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Historia Paralela Capítulo 122
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Ya no más.

Historia Paralela Nuevo Comienzo Capítulo 122: Ya no más.

Akira despertó de repente con su corazón latiendo con fuerza y su cuerpo emanando energía psiónica de forma inconsciente.

El aire se volvió frío de inmediato y…

“Está bien, no te preocupes.”

Una voz llena de tranquilidad y calma vino de su lado, cuando Aurora se levantó del sofá de donde esperaba y se acercó a ella con una sonrisa tranquilizadora.

La sonrisa de esa joven, llevo a que su mente se tranquilizara y pudiera captar en donde estaba.

Acostada en la cama de algún centro médico, a sus lados había sofás para los visitantes y tanto Alice como Aurora estaban esperándola.

Akira se concentró en su ‘jefa’, cuya sonrisa no mermaba, buscando traer calma y lo logró… Era una sonrisa tranquila y simple, que le decía que todo estaba bien.

Las emociones vinieron de inmediato como un estallido repentino.

Estaba bien… Estaba viva… Escapó de la muerte… Esos fueron sus primeros pensamientos, haciéndola ver que tenía miedo y luego vinieron los recuerdos de lo último que recordaba y dando una mirada a Alice, que estaba con una expresión indiferente, tragó.

“¿Y los rehenes?” Preguntó Akira tratando de no pensar en Alice, en la frialdad que mostró y la forma despiadada con la cual actuó.

“Están bien. Los médicos se están encargando de las heridas y los sacerdotes se encargarán de llevarlo a Zerzura si así lo desean.” Dijo Aurora y dándole palmaditas en su hombro, añadió. “Hiciste un buen trabajo.”

¿Lo hizo? Akira cuando lo pensó, no pudo sentirse feliz.

Estaba contenta de que los rehenes estuvieran bien, pero ella no fue quien hizo el trabajo y era imposible que fuera un ‘buen trabajo’.

“La cagué… Yo debí… No pude hacerlo… No me atreví a matarlo… Debí seguir tu consejo… Yo…”

Tratando de explicar lo sucedido, su voz se rompió y la felicidad de vivir se fusionó con la realización de saber que casi había muerto.

Aurora se lo había dicho cuando se presentó en la Academia de Zerzura… África era un lugar en donde las personas luchaban a muerte.

En donde los jugadores y lunáticos estaban preparados para perder un brazo, para eliminar a su oponente y un lugar en donde ellos harían cualquier cosa para ganar y lograr su objetivo.

Sin embargo, no pudo mover la daga de hielo para atravesar el cuello ese maleante… No pudo matar.

“Está bien…” Aurora la abrazó con fuerza y Akira tratando de no llorar, pero sin evitarlo, recibió el abrazo y luego escuchó. “Está bien. Todo está bien.”

La voz era tranquila y llena de calma, buscando tranquilizarla lo máximo posible y su abrazo llevaba la seguridad que Akira en este momento necesitaba.

Eran las palabras que le decían que ya había dejado ese lugar, pero Akira seguía sintiendo que fallo, que no actuó como se debía actuar y por su propia culpa casi termino muerta.

Abrazando a la joven durante un par de minutos, cuando ella se detuvo, Aurora le dio un pañuelo.

“¿Mejor?” Preguntó esa jovencita y guiñándole el ojo, comentó. “Soy una buena directora, ¿no lo crees?”

“Si… Dejaré buenos comentarios y cinco estrellas por el servicio.” Respondió Akira sabiendo que estaba bromeando y al final, no pudo evitar dar una pequeña risa, al ver que Aurora le guiñaba el ojo.

Buscaba calmarla y tranquilizarla aún más con una broma y Akira no pudo evitar reírse, al ver que se soltaba un poco tan solo con la intención de calmarla.

“Cuando te encuentres mejor, volverás a Zerzura a descansar. Luego de salir herida, mereces un buen descanso.” Dijo Aurora con calma, pero esta vez no pudo ocultar la preocupación en sus ojos negros.

“Yo…” Akira no pudo decir que deseaba quedarse.

De decirle que podía superar este desafío, de mencionarle que podía estar a su altura, que tras salir herida podía volver al trabajo como muchos otros hacían y lo supo… Tenía miedo.

Miedo a morir.

Era ese miedo que la llevo a que no pudiera decirle que deseaba quedarse, que podría estar a la altura y fue ese miedo, lo que llevo a que se sintiera frustrada.

Podía estar a la altura, no solo de la expectativa que Aurora puso sobre ella al dejarla venir aquí, sino que a la altura del trabajo que ella había tomado por sí misma.

Sin embargo, no pudo decir que iba a reparar su fallo actual y el miedo se filtró, llevando a que las palabras no salieran.

“No te preocupes. Descansa y si necesitas algo pídelo a los enfermeros.” Dijo Aurora sonriéndole con calma.

Akira al ver los ojos serios de esa jovencita, quiso preguntarle qué era lo que iba a hacer, pero no pudo y la dejo ir.

Sintiendo que había desencadenado algo.

******

Alice al salir de la carpa con su hermana, pudo ver que esa joven que antes sonreía, cambio de expresión de inmediato.

