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Historia Paralela Capítulo 123
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No confió en ti.

Historia Paralela Nuevo Comienzo Capítulo 123: No confió en ti.

Todo estaba agitado en el campamento.

Akira que había dejado la enfermería para retirarse a Zerzura lo notó de inmediato.

Había comenzado desde muy temprano siendo todo agitado y era a un nivel increíble.

Las personas llegaban de todas partes, para acceder a los suministros de la organización humanitaria protegida por el héroe Richard.

A la vez que las sacerdotisas, médicos y curadores abrieron sus secciones para atender a aquellos enfermos, que no podía pagarse atenciones médicas locales.

El único problema era que muchas personas venían y las colas se volvían largas desde la mañana y no solo eran de esos dos lugares, sino que también de la sección que registraba a los refugiados para Zerzura.

El viaje sería llevado a cabo en un par de días y se registraba aquellos que deseaban viajar, por si era necesario que desde Jartum se enviara otros camiones para una segunda caravana.

Y Akira entendía que iba a ser necesario… La cola de personas empezaba desde el campamento y se extendía más de dos cuadras.

Los paladines estaban patrullando los alrededores y la cola, para evitar conflictos o cualquier percance mientras que la Sumo Sacerdotisa Xaali estaba realizando órdenes con una expresión cansada.

“¿Sumo Sacerdotisa necesita que haga algo por usted?” Preguntó Akira con una sonrisa, buscando querer ayudar.

La Sumo Sacerdotisa Xaali estuvo a punto de aceptar, pero cuando la vio, dio una sonrisa algo difícil y luego suspiro.

“No es necesario. Escuche que volverás a Zerzura. Es mejor que vayas a avisar a Aurora y luego pídele a los paladines que activen los portales portátiles para ti.” Respondió esa sacerdotisa con una expresión que llevaba algo de calma y dándole una mirada, añadió. “No necesitas preocuparte.”

Necesitaba ayuda, pero no de ella… Eso fue lo que comprendió Akira cuando esa mujer volvió a su trabajo.

Esta no era la primera vez que se ofreció para ayudar y no era el primer rechazo, era más, la mayoría rechazaba cualquier ayuda que ella podría ofrecerle.

¿Fue Aurora? Daba la impresión de que se había ordenado que no se le diera ninguna tarea y los miembros de la expedición se lo tomaban bastante serio.

¿O fue por qué fallo? Aurora no era el tipo de persona, que se enojaría porque ella casi murió por ser ingenua, sino que sería alguien que se preocupara por ella y la protegiera.

Justo como ahora.

Era capaz de ayudar a la gente, atender a las personas y encargarse de otros asuntos pequeños, no era como si de un día para el otro se convirtiera en alguien inútil.

Sin embargo, supo que nadie la pondría a trabajar y el problema era que no se animaba a ir a hablar con Aurora… Estaba avergonzada por su fallo.

Eso era para Akira.

Solo que era incapaz de ir a decirle a Aurora que estaba bien y que era capaz de continuar y la razón era el miedo, que todavía no desaparecía.

“…”

Mordiéndose los labios, al final no tuvo otra opción que caminar a la carpa principal en el centro del campamento, en donde los paladines y milicianos entraban y salían de forma continua.

“Haz que alguien se encargue de los diálogos con las fuerzas locales. Si voy yo me miraran de forma despectiva y no llegaremos a ningún lado. También diles a los sacerdotes que extiendan la voz sobre las caravanas. Vázquez quiero ver si descubres algo más entre los aventureros o mercenarios, he leído que eran bueno para entremezclarte. Y Liam me gustaría que te encargues de dejar un ‘ojo’ en este lugar. Ve si es posible contactar con una red de información o algo que ofrezca información.”

Las órdenes vinieron desde la carpa central y aquellos que recibían las órdenes tras asentir, se retiraron tan solo para que de inmediato sus lugares fueran ocupados por otras personas.

Liam y Vázquez la saludaron al verla pasar y se retiraron notándose no solo algo cansados, sino que, con demasiado trabajo, permitiéndole que ella entrara a la carpa.

Aurora estaba en medio viendo una proyección holográfica de la ciudad y su expresión solemne, demasiado seria, le recordó a Akira cuando esa joven tomó su espada en la presentación de la academia.

Haciéndole una señal a los paladines que estaban por informar que se detuvieran, Aurora le dio una mirada a ella y se acercó.

“Pareces cansada.” Murmuró Akira sin poder evitarlo.

De todas las cosas que podría haber dicho esas palabras fueron las primeras en salir y no pudo evitarlo.

Aurora era joven y si bien era bastante guapa, su apariencia delicada era lo que resaltaba con claridad.

Tal vez parecía alguien sería más que una joven energética, pero ahora sus ojos mostraban cierto cansancio y su tez, se notaba un poco pálida.

“Sí. Demasiado trabajo.” Respondió Aurora y haciéndole una señal para salir, comentó. “Aunque entiendo la idea de delegar funciones. Esto no es lo mismo como la teoría que enseñan en clases.”

La luz del sol en esta mañana algo calurosa la golpeó, logrando que Aurora cerrara sutilmente sus ojos dejándose bañar por los rayos del sol.

“¿Estudias?” Preguntó Akira, sin animarse a decir lo que sentía, ni a profundizar por el cansancio y viendo que la joven le daba mirada, murmuró. “Pensé que ya te habías graduado…”

Un murmullo con vergüenza, que fue dado porque Aurora le dio una mirada profunda que dejo en claro que estuvo despierta toda la noche.

Y por las personas que había visto Akira desde que despertó, Aurora no era la única que estuvo despierta.

Algo sucedió anoche, pero no solo nadie le quería informar, sino que Akira no se atrevía a preguntar.

Su murmullo solo dejo salir su idea de que Aurora ya se había graduado de forma prematura y si Akira era sincera, que a su joven edad fuera un rango S, llevaba a que pensara que todo era posible.

