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AE - Capítulo 6/1
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Capítulo 6 - Parte 1

Los días pasaban más lentos de lo que uno podría esperar. Incluso a un día del torneo, mi emoción por empezar era inmensa.

Asura seguía en pleno crecimiento. Era una hermana menor muy dulce y adorable, siempre mantenía una sonrisa en su rostro; incluso Shizugu era amable y dulce con ella. Todos parecían felices en mi casa, y eso era motivo de alegrarse.

Finalmente el día había llegado. El 50° Torneo Juvenil, estaba a puertas de empezar.

En la Plaza Central, todos estaban emocionados. Puestos de comida, de adornos y recuerdos, abiertos y con muchísima gente alrededor.

- "Esto parece un festival."
- "Ya lo digo. ¡MIRA CUÁNTA COMIDA!"
- "Nitori, recuerda para qué vinimos."
- "Ya sé, hermana. ¡Mi sobrino hará una gran actuación en este torneo!"

Todos estaban felices. Mi padre miraba a todos lados con ojos risueños, como si estuviese recordando tiempos pasados; mi madre cargaba de Asura, a la vez que cuidaba a mi tía Nitori. Gracy vino con nosotros como soporte de mi madre.

- "¡Participantes del 50° Torneo Juvenil, acercarse al área de vestidores!"
- "Pues, ya es hora, hijo."

Toda mi emoción se convirtió en temor con esas palabras.

- "¿Y ahora? No me digas que tienes miedo."

Mi padre me llevó hasta la zona de vestidores. Miré a mi alrededor.

Jóvenes altos, fornidos, con armaduras caras o túnicas de muchos colores, estaban frente a mí.

- "Hey, tranquilo. No los veas cómo seres gigantes e imposibles de vencer... Recuerda, entre todos ellos, tú tienes la ventaja, siendo a distancia o a cercanía."

Mi padre trataba de tranquilizarme. Pese a que no había logrado mucho, se retiró de los vestuarios.

- "Muy bien, jóvenes. Empecemos explicando las reglas. Primero, no está permitido asesinar a otro participante; se los otorgará un arma de piedra a su elección. Segundo, no está permitido el uso de ningún potenciador mágico o de habilidades, ya sea por armadura o poción. Tercero, las únicas formas de ganar son sacando a tu oponente del área o que éste se rinda."

Las reglas parecían bastante fáciles. Aunque demasiado simples, alguno podría ponerse a sospechar de ello.

- "Bien, se ha hecho un sorteo para completar la tabla de los 16 participantes."

Revisé la tabla de las 4 fases...

[¡¿YO VOY A PELEAR PRIMERO?!]

El director del torneo nos dio unas indicaciones más, recogimos las armas que estuvieran disponibles y esperamos a que nos llamaran.

- "Pareces nervioso."
- "¿Y cómo no estarlo? Yo peleo en la primera batalla."
- "Eso fue un golpe de mala suerte."
- "Y que lo digas..."

Auber y yo conversamos por un rato, hasta que gritaron mi nombre.

- "Suerte."
- "Igualmente."

Salí del vestuario y entré en la arena de batalla.

[¡¿POR QUÉ HAY TANTA GENTE AQUÍ?!]

- "De este lado... ¡Hiroshi Sekkatsu! El segundo hijo de Tsugumi Moonlagger y Mark Sekkatsu. Por lo tanto, pertenece a una de las familias más ricas de este reino: La familia Moonlagger."

Hubo un pequeño tiempo de murmullo en el público, hasta que el locutor volvió a hablar.

- "Y ahora... Proveniente de las lejanas tierras del norte. Un blfmonghër en toda su excelencia. Ante ustedes, Julmunsën."

Un joven alto, con el cuerpo un poco azulado estaba en frente mío. Gritaba cosas en un idioma que no conocía, ni entendía; luego empezó a reírse a carcajeadas.

- "Muy bien, jóvenes. Tomen sus armas de los pedestales."

