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TG - Capítulo 652
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Clones.

Capítulo 652: Clones.

En una amplia habitación se encontraba Érica mirando diferentes figuras de hielo caminar alrededor de un cristal azul con el tamaño de una pelota de playa.

Este cristal mágico era el núcleo de la torre mágica que ella estaba ocupando y le permitía a los magos conectarse al cristal y organizar y diseñar los hechizos con mayor facilidad.

Tal ventaja le daba la torre llevando a que su progreso se acelerara de manera exponencial, pero esta era una de las varias ventajas que ella tenía.

“Aunque nos dediquemos días enteros en aumentar la dureza del hielo, el cuerpo de nuestro soldado no alcanzara el rango SS.”

“Lo hará. La biblioteca de la Academia Merlín tiene hechizos de hielo de defensa que podemos aplicar al cuerpo y le daremos una resistencia lo suficiente alta como para compararse al cuerpo de un rango SS y también podemos hacerlo maleable.”

“El gasto de energía mágica y el tiempo de lanzamiento aumentará si añadimos más y más hechizos.”

“Este es un hechizo diseñado para ser lanzado antes de la batalla, no durante el combate. No importa que nos demores una o dos horas para lanzarlo.”

“Tampoco debemos ser tan imprudentes. Incluso si una de nosotras no puede lanzarlo, tenemos que hacer que el hechizo pueda ser lanzado conjuntamente por todas nosotras. De esa forma podemos acelerar el lanzamiento y mantener la potencia.”

Un debate estaba sucediendo delante de sus ojos y Érica vio a las diferentes figuras de hielo que eran sus clones.

Cerca de diez clones de hielo estaban en esta habitación debatiendo y arreglando el hechizo.

Aquel que había escrito las notas usaba magia de ilusión para crear clones de sí mismo y Érica hizo lo mismo con sus clones de hielo, llevando a que ella tuviera muchas manos y principalmente mentes que la ayudaban.

Tal ventaja le permitía acelerar la corrección de errores y problemas, pero también creaba complicaciones.

“No nos podemos poner de acuerdo.” Dijo un clon de hielo y mirándola a ella, pidió. “Necesitas hablar con nosotras o no llegaremos a ningún lado.”

El clon no sonaba para nada respetuosa y se escuchaba irritada.

¿Así era ella cuando las cosas no iban como quería? Érica recibió las miradas de sus clones creados con sus recuerdos, emociones, personalidad y más importante que todo su conocimiento.

Ellas eran conscientes, totalmente, sin ninguna restricción y a pesar de que era sumamente peligroso, esta era la mejor forma de acelerar su trabajo.

La lluvia de ideas era genial, pero cada clon tenía una perspectiva distinta a pesar de tener las mismas experiencias y eso llevaba a conflictos. En cierta forma era complicado estar de acuerdo en todo.

¿Aquel que escribió las notas y creó clones con magia de ilusión también tuvo este mismo problema? Ella veía las ventajas, pero las desventajas eran visibles y si bien diferentes mentes trabajando juntas aceleraba todo, era difícil cuando las mentes no se ponían de acuerdo.

Y aunque le costaba admitirlo… Érica era arrogante.

“Usaremos otros hechizos de hielo para aumentar la defensa, la potencia y la dureza del cuerpo. Estamos creando un hechizo prohibido que creara un rango SS. Incluso si todavía no tenemos la conciencia que lo ocupara, tenemos que perfeccionar el cuerpo.” Dijo Érica y en calma, añadió. “Ya sea mago, luchador o algún tipo de espadachín. El cuerpo tiene que ser excelente. Versátil, duro y rápido.”

“Pero el tiempo de lanzamiento…” El clon que se preocupaba sobre cuanto se demoraría lanzar un hechizo de ese tipo trató de hablar, pero los otros la miraron y ella levantó las manos en señal de paz. “Bien. Sin embargo, tienes que tener en cuenta de que si un día te emboscan y no tienes el hechizo lanzado tendrás problemas.”

Érica al escuchar esa idea asintió. Ella comprendía que un hechizo con una alta duración de lanzamiento y preparación no iba a poder ser útil en batalla directas.