“Oh, no, no soy tan inteligente como crees y siempre he sido alguien promedio en mis notas y si bien ahora estoy trabajando en esto, asisto a una escuela con clases virtuales.” Respondió Aurora mientras caminaba a los cuarteles y con una sonrisa, añadió. “Se trata de administración. Muy útil para mis cubrir mis deficiencias en liderazgo.”

Akira abrió sus ojos un poco sorprendida al escuchar esas palabras.

“¿Qué? ¿Pensabas que tengo carisma innato? Las personas me obedecen por respeto y porque me conocen, pero por lo general soy muy mala líder y cometo errores… Muchos de ellos.” Dijo Aurora y dando una media sonrisa, murmuró. “Mis allegados me ayudan a ver mis errores y con otros me dio cuenta a la fuerza… Y de forma dolorosa.”

No estaba aclarando demasiado, pero a la vez dejaba ver mucho.

Buscaba ser objetivo al decir que la gente la seguía por respeto y porque la conocían, sin asumir el hecho de que tal vez era buena en lo que hacía o sus ideales eran atractivos.

Sin embargo, fue sincera en la idea que cometía errores y tales errores podían ser de muchos tipos.

Akira sintió que ella fue uno de sus errores y eso la hizo suspirar un poco, al ver que llegaba al cuartel de los paladines.

“Lo que me sucedió a mí no fue tu culpa.” Dijo Akira sin evitarlo y mirándola fijamente notando que había seriedad, declaró. “Yo fui quien cometió el error de no matarlo… De no protegerme como debía. Yo fui quien no estuvo a las alturas de tus expectativas.”

Fue ella quien no siguió el consejo que Aurora dio cuando llegó a este lugar y pagó las consecuencias de una forma dolorosa.

Debió haber asesinado a ese tipo… Ese era lo que la lógica le decía y era lo que su mente racional ahora le recriminaba.

Si lo hubiera hecho, podría no haber caído tan fácilmente y podría seguir intentando proteger a los rehenes y detener a los otros, hasta que Alice llegara.

En este punto solo quedaba como arrepentimientos vacíos y Aurora solo le dio una media sonrisa, que estaba en desacuerdo, pero no profundizo en el tema.

“Si necesitas algo, solo comunícate conmigo y me encargaré que tengas algo para hacer.” Informó Aurora al ver que el portal se activaba y mirándola, añadió. “Si deseas volver, solo avísame. Me encargaré de enviarte a casa.”

Si deseaba volver, lo podría hacer… Tales palabras causaron cierta reacción en Akira, tan solo al pensar en la idea de volver a casa y quedarse en ese lugar, hasta que regresara a sus clases habituales en la academia.

Sonaba bien y fue su lado empujado por el miedo que la llevo a pensar en que su vida volviera a hacer como antes, pero Akira se mordió los labios.

“Me quedaré en la ciudad un poco más… Todavía necesitas convertirte en mi guía turística para que me guíes y acompañes a todas partes.” Dijo Akira y tratando de encubrir sus pensamientos, añadió. “Pasar de directora a guía turística no parece un muy mal trato y más si es para tan buena estudiante, ¿no?”

Estaba tratando de bromear, buscando no pensar en su idea de irse y el miedo que sentía que a su vez le impedía decirle a Aurora que volvería.

Y por eso quedo en la línea del medio.

Sin retirarse en su totalidad, pero sin tratar de volver… Y no importa cuánto le molestara a ella misma tal estado, eso fue lo único que pudo hacer.

“Parece interesante, así que aceptaré.” Respondió Aurora simplemente haciéndole una señal al portal.

Akira suspiro… Tenía mucho de que pensar, pero la idea de ir de compras con esa joven y que la guiara a diferentes partes de la ciudad, parecía emocionante.

Después de todo, sentía que había alguien que se sabía divertir oculto en la seriedad que Aurora siempre llevaba.

******

Dos hombres lucharon entre ellos en el campo de entrenamiento, solo utilizando sus puños como armas.

Agatha que veía a su esposo luchar con el nuevo Coronel Wiyghan Makeba, dio una sonrisa al ver a su esposo divertirse.

Antón era un luchador feroz y si bien por lo general tenía una sonrisa agradable en su rostro, una vez que luchaba era poderoso y por, sobre todo, salvaje.

Su forma de moverse, de protegerse y de golpear mostraba experiencia y unos instintos espléndidos.

Lo curioso era que media lo mismo que su oponente, lo que llevo a que el combate fuera en un tamaño muy similar.

El artefacto para disminuir de tamaño estaba funcionando… Ese pensamiento pas_ó_ por la mente de Agatha mientras asentía con calma, viendo como Makeba era presionado.

No solo se trataba de que su esposo era un rango SSS, cuyo cuerpo era perfecto para la batalla directa, sino que era por los movimientos y los instintos.

Su esposo comprendía donde golpear, cuando golpear y lo hizo de forma perfecta, suprimiendo al nuevo Coronel del ejército recién formalizado.

A la vez que buscaba enseñarle, que era enfrentarse a un veterano.

“Un cuerpo que oculta una gran fuerza…”

Un murmullo vino de su lado y Agatha le dio una mirada al General McLean, cuyo título ahora era oficial.

El cuerpo de su esposo ocultaba una gran fuerza y ahora estaba soltándose, probando las capacidades de su cuerpo y adaptándose a un tamaño bajo de vuelta.

A la vez que probaba el artefacto que ella le había creado para que su tamaño se redujera.

“Lo hace.” Dijo Agatha y mirando a ese hombre que parecía querer ir a practicar con su esposo, añadió. “Antes de que vaya a divertirse, me gustaría entregarle algo.”

Junto a esas palabras, ella sacó un cristal redondo como una pequeña gema que tenía finos grabados en el interior.

“Este pequeño cristal puede ser usado para traer lo que hay del otro lado o llevándolo a usted al otro lado.” Informó Agatha y con calma al ver que ese hombre lo recibía, explicó. “Lo que traerá serán dos bestias no-muertas de rango SS, capaces de ser usadas como escudos de carne para cualquier situación peligrosa que lo requiera... De cierta forma sería un artefacto de invocación.”

La expresión del General McLean se volvió seria, tal vez pensando en quienes podrían ser las bestias.