Me acerqué a las armas proveídas por el torneo, estaban hechas de piedra pura. Supongo que para evitar los asesinatos, aunque un noqueo y heridas permanentes sí que te llevas. Miré cuidadosamente todas las armas, habían hachas, espadas, escudos e incluso arcos. La calidad no era de lo mejor que se pueda encontrar en el reino, pero no era nada que se pueda romper fácil.

Tomé una espada, y me coloqué en mi posición. Julmunsën tomó un par de hachas, viendo bien su cara, no se parecía en nada al amigo de mi padre; sin embargo, se podía ver una expresión de arrogancia impregnada en su rostro.

- "Avtâ'la uth kïpthie"

[¿Pero qué rayos está diciendo este sujeto? Espero que no sea una amenaza de muerte o algo parecido.]

- "Julmunsën disfrutar romper huesos de niño humano."

- "Me alegra que puedas hablar el idioma de Yter. Me hubiese preocupado saber que mi contrincante no supiese qué digo cuando lo humille."

La cara de Julmunsën cambió drásticamente a una de furia, casi se podía ver una pequeña fogata saliendo de sus ojos...

[¿Pero qué acabo de hacer?]

- "¡Empiecen!"

Con esas palabras Julmunsën saltó brusca y ferozmente en mi dirección. Me impulsé a un costado con un impulso de aire, logré ver el hacha de Julmunsën estrellarse y destruir el sitio en el que estaba hace menos de un segundo.

Me alejé lo más que pude, volví a tomar impulso con un hechizo de aire y me eyecté en dirección de Julmunsën, quién seguía de espaldas a mí. Levanté la espada para poder dar el golpe contra él... Se hizo un silencio mortificante por unos segundos... El sonido de rompimiento de algo se hizo presente.

Mi espada se había roto en contra del cuerpo de Julmunsën.

- "¿Eh?"

- "Je... ¡Jajajajajajaja! Niño humano, pensar que espada poder acabar con Julmunsën."

Estalló en carcajadas ante mi penoso acto. ¡¿Cómo era posible que su cuerpo fuera tan resistente?!

- "¡Esto ser gran fuerza!"

Acto seguido Julmunsën se giró rápidamente y me golpeó en las costillas con una de sus hachas mandándome a volar hasta el borde de la arena.

Los espectadores ovacionaban el acto con gritos de emoción. Me costaba respirar. Vomité una gran cantidad de sangre, giré el rostro y miré hacia las gradas... Mi familia me miraba fijamente, en la mirada de mi madre, mi tía e incluso de Gracy, se veía un terror que jamás creí ver; mi padre me miraba fijamente, parecía en shock...

- "Rendirte, pequeño humano."

Me dijo Julmunën apuntándome con el hacha. A mi alrededor el mundo empezó a tornarse oscuro, las personas a mi alrededor desaparecían.

[¿Para esto había entrenado todo este tiempo? ¿Para rendirme después de un sólo golpe? Qué ironía...Perdería por caer inconsciente.]

Cuando regresé a la realidad, un fuerte ruido se escuchaba en frente mío... ¿Pero qué era? Tardé poco en darme cuenta de todo. Había empezado a crear un enorme torbellino que estaba alejando fuertemente a Julmunsën... Por alguna razón, no me sentía asustado como aquella vez con la bola de fuego, al contrario, me sentía lleno de paz.

Pero todo tiene un límite. Mi maná llegó casi al límite con ese hechizo, sumado a ello el golpe que tenía en las costillas y la sangre que seguía derramando.

- "¡El ganador es Hiroshi Sekkatsu!"

La ovación volvió a aparecer, pero en esta ocasión era para mí. Con la poca fuerza que me quedaba, miré a Julmunsën; estaba furioso y gritando cosas al aire, mientras era controlado por los magos de la Guardia Real.

Unos cuantos curanderos me revisaron y curaron mis heridas. Me dieron de beber un líquido especial y me condujeron al vestidor para que descanse por un rato.

