición se convirtió en una criatura negra que empezó a luchar para no ser absorbida, pero incluso cuando sacaba brazos negros para anclarse, fue levantada en el aire.

Luchando más y más, en un momento, todo cambio.

“…”

La grieta creció en un segundo, aumentando la fuerza absorbente, arrancando grandes porciones de tierra y dejando un enorme cráter en el área, antes de que tragara todo y desapareciera.

La criatura también fue tragada sin poder escapar y la fuerza llegó hasta donde estaban ellos, moviendo ligeramente sus cuerpos.

En ese mismo momento, en el cielo la gran raíz ilusoria volvió a aparecer como si estuviera tratando de evitar lo que había sucedido.

Y tras de que desapareciera, solo quedo el enorme cráter que fue arrancado de la tierra.

Alice en ese silencio, simplemente terminó su bolsa de papitas y sacó otra de su anillo espacial.

“Creo que es algo bueno que nos hayamos movido pronto…” Murmuró Alice en voz baja.

César no la pudo entender, pero sí pudo captar el peligro.

La forma que todo eso apareció, lo hizo darse cuenta de que este mundo era peligroso y quizás se volvería aún más peligroso con el paso del tiempo.


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TG - Capítulo 438
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Un gran paso.

Capítulo 438: Un gran paso.

La noche empezó a extenderse por una llanura y en medio de ese lugar, una figura empezaba a correr por el lugar en dirección de una zona montañosa.

Su velocidad era rápida y pudo recorrer más de un kilómetro, hasta que alcanzó el pie de la montaña.

Esa montaña en partes parecía arrancada de repente y dejada en este lugar, lo que hizo que todo pareciera extraño, pero lo interesante era que la parte superior al menos tenía la forma de una montaña.

No era alta o grande, pero era lo suficiente para descansar en un lugar cómodo y Aurora que estaba mirando ese lugar, saltó hacia arriba.

Cuando llegó a mitad de la montaña, unos drones dejaron de cubrir la entrada de una cueva con sus proyecciones de alta calidad y ella pudo entrar al interior.

Varios drones mecánicos estaban trabajando fortificado la cueva y aumentando su tamaño mientras que permitía que dos máquinas con la forma de cuadrados fuera dejado en la esquina.

Todo ese lugar fue creado por Minerva que estaba conectada con ella y Aurora no pudo evitar pensar, cuantos drones habían traído.

Sabía que en el suministro oficial había bastantes drones, pero también entendía que su nuevo reloj holográfico era un nuevo almacenamiento de drones y equipo tecnológico que ella desconocía.

“He instalado varios drones al este de nuestra posición. ¿Han captado algo?” Preguntó Aurora al entrar, ignorando que desde su sombra saltaba una pequeña tigresa que fue a sentarse a uno de los sofás.

El gran árbol estaba al norte de su posición y ella tras encontrar un lugar en el cual descansar al menos por la noche y ocultarse, decidió seguir la guía de Minerva.

Esa entidad le había aconsejado dejar drones de señal por el área, para crear una red en todo el territorio por el cual pasaba y de esa forma, si algún miembro de la expedición se acercaba, pudiera comunicarse con ella.

“Todavía no. Según nuestra comunicación con la tierra, es posible que algunos miembros de la expedición estén cerca.” Informó Minerva desde un dron y acercándose, añadió. “Me he tomado el atrevimiento de enviar drones de exploración a larga distancia.”

Ese dron estaba señalando a un dron nodriza que estaba flotando y que Aurora pensó que era la base para los drones constructores.

Asintiendo con calma, pudo ver que el dron la seguía observando y Aurora se dio cuenta tarde de lo que pasaba.

“Gracias. Te dejaré todo lo tecnológico a ti.” Respondió Aurora y mirando al dron, dudó. “¿Eres capaz?”

“Sí. Me atendré a tus valores y avisaré cualquier toma de decisión de alto riesgo y prioritaria.” Respondió Minerva con su voz mecánica femenina de siempre.

¿Mis valores? Aurora se tragó esa duda en su mente y simplemente asintió.

Era posible que Kairos, como un acosador experto supiera sobre sus valores y se lo hubiera enseñado a Minerva, que en este punto claramente no era una ‘simple’ inteligencia artificial.

Pero estaba bien, confiaba en Kairos y de cierta forma tenía confianza en Minerva.