Los hechizos prohibidos eran del tipo que normalmente se demoraban mucho y si bien había formas de acortar el lanzamiento, entre más efectos tuviera el hechizo y más se incluyera, más largo sería y ella lo aceptaba.

Incluso si se demoraba horas enteras en lanzar el hechizo una vez que fuera lanzado y el soldado de hielo creado necesitaba permanecer por su cuenta de manera indefinida y lo haría gracias que la energía mágica que lo mantendría iba a ser del núcleo que ella había conseguido.

Justo cuando estaban por volver al trabajo, la señal de visita externa vino de repente.

“¿Quién mierda es ahora? ¿No dijimos que nadie nos interrumpiera?” Cuestionó un clon de hielo sonando molesta.

Otros clones se rieron y Érica también sonrió.

Los clones de hielo curiosamente no eran exactos a ella. La razón no era que la ‘replica’ de su consciencia fuera diferente, sino que ellas tenían una vida útil corta y por ende no necesitaban limitarse.

¿Para qué ser respetuosa cuando morirían en unas horas? Y tal idea se extendía a cada aspecto de sus cortas vidas, lo que las llevaba a ser muy directa.

“Iré a ver. Sigan trabajando.” Pidió Érica y sus clones, simplemente agitaron sus manos con indiferencia para que se fuera.

Ella les dio una mirada y al escucharlas volver a debatir sobre los siguientes pasos del hechizo, salió de la sala y al entrar al pasillo de la torre mágica, suspiró al cerrar la puerta.

Los clones eran ella y Érica se tenía confianza en sí misma, pero también no podía ser ingenua. Ya había sido traicionada por el lancero de hielo y la probabilidad de que uno de sus clones la traicionara estaba presente.

Ella había puesto varias soluciones para evitar la traición y una de ellas era la autodestrucción en caso de que buscaran dañarla y a pesar de que sus clones no sabían de tales medidas, probablemente lo suponían.

Sin embargo, los clones en sí mismo no eran lo que la hicieron suspirar, sino que otra razón.

“¿Él utilizó magia mental o alguna otra magia?” Murmuró Érica mientras caminaba a la entrada.

Ella estaba pensando en el hermano de Aurora y Alice, aquel que escribió las notas las cuales le ayudaron a continuar en su hechizo, y ese mago había creado clones que lanzaban hechizos sin gastar su propia energía mágica. Ella utilizó ese conocimiento para sus soldados de hielo, pero ahora que veía el potencial de los clones quería más.

Los clones eran útiles, pero ella creía que ese hombre había logrado ir más lejos que simplemente hablar o conectarse mentalmente con los clones.

Érica contuvo su deseo de averiguar la verdad… Ella quería ir a preguntarle a la Luz de Plata o incluso a Aurora y Alice para averiguar si ellas sabían sobre qué clase de magia manejaba ese hombre, pero ella no podía hacerlo.

La Luz de Plata había desaparecido y las hermanas daban la impresión de que no conocían a su hermano o lo ignoraban por completo.

Mientras ella suspiraba de vuelta, la puerta volvió a sonar y esta vez ella sintió un poco de irritación de que la molestaran.

Ahora mismo estaba en unas de las torres mágicas que le había dado la Directora Meredith y Érica había rechazado todas las conferencias e incluso asistir a fiestas de aristócratas o ir a ver a la Reina y lo hizo con la idea de centrarse completamente en su hechizo.

Así que estaba enojada de que la molestaran y más cuando había silenciado a la mayoría de sus contactos en el reloj holográfico.

Con una expresión seria y casi fría, ella abrió la puerta y se detuvo al ver a su padre en la entrada.

“¿Sucede algo, padre?” Preguntó Érica tragándose las malas palabras que querían salir de su boca.

Dejar la habitación de los clones significaba perderse el desarrollo de su hechizo y si bien luego podía ponerse al día con ellas o incluso usar las conciencias almacenadas para leer los recuerdos, no iba a ser lo mismo que estar presente.

Su padre, tan serio y solemne como siempre, sacó un anillo espacial y se lo entregó.

