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AE - Capítulo 3
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Capítulo 3

Regresamos a casa.

Mamá se encontraba muy preocupada de que aún hubiese ladrones libres por ahí. Caminamos muy rápido a casa y ella se percataba a cada segundo de que no hubiese nadie siguiéndonos.

Cuando llegamos a casa, papá estaba en el patio delantero practicando con su espada. Mamá corrió a él y se echó a llorar en su pecho. Papá trató de tranquilizarla, pero era imposible; él la guió hacía la sala para que le explicase qué había sucedido.

Luego de escuchar la historia, los ojos de papá se inflaron enormemente. Me miró y yo lo miré a él. Luego, de que mamá se tranquilizase y fuera llevada a su habitación; papá me preguntó que había pasado.

Por mi parte, le conté el miedo que sentí al ver al ladrón frente a mí; pero que gracias a un caballero pude salir con vida e intacto. Le conté los actos del grupo de caballeros y de su fantástica actuación frente al grupo de ladrones.

Mi padre quedó mucho más sorprendido con la historia que le había contado. Aunque de algún modo, parecía feliz de que haya visto todo eso.

- "Y, dime Hiroshi, ¿te gustó algo de lo que viste en esa demostración?"

- "¡Claro que sí! La forma en la que los caballeros se movían ordenadamente y el movimiento de sus espadas, era increíble."

En mi rostro se ilustraba una enorme sonrisa de emoción al hablar del tema. Mi padre frotó su mano en mi cabeza mientras sonreía.

- "Pues, bien. Quiero que vengas conmigo al patio. Veamos si tienes material para ser un espadachín."

En mi rostro, se vio la emoción encarnada. No podía estar más emocionado. Salí corriendo al patio junto con mi padre, él agarró una espada de madera que tenía guardada y me la entregó.

- "Bien, quiero que golpees a ese árbol. Dale con toda tu fuerza, ¿de acuerdo?"

- "Okay."

Agarré la espada con una mano y corrí en dirección al árbol. Golpeé el tronco del árbol y la espada se sacudió un poco llevando esa sacudida hasta mi brazo. Volteé a ver a mi padre, él estaba mirándome fijamente con una ceja levantada, como si hubiese hecho algo mal.

No entendía realmente qué debía hacer. Golpeé el árbol justo como él me dijo.

Seguí golpeando el árbol lleno de impotencia. Sentía como la ira iba llenando mi cuerpo. Hasta que mi padre me detuvo.

- "Muy bien, Hiroshi. Quiero que de me digas, ¿qué aprendiste de todo esto?"

- "¿Aprender?"

- “Exactamente.”

- "N-no lo entiendo. ¿Qué quieres decir con eso, padre?"

- "Como te acabo de preguntar, ¿Qué aprendiste?; el arte de la espada, no es sólo mover tu arma como un palo cualquiera. Piensa en tu arma como una extensión larga de tu cuerpo, algo que puede lastimar y proteger al mismo tiempo. ESO hace a un espadachín. El enorme conocimiento y responsabilidad que se pone en nuestras espaldas y que debemos de cargar con ello."

Mi padre sonrío todo el tiempo que decía esas palabras.

["El conocimiento y responsabilidad que se pone en nuestras espaldas..."] Una frase que lograría recordar toda mi vida, incluso en el día de mi muerte. 

Al escuchar a mi padre decir esas palabras, mis ojos se llenaron de emoción nuevamente. Mi padre con una sonrisa amigable, me devolvió la espada de madera; y yo volví a golpear el tronco del árbol pensando en diferentes situaciones en las que podría estar usando esa extensión de mi cuerpo.

Los días pasaban. Mi padre y yo entrenábamos diariamente, tanto en la espada como en mi físico. Corríamos alrededor del sector noreste. Luego, entrenábamos con la espada de madera, tanto en mis golpes como en una batalla entre mi padre y yo.

Mi madre, sin embargo, estaba sumamente preocupada por mi salud física. Ella decía, que entrenar de esa manera a mi edad era demasiado peligroso; pero a mi padre no escuchó sus palabras y seguíamos entrenando a diario.

Un día, mi madre salió temprano de casa, acompañada por Arisha, la criada. Quise acompañarla, pero me dijo que me quedara con mi padre, pese a que en su mirada al decir eso no parecía muy convincente.