Saliendo de las carpas médicas los paladines dirigidos por Claus y la Sumo Sacerdotisa Xaali, los aventureros dirigidos por Vázquez y un par de milicianos dieron miradas a su dirección, sintiendo la atmosfera pesada.

La expresión seria y fría de su hermana era la que causaba que toda la atmosfera se pusiera extremadamente siniestra.

Aurora estaba enojada y si bien a dentro pareció tranquila al hablar con Akira, solo fue para calmarla, y la realidad era una muy diferente.

“Lo siento… No debí dejarla.” Murmuró Alice de vuelta.

Le había informado antes de lo que sucedió y esta vez se volvió a arrepentir.

Debió haberla ocultado en su sombra o llevarla consigo y no dejarla sola en este lugar y por, sobre todo, sintió que no debió haber presionado para que Aurora la trajera.

Akira había mostrado habilidad de un rango A y Alice había pensado que sería similar con los gorilas, pero fue esa comparación la que dejo ver la diferencia en un mal momento.

Los gorilas estaban preparados para sobrevivir a las circunstancias y como bestias mágicas estaban acostumbradas al peligro… A morir y matar si era necesario.

“No necesitas disculparte. Tú hiciste lo que creías correcto. Nadie había pensado que unos hijos de puta iban detrás de nosotras.” Respondió Aurora con una voz llena de frialdad a un nivel extremo y mirándola fijamente, añadió. “Además, te encargaste de otras cosas.”

Se estaba refiriendo a ayudar a las personas capturadas que salvó y Alice tragó el pensamiento, que, si hubiera priorizado a Akira, su hermana no estaría en este estado.

En un estado de furia latente, contenida y mortal que estaba a segundos de estallar de forma aterradora.

Al final, ninguna de las dos sabía que alguien tenía planeado algo en contra de ellas y más cuando Zerzura no solo era fuerte, sino que tenía un rango SS y la iglesia lo estaba cubriendo.

Tal acto fue suicida, digno de un gremio de jugadores.

“Infórmame mientras vamos de camino.” Ordenó Aurora a Liam, que se acercó de inmediato.

La expresión de ese hombre tembló, pero pudo sentir la sed de sangre que estaba conteniendo su hermana y el aura abrupta de un rango S enojado, se mantuvo en silencio.

Los paladines, milicianos y aventureros que escuchaban se levantaron y se pusieron sus equipos, tan solo para que una vez que Aurora empezó a volar, ellos la siguieran.

Algunos paladines utilizaron el poder de su dios para ocultarlos a todos y a pesar de que no se había preparado nada oficialmente, cada uno de ellos entendía lo que ocurriría.

No era necesario decir que era lo que sucedería si atacaban de esta forma a alguien de Zerzura y si Aurora estaba enfurecida porque la persona fue Akira, alguien que conocía, los demás estaban enojados porque a quien atacaron fue alguien que era parte de Zerzura y para otros la razón de su furia, era porque a quienes buscaban era a la Protectora de Zerzura.

Tal vez los aventureros no sabrían nada de la situación, pero los milicianos reconocían a su hermana y por último los paladines de alto rango sabían de quienes eran hijas.

Pero por, sobre todo, atacaron a alguien de Zerzura, era imposible que no hubiera consecuencias luego de tales actos.

“El Gremio de Jugadores Cuervo Gigante son los perpetradores. Su grupo realiza tratos ilegales desde esclavitud, trata de personas, drogas, venta de armas malditas. Sus negocios estaban conectados a los señores de la guerra de Jartum, llevándolo a obtener bastante perdidas una vez que la ciudad cayó en manos de Jasar.” Informó Liam por el sistema de comunicación y con calma, añadió. “Hemos descubierto los puntos en donde se reúnen, su sede pública y la sede privada. Junto a sus almacenes, escondites, y lugares de residencia. Y ahora la mayoría se reunían en la sede privada, para defenderse mientras que los líderes discuten si retirarse o no.”

El informe de Liam fue acompañado de varios informes cortos de las personas importantes que se compartieron a los diferentes paladines y un mapa, dejando ver que ellos se estaban dirigiendo a la sede privada, en donde todas las fuerzas se encontraban.

Claus dio una orden y varios paladines se dividieron del grupo mientras volaban, apartándose para encargarse de los pequeños escondites y almacenes, para evitar que huyeran o que trataran de utilizar a las personas capturadas como rehenes.

El grupo que vino de Jartum era grande y si bien varios de ellos se encargaban de la ayuda humanitaria, ahora mismo ese grupo se fue reduciendo, pero los que quedaron dejaban ver auras poderosas.

Tras ese informe, el grupo voló saliendo de la ciudad y entonces, tras un par de minutos se encontraron una mansión privada rodeada de jugadores que en vez de hacer guardia se divertían.

Bebiendo como si nada hubiera sucedido, Aurora dio un orden con su mano y Claus se movió con sus paladines aun ocultos, rodeando la mansión.

Entonces cuando aterrizaron en la muralla vacía, viendo como los jugadores simplemente estaban en grupos bebiendo, la Sumo Sacerdotisa Xaali actuó creando una poderosa barrera que rodeó toda la mansión y que los paladines fortalecieron.

“¡Digan sus nombres!”

De inmediato esos jugadores se levantaron rugiendo al sentir la barrera y ver que su grupo estaba descubierto.