“El núcleo de rango SS. Ha sido limpiado y perfeccionado. Los especialistas han aplicado diferentes encantamientos que permiten que el núcleo recupere la energía mágica y ser reutilizado tantas veces como sea necesario.” Dijo su padre y en calma, añadió. “También han hecho los arreglos que pediste.”

Érica tomó rápidamente el anillo y sacó su núcleo de rango SS.

La Cocatriz que ella asesinó usando a sus clones tenía un núcleo del tamaño de una pelota de futbol, pero el tamaño era por las defensas naturales que se formaban para protegerlo y lo valioso salía a la luz una vez que era refinado y tratado por especialistas.

En este punto lo que quedó fue una esfera del tamaño de un puño de un hombre promedio y por toda la superficie tenía encantamientos y toda clase de círculos mágicos.

Este era el centro de su hechizo y como ella quería que el núcleo fuera reutilizado, pidió que los encantadores grabaran el núcleo de tal forma que pudiera recuperar la energía mágica… Básicamente, lo convirtieron en una potente batería auto recargable.

Y aunque no tenía la capacidad de recuperación de energía mágica de un mago talentoso, la Cocatriz tenía una alta capacidad de energía mágica y el núcleo lo mantenía. Diferentes núcleos tenían diferentes capacidades y ella obtuvo uno decente para su objetivo.

Quizás no el mejor para un soldado de hielo, pero suficiente para un fuerte rango SS.

“Me retiraré ahora.” Dijo su padre y cuando ella levantó la cabeza para disculparse, el hombre le dio una pequeña sonrisa. “Entiendo a los magos. La Reina es similar cuando la interrumpen en su investigación. Por tal razón entendió que no quisieras asistir a la fiesta de celebración.”

Érica agradeció y luego volvió a suspirar al ver que su padre se iba.

Entonces, al volver a entrar volvió a sellar toda la torre mágica y volvió a su habitación.

La Directora Meredith le había dado esta torre y ella no la había molestado y fue similar con Cécile con la cual ella tenía muchas maneras de cooperar y si lo que decía su padre era cierto, la Reina Margaret también fue permisiva.

Cada una de ellas eran magas y entendían que el trabajo era lo principal.

******

En el espacio púrpura ilimitado se encontraba una torre y Clémentine entró al interior viendo a diferentes monjes que iban y venían en la sala de bienvenida y luego al ver la gigantesca llama en el medio de todo se acercó.

Ella había venido varias veces desde la reunión con sus amigos, pero esta era la primera vez que el Fénix había estado presente.

Clémentine se acercó con rapidez y emoción, pero entre más se acercaba más dudaba sobre si hacer o no su petición.

Ella recordó lo que le mencionó Alice y la idea que dio a entender… A lo que se enfrentaban sus amigas eran situaciones que superaban a un rango S.

Enemigos con mayor dificultad y por ende un mayor peligro y Aurora casi terminó muriendo al enfrentarse a tales enemigos.

A ella le encantaría ayudarlas en este momento, pero si lo que Alice dijo era cierto, entonces la situación era compleja… Y si uno pensaba en los dioses de lo que esa glotona habló, entonces mucho más grande lo que imaginaba.

Aun así, pensar en la complejidad de ese asunto no la hizo dudar, ni cuestionar, sino que la motivo para acercarse a la llama.

“¿Estás ocupada?” Preguntó Clémentine a la llama y respirando con determinación, reveló. “Me gustaría un momento para hablar.”

El fuego púrpura se extendió hacia ella y al segundo después, ella se encontraba en una espaciosa sala abierta en donde en el sofá se encontraba la dueña de la torre.

El fénix estaba en la forma de una figura femenina y al frente de ella estaba la proyección de la revelación sobre los crímenes de varios héroes y el encubrimiento del gremio que últimamente estaba dando de qué hablar.

“Habla.” Dijo Fenghuang en calma.

Clémentine respiró hondo otra vez y miró directamente a la mujer y se decidió.

“¿Me puedes enseñar como ascender de rango?” Preguntó luego de titubear durante un rato.

Ascender de rango… Ella podía ir a ver a su padre que era un rango SS para aprender sobre como ascender de rango, pero al final decidió venir al Fénix.