Mi padre y yo entrenamos por unas horas, almorzamos y estuve preparado para seguir con el entrenamiento. Pero, mi padre tenía otros planes.

- "Hiroshi, luego de almorzar, iremos a la Zona Comercial juntos."

- "¡¿En serio?"

En mi cabeza, me imaginaba una situación que mi padre habría preparado donde yo pelearía con sus compañeros de aventura. Caminamos por el reino, en nuestro camino a la Zona Comercial. Mi padre no me decía nuestro destino, pese a la enorme cantidad de veces que le pregunté al respecto; su única respuesta era: "Es un secreto" o "Pronto lo sabrás. Sé paciente"

Era un niño impaciente, he de admitirlo. Mientras caminábamos nos topamos con varios soldados reales; mi emoción por acercarme a ellos era inimaginable. Corrí en su dirección, su armadura plateada reluciendo gracias al resplandor del sol, me fascinaba. No tenía palabras para describir mis sentimientos en ese entonces.

A diferencia de mi padre, quién llevaba una coraza negra unos guantes y unas botas; y sin mencionar su "capa" hecha con piel de un monstruo que derrotó hace unos años. Los soldados reales, llevaban una capa azul junto con una armadura plateada de cuerpo completo, los cascos que llevaban no lograba que vieras sus rostros.

- "Mis disculpas, señor. Mi hijo está... muy emocionado por los guardias reales."

- "No hay porqué disculparse, señor...?"

- "Sekkatsu. Mark Sekkatsu."

Mi padre se inclinó poniendo su mano estirada en su pecho. El caballero estuvo a punto de devolver el saludo, hasta que su actitud cambió por completo.

- "Ugh. Aléjese de mi vista, traidor."

Mi padre, levantó su vista con un semblante serio y molesto. Me agarró de la mano y me alejó del guardia.

- "¿P-papá? ¿Q-qué pasó? ¿Por qué ese guardia te llamó traidor?"

- "N-no es nada, hijo. Son... asuntos que nunca atendí en su momento."

Luego de eso, nuestra caminata se volvió silenciosa. Al llegar a la Zona Comercial, las vistas de todos se concentraban en nosotros. Murmullos por aquí y por allá, mi padre aceleró el paso un poco cabizbajo y enojado.

Llegamos a una tienda. Mi padre entró rápidamente y cerró la puerta detrás suyo. Suspiró fuertemente, finalmente logró relajarse. Volteó, me miró y me dirigió una sonrisa; me tomó de la mano y me guió hacía el interior de la tienda.

- "Oh! Señor Sekkatsu, es bueno verle de nuevo. ¿Qué le puedo ofrecer hoy? ¿Una nueva coraza? ¿Unas botas encantadas? ¿O tal vez quiera algo más personalizado?"

Un hombre de baja estatura, con una barba muy pronunciada con unas trenzas; salió a recibirnos.

- "Es un gusto volver a verte, Egil. A decir verdad, quería que le prepararas algo para mi hijo."

- "¡¿Su hijo?! Santísima madre de la creación. No puedo creer que el joven Sekkatsu haya crecido tanto."

- "¡JAJAJAJA! Tranquilo, Egil. Sólo quiero adelantarme a su futuro y otorgarle una buena espada."

- "Oh, Señor Sekkatsu. Siempre sorprendiéndome. Venga, venga. Déjeme mostrarle nuestros productos."

El pequeño hombre, nos llevó a la parte trasera de la tienda. Varias estanterías se mostraban ante nosotros, llenas de diferentes armas. Había hachas, espadas, dagas, cuchillos y demás cosas que, en su momento, no pude reconocer.

Mi padre hablaba con Egil sobre varias cosas. Yo me dediqué a caminar y observar las armas que estaban disponibles en las estanterías. De todas las armas, solo un par me atrajo la atención, unas hermosas dagas de filo rosa, con un aspecto muy peculiar, con la empuñadura completamente negra. Estuve contemplándolas por un buen tiempo, hasta que mi padre me llamó.

- "Mira, hijo. Ésta espada es maravillosa."

- "Me alegra oír sus halagos, señor Sekkatsu."

Miré la espada que mi padre sostenía. Era larga, de un metal puro con diseños en la hoja, una empuñadura de metal enrollada en cuero.

- "¿Y bien? ¿Qué te parece?"

Levanté los hombros. No sabía qué responder.

Mi padre me miró confundido.