- "¡Bien hecho, Hiroshi. Lograste pasar a la segunda fase! Incluso yo quedé sorprendido con esa fuerza tuya."

Auber siempre comentaba cosas de ese estilo, pero esta vez lo dejé pasar. Estaba demasiado cansado como para lidiar con él. Lo único que alcancé a hacer fue dar un enorme suspiro. Pierre apareció de repente, empujándome con su cuerpo.

- "Pf. No te creas la gran cosa sólo por haber llegado a la segunda fase. Cualquiera lo haría haciendo trampa."

¿A qué se refería con eso? ¿Al torbellino que hice?

- "Pierre, será mejor que no hagas nada estúpido esta vez."

Auber puso su mano en la empuñadura de la espada y su rostro se había tornado bastante serio, era muy raro verlo así.

- "Tranquilo, Auber. Será mejor que guardes esa fuerza para después, ¿no crees?"

Dije poniendo mi mano en su hombro, tratando de tranquilizarlo. Miré a Pierre sin decirle nada, pasado un rato de silencio se retiró a la arena.

Las batallas pasaron con relativa normalidad. Auber venció a su contrincante y se emocionó por ello; Ryo, ganó a duras penas, pero se veía en su rostro lleno de pelaje una pequeña sonrisa.

La primera fase había acabado. Lograron pasar 8 personas, incluyéndome; mi siguiente contrincante era una tal Jied. Lo único que sabía de ella, es su apariencia física; su piel era sumamente blanca y su pelo verde.

El primero en esta ronda era Ryo, se veía un tanto nervioso. Lamentablemente, su contrincante era Pierre; estaba vestido con una armadura dorada muy voluptuosa, pese a que era tan obvio que no ocupaba toda la armadura.

Ryo parecía nervioso, y no lo culpo. Esa armadura causaba un poco de pánico al principio.

- "¡Venga, Ryo! No te pongas nervioso, ese sujeto no sabe ni blandir la espada."

Pese a que el comentario de Auber fuera un tanto raro, era cierto. En la primera ronda, Pierre no movió ni un sólo músculo; al contrario, parecía que los ataques mágicos de su contrincante no le hacían nada. Pierre terminó ganando por desmayo del contrincante.

- "¡Damas y caballeros, iniciamos con la segunda ronda del torneo! ¡En este lado, el maravilloso noble Pierre!"

Una ovación se hizo presente.

- "Y a este otro, el Hélix, Ryo."

Silencio. Eso fue todo. Silencio que fue destruido por el inicio de la batalla, Ryo saltó hacia Pierre, sacó sus garras y atacó. No ocurrió nada.

La armadura de Pierre no recibió ni un rasguño. Un aullido de dolor agonizante se escuchó... Ryo estaba con la cabeza pegada al suelo agonizando mientras se formaba un charco de sangre, sus garras se habían desprendido de sus dedos.

Pierre se acercó lentamente a Ryo, y le azotó una patada en el estómago; Ryo escupió una enorme cantidad de saliva y cayó rendido en el suelo. Pierre le azotó otra patada, pero esta vez para mandarlo fuera del ring de pelea.

- "¡El ganador es Pierre!"

Pierre celebraba su victoria, virtuosamente levantaba los brazos, como quien acaba de acabar con una presa relativamente peligrosa.

- "...¡Y que las bestias aprendan su lugar!"

Auber y yo veíamos a Ryo tirado en el suelo, tosiendo y sangrando.

[¿Por qué nadie va a ayudarlo? Se estaba desangrando...]

Miré a Auber tratando de buscar una respuesta a qué debíamos hacer, pero él sólo miraba al suelo con desprecio.

- "No hay nada que podamos hacer, Hiroshi... Los humanos odian relacionarse con las sub-razas. La reacción de todos es... normal..."

Entré corriendo al ring para socorrer a mi amigo.