No porque tuviera reglas que seguir, sino que le gustaba pensar que esa inteligencia artificial era capaz de discernir más allá de la lógica y el pragmatismo de una máquina.

Tal vez no se hubiera relacionado con Atenea que era la ‘hermana’ de Minerva, pero había aprendido a confiar en el sistema de seguridad de Zerzura y ahora aquí haría lo mismo.

Por eso estaba bien que se moviera por su cuenta, ayudándola en lo que era incapaz.

“Avísame si ocurre algo.” Murmuró Aurora, al ver que los drones que parecían pequeñas naves exploradoras salían del dron nodriza y volaban al exterior.

Eran pequeñas literalmente median cerca de veinte centímetros con formas de naves espaciales cazadoras y por su velocidad junto al movimiento, para Aurora estuvo claro que era de tecnología avanzada.

“Liam me mataría para saquear de mi cadáver esos drones.” Murmuró Aurora con una expresión extraña y tras terminar sus palabras, pudo sentir una mirada de la tigresa.

Esa tigresa era pequeña no más que un pequeño gato y su pelaje negro peludo, era sin duda agradable a la vista y lo hizo ver linda.

Que ahora estuviera inclinando su cabeza por su intensa mirada, solo hizo que Aurora deseara abrazarla y dormir con ella.

Estaba segura de que no solo dormiría cómodamente con esa pequeña tigresa a su lado, sino que claramente dormiría de forma segura.

—No puedes ignorar la realidad…

El texto de su sistema logró que Aurora diera un suspiro mientras se sentaba en el sofá, que claramente había sacado Minerva de algún lugar.

Su sistema estaba en lo correcto, era imposible ignorar la realidad que estaba al frente de ella y ya no era posible, tratarla como una pequeña gatita perdida con la cual se encontró repentinamente.

Quien estaba al frente de ella, no era para nada simple.

“Gracias a la máquina de comunicación hemos logrado entablar contacto con la tierra. Y le ha avisado de tu presencia.” Informó Aurora tratando de utilizar un tono serio.

Que esa tigresa se sentara con sus orejas levantadas como si estuviera toda su atención, no ayudaba a que sus pensamientos se desviaran a su lindura.

Una de las dos máquinas cuadradas que estaban presente estaban diseñadas para la comunicación con la tierra.

No a través del espacio como en el séptimo portal abismal y el satélite, sino que de un modo más directo.

Diseñado para la comunicación a larga distancia evitando cualquier sellado o situación y ahora estaba funcionando bien para intercambiar información.

Una de las razones por lo que las naves exploradoras fueron enviadas era porque algunos miembros estaban cerca de este lugar, al menos la Sumo Sacerdotisa Xaali que se comunicaba con la tierra a través de su dios, estaba cerca.

Sin embargo, también le informaron la falta de un miembro y el añadido de otro.

Ahora como la líder de la expedición no podía dejar que su deseo de abrazar a una linda gatita influyera en sus decisiones y por más difícil que fuera, necesitaba ser profesional.

“Creo que es momento de enfrentar la realidad.” Dijo Aurora con su tono más solemne.

Tener un rango SSS sin duda era increíble y Aurora no podía negar que le daba confianza, pero el problema era que la Cardenal Najjar también era fuerte y fue seleccionada por sus ventajas.

Era capaz de controlar el tiempo, así que mientras nada importante sucediera, esa mujer era capaz de retroceder el tiempo para revivir a las personas e incluso para detener peligrosos ataques.

Su control del espacio era aún más increíble y si ella hubiera venido a este lugar, era posible que en este momento todos los miembros la expedición estuvieran juntos.

No había duda que la Sumo Sacerdotisa Xaali era fuerte, pero su control de su poder era un rango menor y si bien era posible que pudiera realizar hazañas comparables a la Cardenal Najjar, era probable que su cuerpo no soportara todo el poder de un Primordial… O una pequeña porción de él.

Sin embargo, Aurora no solo estaba refiriéndose a ese hecho al enfrentar la realidad, sino que a algo más.

“¿Desde cuándo nos conocemos?” Preguntó Aurora y sin esperar respuesta, añadió. “Casi nunca hemos hablado abiertamente.”

Ignoraba el rango y la posición de la tigresa que ahora la estaba escuchando, pero no significa que no se diera cuenta.