Los paladines empezaron a mostrarse, dejando ver que rodeaban por completo la mansión y Aurora aterrizó en la muralla que debía haber servido para protección de ataques.

En vez de responder, su hermana dejo que las personas alertaran a los jefes y que todos se prepararan para la defensa, sintiendo la tensión de la situación.

Era imposible escapar con la barrera de un dios cubriéndolos por completo e incluso si estaban tan locos como para rezar a dioses demoniacos o malignos, nunca obtendrían respuesta.

Los jugadores por más lunáticos que fueran, no atacaron, sino que llamaron a sus jefes y algunos se pusieron tensos al sentir las presencias de rangos S de algunos de los paladines.

Guerreros que participaron en la guerra europea-demoniaca de forma directa y cuya disciplina era incuestionable y lealtad absoluta, el entrenamiento de los paladines era lo que lo convertían en armas aterradoras.

Y entonces tras una breve espera, los líderes salieron de la mansión.

Tres rangos S, dos hombres y una mujer, cada uno de ellos jugadores en su tiempo y ahora llevaban expresiones solemnes, al darse cuenta de la situación.

“¿Hay alguna razón por la cual las fuerzas de Zerzura estén a nuestras puertas?” Preguntó la mujer con una sonrisa llena de ‘calma’ y mirando al grupo hasta identificar a su hermana que estaba al frente, añadió. “Espero que tengan pruebas para venir de repente y rodear nuestra propiedad.”

¿Estaba queriendo jugar con las reglas? Buscaba que Zerzura actué siguiendo la ley, a la cual se apegaba como una ‘nación’.

Era demasiado tarde para jugar esos juegos y eso fue lo que demostró Aurora al sacar su espada, desenfundándola con una sed de sangre intensa.

“Si alguno de mi gente son culpables por cometer crímenes. Me encargaré de entregarlos como corresponde. Estamos a disposición de las autoridades.” Dijo la mujer, notando que la atmosfera se intensificaba.

Quería ser diplomática, ya fuera porque tenía confianza de escapar usando las reglas o no estaba de acuerdo con quien llevo a cabo el plan e incluso podría no tener relación con el tema, al final no importo.

Aurora flotó en el aire y Alice la acompañó junto a Liam cuyos drones estaban flotando a su alrededor.

“No soy una autoridad. No es conmigo con quien deben ir si desean entregarse y aquellos que están a mi espalda, no están involucradas conmigo.” Dijo Aurora con calma y mirando a los presentes, declaró. “Ustedes y yo no somos muy diferente. Es más, somos muy parecidos.”

Estaba dejando en claro a los paladines que no necesitaban intervenir y por la mirada que le dirigió a Liam también fue para él.

Trataba de diferenciar sus acciones de las de Zerzura, la iglesia, los milicianos y aventureros, pero Alice se mantuvo a su lado y Liam también, dejando en claro que eran parte de su grupo.

Aurora estaba enfurecida y su sed de sangre, solo llevaba a que todos comprendieran lo que iba a suceder.

“Soy una asesina al igual que ustedes.” Dijo Aurora y con frialdad, añadió. “Y hoy seré su verdugo.”

No estaban aquí para ‘detener’ a nadie, estaban aquí por venganza, tan solo ese hecho demostraba lo enojada que su hermana estaba.

Su furia mostraba que pensaba de Akira como alguien cercano y la furia venía del miedo a perder a otro conocido y alguien cercano… No queriendo volver a sufrir las pérdidas de otros.

Y la forma más fácil de evitar tal hecho, era eliminar aquellos que deseaban quitarle sus seres queridos.

Viendo que el aura roja surgía de la espada de Aurora, Alice se preparó.

Sabía que era imposible detener a su hermana en este momento, así que, en vez de pensar en detenerla, pensó en eliminar la máxima cantidad de oponentes, para que su hermana no tuviera que mancharse tanto de sangre.

******

Esquivó un corte y luego desvió el otro, dando un paso hacia atrás, lento y seguro mirando la mujer que gritaba y rugía de dolor.

¿Fue a su esposo al que asesinó? ¿O a su hijo? ¿Tal vez su amante? El joven que yacía muerto con sus órganos repartidos por el suelo, era la razón por la cual esa mujer atacó con sus dos espadas, enloquecida.

“¡MUERE! ¡MUERE! ¡MUERE!”

Un grito tétrico, enloquecido y profundamente adolorido muy similar a otros que había asesinado y ella se movió utilizando sus dos espadas, con rapidez y locura.

Una locura fácil de ver y por ende fácil de contrarrestar y Aurora que estuvo esperando su oportunidad, tomándose un respiro actuó, desviando la espada y le cortó una de las manos a la mujer.

“¡GRrr!”

La mujer en vez de retroceder al tener su mano cortada de forma limpia, gruñó y se abalanzó a ella.

No fue una sorpresa y Aurora que se hizo a un lado, le cortó la espalda profundamente atravesando la armadura y cortando la carne.

La sangre salpicó y el aura roja perforó la carne, cortando de forma profunda y la mujer cayó al suelo junto a otros cadáveres.

Y al ver que todavía respiraba, Aurora se acercó y atravesó el corazón por la espalda con su espada, sin que su expresión cambiara, tan solo para mirar sus alrededores.