- "¿Ya viste algo que te gusta, verdad?"

Asentí y lo guié hacia las dagas que vi antes. Mi padre tomó las dagas, no eran tan largas como la espada, pero su tamaño era ideal y te otorgaba una buena velocidad de movimiento. Empezó a mover las dagas, cortando el aire.

- "Dime, Egil. ¿Qué son éstas cosas?"

- "Uuh, veo que su hijo tiene buen ojo. Esas, señor Sekkatsu, son las dagas de Kyu Shing. Hechas en el mismísimo Continente Demoníaco, con un material que sólo existe en ese mismo lugar.  El diamante Kyu Shing, duro como el metal e incluso más resistente. Aunque... Hay un tema sobre esas dagas; me las han devuelto 20 veces hasta el día de hoy, algunos clientes me han dicho que está maldita..."

Mi padre escuchaba la historia de Egil, yo me dedicaba a ver las dagas deslumbrar. Eran sumamente hermosas.

- "Dime, Hiroshi. ¿Qué ves en éstas dagas?"

- "¿Qué veo?"

Mi padre asintió. No entendía la pregunta del todo, pero conociendo a mi padre esa pregunta tenía un trasfondo. Dudé en mi respuesta por unos segundos.

- "Me veo a mi mismo."

- "Ya veo."

Mi padre sonrió con esa respuesta. Agarró la espada que me había mostrado hace unos instantes, y llevo ambas armas al mostrador.

- "M-mi señor. ¿E-está seguro que quiere llevarse esas?"

- "Por supuesto. Mi hijo será el responsable de ellas, al fin y al cabo."

- "D-de acuerdo... Le daré también una lista de los antiguos dueños. Ellos podrán darle más información sobre esas dagas."

Mi padre pagó por las armas, un par de cinturones y una armadura igual a la suya. Iniciamos nuestro camino a casa, la gente nos veía nuevamente; pero ésta vez mi padre se veía en completa paz.

Al llegar a casa, mi padre me pasó la mano enguantada por la cabeza mientras me sonreía.

- "Oh, ya han llegado."

Mi madre también había regresado de su pequeña salida. Estaba sentada en la sala, mientras tomaba un poco de té. Desde las escaleras, aparecía una pequeña pantalla de humo.

- "¡DAMAS Y CABALLEROS! ¡NIÑOS Y NIÑAS! ¡AQUÍ, SE PRESENTA LA GRAN Y MARAVILLOSA... NITORI MOONLAGGER!"

Mi tía Nitori apareció dando un pequeño salto.

- "Oh no..."

La poca paz que mi padre sostenía era perceptible, y acababa de perderla.

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AE - Capítulo 4
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Capítulo 4

Mi padre estaba atónito ante la presencia de mi tía. Yo, por otro lado, estaba muy emocionado al respecto.

- "Querida... ¿Qué hace tu querida hermana en casa?"

Mi padre mostró una sonrisa muy amplia.

- "¡Oh! Ella vino para ayudar a Hiroshi con su entrenamiento mágico."

- "¿En-trenamiento mágico? P-pero creí que Hiroshi sería un espadachín..."

- "¿Puede ser un buen groonhell, no?"

Un groonhell. Seres con grandes habilidades mágicas y cuerpo a cuerpo. Los groonhell son muy famosos en el Reino Montesinos, debido a que son muy escasos.

- "¡¿Un groohell?! ¿Pero ni siquiera sabemos si Hiroshi puede hacer magia."

- "¿Es una buena oportunidad para averiguarlo, no?"

Mi madre le mostró una cálida sonrisa a mi padre. Él se rindió en tratar de buscar excusas sobre mis entrenamientos.

Mi madre y tía me llevaron a un campo a las afueras del Reino. Era hermoso.

- "De acuerdo, pequeño sobrino. Hoy veremos si posees maná."

- "¿Maná?"

- "Exactamente. El maná. El maná es una energía que los seres vivos absorbemos para poder hacer magia. Todo ser vivo posee magia, pero no todos poseemos el mismo nivel; algunos poseen más nivel que otros, de ahí salen los magos o los groonhells."

- "Y... ¿De dónde viene el maná?"

- "¡Buena pregunta! Según dictan algunos Sabios, existe un objeto mágico en el centro de nuestro planeta que alimenta infinitamente a todos sus seres con esa maravillosa energía. Pero quiero que recuerdes esto, todos poseemos un límite de maná en nuestro cuerpo; nunca jamás absorbas más maná del necesario o... podrías transformarte en una de esas bestias."