Xaro realizó un excelente trabajo y Agatha tras encerrarlas en un lugar apartado, creó este artefacto para que sirviera como una medida de emergencia.

Una vez que sea activado con la intención de que trajera refuerzo, esas dos bestias de rango SS serian movidas espacialmente y obedecerían las órdenes de ese hombre.

“Ya debe saber por qué te lo estoy dando. Al oeste Raiden y otras personas se están preparando para fundar una nueva nación… Una república.” Informó Agatha y con calma, explicó. “Es un chiste por supuesto, pero lo hacen para evitar las acciones de la iglesia, de mí y digamos que, si bien no se atreverán a nada durante un tiempo, en el futuro puede que actúen.”

La mejor forma de limitar a una autoridad tan grande como la iglesia era por medio de jugar con las mismas reglas.

Formalizar una nación en este lugar en donde las tierras estaban gobernadas por peligrosos señores de la guerra, llevaría a que el mismo público tuviera una buena imagen de esa nación y si la iglesia intervenía, sería mala publicidad.

Una poderosa iglesia con una mala imagen siempre era algo malo y ahora que la iglesia era tan grande, era necesario cuidarse con algunas acciones.

Sin embargo, el problema no era ese…

“Eres un rango SS y eres fuerte. ¿Nunca nadie se te ha acercado hablándote de forma agradable, ofreciéndote formas de cooperar y queriendo que te unieras a sus pequeños grupos?” Preguntó Agatha y viendo que la expresión de ese hombre se volvía solemne, añadió. “Digamos que has hecho bien en rechazarlos.”

La expresión de ese hombre se volvió seria, no solo ante su acierto de que algunas personas se le acercaron ofreciéndole formas de cooperar, sino que ante la idea segura que tenía de que lo rechazo.

Y Agatha sabía que lo rechazo, porque a quien le había rezado para formalizar su trato, se lo informó a ella.

“Dejando de lado los objetivos de esas personas y la verdadera intención que hay detrás de esos grupos de idiotas, el tema es que pueden resultar peligrosos y en mi caso no creo que estaré siempre pendiente de mis hijas.” Dijo Agatha y con calma, señaló. “Y por eso creo que es bueno tener una fuerza secreta. Si alguien un día se atreve a molestar a mis hijas, puedes soltar a las bestias y dejar que hagan un desastre… Ya sea sin informar o no de ellas a los demás.”

“Tú…” El General McLean abrió sus ojos ante la idea que expresaba.

Una bestia no-muerta de la cual ella, él, su esposo, Melorrill y Xaro sabían… Tal bestia si era liberada en un lugar que era considerado ‘molesto’ y se le ordenaba hacer un desastre, podría causar muchos problemas y al final nadie lo conectarían con ellos.

A eso estaba apuntando Agatha.

Sus hijas iban a estar bien incluso si ella se retiraba y no era porque ambas eran fuertes, sino que tanto la iglesia como Zerzura las protegerían.

La ciudad ahora tenía al General McLean y si bien las bestias que había pedido que revivieran podían usarlas para proteger la ciudad, también podían ser usadas para solucionar problemas en secreto.

Las bestias eran inteligentes lo que significaba que podrían llevar a cabo sus objetivos de forma sabia y si tenían suerte, hasta eran capaces de asesinar a un rango SS… O destruir todas sus tierras y su gente.

Sin que estuviera relacionado con ellos y ahora ese hombre que había entendido su significado, se sorprendió por la idea que expresaba.

Podía soltarlas en un cuartel militar de algún Gran Señor de la Guerra y dejar que matara a miles y miles de personas… Esa era la idea que le causó sorpresa al General McLean.

“¿Qué? Has sido un criminal, un asesino y aquellos que ven tu historial de Terra nova dirían que genocida. Hacer el trabajo que Zerzura no se atreve debe ser fácil para alguien que fue capaz de matar niños… O niños lobos, da lo mismo.” Dijo Agatha causando que ese hombre diera una expresión cada vez más seria y mirara a los alrededores, para ver si alguien lo escuchaba y fue esa reacción lo que le causó gracia y comentó. “No te preocupes, no te juzgo.”

Como jugador participó en el genocidio a la raza de los hombres lobos en Terra nova y fue uno de los clásicos jugadores que se ocultaban en sus seudónimos y se soltaban dejando salir su verdadera naturaleza cuando estaban en el otro lado.

Todo mientras que, en la vida real, era un criminal, un asesino, un mercenario y algunos dirían que un señor de la guerra local, antes de que la magia llegara a este mundo.

Luego cambio, queriendo arrepentirse, pero era innegable que hizo cosas muy pesadas, que seguramente si su hija se enteraba lo miraría de otra forma.

No, toda Zerzura lo miraría de otra forma.

“Y tampoco necesitas preocuparte porque alguien lo descubra. Sabes cubrir bien tus huellas y lo suficiente como para que nadie pueda descubrir tu pasado… Al menos que reces a una existencia poderosa.” Dijo Agatha con una risa entretenida al ver seriedad en el hombre.

La iglesia era incapaz de descubrir la información de ese hombre y la única forma que lo supo, fue porque él se conectó a una entidad que no debía y ella fue informada por ese mismo medio.

Pero de por sí, no lo estaba juzgando y sería imposible hacerlo cuando pensaba en la persona que era su hijo mayor… Y su nuera.

“¿Es por eso que me dejas estas bestias a mí y no a tus hijas?” Preguntó el General McLean más como una confirmación que como una pregunta.

Pensaba que se lo estaba dejando a él, para que pudiera hacer cosas que sus hijas no se atreverían a realizar, cuando la situación requiriera medidas excesivas… Como soltar las bestias para usarlas y asesinar algún gran señor de la guerra, sin pensar en las vidas humanas.

Y de cierta forma estaba en lo correcto.