La misma mansión de antes, solo que ahora el suelo estaba lleno de los cadáveres de los jugadores que se esparcían por la zona, muchos muertos por cortes de su espada.

Un ‘mar de cadáveres’, la estaba rodeando y la sangre de ellos estuvo en sus manos… Atravesados, mutilados, degollados y asesinados por su espada y su aura roja que ahora era escarlata.

No les mintió, ambos eran muy parecidos… Ella y los jugadores eran similares, eran asesinos.

Sin diferencias y por razones que podrían o no tener sentido, ambos asesinaban con la misma facilidad que una persona cortaba el pasto.

Y eso fue lo que Aurora sintió… Facilidad.

Que su mayor herida fuera un corte en su muslo, era la prueba de que no fue para nada difícil.

“…”

En silencio miró a Liam, que flotaba con sus drones que parecían estar calientes en rojo a causa de usarlos de forma seguida y luego su hermana, que venía sin estar sucia.

Los pocos milicianos que se unieron cayeron cansados y los aventureros estaban pálidos por ver la masacre mientras que los paladines solo vigilaban.

Esta batalla no buscaba detener a estos ‘criminales’, era vengarse y como toda venganza fue sangrienta y al final, vacía.

Podría haberlo dejado pasar debido a que Akira estaba bien y tratar de capturarlos, pero no pudo… No lo dejo.

Fue su culpa que Akira viniera a trabajar a este lugar y fue su culpa que estuviera en una situación de muerte, Aurora no se iba a permitir perder a personas que conocía.

Ya no más.

“Dime de otros lugares en donde se encuentran criminales.” Ordenó Aurora con seriedad a Liam que se acercaba.

Ese hombre vio su espada ensangrentada con su aura roja y luego los alrededores.

“Los paladines se están encargando de la mayoría de esos lugares.” Dijo Liam y mostrando una expresión tranquila, comentó. “Es mejor dejar que ellos se encarguen. Como son lugares públicos en donde se encuentran esos criminales, la presencia de los paladines llevara a que otros se piensen dos veces antes de hacer algo estúpido.”

Estaba utilizando una excusa para detenerla, pero como no deseaba hacerlo de forma directa, lo hizo de esta manera utilizando un argumento para evitar que ella se moviera.

Y continúo informando, tan solo afirmando su idea de que estaba preocupado y que no deseaba causarle problemas, utilizando excusas para que no fuera a otros lugares, que para Aurora no tenían sentido.

Sabían que ella seguía enojada y que su aura roja no mermara era la prueba de que su furia todavía no se reducía.

—Es mejor que la iglesia se encargue.

Su sistema dejó ver un texto y aunque Aurora pudo entender la preocupación en esas meras letras, siguió sosteniendo su espada.

—Ya has terminado lo que deseabas hacer.

Había acabado su venganza… Dejar salir su sed de sangre y asesinar a todos los maleantes que todavía podían encontrarse en la ciudad, no era algo que debería hacer.

Pero estaba pensando hacerlo y fue por eso que ahora Liam se interpuso en su camino deteniéndola mientras que Alice a su lado asentía, aceptando las razones de ese joven hombre.

Su mano no tembló y su espada se mantuvo firme, dejando ver que el arma estaba lista para ser usada, pero Aurora solo dio un largo suspiro al notar la preocupación.

Ya fuera por la sed de sangre que emanaba, por la masacre que llevo a cabo o por su expresión seria, era imposible no notar la preocupación de ese dúo que estaba al frente de ella y a la vez de su sistema.

“Comandar desde las carpas es mejor para todos. Necesitamos un comandante para liderar y hay mucho que hacer y la noche será larga.” Finalizó Liam con una expresión seria.

Aurora no había escuchado ni siquiera la mitad de lo que había dicho, pero guardó su espada en su anillo espacial y cuando sintió sus manos vacías, pudo sentir como si tuviera un peso mental, menos.

Ver a su hermana asentir, con una mirada preocupada, solo llevo a que suspirara y utilizara un artefacto de limpieza para quitarse la sangre de su ropa y sus manos.

“Lo entiendo.” Dijo Aurora y volviendo a su seriedad, añadió. “Vamos a trabajar. Hay muchas cosas que debemos atender.”

Este gremio al ser destruido extendería una ola por estas tierras, causando que las personas miraran mal a Zerzura por intervenir de forma directa.

Tales problemas estarían a cargo de quienes fueran los encargados de la diplomacia y su trabajo era limpiar la basura, ayudar a la gente y preparar las caravanas, dejando un orden en este lugar.

Su orden.


mode_commentComentario de Evil_Warlord

Aviso rápido, si desean guardar capítulos pueden hacerlo, ya que la historia paralela termino siendo un poco más larga de lo que esperaba. Serán en total 143 capítulos, eso significa que les faltan 21 capítulos hasta que el volumen 2 finalmente termine en su totalidad.

En fin, espero que le guste lo que se viene.


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Historia Paralela Capítulo 123
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No confió en ti.

Historia Paralela Nuevo Comienzo Capítulo 123: No confió en ti.

Todo estaba agitado en el campamento.

Akira que había dejado la enfermería para retirarse a Zerzura lo notó de inmediato.

Había comenzado desde muy temprano siendo todo agitado y era a un nivel increíble.