- "Ryo, escúchame, vas a estar bien, tranquilo. E-esto va a sanar, ya lo verás."

Trataba de decir las cosas con la voz más serena que tenía, mientras intentaba no romper en llantos.

Ryo me miraba con lágrimas en sus ojos. Grité desesperadamente por auxilio, pero ningún médico se atrevía a acercarse. Mi respiración estaba agitada y no paraba de llorar. Ryo me miró fijamente y me sonrió, por primera vez pude ver una expresión facial en su rostro; lamentablemente, era en sus últimos momentos de su vida...

- "N-no, Ryo... P-por favor, n-no te vayas..."

Lloraba como un niño pidiéndole y rogándole a su padre que no vaya a una misión sumamente peligrosa.

Finalmente, Ryo murió. Su agonía se había ido, y ya no sentía la respiración pesada que siempre tenía. Me quedé por unos segundos ahí, arrodillado, mirando el cuerpo de mi amigo.

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Datos del mundo: A lo largo de los bosques del Continente de Yter, existen unas criaturas llamadas “Los Guardianes.” Golems de piedra, que miden 20 metros, su refuerzo exterior de piedra les permite resistir prácticamente cualquier ataque físico o mágico. Son seres no hostiles, que vagan por los bosques; no atacarán a menos que sean atacados o se cree un desbalance en el lugar que protegen.


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AE - Capítulo 6/2
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Capítulo 6 - Parte 2

Giré bruscamente hacia Pierre.

- "Maldito... ¡Maldito seas! ¡Eres un ser despreciable!"

Estaba a punto de crear una enorme bola de fuego y tirarla en dirección de Pierre.
Pero Auber me detuvo con la ayuda de los magos asistentes.

- "¡Hiroshi, tranquilo! No vale la pena."
- "¡¿Cómo puedes decir algo así?! ¡Él era tu amigo y él lo asesinó!"
- "Mira."

Auber miraba en la dirección del cuerpo de Ryo, su cuerpo se estaba desintegrando.

- "Hiroshi, él es un Hélix. Los Hélix renacen infinitamente."

Me quedé impactado por unos segundos. Auber y yo, regresamos a la carpa de espera.

- "No lo perdonaré..."
- "Está bien, Hiroshi. Tranquilo."
- "Auber... No pienso quedarme tranquilo."

Mis puños estaban apretados a más no poder y en mi cara se hacía evidente mi ira.

Pierre entró a la carpa y recibió elogios de sus compañeros. La siguiente pelea era de Auber, su contrincante no duró mucho tiempo; era un mago principiante, y Auber lo venció haciendo un ataque frontal continuo.

Pese a que los magos siempre si nominaban así mismos cómo los más fuertes entre los humanos, su mayor debilidad era muy evidente y Auber se había aprovechado de ello.

Llegó mi turno de regresar al ring, pese a las palabras de Auber, no lograba quitarme de la cabeza la imagen del cuerpo de Ryo tirado en el suelo. De rato en rato, resonaba unas palabras en mi cabeza, pero no lograba entenderlas.

Mi mirada esta pérdida en el suelo, miré a mi alrededor, a las personas gritando de la emoción por el encuentro próximo. Miré a mi familia, mi padre tenía los brazos cruzados en el pecho y una seria expresión en su rostro; mi madre estaba preocupada y se le veía gritándole cosas a Arisha mientras ella intentaba tranquilizarla. Volví la mirada hacia mi padre, en sus labios se formaban palabras, pero debido al ruido y mi estado de desorientación no era capaz de escuchar lo que decía y mucho menos de entenderle.

- "¡... De este lado, al joven Hiroshi Sekkatsu Moonlagger!"

La ovación se hizo mucho más fuerte. En ese momento de confusión, me pregunté qué tan importante era mi familia materna en el reino; los Moonlagger, mucho más allá de la cantidad de dinero que poseían.

- "¡Y de este otro, a la señorita Jied!"