“Aurora no verá dos herramientas que pueden ser utilizadas para cumplir sus objetivos. Las veras como cargas y responsabilidades, armas de las cuales tiene que tener cuidado y llevara a que tenga dificultades de utilizarlas, limitándose demasiado. Y Alice…” Dijo Agatha y deteniéndose un poco al pensar en su linda hija que le gustaba comer, sonrió y comentó. “Ella lo usaría apenas su hermana estuviera en problemas y podría ir al extremo de una forma desmedida.”

No compartía los intereses de Aurora por ayudar a las personas y de cierta forma era similar a su pequeña glotona, a la hora de actuar.

No obstante, eso no significaba que no las entendiera a ambas y no supiera que iban a hacer si les dejaba estas bestias.

Era probable que Aurora tratara estas bestias no-muertas como ‘personas’, buscando tratarlas como su igual, cuando eran solo herramientas, que fueron resucitadas para cumplir objetivos.

Por otra parte, Alice una vez que alguien pasara la línea en contra de su hermana, podría ser muy extremista y si tenía dos bestias, podría utilizarla de forma excesiva.

Así que prefirió dejárselo a alguien que había hecho cosas terribles y ahora buscaba reparar los errores del pasado, pero que no se dejaría llevar por ideales y haría lo que tuviera que hacer.

“Por supuesto, estoy hablando de casos hipotéticos y algo apocalípticos. Pero mi punto es que, eres la persona indicada para utilizar dos herramientas en caso de necesidad… Una necesidad para Zerzura más que para mis hijas.” Comentó Agatha y volviendo a mirar a su esposo, añadió. “No confió en ti. Confió en quien nombraste para hacer el contrato.”

Le había pedido que hiciera un contrato cuando se unió a Zerzura y la idea fue limitarlo, pero la verdadera razón era controlarlo y mantenerlo bajo vigilancia.

No por medio del Dios del Tiempo y el Espacio por el cual hizo el voto, fue por medio de una entidad más peligrosa, invasiva y que le importaba una mierda los contratos a su nombre.

Esa clase de existencia ya se había acercado a ese hombre sin que se diera cuenta y le ayudó a obtener la información que necesitaba… Información que le daba confianza para dejarle estas herramientas, que serían usadas sabiamente.

Aunque de cierta forma, los escenarios que pensaba siempre eran hipotéticos y eso se debía a que era improbable que algunos Grandes Señores de la guerra se unieran y atacaran a Zerzura o que otro Malik apareciera.

No obstante, estaban presente y pese a que a ella no le interesaba este mundo, amaba a sus hijas.

El General McLean asintió.

Sabía en qué lugar se metía cuando ella le pidió el contrato y entendió que, si no hubiera hecho ese contrato con ella en nombre de esa existencia de gran terror, su cuerpo en este momento sería un cadáver o hubiera sucedido algo peor.

Y tal sabiduría era algo que le agradaba de ese individuo, ya que, si bien era sincero con su idea de reparar sus errores, seguía teniendo una mentalidad fría a la hora de actuar y de decidir.

Agatha no tenía interés en seguir cuidando a la tierra en su conjunto o ser alguna clase de ‘protectora’ o incluso ‘vigilante’, que mantuviera el orden, pero si deseaba que sus hijas tuvieran una vida tranquila.

Al menos hasta que crecieran y fueran lo suficiente mayor, como para meterse en temas más profundos y pesados por su cuenta, pero para ese momento faltaba.


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Historia Paralela Capítulo 124
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Era la decisión correcta.

Historia Paralela Nuevo Comienzo Capítulo 124: Era la decisión correcta.

La televisión seguía encendida justo como ella la dejo cuando se fue a la mañana y Akira dio un suspiro algo aburrida al entrar a la casa.

Aurora, Liam y a veces Alice venían a la casa para ver cómo le iba o para darle ‘tareas’, permitiéndole ir a entrenar con el Gremio Orisha Oko, el ejército o trabajar con mercenarios.

Siempre realizaba misiones acompañada y no sola, pero de cierta forma este par de días desde que había vuelto de Massawa, estuvo bastante sola en la casa.

Una parte de ella le parecía increíble que la dejaran sola en esta gran casa, pero conociendo Aurora era probable que fuera confiada en este tipo de asuntos.

Akira volvió a suspirar al apagar el televisor y se quedó mirando la pared durante varios minutos.

Había trabajo aquí en Zerzura y otros estudiantes que se quedaron, estaban realizando múltiples trabajos.

Los miembros de la Academia Cernunnos se encargaban de las reservas de bestias, buscando dar orden a las bestias mágicas utilizando sus habilidades para comunicarse y aquellos de la Academia Merlín estaban con los aventureros, poniendo en práctica sus habilidades.

Algunos pocos de la Academia Aetherium también estaba trabajando solos o con otros estudiantes en misiones bastante complicadas.

O lo más complicado que podía ser limpiar algunas mazmorras temporales y naturales junto a otros grupos.

Sin embargo, no era lo mismo… Akira sentía que estas misiones eran juegos de niños.

¿Y cómo podría no sentirlo de esa forma? Solo recordar lo cansada que termino cuando se dedicó a limpiar las mazmorras que estaban por desbordarse, era la prueba de que tan agitado podía resultar las tareas en esas áreas.

Si bien Aurora la vigilaba u ordenaba que la vigilaran en la tarea, eran misiones que no tenían ninguna restricción y que no estaban preparadas, siendo al azar.

Misiones reales.

“Mierda… Mierda…”

Maldiciendo dos veces seguidas, Akira se mordió los labios y luego dio un suspiro agotado al no atreverse a llamar a Aurora y decirle que deseaba volver.

Era difícil saber si Aurora la aceptaría, pero ella quería sentir que era capaz de realizar las tareas que le daban, de estar a la altura del peligro de tales de misiones.

De aceptar que, si bien tenía miedo, tenía la fuerza para enfrentarlo, pero no pudo… Todavía recordaba ese día, el dolor y el miedo a la muerte, llevando a que no pudiera atreverse a actuar.

No era como si tuviera pesadillas, pero era incapaz de atreverse a dar ese paso y el miedo que tanto le molestaba, era evidente.