Las personas llegaban de todas partes, para acceder a los suministros de la organización humanitaria protegida por el héroe Richard.

A la vez que las sacerdotisas, médicos y curadores abrieron sus secciones para atender a aquellos enfermos, que no podía pagarse atenciones médicas locales.

El único problema era que muchas personas venían y las colas se volvían largas desde la mañana y no solo eran de esos dos lugares, sino que también de la sección que registraba a los refugiados para Zerzura.

El viaje sería llevado a cabo en un par de días y se registraba aquellos que deseaban viajar, por si era necesario que desde Jartum se enviara otros camiones para una segunda caravana.

Y Akira entendía que iba a ser necesario… La cola de personas empezaba desde el campamento y se extendía más de dos cuadras.

Los paladines estaban patrullando los alrededores y la cola, para evitar conflictos o cualquier percance mientras que la Sumo Sacerdotisa Xaali estaba realizando órdenes con una expresión cansada.

“¿Sumo Sacerdotisa necesita que haga algo por usted?” Preguntó Akira con una sonrisa, buscando querer ayudar.

La Sumo Sacerdotisa Xaali estuvo a punto de aceptar, pero cuando la vio, dio una sonrisa algo difícil y luego suspiro.

“No es necesario. Escuche que volverás a Zerzura. Es mejor que vayas a avisar a Aurora y luego pídele a los paladines que activen los portales portátiles para ti.” Respondió esa sacerdotisa con una expresión que llevaba algo de calma y dándole una mirada, añadió. “No necesitas preocuparte.”

Necesitaba ayuda, pero no de ella… Eso fue lo que comprendió Akira cuando esa mujer volvió a su trabajo.

Esta no era la primera vez que se ofreció para ayudar y no era el primer rechazo, era más, la mayoría rechazaba cualquier ayuda que ella podría ofrecerle.

¿Fue Aurora? Daba la impresión de que se había ordenado que no se le diera ninguna tarea y los miembros de la expedición se lo tomaban bastante serio.

¿O fue por qué fallo? Aurora no era el tipo de persona, que se enojaría porque ella casi murió por ser ingenua, sino que sería alguien que se preocupara por ella y la protegiera.

Justo como ahora.

Era capaz de ayudar a la gente, atender a las personas y encargarse de otros asuntos pequeños, no era como si de un día para el otro se convirtiera en alguien inútil.

Sin embargo, supo que nadie la pondría a trabajar y el problema era que no se animaba a ir a hablar con Aurora… Estaba avergonzada por su fallo.

Eso era para Akira.

Solo que era incapaz de ir a decirle a Aurora que estaba bien y que era capaz de continuar y la razón era el miedo, que todavía no desaparecía.

“…”

Mordiéndose los labios, al final no tuvo otra opción que caminar a la carpa principal en el centro del campamento, en donde los paladines y milicianos entraban y salían de forma continua.

“Haz que alguien se encargue de los diálogos con las fuerzas locales. Si voy yo me miraran de forma despectiva y no llegaremos a ningún lado. También diles a los sacerdotes que extiendan la voz sobre las caravanas. Vázquez quiero ver si descubres algo más entre los aventureros o mercenarios, he leído que eran bueno para entremezclarte. Y Liam me gustaría que te encargues de dejar un ‘ojo’ en este lugar. Ve si es posible contactar con una red de información o algo que ofrezca información.”

Las órdenes vinieron desde la carpa central y aquellos que recibían las órdenes tras asentir, se retiraron tan solo para que de inmediato sus lugares fueran ocupados por otras personas.

Liam y Vázquez la saludaron al verla pasar y se retiraron notándose no solo algo cansados, sino que, con demasiado trabajo, permitiéndole que ella entrara a la carpa.

Aurora estaba en medio viendo una proyección holográfica de la ciudad y su expresión solemne, demasiado seria, le recordó a Akira cuando esa joven tomó su espada en la presentación de la academia.

Haciéndole una señal a los paladines que estaban por informar que se detuvieran, Aurora le dio una mirada a ella y se acercó.

“Pareces cansada.” Murmuró Akira sin poder evitarlo.

De todas las cosas que podría haber dicho esas palabras fueron las primeras en salir y no pudo evitarlo.

Aurora era joven y si bien era bastante guapa, su apariencia delicada era lo que resaltaba con claridad.

Tal vez parecía alguien sería más que una joven energética, pero ahora sus ojos mostraban cierto cansancio y su tez, se notaba un poco pálida.

“Sí. Demasiado trabajo.” Respondió Aurora y haciéndole una señal para salir, comentó. “Aunque entiendo la idea de delegar funciones. Esto no es lo mismo como la teoría que enseñan en clases.”

La luz del sol en esta mañana algo calurosa la golpeó, logrando que Aurora cerrara sutilmente sus ojos dejándose bañar por los rayos del sol.

“¿Estudias?” Preguntó Akira, sin animarse a decir lo que sentía, ni a profundizar por el cansancio y viendo que la joven le daba mirada, murmuró. “Pensé que ya te habías graduado…”

Un murmullo con vergüenza, que fue dado porque Aurora le dio una mirada profunda que dejo en claro que estuvo despierta toda la noche.

Y por las personas que había visto Akira desde que despertó, Aurora no era la única que estuvo despierta.