La joven de pelo verde, se puso en frente mío. Se lograba ver su rostro muy poco, debido a la enorme fauna que tenía por pelo. El locutor dio inicio a la pelea, Jied lanzó sus enredaderas hacía mí, yo no me moví ni un centímetro y dejé que me tomaran. Mis brazos y piernas estaban completamente estirados y yo inmóvil en medio de todo ese pelo verde.

Jied se acercó lentamente a mí. Puso su mano en mi barbilla y levantó mi rostro, como si me estuviera examinando.

- "Y pensar, que el maestro le tendría miedo de un ser tan patético..."

[¿Maestro...? ¿De qué está hablando esta loca?]

Cuando me di cuenta, las enredaderas habían cubierto gran parte de mi cuerpo y formó una cúpula a mi alrededor y el de Jied.

- "Matarte ahora, sería algo maravilloso. Liberaría a mi maestro de su constante agonía... Pero, ¡ese bastardo! No quiere que toquemos a su preciada víctima... ¡No sabes cuánto lo odio!"

Jied siguió hablando sola por un rato, quejándose sobre quién sabe qué. Su ira iba creciendo cada vez más, y lo sentía porque las enredaderas iban apretando a un ritmo constante. Tanto así, que me sacó de mi trance momentáneo...

- "... Ciertamente, no encuentro la razón por la que tú, un mero humano, es una amenaza para semejante ser como mi maestro. Te juntas con seres inferiores como tú y tu, despreciable y débil amiguito que murió, bueno no se podía esperar tanto de un semi-dem...-"

Las palabras de Jied se vieron interrumpidas por un enorme grito de dolor. Las enredaderas se alejaban donde se supone yo estaba, y se vieron reemplazadas por una enorme bola de fuego. Yo estaba allí, inmóvil, mis puños apretados a más no poder; en mi rostro una silueta de una ira incontenida.

- "No tienes derecho alguno de hablar así de mi amigo. ¡Tú no eres nadie para hablar de mis amigos!"

Mis puños se envolvieron en llamas, y salté impulsado hacia Jied. Obviamente, ella no se dejó golpear por mí, así que empecé a dar golpes en cada dirección en la que ella se movía dejando enormes cráteres en el suelo de piedra sólida.

- "Water barrier."

Jied invocó una pared de agua que la protegiera, sabiendo que mi hechizo de fuego no soportaría a su contrario y se apagaría. Golpeé la barrera con todas mis fuerzas, una y otra vez, en mi rostro se veía un odio y desprecio hacía la persona dentro de la barrera.

Me detuve de golpear la barrera, desactivé el hechizo e intenté entrar a la barrera. Parecía un jabalí golpeando un árbol... Pero, al final, el árbol siempre cae. Entré a la barrera. En mi rostro, se derramaba una enorme cantidad de sangre fluyendo desde mi frente; pero eso no me detenía de querer tomar venganza de las cosas que esa mujer había dicho de mi amigo. Jied se tropezó y cayó al suelo.

- "Por favor, detente. Te lo ruego, las flamas en tus manos me matarán."

No escuchaba a razones. Las bolas de fuego en mis manos seguían creciendo.

- "R-recuerda las normas. No puedes ma-matarme, sino te de-descalifican, ¿verdad?"

Agarré a Jied por las enredaderas que tenía en el pelo y la puse frente a mí. Mis ojos estaban hinchados y mis manos empezaban a debilitarse.

- "P-por favor, te lo ruego."

Jied empezó a sollozar.

- "¡Púdrete!"

Tiré a Jied en el suelo, me tiré sobre ella y empecé a golpearle el rostro con la mano en llamas. Cada golpe que daba, me recordaba más y más a Pierre golpeando continuamente a Ryo, y eso me hacía enojar mucho más de lo que ya estaba.

Esta no era una venganza contra Jied, se había vuelto un desahogo.