¿Cuánto faltaba para que terminara las prácticas? Estaban en enero y era probable que pronto estas prácticas terminaran y Akira no podía quitarse la sensación, que, si no tomaba la oportunidad, la perdería para siempre.

Tal vez era un poco exagerada, pero tan solo con esa exageración se dejaba ver el estado que se encontraba.

Sin saber qué hacer, recostada en el sofá, Akira escuchó ruido de la cocina y se levantó rápido pensando que tal vez Aurora o Alice la habían venido de visita.

Dirigiéndose a la cocina, siguió escuchando los ruidos como si alguien estuviera preparando algo y al llegar, pudo ver una figura de espalda.

“Ocuparé su cocina un momento. Estoy preparando algo para una pequeña fiesta de té.” Dijo la figura y tras un momento, se giró y comentó. “Oh, pensé que era una de mis hijas.”

Era guapa… De por sí Aurora era bastante linda por su delicada apariencia y Alice era una joven cuya belleza resaltaba, pero la mujer que estaba al frente de ella, era muy guapa.

Con unos veintitantos, la mujer tenía cabello negro suelto y sus ojos negros brillaban mientras que la sonrisa que lograría atrapar a cualquiera, solo crecía al verla.

¿La hermana mayor de Aurora y Alice? Akira con esa pregunta en su mente y encontrándole parecido a otra persona, ella tembló de forma sutil.

Si se le agregaba unos años más, se cambiaba esa ropa cómoda por una túnica de maga y se les agregaba más frialdad a sus ojos negros, entonces…

“Agatha Campbell. Un gusto conocerte, Akira.” Saludó la mujer y con una sonrisa al verla aturdida, añadió. “No te sorprendas, leí tu nombre entre los informes de los estudiantes.”

“Usted… Ellas son…”

Akira tartamudeo abriendo y cerrando su boca de forma constante, sin saber que decir, logrando que la mujer sonriera entretenida al verla.

¡Era ella!

¡La famosa heroína! Miembro de la Iglesia del Tiempo y el Espacio, una de los fundadores del Gremio de Héroes y una de las fuerzas principales que participó en la guerra europea-demoniaca y llevo a cabo la paz con los demonios.

¡Tal vez estaba más joven que las últimas fotos que se tenía de ella, pero quien estaba al frente de ella era una leyenda!

“Usted y el Gigante de Acero son…”

“Una pena que mis hijas nos mantengan ocultos, pero sí. Tus pequeñas jefas son mis adorables hijas.” Respondió Agatha viendo que seguía aturdida y haciéndole una señal para que se acercara y se sentara, comentó. “Ven siéntate. Estoy preparado algunos aperitivos para una pequeña fiesta de té.”

Amable y agradable, esa mujer siguió trabajando y Akira se sentó tan solo para que al frente de ella apareciera una taza de té y un pequeño budín junto a otros platos como para que eligiera lo que deseaba comer.

Esa mujer utilizó magia espacial, sin ni siquiera detener sus movimientos en la cocina, permitiéndole que Akira pudiera asumir la situación en la que se encontraba.

Aurora y Alice ocultaron el hecho de quienes eran sus padres y para Akira era normal, cuando los padres eran dos leyendas de este peso.

Y ella recordó cuando bromeó diciéndole que Aurora podía ser la ‘Luz de Plata’ o la ‘hija’… Y resultó que había acertado.

“…” 

Bebiendo su té, saboreándolo y sintiendo que se relajaba, Akira pensó que ahora entendió la mirada rara que le había dado Aurora esa vez.

“¿Mejor?” Preguntó Agatha mirándola con una sonrisa y al ver que ella asentía avergonzada, añadió. “Es normal que sea una sorpresa. Aurora y Alice no hablan demasiado de mí o de su padre y es poco probable que nos relacionen… Digo, tan solo en la iglesia hay miles de ‘Campbell’ trabajando.”

Era de esa forma.

Tratar de relacionar por el apellido sería sin duda imposible y cuando uno pensaba en relacionar por la apariencia… Normalmente nadie creería que una mujer en su veintitantos era una madre de dos adolescentes.

Akira volvió a beber el té y tras un trago, soltó un largo suspiro que iba más allá de la sorpresa y sacó un poco de su cansancio anterior.

“Había escuchado de Alice que estabas trabajando con ellas, pero que estés aquí… ¿Sucedió algo, cierto?” Preguntó Agatha sentándose al frente de ella y con una sonrisa cómoda, añadió. “Si quieres alguien con quien hablar, puedo escucharte.”

La mirada que le daba llevaba calma, pero a la vez dejaba ver experiencia de una mujer mayor, que podría ayudarla a responder sus dudas.

“Usted es tan amable como todos dicen…” Murmuró Akira de forma honesta.

Había leído las historias en internet de la Luz de Plata y si bien había todo tipo de comentarios, muchos decían que ella era bastante amable.

“Dudo que esas personas me conozcan de verdad.” Respondió Agatha con una risa divertida y dándole una mirada a ella, comentó. “Eres la primera persona que Aurora deja acercarse a ella en bastante tiempo. Es imposible que no ayude a una amiga de mi hija.”

Sus palabras que salieron de su lado algo fanática por las historias de la Luz de Plata, llevaron a que leyenda se riera, pero Akira solo se centró en el comentario final.

“¿Cree que soy su amiga?” Dudó Akira de forma honesta.

Era muy difícil decir que era amiga de Alice y era normal, cuando esa jovencita a pesar de que hablaba, nunca se acercaba lo suficiente.

Por su parte, Aurora era difícil de definir, ya que a veces resultaba complicado pensar si se acercó o no a esa joven que por momentos actuaba con demasiada seriedad y era distante, justo como en estos momentos.

Era cierto que ella no se iba a rendir en intentar acercarse y fue porque le agradaba Aurora y principalmente porque Akira sabía que, dentro de las capas de seriedad y solemnidad de esa joven, se encontraba un lado que sería una amiga inigualable.

Sin embargo, que la dejaran en este lugar y la mantuvieran alejada, visitándola de vez en cuando mientras trabajaban, la hacían dudar de todo.

