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AE - Capítulo 6/2
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Capítulo 6 - Parte 2

Giré bruscamente hacia Pierre.

- "Maldito... ¡Maldito seas! ¡Eres un ser despreciable!"

Estaba a punto de crear una enorme bola de fuego y tirarla en dirección de Pierre.
Pero Auber me detuvo con la ayuda de los magos asistentes.

- "¡Hiroshi, tranquilo! No vale la pena."
- "¡¿Cómo puedes decir algo así?! ¡Él era tu amigo y él lo asesinó!"
- "Mira."

Auber miraba en la dirección del cuerpo de Ryo, su cuerpo se estaba desintegrando.

- "Hiroshi, él es un Hélix. Los Hélix renacen infinitamente."

Me quedé impactado por unos segundos. Auber y yo, regresamos a la carpa de espera.

- "No lo perdonaré..."
- "Está bien, Hiroshi. Tranquilo."
- "Auber... No pienso quedarme tranquilo."

Mis puños estaban apretados a más no poder y en mi cara se hacía evidente mi ira.

Pierre entró a la carpa y recibió elogios de sus compañeros. La siguiente pelea era de Auber, su contrincante no duró mucho tiempo; era un mago principiante, y Auber lo venció haciendo un ataque frontal continuo.

Pese a que los magos siempre si nominaban así mismos cómo los más fuertes entre los humanos, su mayor debilidad era muy evidente y Auber se había aprovechado de ello.

Llegó mi turno de regresar al ring, pese a las palabras de Auber, no lograba quitarme de la cabeza la imagen del cuerpo de Ryo tirado en el suelo. De rato en rato, resonaba unas palabras en mi cabeza, pero no lograba entenderlas.

Mi mirada esta pérdida en el suelo, miré a mi alrededor, a las personas gritando de la emoción por el encuentro próximo. Miré a mi familia, mi padre tenía los brazos cruzados en el pecho y una seria expresión en su rostro; mi madre estaba preocupada y se le veía gritándole cosas a Arisha mientras ella intentaba tranquilizarla. Volví la mirada hacia mi padre, en sus labios se formaban palabras, pero debido al ruido y mi estado de desorientación no era capaz de escuchar lo que decía y mucho menos de entenderle.

- "¡... De este lado, al joven Hiroshi Sekkatsu Moonlagger!"

La ovación se hizo mucho más fuerte. En ese momento de confusión, me pregunté qué tan importante era mi familia materna en el reino; los Moonlagger, mucho más allá de la cantidad de dinero que poseían.

- "¡Y de este otro, a la señorita Jied!"

La joven de pelo verde, se puso en frente mío. Se lograba ver su rostro muy poco, debido a la enorme fauna que tenía por pelo. El locutor dio inicio a la pelea, Jied lanzó sus enredaderas hacía mí, yo no me moví ni un centímetro y dejé que me tomaran. Mis brazos y piernas estaban completamente estirados y yo inmóvil en medio de todo ese pelo verde.

Jied se acercó lentamente a mí. Puso su mano en mi barbilla y levantó mi rostro, como si me estuviera examinando.

- "Y pensar, que el maestro le tendría miedo de un ser tan patético..."

[¿Maestro...? ¿De qué está hablando esta loca?]

Cuando me di cuenta, las enredaderas habían cubierto gran parte de mi cuerpo y formó una cúpula a mi alrededor y el de Jied.

- "Matarte ahora, sería algo maravilloso. Liberaría a mi maestro de su constante agonía... Pero, ¡ese bastardo! No quiere que toquemos a su preciada víctima... ¡No sabes cuánto lo odio!"

Jied siguió hablando sola por un rato, quejándose sobre quién sabe qué. Su ira iba creciendo cada vez más, y lo sentía porque las enredaderas iban apretando a un ritmo constante. Tanto así, que me sacó de mi trance momentáneo...

- "... Ciertamente, no encuentro la razón por la que tú, un mero humano, es una amenaza para semejante ser como mi maestro. Te juntas con seres inferiores como tú y tu, despreciable y débil amiguito que murió, bueno no se podía esperar tanto de un semi-dem...-"

Las palabras de Jied se vieron interrumpidas por un enorme grito de dolor. Las enredaderas se alejaban donde se supone yo estaba, y se vieron reemplazadas por una enorme bola de fuego. Yo estaba allí, inmóvil, mis puños apretados a más no poder; en mi rostro una silueta de una ira incontenida.