Me paré y me alejé del cuerpo de Jied. Seguí caminando hasta casi el borde del ring, giré y levanté mi mano; la expresión de mi rostro cambió drásticamente a una sin emociones.

En mi mano empezó a formarse una enorme bola de fuego. En mis ojos no denotaba ninguna emoción. Cuando la enorme esfera estuvo casi del tamaño de mi cuerpo, se redujo; los hechiceros conjuraban hechizos para detener mi magia, pero era en vano. Estiré mi mano, en dirección de Jied; y conjuré el hechizo.

La pequeña bola de fuego salió expulsada hacia Jied, quién se encogió para protegerse del fuego. A mitad del camino, la bola de fuego explotó y chocó contra la nada. Mi ira volvía a subir rápidamente, un muro de aire se concentró a medio camino del hechizo y lo detuvo.

- "¡Detente ahí! En nombre del gran Yter, ¡¿Se puede saber qué estás haciendo muchacho?!"

Un viejo con túnica azul oscuro apareció en medio del ring. Su mirada era seria, su rostro tenía algunas arrugas y emitía un aura muy poderosa.

- "¡¿Estás intentando matar a tu contrincante?! ¡¿Estás demente?!"

- "¡No es de tu incumbencia, maldito viejo!"

Mi vista se volvía nublosa con cada segundo que pasaba. Mi sentido del balance estaba decreciendo cada vez más rápido, pero no me sentía mareado.

- "¡Quítate del medio!"

Fue en ese instante en el que perdí la consciencia...

Pero mi cuerpo seguía moviéndose a voluntad.

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Algo raro está pasando, no me gusta lo que veo.

Nunca había visto a Hiroshi de esa forma. Es como una persona totalmente diferente, está tratando de asesinar a su contrincante, de eso no cabe duda. Pero... ¿Por qué? Mi esposa estaba haciendo un escándalo, no paraba de gritar y pedir que detuvieran la pelea, que no era seguro que nuestro hijo estuviera en ese estado... Supongo que es algún sentido maternal o algo por el estilo, Arisha también se ve preocupada, de ratos gira su mirada a mí, buscando que le dé alguna respuesta...

Pero ni siquiera yo sé qué está pasando. Mi hijo siempre fue alguien a quién no le podías quitar la sonrisa, siempre se le veía feliz... ¿Por qué ahora se puso tan violento?

En ese momento, recordé.

- "¡La cúpula!"

Arisha giró al verme levantándome por sorpresa y gritando tal cosa. Volví a sentarme, aclaré mi garganta y procedí a explicarle a Arisha todo lo que entendía. Nitori estaba petrificada sostenía su gorro de maga y se ocultaba entre sus telas, parece que se culpa por todo esto...

Una explosión.

Hiroshi había empezado a lanzar hechizos al azar contra el viejo que estaba en la arena. No paraba de gritar y maldecir al viejo, pero él no dejaba de intentarlo. El viejo, por su lado, no esquivaba los hechizos de Hiroshi, parecía que se desvanecían antes de si quiera rozarle.

- "¡Nitori! ¡Despierta!"

Sacudí incontrolablemente a Nitori para que saliera de su trance psicológico. Al despertar, le pregunté si había alguna forma de detener todo esto, me dijo que las únicas formas de detener algo así, eran noqueándolo o esperar a su muerte.

Giré abruptamente mi mirada. Veía la escena completa con total preocupación... ¿Ver morir a mi propio hijo?

Poco a poco, empecé a ver los recuerdos que tenía con Hiroshi frente a mí. Sentía un dolor incontrolable en el pecho, este era el dolor de un padre al ver sufrir a su propio hijo.

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Ya no podía razonar. La ira me había consumido por completo y sentía cómo me desvanecía lentamente... Mi nivel de maná debía estar casi por los suelos.

- "Veo que ya te calmaste."
- "N-no pienso dejar que ella se mantenga con vida. No después de haber insultado a mi amigo."
- "¿Tu amigo? !Tu amigo está bien! Es un hénix, ellos renacen en un ciclo infinito de vidas."