“Oh, lo eres. Créeme, Aurora es alguien complicada y no deja que nadie se acerque, pero desde hace mucho no se había soltado como en el tema de ser ‘directora’. Estoy segura de que le agradas.” Dijo Agatha y con una media sonrisa, señaló. “Si no lo hiciera, tú no te quedarías en este lugar.”

¿Soltarse? Akira ahora que conocía más a esa joven, pudo entender que era bastante seria y algunos dirían que hasta rígida.

En cuanto a lo de quedarse, era algo en lo que le costaba estar de acuerdo.

Una parte de ella pensó que Aurora la dejaba estar aquí, porque se sentía culpable de lo que le sucedió y otra pequeña parte, le decía que, si la quisieran lejos, ya se habrían encargado de sacársela de encima.

Y Akira ante tantos pensamientos volvió a suspirar agobiada.

“Cuéntame tal vez pueda ayudar.” Instó Agatha y dándole un guiño, comentó. “Pueda que me vea joven, pero es probable que sea mayor que tus padres y tengo la experiencia de los años.”

¿Era de esa forma? Akira sin pensar en la edad detrás de esa apariencia de juventud, se detuvo un momento y luego tras retorcerse dudando, decidió hablar.

“Tengo miedo a morir…” Murmuró Akira de forma honesta y algo avergonzada, añadió. “Tengo miedo a matar.”

Estaba avergonzada al decirlo frente a una leyenda como lo era la Luz de Plata que estaba al frente de ella, pero lo que recibió fue un asentimiento.

Sin burla y con calma, Agatha asintió como si fuera normal.

Tenía miedo a morir por eso no era capaz de hablar directamente con Aurora de que era capaz de volver al trabajo y tenía miedo a matar, llevando a que ese día que casi murió, no pudiera haber asesinado a ese maleante que casi la elimina a ella.

“No es una sorpresa.” Respondió Agatha y con calma, dándole una mirada solemne, precisó. “Las personas no están acostumbradas a asesinar a otros seres humanos y no lo deberían estar. Pasar la línea, se vuelve ‘fácil’, si no le das la importancia que debe tener el hecho de quitar una vida.”

Quitar una vida no era algo fácil ni debía convertirse en algo fácil… Reconocer la importancia de quitar una vida a la vez significaba reconocer el peso detrás de esa acción.

“No hay duda que en algún momento será necesario. En este mundo es fácil ser atrapada entre la espada y la pared, quedándote sin opciones y si deseas sobrevivir en esta clase de mundo cruel tendrás que hacerlo.” Añadió Agatha y mirándola con calma, señaló. “Pero quien debe decidirlo eres tú. ¿Qué estás dispuesto a hacer por tus creencias?”

Akira comprendió el ‘momento’ que se refería y ella en la situación de muerte por la cual atravesó, fue el ejemplo más claro de la necesidad de la cual hablaba.

Y era cierto, ella hubiera tenido más oportunidades de sobrevivir si hubiera eliminado a ese hombre que trató de matarla, cuando tuvo la oportunidad.

“Hay veces en donde solo tu vida está en peligro y otras veces en donde otras vidas estarán en peligro si mueres… Es en esa clase de momento en el que decides los límites que deseas superar.” Definió Agatha con calma.

Esa vez no solo su vida estuvo en peligro sino que también la de los rehenes… Sin embargo, Agatha solo ocultó un hecho que pensaba, pero no dijo y Akira comprendió.

Su propia vida tenía importancia y a la vez, si ella moría, afectaría a aquellos que la rodeaban.

Su familia, sus amigos… O la persona que la puso en el trabajo, creyendo que estaba lista.

A pesar de que le estaba diciendo que era su deber elegir, a la vez le estaba enseñando que en estas clases de misiones que se realizaba en estos lugares, la muerte de uno, podía significar la muerte de otro.

“No te diré que eres demasiado joven y no debes pensar en el tema. Yo te diré que la posibilidad existe si sigues tomando estos trabajos.” Dijo Agatha y poniendo su dedo en el mentón como si pensara, añadió. “En cuanto al miedo a la muerte… ¿Quién no tiene miedo?”

Akira que estaba pensante sobre su recomendación, se concentró en las últimas palabras de esa mujer, que dejo en claro que tuvo miedo a la muerte.

“Algunos temen por su propia muerte, otros por la muerte de sus seres queridos. La única verdad es que el miedo a la muerte está presente e incluso un Dios Inmortal tiene miedo.” Dijo Agatha y con una sonrisa, que daba la sensación de conocer sobre el tema, explicó. “Es incapaz de morir, pero sus seres queridos si lo son.”

Una parte de Akira se distrajo pensando en si se refería al ‘Diablo Inmortal’ del que tanto se hablaba en las clases de teología o se trataba de otro dios, pero ese pensamiento al azar solo ocultó sus verdaderas dudas.

Ya fuera una existencia que no podía morir o una persona común, ambas tenían miedo a la muerte, solo que por razones y de formas muy diferentes.

“Sin embargo, la clase de miedo al cual te refieres tú, hay formas de enfrentarlo.” Dijo Agatha y viendo que atrajo su atención en su totalidad, añadió. “Vence el miedo con otro miedo. Uno que puedas vencer, que te empuje a superarlo. Uno que haga la muerte, parecer un tema insignificante.”

Hay cosas peores a la muerte… Esa frase era dicha algunas veces por algunas personas.

Agatha le estaba señalando que buscara una de esas ‘cosas’, que se convertirá en un miedo, pero uno que la empujara a superarse tanto mentalmente como sus límites.

Un miedo que haga parecer a la muerte como un estado final, que podría liberarla de un terror mayor.

Vencer el miedo con miedo… Akira solo pudo captar ligeramente a lo que se refería y al final, dudó.

“¿Cómo encuentro esa clase de miedo?” Preguntó Akira con seriedad.

Tal vez para algunos era extremistas, pero Akira sintió que esa mujer la entendió… Entendió sus complejos pensamientos, comprendió sus miedos y dificultades, sabiendo que en este momento era incapaz de moverse.