- "¿Bestias?"

- "Exactamente. Mira por ejemplo a los huecos; son monstruos con forma humana, ¿cierto?"

Huecos. Seres repugnantes que vagan sin cesar por todos lados, son lentos pero muy agresivos. Casi siempre los encuentras en enormes grupos por lo que enfrentarte a ellos sólo es una muy mala idea.

- "Pues bien, empecemos. Mira atentamente, sobrino."

Mi tía cerró los ojos. Respiró profundamente. Y dijo unas palabras en voz baja. Apuntó su bastón en una dirección y de la punta se formaba una enorme esfera roja. La esfera dejó de crecer y salió disparada a gran velocidad del bastón de mi tía. Luego de unos segundos de viaje, la esfera explotó en el aire dejando ver una enorme explosión a lo lejos.

En ese momento, no podía estar más emocionado. Yo sabía que poseía maná, aunque sea en pequeñas cantidades, y eso me hacía dudar mucho sobre mis capacidades.

- "Bien, es tu turno."

Estaba nervioso y emocionado al mismo tiempo. Mi cuerpo no dejaba de temblar.

Cerré los ojos.

Respiré muy profundamente.

Sentía una pequeña fuerza subiendo por mi cuerpo, era lenta pero su presencia era reconocible.

Estiré mi mano y la abrí. La energía fluía hacia mi mano, se sentía un poco fría.

Al tocar la punta de mis dedos, sentí miedo. Y la fuerza se alejó rápidamente de mi mano bajando hasta mis pies, para luego desaparecer. Abrí los ojos asustado.

Miré fijamente a mi tía. Ella sólo me mostraba una dulce sonrisa. Cambié mi vista a mi mano... A lo mejor no poseía tanto maná como yo creía.

Volví a intentarlo. Recordando unas palabras de mi padre.

[Piensa en ésto como una extensión de tu cuerpo...]

Volví a cerrar los ojos, pensando constantemente en las palabras de mi padre. Respiré profundamente, levanté la mano y esperé que esa fuerza volviese a mí. Escalando lentamente, llegó a mis dedos. Imaginé el hechizo que quería realizar, una bola de fuego. No debía de ser muy complicado.

Puse fuerza en mi mano, para poder concentrar el maná en mi palma y poder desarrollar el hechizo. Sentí cómo el maná iba saliendo de mi cuerpo, una enorme sensación de calor se asomaba en toda mi mano.

- "¡HIROSHI DETENTE!"

Abrí los ojos aterrorizado. Una bola de fuego del tamaño de una persona adulta se asomaba frente a mí. Sentí miedo, un miedo muy profundo por mi propia creación. De algún modo, logré lanzar el hechizo lejos de mí.

La bola de fuego salió disparada a una velocidad increíble y la explosión lo fue aún más. Una fuerte ventisca nos azotó desde donde estábamos. Había parado. La explosión había dejado de hacer efecto a la distancia.

Me sentía cansado. Giré mi cabeza. Mi tía aún tenía la vista fija en el horizonte, donde había caído la bola de fuego. Mi madre estaba de igual manera.

Caminé hacia ellas, pero en el trayecto caí rendido en el suelo. Mi estómago me dolía. Vomité por un largo rato, para luego desmayarme.

Desperté unos días después, según mi padre. Se sentía aliviado de que me hubiera recuperado. No es como si pensase que fuese a morir, ni nada parecido. Mi tía entró a la habitación, feliz de que estuviera sano y salvo; me abrazó fuertemente.

- "Hiroshi, quiero que me digas ¿Qué fue lo que hiciste?"

- "¡¿Que qué hizo?! ¡¿CÓMO PREGUNTAS ALGO ASÍ, NITORI?! ¡Mi hijo pudo haber muerto por culpa tuya. Siendo una maestra en la magia, como tanto presumes, debes de conocer los límites de uso de la magia!"

Mi padre recriminaba a mi tía por su falta de precauciones. Mi tía no hizo nada, más que escuchar cabizbaja.

Mi padre suspiró fuertemente. Salió de la habitación, molesto.