Ya sabía eso. Sabía que Ryo estaría bien y que nos veríamos de nuevo. Pero, la ira seguía subiendo por mi cuerpo.

Un trueno.

Mi cuerpo empezó a generar truenos. La magia eléctrica era la magia más complicada de manejar, ya que es muy impredecible, a diferencia de los otros elementos.

- "¿Magia eléctrica...? E-eso es imposible."
- "Thunder Bolt."

Mi cuerpo lanzó un trueno en dónde estaba el viejo. Pero él seguía sin inmutarse.

- "Llegó el momento de parar esto."

Dijo el viejo antes de desaparecer y re aparecer frente mío antes de noquearme.

Al despertar estaba de nuevo en la carpa de espera. Mi familia estaba alrededor mío, agitada y lanzándome varias preguntas a la vez. Les respondí de la forma más clara que pude a cada una de sus preguntas.

- "Mark. Debes sacar a Hiroshi del torneo, ¡Ahora!"
- "No. Hiroshi será quién decida si sale o no."
- "¡¿Pero qué acaso no has visto lo que pasó?! ¡Casi se muere, Mark! Hiroshi no está preparado emocionalmente para estas cosas."
- "¡Claro que lo está! Mi hijo sabe perfectamente lo que debe de hacer y él tomará sus decisiones. Eso es todo."

Dijo mi padre antes de salir furioso de la carpa, seguido de mi madre. Arisha y Asura se quedaron conmigo hasta que me sintiera mejor.

Asura me tocó la frente con sus pequeñas manos. Estuvo toqueteando un rato y empezó a sobar mi pelo.

- "La señorita Asura estuvo muy preocupada por ti, joven Hiroshi."
- "Perdón por eso Asura."

Al decir eso, Asura dejó salir un pequeño grito de alegría.

El viejo de antes entró en la carpa.

- "Hiroshi... ¿Sekkatsu, verdad?"

Ver al viejo tan de cerca era de temer. Su aura impotente casi te obliga a postrarte frente a él.

- "Fue muy irresponsable de tu parte hacer algo así. Por el nombre del Dios Yter, pudiste haber muerto."

El viejo miró a Arisha, le pidió que se retirara junto con Asura y busque a mis padres.

- "Los jueces estuvieron deliberando si te debían expulsar del torneo..."

Mi mundo entero se detuvo. Expulsado del torneo por intento de homicidio...

- "Pero les convencí de dejarte continuar. Tus habilidades mágicas son impresionantes, debo admitirlo, es raro ver a una persona tan joven y con tanta fuerza mágica."

El viejo sacó de una bolsa un frasco con un líquido morado brillante.

- "Bebe eso. Te ayudará a recuperar el maná. Tu siguiente contrincante es Pierre, estate preparado."

El viejo salió de la carpa, dejándome sólo.

[¿Pero qué diablos sucedió? Mi cuerpo actuaba por sí sólo... Cómo si fuera otra persona...]

Traté indudablemente de despejar mi mente. Debía concentrarme únicamente en el torneo.

Mientras yo pensaba. Mi madre entró llorando a la carpa, cayó al suelo arrodillada y me rogó.

- "Hijo, por favor, abandona este torneo. Si algo te pasa, yo... Yo no me lo podría perdonar."
- "Madre..."

Ver a mi madre en ese estado era depresivo. Nunca la había visto tan desgastada emocionalmente y al punto de arrodillarse junto a su hijo para rogarle.

Miré a mi madre, tomé sus manos y las puse entre las mías.

- "Mamá, sé que tal vez me odies por esto, pero... Si yo, abandono el torneo, no creo poder disculparme a mí mismo... Esto es muy importante para mí..."

Mi madre me miró nuevamente y las lágrimas se derramaron de su cara. Me abrazó tan fuerte, cómo nunca antes lo había hecho...

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