La razón era que, si iba con su padre, él le preguntaría la razón de su deseo de avance y ella no quería mencionar que lo estaba haciendo porque quería ayudar a sus amigas en una situación que podía ser muy peligrosa, así que vino aquí.

“Es repentino tu pedido, pero te enseñaré.” Respondió Fenghuang y cuando ella la miró con sorpresa, la mujer simplemente se encogió de hombros. “Eres hábil y capaz y lo suficiente merecedora como para recibir mi enseñanza.”

Clémentine no supo que responder, pero la mujer soltó una risa.

“Le he enseñado a muchos. La mayoría son monjes que me ayudan en mi tarea, pero muy pocos tienen potencial.” Dijo la mujer y luego, revelando una sonrisa, añadió. “Y tampoco soy humana, así que no trates de entenderme con ideas preconcebidas.”

Fue por las últimas palabras que Clémentine finalmente sonrió.

Su padre podía guiarla, pero no sabía cómo lo recibiría si le contaba la verdad, pero Fenghuang lo aceptó de inmediato cuando era raro que alguien enseñara a otro como ascender al rango SS.

A veces solamente el maestro y la aprendiz se le decía como y algunas veces otros aprendían por su cuenta o era público, pero para los psiónicos como ella era raro que otro le enseñara abiertamente.

Sin embargo, debió haber esperado que el Fénix la recibiera, después de todo había recibido a cientos de monjes antes y tenía un templo en donde enseñaba a otros.

Clémentine sonrió más decidida… En lo que fuera que Aurora y Alice estuvieran involucradas, ella se haría lo suficiente fuerte como para ayudarlas.

Ya no quería quedarse detrás.


mode_commentComentario de Evil_Warlord

Buenas. Capítulo del día. Psdt: Estos días han sido algo complicados para subir y escribir. Culpa de algunos problemas de luz donde vivo que me han impedido escribir, aparte de los asuntos personales. Aun así, trataré de subir 4 capítulos por semana para mantener el ritmo. En fin, disfruten y recuerden unirse al discord.

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tg-capitulo-653
TG - Capítulo 653
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¿Tienes planes?

Capítulo 653: ¿Tienes planes?

Aurora esquivó la lanza del General McLean.

Al dar otro paso volvió a esquivar la siguiente lanza ilusoria y luego la otra tan solo para levantar su espada y desviar la punta de la verdadera lanza.

Los movimientos del General McLean eran como siempre rápidos y veloces y cada ataque tenía una alta experiencia, pero a diferencia de cuando entrenaba hace mucho tiempo, ella no sintió que su objetivo era alguien imposible.

Sus ojos podían captar los movimientos, su cuerpo se movía con mayor velocidad que la lanza y su espada podía moverse con versatilidad.

Aurora al ver la expresión seria del General McLean activó su aura roja y el color rojizo creció en la espada de entrenamiento y luego…

“…”

Ella vio como la espada se rompía a pedazos por la fuerza de su aura roja y toda la hoja se quebró por el golpe con la lanza. Aun así, el impacto fue lo suficiente como para que el General McLean retrocediera.

“Eso fue peligroso.” Dijo el general con seriedad.

Su expresión seria, su cabello corto, estilo militar y su uniforme de militar hizo parecer sus palabras más serias de lo que eran.

“Lo es. Mis auras han estado inestables.” Respondió Aurora mirando el mango de la espada con la hoja partida y viendo su aura roja, la guardó para buscar otra espada de entrenamiento.

Actualmente, estaba en el centro de entrenamiento de los militares de Zerzura en una sección privada y se tomó la oportunidad para entrenar con el General McLean.

Como no se atrevía a ir con sus maestros luego de lo sucedido con su sistema, decidió venir aquí y fue recibida con los brazos abiertos.

Sin embargo, se dio cuenta de varias fallas.

“No me parece que sean las auras.” Dijo el General McLean en calma.

El hombre de piel oscura era viejo a pesar de que en este punto parecía solamente un hombre mayor. No tenía arrogas y su piel azabache era suave y tensa con algunas marcas que dejaban revelaban cierta experiencia.