Y por eso le aconsejó que enfrentara el miedo con miedo y que fuera este ‘nuevo’ miedo lo que la empujara para que finalmente se moviera, ya no temiendo a la muerte, sino a lo que le ocurriría si moría.

Por tal razón, hizo su pregunta honesta, queriendo utilizar este método para superar de forma rápido su situación actual.

“Hay muchas maneras. Aunque si tuviera que elegir una menos arriesgada, elegiría a Alice.” Respondió Agatha y con calma, explicó. “Mi hija puede ser muy peligrosa cuando lucha y puede ayudarte a enfrentar ese miedo, de una forma muy dolorosa. Pero ten en cuenta que, si le pides ayuda, ella puede ser muy cruel. Demasiado.”

Si seguía su consejo y le pedía Alice, no conseguiría un ‘entrenamiento’, sino que una batalla a muerte muy similar a los que altos rangos utilizaban para forzar sus ascensos.

Una batalla en donde la muerte, solo sería una misericordia, comparada al dolor. 

Esa era la sensación que estaba dando Agatha y la mirada seria, solo se hizo más intensa.

“Esa es una forma si quieres un método rápido y si quieres un método lento, deja que el tiempo pase. Eventualmente ese miedo mermará y desaparecerá, permitiéndote volver a salir a la batalla.” Agregó Agatha con calma.

La forma que parecía entenderla era como si pudiera leer su mente y Akira solo mantuvo su admiración oculta mientras sus dudas y pensamientos surgían, sintiendo que la idea de esa mujer era buena.

Podía dejar que el tiempo pasara, volver a la escuela y cuando estuviera lista, podría volver a realizar misiones arriesgadas.

Esa era la forma más ‘normal’ y tranquila posible, pero Akira no podía utilizar este método.

Si volvía, iba a perder su oportunidad de participar en las misiones importantes que realizaba Aurora y Alice.

Había una posibilidad de que tales oportunidades para hacer algo grande no volviera suceder y Akira no deseaba perderla.

“Gracias… Tendré en cuenta su consejo.” Dijo Akira de forma honesta.

Pensó en Alice y recordó la forma cruel que asesinaba, entonces al sentir un poco de miedo, lo supo… Era la decisión correcta.

******

Asesinato a sangre fría, lo suficiente aterrador como para darle miedo y lo suficiente sangriento, como para impactarla y tratar de no pensar en ello… Agatha solo dio una media sonrisa mientras volaba por el desierto, alejándose.

Esa niña pensó en su pequeña glotona cuando le dio su recomendación y era probable que pronto Alice tuviera un pedido de entrenamiento.

“Pobre niña, no sabe a dónde se mete.” Murmuró Agatha con honestidad.

“Bueno, le diste lo que deseaba obtener. ¿No era eso lo que quería?”

Una voz infantil sonó en su oído y a pesar de que no había nadie, la voz se sintió real como si alguien estuviera cerca de ella.

Agatha en vez de impactarse por esa voz, dio un asentimiento estando de acuerdo.

“De igual manera no fue necesario que me hicieras leer sus pensamientos.” Comentó Agatha aterrizando en el desierto.

Era un lugar al azar y al tocar el suelo, un agujero fue creado tragándola muy profundo bajo tierra mientras sus barreras la cubrían de la arena.

La razón por la cual supo que esa jovencita quería un método ‘rápido’ para superar sus miedos fue porque pudo leer sus pensamientos y eso fue gracias a la dueña de esa adorable voz.

“Pensé que iba a ser de ayuda y bueno, si escuchabas toda su historia, te iba a retrasar para la fiesta de té.” Respondió la voz infantil de forma indiferente.

Infantil, adorable y tan tranquila, la forma que mostraba cierto aburrimiento ante la idea de que la hicieran esperar mientras ella escuchaba la historia de la joven, llevo a que Agatha diera una mirada rara como si no le creyera.

Todo mientras el agujero se extendía formando una habitación con magia de tierra.

“Bien, me atrapaste.” Dijo la voz y con una pequeña risa infantil, añadió. “¿No dijiste que Aurora se había cerrado un poco y que esta joven la hizo actuar un poco más libre? Yo solo te ayudé para que se quedara.”

La ayudó… Tales palabras no sorprendieron a Agatha.

Había estado hablando con la dueña de la voz de su hija y de cierta forma permitirle leer los pensamientos de Akira, era para esa voz una forma de ayudarla.

Aurora se había cerrado, pero fue Akira quien la hizo abrirse un poco, no solo permitiendo que alguien trabajara a su lado, sino que soltándose más.

Tal vez era ligero, pero a la vez en la situación que se encontraba Aurora la forma que se ‘abrió’, dejo ver que de cierta forma trataba de avanzar de su pasado y Agatha sin duda deseaba ayudarla.

Aunque eso significara enviar a Akira a una situación complicada.

“Ciertamente. Aunque siento un poco de pena por esa joven.” Murmuró Agatha de forma honesta mientras creaba un círculo mágico de teletransporte, grabándolo en la piedra.

Gracias a que esa voz le permitió leer los pensamientos de la joven, Agatha se dio cuenta de lo que deseaba y ella le dio la forma de ‘liberarse’ de sus miedos.

Alice era la persona correcta si alguien deseaba un entrenamiento directo y era aún mejor si alguien deseaba quedar asustado… Su adorable hija podía ser muy aterradora y meticulosa a la hora de ‘asustar’ a las personas.

Tal vez era difícil saber qué sucedería, pero estuvo claro que Akira sufriría.

“Cierto. Aun así, le dijiste lo que deseaba escuchar.” Respondió la voz infantil y con calma, añadió. “No te preocupes, te entiendo… Aurora no debería soportar más cargas innecesarias.”

Los círculos mágicos brillaron y la visión de Agatha cambio, pero ella sin prestarle atención a los alrededores, salió al pasillo y empezó a moverse con un fruncir de ceño.

“No pongas esa cara. No es como si la estuviera vigilándola. Solo vi los eventos que sucedieron por medio de los recuerdos de esa jovencita y por tus palabras.” Reveló la voz y tras unos segundos, murmuró. “Me siento herida. ¿Crees que no soy capaz de mantenerme alejada de ellas? Mientras ambas no me necesiten abiertamente, yo no intervendré.”