- "Hirohsi. Yo... Lo siento. Debí explicarte varias cosas antes de mandarte a hacer algún hechizo, pero... Estaba demasiado emocionada por ver tus dotes en la magia, que me segué a mi misma. Tu padre tiene razón, siendo una maestra en la magia debí de enseñarte eso antes de todo..."

Mi tía mostraba una sonrisa melancólica.

- "Ahora, explícame lentamente lo que hiciste ese día."

Mi tía no estaba emocionada como de costumbre. Ahora me miraba de una forma seria. Expliqué detalladamente lo que sucedió, lo que sentí en ese momento. El maná fluyendo a través de mi cuerpo, el miedo que sentí y demás cosas.

Mi tía, escuchó atentamente mi relato. Luego se paró y salió de la habitación en silencio. Me quedé confundido por unos segundos, esperé a que regresara, pero ya habían pasado unos minutos.

Miré mis manos, con algo de miedo. Mi tía regresó junto con mis padres.

- "Hijo, a partir de hoy, entrenarás con tu tía todos los días. Esas... habilidades debes de controlarlas desde pequeño y no sabemos que tan peligroso puede llegar a ser."

No dije nada. Me asustaba el hecho de que mis padres me tuviesen miedo. A mí. Su propio hijo.

- "Pero, hey, no te pongas triste. Aún entrenaremos ese cuerpo para que seas fuerte como yo."

Mi padre trató de levantarme el ánimo.

- "Okay. Sobrino, hay que enseñarte algunas cosas antes de volver a la práctica."

Todos a mi alrededor parecían querer olvidarse del asunto, pero ¿Cómo podría yo hacerlo? Había logrado que mis padres tuviesen miedo de mí.

Los días pasaban. Al igual que mis entrenamientos y estudios sobre la magia y la espada. Era agotador, pero con el tiempo logré acostumbrarme.

Con toda la situación, mi relación con Shizugu no había cambiado, mi hermana me odiaba como de costumbre, pero ya no me importaba tratar de ganarme su afecto.

Al encontrarnos por los pasillos de la casa, nos mirábamos y continuábamos nuestros caminos.

- "Bastante bien, Hiroshi. Pero recuerda, no trates de forzar la espada. Déjate llevar. Deja que ella tome el control de sus propias acciones."

- "Es...Lo que intento..."

El aliento me faltaba, los entrenamientos de mi padre eran muy complicados.

- "Está bien, ya le agarrarás el truco."

Mi padre me agarró del hombro y me frotó la cabeza; mientras me mostraba una sonrisa.

- "Ahora, es hora de unas lecciones sin movimiento."

- "¿Lecciones sin movimiento?"

- "Dime, hijo...¿Sabes qué son los Caminos Sagrados de la Espada, ¿verdad?"

Miré confundido a mi padre.

- "Los Caminos Sagrados de la Espada. Una serie de 8 habilidades usadas por los espadachines para aumentar nuestras habilidades en combate. Yo, sólo puedo usar los 4 primeros."

- "¿Se pueden aprender los 8?"

- "Por supuesto, pero debes tener una gran habilidad tanto en magia como en la espada; ya te estarás imaginando quienes son los que controlan los 8 Caminos, ¿no?"

- "Y... ¿Se pueden usar los 8 al mismo tiempo?"

- "En efecto, se puede. Pero el cuerpo humano no es capaz de soportar tal cantidad de poder. Si una persona lo intentara, su cuerpo aguantaría a lo mucho 2 minutos con ese enorme poder activado y luego moriría."

Morir a cambio de mejorar tus estadísticas por un sólo combate. No suena como un buen trato.

- "¿Quieres ver los Caminos en acción?"

Asentí con firmeza y entusiasmo. Ver a mi padre utilizando su fuente de poder era algo que no iba a desaprovechar. Mi padre desenfundó su espada, la sostuvo con una mano en la funda y la otra en la empuñadura, cerró los ojos y pronunció: "Cuarto Camino." Una pequeña ventisca se formaba alrededor de mi padre, al abrir los ojos algo había cambiado; su ojo derecho tenía un cuatro y sentía una nueva aura que rodeaba su cuerpo.

- "Cuando una persona activa los Caminos en su ojo derecho verás el Camino que está usando, es algo que todavía se desconoce el por qué sucede; por eso, es una arma de doble filo. Obtienes ventaja, pero tu oponente también sabe qué ventaja estás usando. Ahora, mira esto..."

Mi padre salió disparado y volvió en unos pocos segundos.