Algo sucedió anoche, pero no solo nadie le quería informar, sino que Akira no se atrevía a preguntar.

Su murmullo solo dejo salir su idea de que Aurora ya se había graduado de forma prematura y si Akira era sincera, que a su joven edad fuera un rango S, llevaba a que pensara que todo era posible.

“Oh, no, no soy tan inteligente como crees y siempre he sido alguien promedio en mis notas y si bien ahora estoy trabajando en esto, asisto a una escuela con clases virtuales.” Respondió Aurora mientras caminaba a los cuarteles y con una sonrisa, añadió. “Se trata de administración. Muy útil para mis cubrir mis deficiencias en liderazgo.”

Akira abrió sus ojos un poco sorprendida al escuchar esas palabras.

“¿Qué? ¿Pensabas que tengo carisma innato? Las personas me obedecen por respeto y porque me conocen, pero por lo general soy muy mala líder y cometo errores… Muchos de ellos.” Dijo Aurora y dando una media sonrisa, murmuró. “Mis allegados me ayudan a ver mis errores y con otros me dio cuenta a la fuerza… Y de forma dolorosa.”

No estaba aclarando demasiado, pero a la vez dejaba ver mucho.

Buscaba ser objetivo al decir que la gente la seguía por respeto y porque la conocían, sin asumir el hecho de que tal vez era buena en lo que hacía o sus ideales eran atractivos.

Sin embargo, fue sincera en la idea que cometía errores y tales errores podían ser de muchos tipos.

Akira sintió que ella fue uno de sus errores y eso la hizo suspirar un poco, al ver que llegaba al cuartel de los paladines.

“Lo que me sucedió a mí no fue tu culpa.” Dijo Akira sin evitarlo y mirándola fijamente notando que había seriedad, declaró. “Yo fui quien cometió el error de no matarlo… De no protegerme como debía. Yo fui quien no estuvo a las alturas de tus expectativas.”

Fue ella quien no siguió el consejo que Aurora dio cuando llegó a este lugar y pagó las consecuencias de una forma dolorosa.

Debió haber asesinado a ese tipo… Ese era lo que la lógica le decía y era lo que su mente racional ahora le recriminaba.

Si lo hubiera hecho, podría no haber caído tan fácilmente y podría seguir intentando proteger a los rehenes y detener a los otros, hasta que Alice llegara.

En este punto solo quedaba como arrepentimientos vacíos y Aurora solo le dio una media sonrisa, que estaba en desacuerdo, pero no profundizo en el tema.

“Si necesitas algo, solo comunícate conmigo y me encargaré que tengas algo para hacer.” Informó Aurora al ver que el portal se activaba y mirándola, añadió. “Si deseas volver, solo avísame. Me encargaré de enviarte a casa.”

Si deseaba volver, lo podría hacer… Tales palabras causaron cierta reacción en Akira, tan solo al pensar en la idea de volver a casa y quedarse en ese lugar, hasta que regresara a sus clases habituales en la academia.

Sonaba bien y fue su lado empujado por el miedo que la llevo a pensar en que su vida volviera a hacer como antes, pero Akira se mordió los labios.

“Me quedaré en la ciudad un poco más… Todavía necesitas convertirte en mi guía turística para que me guíes y acompañes a todas partes.” Dijo Akira y tratando de encubrir sus pensamientos, añadió. “Pasar de directora a guía turística no parece un muy mal trato y más si es para tan buena estudiante, ¿no?”

Estaba tratando de bromear, buscando no pensar en su idea de irse y el miedo que sentía que a su vez le impedía decirle a Aurora que volvería.

Y por eso quedo en la línea del medio.

Sin retirarse en su totalidad, pero sin tratar de volver… Y no importa cuánto le molestara a ella misma tal estado, eso fue lo único que pudo hacer.

“Parece interesante, así que aceptaré.” Respondió Aurora simplemente haciéndole una señal al portal.

Akira suspiro… Tenía mucho de que pensar, pero la idea de ir de compras con esa joven y que la guiara a diferentes partes de la ciudad, parecía emocionante.

Después de todo, sentía que había alguien que se sabía divertir oculto en la seriedad que Aurora siempre llevaba.

******

Dos hombres lucharon entre ellos en el campo de entrenamiento, solo utilizando sus puños como armas.

Agatha que veía a su esposo luchar con el nuevo Coronel Wiyghan Makeba, dio una sonrisa al ver a su esposo divertirse.

Antón era un luchador feroz y si bien por lo general tenía una sonrisa agradable en su rostro, una vez que luchaba era poderoso y por, sobre todo, salvaje.

Su forma de moverse, de protegerse y de golpear mostraba experiencia y unos instintos espléndidos.

Lo curioso era que media lo mismo que su oponente, lo que llevo a que el combate fuera en un tamaño muy similar.

El artefacto para disminuir de tamaño estaba funcionando… Ese pensamiento pas_ó_ por la mente de Agatha mientras asentía con calma, viendo como Makeba era presionado.

No solo se trataba de que su esposo era un rango SSS, cuyo cuerpo era perfecto para la batalla directa, sino que era por los movimientos y los instintos.

Su esposo comprendía donde golpear, cuando golpear y lo hizo de forma perfecta, suprimiendo al nuevo Coronel del ejército recién formalizado.