Un antiguo Gran Señor de la Guerra y un rango SS bien reconocido en estas tierras y el hombre supo que su respuesta fue mentira.

Sus auras no estaban inestables, sino que sus emociones eran complicadas. Parte de su temor a la muerte, a perder a todos, influenciaba sus auras y las volvía más fuerte de lo ella deseaba usar.

“Supongo que no viniste aquí solamente a entrenar o traer a tu compañera.” Dijo el General McLean y viendo que ella le sonreía, hizo una señal para que lo siguiera.

Aurora dio una media sonrisa y acompañó al general y ambos salieron del campo entrenamiento y salieron al campo militar en donde se desarrollaba una batalla.

“¡Vengan!”

El grito vino de Nicole que estaba en medio del campo luchando. La joven luchadora había perdido un diente, tenía un ojo hinchado y tenía un corte profundo en su mejilla y en partes de sus brazos y piernas y, aun así, seguía manteniendo el control de la situación.

Respiración controlada y tranquila, dejando en claro que no estaba cansada y también sus ojos miraban a sus oponentes esperando al primer ingenuo que se lanzara hacia ella mientras que había dominado todo el campo de entrenamiento con su aura, ferocidad y determinación.

Dominio que ahora mismo le permitió tener tiempo para recuperarse.

“Si la invitada lo desea, ustedes deben responder.” Ordenó el General McLean con determinación.

Okello saltó en su forma de licántropo y atacó a Nicole y sus garras fueron recibidas con el brazo desnudo por parte de la feroz luchadora. Tal acto salvaje desencadenó otra batalla en donde la Capitana Sadiya y el antiguo compañero de Okello, Chayambaso atacaron.

Aurora incluso vio al antiguo líder de la Academia de Zerzura, Amadayo atacar sin dudar a Nicole y por más que la presionaran, ella se movió de manera única.

“Es talentosa.” Murmuró el General McLean.

“Eso no es talento.” Dijo Aurora y sonriendo al ver como Nicole usaba su cuerpo como arma, anunció. “Es genialidad.”

Nicole no podía ser describía como ‘talentosa’, sino que como un genio. Tenía la ferocidad, determinación y coraje de un luchador y cuál sea el entrenamiento que había estado recibiendo con el Emperador Víctor, habían forjado a una luchadora lo suficiente hábil como para enfrentarse a varios oponentes al mismo tiempo y del mismo rango.

“No tengan miedo a salir heridos y vayan a por todas.” Ordenó el General McLean al darse cuenta de que Nicole estaba queriendo entrenar salvajemente.

Luego él le hizo una señal para que la siguieran y Aurora entró por un pasillo y luego a una oficina privada.

Aurora miró las fotos del General McLean puestas en las paredes y vio en una de esas fotos a ella con su hermana y otros altos mandos de Zerzura.

Ella se quedó mirando las fotos durante un segundo y el general le dio tiempo para que reflexionara por su cuenta.

Algunas fotos eran de Zerzura en sus inicios antes de que él se uniera, pero la mayoría de las fotos eran de después. No eran fotos para mostrar los cambios que él trajo, sino que con las personas con las cual él se relacionó.

Ella no era alguien de sacar fotos y sus recuerdos eran sus memorias, pero incluso ella se ponía nostálgica al recordar toda Zerzura y por tal razón estaba dudando sobre el tema.

Había pasado días pensando en ella misma, no solamente en su miedo a morir, sino que a perder todo y entre todo aquello que había logrado se encontraba Zerzura y ahora…

“Estoy poniendo a la ciudad en peligro.” Dijo Aurora y sintiendo como la presencia del General McLean se elevaba por la seriedad, ella se giró y miró al hombre. “No sé si lo ha escuchado, pero hay gente que me quiere muerta. Estamos hablando de individuos que pueden lograr que dos rangos SS quieran asesinarme. A influencias que están en contacto con sectas y que pueden usar a dioses.”

La expresión del hombre se volvió aún más seria de lo normal y ella continuó.