- "No tienes derecho alguno de hablar así de mi amigo. ¡Tú no eres nadie para hablar de mis amigos!"

Mis puños se envolvieron en llamas, y salté impulsado hacia Jied. Obviamente, ella no se dejó golpear por mí, así que empecé a dar golpes en cada dirección en la que ella se movía dejando enormes cráteres en el suelo de piedra sólida.

- "Water barrier."

Jied invocó una pared de agua que la protegiera, sabiendo que mi hechizo de fuego no soportaría a su contrario y se apagaría. Golpeé la barrera con todas mis fuerzas, una y otra vez, en mi rostro se veía un odio y desprecio hacía la persona dentro de la barrera.

Me detuve de golpear la barrera, desactivé el hechizo e intenté entrar a la barrera. Parecía un jabalí golpeando un árbol... Pero, al final, el árbol siempre cae. Entré a la barrera. En mi rostro, se derramaba una enorme cantidad de sangre fluyendo desde mi frente; pero eso no me detenía de querer tomar venganza de las cosas que esa mujer había dicho de mi amigo. Jied se tropezó y cayó al suelo.

- "Por favor, detente. Te lo ruego, las flamas en tus manos me matarán."

No escuchaba a razones. Las bolas de fuego en mis manos seguían creciendo.

- "R-recuerda las normas. No puedes ma-matarme, sino te de-descalifican, ¿verdad?"

Agarré a Jied por las enredaderas que tenía en el pelo y la puse frente a mí. Mis ojos estaban hinchados y mis manos empezaban a debilitarse.

- "P-por favor, te lo ruego."

Jied empezó a sollozar.

- "¡Púdrete!"

Tiré a Jied en el suelo, me tiré sobre ella y empecé a golpearle el rostro con la mano en llamas. Cada golpe que daba, me recordaba más y más a Pierre golpeando continuamente a Ryo, y eso me hacía enojar mucho más de lo que ya estaba.

Esta no era una venganza contra Jied, se había vuelto un desahogo.

Me paré y me alejé del cuerpo de Jied. Seguí caminando hasta casi el borde del ring, giré y levanté mi mano; la expresión de mi rostro cambió drásticamente a una sin emociones.

En mi mano empezó a formarse una enorme bola de fuego. En mis ojos no denotaba ninguna emoción. Cuando la enorme esfera estuvo casi del tamaño de mi cuerpo, se redujo; los hechiceros conjuraban hechizos para detener mi magia, pero era en vano. Estiré mi mano, en dirección de Jied; y conjuré el hechizo.

La pequeña bola de fuego salió expulsada hacia Jied, quién se encogió para protegerse del fuego. A mitad del camino, la bola de fuego explotó y chocó contra la nada. Mi ira volvía a subir rápidamente, un muro de aire se concentró a medio camino del hechizo y lo detuvo.

- "¡Detente ahí! En nombre del gran Yter, ¡¿Se puede saber qué estás haciendo muchacho?!"

Un viejo con túnica azul oscuro apareció en medio del ring. Su mirada era seria, su rostro tenía algunas arrugas y emitía un aura muy poderosa.

- "¡¿Estás intentando matar a tu contrincante?! ¡¿Estás demente?!"

- "¡No es de tu incumbencia, maldito viejo!"

Mi vista se volvía nublosa con cada segundo que pasaba. Mi sentido del balance estaba decreciendo cada vez más rápido, pero no me sentía mareado.

- "¡Quítate del medio!"

Fue en ese instante en el que perdí la consciencia...

Pero mi cuerpo seguía moviéndose a voluntad.

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Algo raro está pasando, no me gusta lo que veo.

Nunca había visto a Hiroshi de esa forma. Es como una persona totalmente diferente, está tratando de asesinar a su contrincante, de eso no cabe duda. Pero... ¿Por qué? Mi esposa estaba haciendo un escándalo, no paraba de gritar y pedir que detuvieran la pelea, que no era seguro que nuestro hijo estuviera en ese estado... Supongo que es algún sentido maternal o algo por el estilo, Arisha también se ve preocupada, de ratos gira su mirada a mí, buscando que le dé alguna respuesta...