A la vez que buscaba enseñarle, que era enfrentarse a un veterano.

“Un cuerpo que oculta una gran fuerza…”

Un murmullo vino de su lado y Agatha le dio una mirada al General McLean, cuyo título ahora era oficial.

El cuerpo de su esposo ocultaba una gran fuerza y ahora estaba soltándose, probando las capacidades de su cuerpo y adaptándose a un tamaño bajo de vuelta.

A la vez que probaba el artefacto que ella le había creado para que su tamaño se redujera.

“Lo hace.” Dijo Agatha y mirando a ese hombre que parecía querer ir a practicar con su esposo, añadió. “Antes de que vaya a divertirse, me gustaría entregarle algo.”

Junto a esas palabras, ella sacó un cristal redondo como una pequeña gema que tenía finos grabados en el interior.

“Este pequeño cristal puede ser usado para traer lo que hay del otro lado o llevándolo a usted al otro lado.” Informó Agatha y con calma al ver que ese hombre lo recibía, explicó. “Lo que traerá serán dos bestias no-muertas de rango SS, capaces de ser usadas como escudos de carne para cualquier situación peligrosa que lo requiera... De cierta forma sería un artefacto de invocación.”

La expresión del General McLean se volvió seria, tal vez pensando en quienes podrían ser las bestias.

Xaro realizó un excelente trabajo y Agatha tras encerrarlas en un lugar apartado, creó este artefacto para que sirviera como una medida de emergencia.

Una vez que sea activado con la intención de que trajera refuerzo, esas dos bestias de rango SS serian movidas espacialmente y obedecerían las órdenes de ese hombre.

“Ya debe saber por qué te lo estoy dando. Al oeste Raiden y otras personas se están preparando para fundar una nueva nación… Una república.” Informó Agatha y con calma, explicó. “Es un chiste por supuesto, pero lo hacen para evitar las acciones de la iglesia, de mí y digamos que, si bien no se atreverán a nada durante un tiempo, en el futuro puede que actúen.”

La mejor forma de limitar a una autoridad tan grande como la iglesia era por medio de jugar con las mismas reglas.

Formalizar una nación en este lugar en donde las tierras estaban gobernadas por peligrosos señores de la guerra, llevaría a que el mismo público tuviera una buena imagen de esa nación y si la iglesia intervenía, sería mala publicidad.

Una poderosa iglesia con una mala imagen siempre era algo malo y ahora que la iglesia era tan grande, era necesario cuidarse con algunas acciones.

Sin embargo, el problema no era ese…

“Eres un rango SS y eres fuerte. ¿Nunca nadie se te ha acercado hablándote de forma agradable, ofreciéndote formas de cooperar y queriendo que te unieras a sus pequeños grupos?” Preguntó Agatha y viendo que la expresión de ese hombre se volvía solemne, añadió. “Digamos que has hecho bien en rechazarlos.”

La expresión de ese hombre se volvió seria, no solo ante su acierto de que algunas personas se le acercaron ofreciéndole formas de cooperar, sino que ante la idea segura que tenía de que lo rechazo.

Y Agatha sabía que lo rechazo, porque a quien le había rezado para formalizar su trato, se lo informó a ella.

“Dejando de lado los objetivos de esas personas y la verdadera intención que hay detrás de esos grupos de idiotas, el tema es que pueden resultar peligrosos y en mi caso no creo que estaré siempre pendiente de mis hijas.” Dijo Agatha y con calma, señaló. “Y por eso creo que es bueno tener una fuerza secreta. Si alguien un día se atreve a molestar a mis hijas, puedes soltar a las bestias y dejar que hagan un desastre… Ya sea sin informar o no de ellas a los demás.”

“Tú…” El General McLean abrió sus ojos ante la idea que expresaba.

Una bestia no-muerta de la cual ella, él, su esposo, Melorrill y Xaro sabían… Tal bestia si era liberada en un lugar que era considerado ‘molesto’ y se le ordenaba hacer un desastre, podría causar muchos problemas y al final nadie lo conectarían con ellos.

A eso estaba apuntando Agatha.

Sus hijas iban a estar bien incluso si ella se retiraba y no era porque ambas eran fuertes, sino que tanto la iglesia como Zerzura las protegerían.

La ciudad ahora tenía al General McLean y si bien las bestias que había pedido que revivieran podían usarlas para proteger la ciudad, también podían ser usadas para solucionar problemas en secreto.

Las bestias eran inteligentes lo que significaba que podrían llevar a cabo sus objetivos de forma sabia y si tenían suerte, hasta eran capaces de asesinar a un rango SS… O destruir todas sus tierras y su gente.

Sin que estuviera relacionado con ellos y ahora ese hombre que había entendido su significado, se sorprendió por la idea que expresaba.

Podía soltarlas en un cuartel militar de algún Gran Señor de la Guerra y dejar que matara a miles y miles de personas… Esa era la idea que le causó sorpresa al General McLean.

“¿Qué? Has sido un criminal, un asesino y aquellos que ven tu historial de Terra nova dirían que genocida. Hacer el trabajo que Zerzura no se atreve debe ser fácil para alguien que fue capaz de matar niños… O niños lobos, da lo mismo.” Dijo Agatha causando que ese hombre diera una expresión cada vez más seria y mirara a los alrededores, para ver si alguien lo escuchaba y fue esa reacción lo que le causó gracia y comentó. “No te preocupes, no te juzgo.”