“Creen que estoy en una carrera en el cual la meta es convertirse en un Dios. Supongo que piensan que soy una candidata a ganar esa carrera. Al final no importa la razón, me quieren muerta.” Dijo Aurora y volviendo a miras las fotos de la ciudad, murmuró. “Y me preguntó cuanta falta para que aquellos que me quieren muerta vayan a por los que me importan.”

Jezabel se lo dijo. Ellos no se detendrán.

En esta carrera hacia la divinidad los participantes no se detenían y todos querían ir hacia el final. Ella desconocía como uno se podía convertir en un Dios y si era sincera, no le importaba.

Ella no buscó ser fuerte para convertirse en algo tan irreal como una Diosa, sino que para proteger y ahora aquellos que iban a por su vida podían ir a por lo que le importaba y Zerzura era una de las cosas que le importaban.

¿Cuántas personas forjaron la paz en la ciudad? ¿Cuántas murieron para protegerla? Y ahora ella podía ponerlo en peligro y la razón no solamente era que otros podían ir a por la ciudad, sino que ella no podía detenerse.

“No voy a morir y no voy a dejar que las cosas que me importan estén en peligro, aunque tenga que matar a todos lo que se pongan delante de mi objetivo.” Dijo Aurora y sin ser capaz de controlarlo su aura salió de ella.

Sus emociones alimentaron su cuerpo y su concepto de espada, mientras que su aura de espadachín prácticamente tocaba el rango SS, pero sin dar el último paso.

Estuvo pensando mucho sobre la situación y entendía que no había vuelta atrás. Si los otros no pararían, ella tampoco tenía que parar y no lo haría, aunque significaba volver a ponerse en peligro.

Aun así…

“Pondré a la ciudad en peligro y en una situación compleja. Aunque desconozco cuáles serán mis acciones futuras, no quiero que mis problemas influyan en la ciudad.” Dijo Aurora mirando a Adem McLean con seriedad.

Ella no podía prever las dificultades que sus acciones causarían a la ciudad. No solamente se trataba de temas políticos y lo que ella representaba a la ciudad como la Protectora de Zerzura, sino que de todo los demás.

¿Qué pasaría cuando encontrara a aquellos que intentaron asesinarla? La respuesta para ella era obvia. Había vivido en África durante muchos años y si una batalla sucedía, el resultado era vivir o morir y ella quería seguir viviendo.

También al desconocer quienes eran las mentes maestras, cualquiera de sus acciones podía repercutir en la ciudad a nivel político e internacional, así como también a un nivel más profundo como lo era lo militar.

“Es por eso que viniste a mi primero.” Murmuró el General McLean asintiendo en entendimiento.

Ella había evitado hablar con James, la Cardenal Brousseau y su hermana y si bien era porque necesitaba tiempo para reflexionar sobre sus decisiones, también lo fue porque al primero con el cual quería hablar era el General McLean, quien era la persona más fuerte de Zerzura y que enfrentaría las consecuencias si ella se metía con individuos peligrosos.

El General McLean no se sorprendió al escucharla y luego de asentir, miró las fotos en calma.

“Te lo dije hace mucho tiempo. Me convertiré en el Escudo de Zerzura y protegeré a la ciudad.” Dijo el hombre y mirándola con solemnidad, agregó. “Y eres parte de la ciudad. Cualquiera que sea tu enemigo te ayudaré a enfrentarlo.”

Aurora no pudo evitar dar una sonrisa.

La ayuda que él estaba dando no era simplemente palabras y el hombre se mostraba totalmente serio y estaba dispuesto a luchar con cualquiera que quisiera lastimarla… Y probablemente enfrentar cualquier repercusión o consecuencia.

“Deberías acercarte a hablarlos con nosotros. Turay ha estado preocupado por ti y los ánimos son difícil de mantenerse. La Cardenal Brousseau menciona temas de la iglesia y el daño que han causado a la secta, pero parece estar tan a ciegas como otros.” Dijo el hombre.

Aurora comprendía en qué sentido estaba a ciegas.

El comunicado de la iglesia del tiempo y el espacio dado por el Sumo Pontífice fue revelador para aquellos que no sabían nada, pero la verdad era muy diferente.