Se conocieron hace un par de años y ambas se juntaban de vez en cuando en las guarderías cuando ella visitaba el bosque mágico.

Esa tigresa no hablaba y Aurora disfrutaba contarle su historia, dejándose llevar por la calma y mayormente por una pequeña y adorable tigresa que era encantadora.

De cierta forma era increíble que no hubieran hablado, pero en esos cortos momentos en el que se reunían, no importaba el estatus, la posición o los problemas externos y ambas se relajaban con la presencia del otro.

No obstante, ahora era necesario enfrentar la situación.

“Entiendo. Es maduro de tu parte de dar un paso adelante. Estoy orgullosa.” Respondió la tigresa con una voz madura y solemne, pero a la vez femenina y agradable, entonces mirándola con sus ojos púrpuras mientras asentía, añadió. “Dejar de lado tu timidez es un gran paso y me alegro de que lo hayas hecho, aunque la situación no parece la mejor.”

Su voz no solo era agradable y madura, sino que llevaba una pizca de calidez que ni siquiera intentó ocultar.

No era como un adulto mirando a una joven, sino que como alguien un poco mayor, viendo a una compañera tratando de avanzar.

Sin embargo, Aurora parpadeó y…

“¿Timidez?” Preguntó algo incrédula por todo lo que acababa de escuchar.

Le parecía algo divertido que la tigresa que se dejaba hacer cariño y que varias veces froto en contra de su mejilla, prácticamente dejándose tratar como un peluche, estuviera ‘orgullosa’ de tal forma.

Aun así, lo que mayormente la sorprendió era la forma en la cual estaba segura de que ella era alguien tímida.

“Sí. Tu madre, Agatha me habló de ello. Lo acepté al ver que te agradaba estar con alguien de un tamaño menor, pero luego también me di cuenta de que no parecías cómoda hablar conmigo en mi verdadera forma.” Respondió la tigresa, asintiendo varias veces y volviéndola a mirar, añadió. “Hay algunas bestias mágicas tímidas en el bosque. Es normal para mí.”

¿Su madre le habló de ella? ¿Cuándo? ¿Hace cuánto tiempo?

Aurora parpadeó viendo que esa tigresa la observaba desde su sofá mientras trataba de poner un semblante solemne… O lo más solemne, que una gatita cuya cola se agitaba nerviosa podía.

Nervios, emoción y claramente algo de disfrute al poder hablar.

¿Todo ese tiempo que pasaron juntas sin que ella hablara fue porque su madre le dijo que era tímida?

“Yo siempre pensé que no querías hablar por… Lo que hacíamos.” Murmuró Aurora en voz baja y viendo que esa tigresa la observaba con sus orejas en alto, añadió. “Ya sabes, te avergonzabas de hablar.”

Ahora al escuchar que su madre estuvo involucrada era muy posible que hubiera dicho que su hija era tímida y por eso necesitaba disfrazarse de una linda tigresa adorable.

Funcionaba, ella tenía una debilidad por los pequeños y por todo lo adorable, que ocultaba muy bien, pero también lograba comprender que su madre la conocía.

Hace años ella se hubiera mantenido alejada de aquellos que intentaban acercarse y era probable que no hubiera intentado entablar una conversación con alguien como la poderosa gobernante del bosque mágico.

No obstante, sus palabras tampoco eran una mentira.

Había pensado que era esa tigresa que se avergonzaba de lo que hacían cuando estaba en solitario y si fuera sincera, ver a esa poderosa tigresa arriba de una gran roca y compararla con la pequeña que se dejaba abrazar como un peluche, era… Inconcebible.

“Por eso, no te hable… Eso y estaba incómoda por las cosas que te hice.” Murmuró Aurora lentamente avergonzándose con cada palabra que decía.

—Eso suena ambiguo.

Su poco confiable sistema, le señaló lo evidente y Aurora solo empezó a ponerse roja avergonzada más que ‘tímida’.

¿Cómo no iba a hacerlo? La Reina del Bosque que todos respetaban se transformaba en una gatita que fue tratada como una adorable mascota y un perfecto peluche.

Tan linda y tan agradable, Aurora no iba a negar que le daba vergüenza mirar la verdadera forma de esa tigresa, cuando en su forma pequeña la había abrazado tanto.