- "Éste es el Cuarto Camino. Te otorga la ventaja de de la velocidad, lamentablemente no poseo tanta capacidad mágica como para aguantarlo por mucho tiempo..."

Mi padre suspiró y el aura que sentía desapareció, al igual que el cuatro en su ojo. Luego de eso, me enseño sobre los 8 diferentes caminos.

El Primer Camino, te otorga Agilidad; tus movimientos con la espada o con cualquier objeto en tus manos serían mucho más ligeros y fluidos.

El Segundo Camino, te otorga Fuerza; los golpes que proporciones serán de una mayor magnitud y ocasionarás más daño. Éste es el único Camino que hace que tu cuerpo tenga un cambio físico.

El Tercer Camino, te otorga Percepción; eres más perceptivo de lo que suceda a tu alrededor sin tener que observar directamente.

El Cuarto Camino, te otorga Velocidad; tus pies se siente más ligeros proporcionándote de una velocidad casi inhumana.

El Quinto Camino, te otorga Sigilo; tus movimientos son casi imperceptibles por el enemigo.

El Sexto Camino, te otorga Inteligencia; te proporciona una mejor planificación en combate.

El Séptimo Camino, te otorga Devolución; todo ataque que te sea lanzado, lo devolverás con el doble de fuerza; sin embargo, consume muchísimo maná.

El Octavo Camino, te otorga Apertura de los Senderos; es la combinación de los 7 Caminos anteriores. La máxima cantidad de Caminos que aguanta un cuerpo humano bien entrenado son 2 al mismo tiempo; sin embargo, sigue siendo uno de los Caminos más difíciles de controlar y soportar.

Era demasiada información para poder absorberla en ese momento. Así que, luego ese mismo día, le pedí a mi padre que lo escribiera en una hoja.

Los entrenamientos con mi tía Nitori, no eran relajantes en ningún modo. Ella siempre me exigía que hiciera lo mejor que pudiese; sin embargo, empezó a poner una barrera mágica a su alrededor para evitar daños colaterales.

- "Okay, Hiroshi, recuerda: [_Lord del Fuego, Lord de la pureza, le pido la fuerza para incinerar a mis enemigos y ofrecer sus cenizas a usted. La luz de la pureza caerá sobre nosotros y castigará a aquellos impuros_]... Luego de eso, decide qué hechizo quieres usar."

Cerré los ojos. Respiré profundamente. Empecé a recitar el conjuro, mientras sentía el maná escalando lentamente por mi cuerpo; cuando lo sentí en mi mano, lancé el hechizo. No salió nada, el maná descendió rápidamente de mi cuerpo.

- "¡¿OTRA VEZ?!"

Esto había ocurrido desde la última vez que realicé esa enorme bola de fuego, no podía volver a invocar ningún otro hechizo. Mi tía creía que era porque había desarrollado algún trauma a la magia desde el incidente; pero de ser así, no podría sentir el maná subiendo por mi cuerpo y me pondría muy nervioso.

[¿Y qué pasaría si...]

Me dije para mis adentros, mientras miraba mis manos. Volví a cerrar los ojos, respiré profundamente, sentí el maná subiendo por mi cuerpo y grité con todas mis fuerzas.

- ¡FIRE BALL!

La bola de fuego se lanzó a gran velocidad de mi mano, y explotó en la lejanía.

- "Hiroshi... ¿Acaso dijiste el conjuro?"

- "¿N-no...?"

Mi tía se quedó callada por unos segundos, hasta que mostró una enorme sonrisa, saltó sobre mí y me abrazó.

- "Felicidades, Hiroshi. Eres un mago no conjurado."

- "¿Un qué?"

- “Un mago no conjurado, son una pequeña comunidad de magos que no pueden realizar magia con los conjuros normales, ellos deben de entrenar de una manera muy diferente a la habitual. Algunos requieren de imaginar el hechizo, otros sólo de decirlo en voz alta les basta. Ahora que lo pienso… tampoco lo dijiste la primera vez que lo intentamos.”

Estaba emocionado. Mi tía me dijo que estos magos eran poco comunes, y la mayoría lograba cosas increíbles. Estuvo un buen rato, explicándome sobre el tema.

Desde ese entonces, mis días como groonhell recién empezaban. Entrenando con mi padre el manejo de la espada y con mi tía entrenamiento mágico.

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