Lo primero que pensó al escuchar sus comentarios de que su hija no debería tener más cargas, fue que esa voz la estuvo vigilando y eso no solo la puso cautelosa, sino que despertó su actitud algo agresiva.

Arreglándose el cabello mientras entraba a un pasillo con paredes egipcias, Agatha dio un suspiro inevitable. 

“Lo siento. En mi defensa, eres una persona que jugaría con las vidas de todos los que están a tu alrededor. ¿No hiciste lo mismo con tu ‘amado’?” Preguntó Agatha mientras abría la puerta al final del pasillo.

No le importó las estatuas, ni que en su visión se vieran miles y miles de almas resguardadas en las paredes, solo llegó al pasillo del otro lado.

Y avanzó a la sala con calma.

“Ahí te confundes. Es mi amado quien quiso jugar conmigo… ¿Y cómo podría evitar decirle que no?” Respondió la voz infantil, proveniente de la sala y mientras se escuchaba una risita divertida, añadió. “Y será lo mismo con tus hijas. Una vez que acepten jugar conmigo y me den su consentimiento… Me divertiré como nunca.”

El tono de las primeras palabras fue infantil, pero a un nivel de una niña enamorada por primera vez que se volvía ingenua cuando se encontraba su primer amor.

Las segundas palabras, llevaban una diversión profunda como una niña que estaba queriendo jugar con sus amigas.

El problema era, que para esa existencia ‘jugar’ era algo que solo ella hacía de forma unilateral y estaba al nivel de ser una niña que jugaba con muñecas… No, con hormigas y el tema era que sus hijas serian esas hormigas.

“Que feo que pienses eso de mí, Agatha. Pensé que habíamos dejado en claro que no veo a la familia de mi amado de esa forma.”

Esa voz vino de la sala y lo que Agatha vio fue una niña de cabello rubio, llevando un vestido colorido y zapatos con encaje mientras se ponía la mano en su corazón como si estuviera ‘herida’.

“Y pensé que dejamos en claro que no quiero que leas mis pensamientos.” Replico Agatha mientras agitaba su mano poniendo los dulces y el té en la mesa con magia espacial.

“Lo siento, es costumbre leer los pensamientos de mis muñecas.” Respondió la pequeña encogiéndose de hombros.

La linda sonrisa que daba solo causó que Agatha se riera provocando que esa pequeña también la acompañara en su risa.

Estaba siguiendo el hilo de sus pensamientos.

Una pequeña que veía a otros como muñecos con los cuales podía jugar y si bien sus palabras fueron algo bromistas, Agatha vio lo que ocultaba.

La idea de que no buscaba tratarla como una ‘muñeca’ o un ‘juguete’… De cambiar sus hábitos al mirar a aquellos cercanos a su amado, como simples formas de vida o como ‘actores’ para sus espectáculos y su propio entretenimiento.

Y de cierta forma lo estaba logrando, por tal razón sus hijas no se habían topado con unas de las locuras de la pequeña a su lado.

“¿Sabes que incluso si no me meto en tu mente, puedo seguir ‘leyéndote’?” Dudó la niña con una pequeña sonrisa extraña.

Leer sus cambios de expresión, las emociones que expresaba con la mirada y hasta era posible que comprendiera sus latidos de corazón o el aura que emanaba… Agatha asintió sabiendo que era imposible ocultarse de la pequeña al frente de ella.

Aun así…

“Lo sé, pero no sabes lo que pienso en su totalidad.” Respondió Agatha y tirándose al sofá cansada, no pudo evitar mantener su expresión en calma al ver como la pequeña hacia un lindo puchero.

Era una linda niña que llevaba un vestido colorido y que emanaba un aura inocente y muy adorable y fue ese pequeño y adorable puchero, lo que hizo que Agatha tuviera un pensamiento.

¿Su hijo se enamoró de verdad de una niña?

Se había prometido no juzgar a sus hijos, por sus acciones, no importa lo que hicieran, pero no esta era una de las pocas dudas que venía a su mente.

La pequeña que normalmente se hubiera reído a carcajadas y hubiera respondido orgullosa para afirmar su pregunta, ahora le dio una mirada mientras tomaba una taza de té.

Que actuara de esta forma, dejo en claro que no estaba leyendo su mente, pero igualmente le dio una mirada.

“Falta poco…” Murmuró la pequeña y tras tragar una galleta, dudó. “¿Nerviosa?”

Se dio cuenta del progreso de su estado con una sola mirada y para solo haber hablado de forma ligera estos meses, pudo captar sus emociones.

“No. ¿Cómo podría estar nerviosa con mi nuera a mi lado?” Respondió Agatha con una sonrisa descarada y viendo que la pequeña se reía, ella también sonrió y añadió. “Solo pienso como se sentirá cuando la energía mágica de este mundo no sea lo suficiente densa para mantenerme.”

Su esposo ya ascendió y como había estado trabajando en su magia, pudo lograr que su tamaño no pareciera notable, pero todavía faltaba ella.

Un ascenso inevitable que ahora solo estaba suprimiendo y que en cualquier momento se podría desencadenar.

Si bien había teorizado lo que sucedería y no lo había sufrido, si era correcto, entonces la energía mágica de este mundo no sería lo suficiente densa para mantenerla.

“Bah, si hubieras seguido mi idea de destruir la barrera dimensional, no tendrías que preocuparte de la falta de energía mágica.” Respondió la pequeña, como si su problema no fuera nada.

El tema no era que sus problemas no fueran ‘nada’, el punto aquí era que las soluciones de esa adorable niña, siempre eran extremas.

“Si hubiera seguido cualquiera de tus ideas, este mundo podría haber sido destruido… O convertido en una historia de superhéroes como los comics.” Replicó Agatha con calma.

Ambas se miraron… Y se rieron a carcajadas, disfrutando su pequeña fiesta de té.

Una de las tantas que tenían de forma habitual.


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