Algunas veces se había quedado dormida con la pequeña en su brazo y ni hablar de las veces, que la peinó en su regazo mientras la cuidaba y la abrazaba.

¿Si alguien se enteraba de lo que hizo no destruiría la reputación de ese gran gobernante?

La respuesta fue…

“Oh… Eso tiene sentido.” Murmuró la tigresa, asintiendo y observando con calma, saltó a su regazo y explicó. “Pero yo dejé que me trataras de esa forma.”

Aurora algunas veces la trató como una adorable mascota y otras veces la trató como un agradable peluche… Era imposible negarlo y no sabía cuál era peor.

En este momento, esa tigresa que saltó a su regazo trataba de mostrar que no le importaba y a la vez, dejar ver que su relación no cambiaba.

¿Sus encuentros habituales durante estos años era considerado amistad? Para Aurora lo era, ya que a veces esa tigresa escuchaba historias que ella no le había contado a su hermana.

Era imposible que no congeniaran, debido a que incluso cuando la otra parte no hablaba, siempre dejo ver inteligencia y le prestó atención, consolándola cuando lo necesito.

Y ahora estuvo claro la razón por la cual entró a este lugar.

“Lo sé… Me alegro de escucharte, tienes una linda voz.” Dijo Aurora acariciando las orejas de esa tigresa que simplemente se acomodó en su mano y conteniendo su deseo de abrazarla, añadió. “Aunque luego tenemos que hablar de la razón por la cual viniste… Primero, me gustaría que nos volviéramos a presentar de forma más oficial.”

La tigresa dejó que acariciara sus orejas y se detuvo en la última parte antes de mirarla atentamente.

“Lapis mencionó tus preparativos y si bien Alba me comentó que se encargaría, preferí acompañarte.” Respondió la tigresa y levantando su cabeza en alto para mirarla, añadió. “Un gusto hablar contigo abiertamente y me disculpo si mis acciones al venir te han causado problemas.”

Un tono respetuoso y formal que daba cierta solemnidad a sus palabras y a la vez hizo que ella se sintiera mayor.

Si su cola no se estuviera agitando desde que empezó a hablar como si estuviera muy contenta de por fin hablar, Aurora se hubiera sentido algo impresionada.

Aunque entendió a lo que apuntaba cuando mencionó sobre los preparativos, ya que había escuchado que Makeba le había parecido sus palabras, ‘apocalípticas’.

“Soy Amnestria. La Gobernante del Bosque… Y me gustaría creer que una buena compañía.” Reveló la tigresa mientras observaba sus acciones.

“Un gusto conocerte. Soy Aurora Campbell.” Respondió Aurora mirando a esa tigresa y dudando un momento, acarició suavemente la espalda de esa tigresa y murmuró. “Me gusta abrazar bestias adorables…”

Le gustaba abrazar las bestias adorables, pero en la tierra si trataba a una bestia mágica como algún tipo de peluche, seguramente sería un insulto o sería tomado de forma negativa.

Aunque en su mente, solo pensaba que le agradaba el pelaje.

“El gusto es mío.” Dijo Amnestria y al recibir su mirada, añadió. “Y sí, puedes abrazarme.”

¿Fue su mirada algo intensa? ¿O qué ella ya la estaba levantando queriendo darle un abrazo?

Aurora sin importarle la razón, la acercó a su pecho y la abrazó de forma agradable, sintiendo que la otra parte se relajaba.

¿Estaba nerviosa? Amnestria estaba tomando un papel solemne y maduro, tratando de no mostrar que estaba nerviosa.

Tal vez temiendo, que su relación cambiaria cuando hablaran o que ella la trataría de forma distante como la mayoría de las personas y bestias la debían tratar.

Aun así, Aurora solo le dio un lindo abrazo… ¿Cómo podría resistirse?

Lentamente abrazando a la pequeña, Aurora pudo sentir que un dron la estaba observando en silencio mientras se acercaba y ella recién en ese momento se dio cuenta de que de cierta forma no estaban solas.

“Hemos encontrado algunos rastros de miembros de la expedición.” Dijo Minerva, con su voz mecánica y tras un momento, añadió. “También hemos encontrado rastros primitivos de posibles nativos.”

¿Rastros primitivos de nativos? Aurora prestó atención de inmediato.

Queriendo averiguar lo que deparaba este mundo.


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