No fue el Sumo Pontífice quien la ayudo, sino que fue el ‘Tiempo’ y el criminal no murió. Era imposible que muriera cuando un Primordial estaba presente.

En cuanto a los ataques que se realizaron posteriormente no fue algo planeado, quizás ellos tenían en mente algo, pero se fue más al extremo. Aurora todavía recordaba las palabras de su cuñada sobre eliminar a un insecto y si los rumores de que Ketzula dejó de responder a sus pocos y desesperados creyentes, entonces daba de que entender.

Aun así, nadie estaba informado de las verdaderas mentes maestras, incluso ella.

“¿Tienes planes?” Preguntó el hombre al verla silenciosa.

“No.” Respondió ella y dando una media sonrisa al ver que el general la miraba con extrañeza, reveló. “Quise venir a hablar con usted antes de hablar con mi hermana.”

La persona que estaba al tanto de todo era Alice… Ella indagó con Kairos sobre el tema de que era lo que sabía y él aceptó el hecho de que la Empresa Cosmos atacó la sede de la secta de Ketzula luego de haber dividido la tarea con su hermana.

Ambos se complotaron y si ella pensaba en la gatita que la vigilaba y estaba con ella, entonces estuvo claro que Amnestria era otro de los que estaban metidos en esa cooperación, solamente que ella había tomado un papel de guardaespaldas personal.

Era más, Aurora suponía que entre los que estaban trabajando juntos también se encontraba el líder del gremio los Caídos, su cuñada y hasta probablemente ‘Él’ estuviera involucrado.

“Cuando determines tus planes cuéntanos.” Dijo el General McLean y sonriendo, añadió. “Incluso si no nos involucras, nos darás tiempo para prepararnos y así apoyarte desde detrás.”

Él la conocía lo suficiente bien como para saber que ella no le gustaba involucrar a otros en sus asuntos, pero esta vez sus palabras eran ciertas. En este momento tenía demasiado que perder y prefería que alguien como el General McLean la apoyara.

“Lo hare.” Respondió ella y señalando la entrada para volver a entrenar, el hombre asintió y antes de salir se detuvo de repente.

“¿Conoces a alguien llamada Érica Reynolds?” Preguntó de repente el hombre y cuando Aurora lo miró sorprendido, el general preguntó. “¿Es de confianza?”

“Es una de las pocas amigas íntimas que tengo y de las cuales confiaría mi vida.” Respondió Aurora en un instante y frunciendo el ceño, cuestionó. “¿Por qué desea saberlo?”

Le parecía raro que él hablara de Érica, ya que ella nunca había sacado el tema con él, a diferencia de con Nicole, con quien estaban entrenando y con el cual iban a seguir entrenando.

“Okello me habló de ella y me ha contado que le agradan los lanceros.” Dijo el General y sonriendo como un anciano, murmuró. “Quizás pueda sorprenderla.”

El General McLean la dejó atrás y salió de la oficina soltando una suave risa de un hombre viejo y que era muy rara en él.

“Mientras más grande la sorpresa mejor.” Comentó Aurora en calma al entender a qué se estaba refiriendo.

¿Okello habló del hechizo de Érica o hizo un pedido? Érica estaba por crear un soldado de hielo para su hechizo y necesitaba llenarlo y Aurora nunca había pensado en pedirle un favor al General McLean y no era que no lo hiciera por su amiga, sino que estaba ella.

¿Para qué le pediría al general que diera una réplica para un clon cuando a ella le faltaba el último paso para ascender?

Había estado esperando ascender y perfección sus habilidades para ofrecerse y si bien no era una lancera y a lo mejor su aura no podía ser manifestada en un clon, nadie negaría su destreza y habilidad con la espada.

Sin embargo, ella creía que su amiga estaría más feliz con un lancero… Después de todo, su plan inicial fue un lancero y no un espadachín.


mode_commentComentario de Evil_Warlord

Mi objetivo era acabar el volumen en unos capítulos más, pero se me alargará más de lo que había imaginado. El volumen terminará alrededor del capítulo 680. Prometo que valdrá la pena. En fin disfruten y recuerden unirse al discord.

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