Como jugador participó en el genocidio a la raza de los hombres lobos en Terra nova y fue uno de los clásicos jugadores que se ocultaban en sus seudónimos y se soltaban dejando salir su verdadera naturaleza cuando estaban en el otro lado.

Todo mientras que, en la vida real, era un criminal, un asesino, un mercenario y algunos dirían que un señor de la guerra local, antes de que la magia llegara a este mundo.

Luego cambio, queriendo arrepentirse, pero era innegable que hizo cosas muy pesadas, que seguramente si su hija se enteraba lo miraría de otra forma.

No, toda Zerzura lo miraría de otra forma.

“Y tampoco necesitas preocuparte porque alguien lo descubra. Sabes cubrir bien tus huellas y lo suficiente como para que nadie pueda descubrir tu pasado… Al menos que reces a una existencia poderosa.” Dijo Agatha con una risa entretenida al ver seriedad en el hombre.

La iglesia era incapaz de descubrir la información de ese hombre y la única forma que lo supo, fue porque él se conectó a una entidad que no debía y ella fue informada por ese mismo medio.

Pero de por sí, no lo estaba juzgando y sería imposible hacerlo cuando pensaba en la persona que era su hijo mayor… Y su nuera.

“¿Es por eso que me dejas estas bestias a mí y no a tus hijas?” Preguntó el General McLean más como una confirmación que como una pregunta.

Pensaba que se lo estaba dejando a él, para que pudiera hacer cosas que sus hijas no se atreverían a realizar, cuando la situación requiriera medidas excesivas… Como soltar las bestias para usarlas y asesinar algún gran señor de la guerra, sin pensar en las vidas humanas.

Y de cierta forma estaba en lo correcto.

“Aurora no verá dos herramientas que pueden ser utilizadas para cumplir sus objetivos. Las veras como cargas y responsabilidades, armas de las cuales tiene que tener cuidado y llevara a que tenga dificultades de utilizarlas, limitándose demasiado. Y Alice…” Dijo Agatha y deteniéndose un poco al pensar en su linda hija que le gustaba comer, sonrió y comentó. “Ella lo usaría apenas su hermana estuviera en problemas y podría ir al extremo de una forma desmedida.”

No compartía los intereses de Aurora por ayudar a las personas y de cierta forma era similar a su pequeña glotona, a la hora de actuar.

No obstante, eso no significaba que no las entendiera a ambas y no supiera que iban a hacer si les dejaba estas bestias.

Era probable que Aurora tratara estas bestias no-muertas como ‘personas’, buscando tratarlas como su igual, cuando eran solo herramientas, que fueron resucitadas para cumplir objetivos.

Por otra parte, Alice una vez que alguien pasara la línea en contra de su hermana, podría ser muy extremista y si tenía dos bestias, podría utilizarla de forma excesiva.

Así que prefirió dejárselo a alguien que había hecho cosas terribles y ahora buscaba reparar los errores del pasado, pero que no se dejaría llevar por ideales y haría lo que tuviera que hacer.

“Por supuesto, estoy hablando de casos hipotéticos y algo apocalípticos. Pero mi punto es que, eres la persona indicada para utilizar dos herramientas en caso de necesidad… Una necesidad para Zerzura más que para mis hijas.” Comentó Agatha y volviendo a mirar a su esposo, añadió. “No confió en ti. Confió en quien nombraste para hacer el contrato.”

Le había pedido que hiciera un contrato cuando se unió a Zerzura y la idea fue limitarlo, pero la verdadera razón era controlarlo y mantenerlo bajo vigilancia.

No por medio del Dios del Tiempo y el Espacio por el cual hizo el voto, fue por medio de una entidad más peligrosa, invasiva y que le importaba una mierda los contratos a su nombre.

Esa clase de existencia ya se había acercado a ese hombre sin que se diera cuenta y le ayudó a obtener la información que necesitaba… Información que le daba confianza para dejarle estas herramientas, que serían usadas sabiamente.

Aunque de cierta forma, los escenarios que pensaba siempre eran hipotéticos y eso se debía a que era improbable que algunos Grandes Señores de la guerra se unieran y atacaran a Zerzura o que otro Malik apareciera.

No obstante, estaban presente y pese a que a ella no le interesaba este mundo, amaba a sus hijas.

El General McLean asintió.

Sabía en qué lugar se metía cuando ella le pidió el contrato y entendió que, si no hubiera hecho ese contrato con ella en nombre de esa existencia de gran terror, su cuerpo en este momento sería un cadáver o hubiera sucedido algo peor.

Y tal sabiduría era algo que le agradaba de ese individuo, ya que, si bien era sincero con su idea de reparar sus errores, seguía teniendo una mentalidad fría a la hora de actuar y de decidir.

Agatha no tenía interés en seguir cuidando a la tierra en su conjunto o ser alguna clase de ‘protectora’ o incluso ‘vigilante’, que mantuviera el orden, pero si deseaba que sus hijas tuvieran una vida tranquila.

Al menos hasta que crecieran y fueran lo suficiente mayor, como para meterse en temas más profundos y pesados por su cuenta, pero para ese momento faltaba.


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