Pero ni siquiera yo sé qué está pasando. Mi hijo siempre fue alguien a quién no le podías quitar la sonrisa, siempre se le veía feliz... ¿Por qué ahora se puso tan violento?

En ese momento, recordé.

- "¡La cúpula!"

Arisha giró al verme levantándome por sorpresa y gritando tal cosa. Volví a sentarme, aclaré mi garganta y procedí a explicarle a Arisha todo lo que entendía. Nitori estaba petrificada sostenía su gorro de maga y se ocultaba entre sus telas, parece que se culpa por todo esto...

Una explosión.

Hiroshi había empezado a lanzar hechizos al azar contra el viejo que estaba en la arena. No paraba de gritar y maldecir al viejo, pero él no dejaba de intentarlo. El viejo, por su lado, no esquivaba los hechizos de Hiroshi, parecía que se desvanecían antes de si quiera rozarle.

- "¡Nitori! ¡Despierta!"

Sacudí incontrolablemente a Nitori para que saliera de su trance psicológico. Al despertar, le pregunté si había alguna forma de detener todo esto, me dijo que las únicas formas de detener algo así, eran noqueándolo o esperar a su muerte.

Giré abruptamente mi mirada. Veía la escena completa con total preocupación... ¿Ver morir a mi propio hijo?

Poco a poco, empecé a ver los recuerdos que tenía con Hiroshi frente a mí. Sentía un dolor incontrolable en el pecho, este era el dolor de un padre al ver sufrir a su propio hijo.

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Ya no podía razonar. La ira me había consumido por completo y sentía cómo me desvanecía lentamente... Mi nivel de maná debía estar casi por los suelos.

- "Veo que ya te calmaste."
- "N-no pienso dejar que ella se mantenga con vida. No después de haber insultado a mi amigo."
- "¿Tu amigo? !Tu amigo está bien! Es un hénix, ellos renacen en un ciclo infinito de vidas."

Ya sabía eso. Sabía que Ryo estaría bien y que nos veríamos de nuevo. Pero, la ira seguía subiendo por mi cuerpo.

Un trueno.

Mi cuerpo empezó a generar truenos. La magia eléctrica era la magia más complicada de manejar, ya que es muy impredecible, a diferencia de los otros elementos.

- "¿Magia eléctrica...? E-eso es imposible."
- "Thunder Bolt."

Mi cuerpo lanzó un trueno en dónde estaba el viejo. Pero él seguía sin inmutarse.

- "Llegó el momento de parar esto."

Dijo el viejo antes de desaparecer y re aparecer frente mío antes de noquearme.

Al despertar estaba de nuevo en la carpa de espera. Mi familia estaba alrededor mío, agitada y lanzándome varias preguntas a la vez. Les respondí de la forma más clara que pude a cada una de sus preguntas.

- "Mark. Debes sacar a Hiroshi del torneo, ¡Ahora!"
- "No. Hiroshi será quién decida si sale o no."
- "¡¿Pero qué acaso no has visto lo que pasó?! ¡Casi se muere, Mark! Hiroshi no está preparado emocionalmente para estas cosas."
- "¡Claro que lo está! Mi hijo sabe perfectamente lo que debe de hacer y él tomará sus decisiones. Eso es todo."

Dijo mi padre antes de salir furioso de la carpa, seguido de mi madre. Arisha y Asura se quedaron conmigo hasta que me sintiera mejor.

Asura me tocó la frente con sus pequeñas manos. Estuvo toqueteando un rato y empezó a sobar mi pelo.

- "La señorita Asura estuvo muy preocupada por ti, joven Hiroshi."
- "Perdón por eso Asura."

Al decir eso, Asura dejó salir un pequeño grito de alegría.

El viejo de antes entró en la carpa.

- "Hiroshi... ¿Sekkatsu, verdad?"

Ver al viejo tan de cerca era de temer. Su aura impotente casi te obliga a postrarte frente a él.

- "Fue muy irresponsable de tu parte hacer algo así. Por el nombre del Dios Yter, pudiste haber muerto."

El viejo miró a Arisha, le pidió que se retirara junto con Asura y busque a mis padres.

- "Los jueces estuvieron deliberando si te debían expulsar del torneo..."

Mi mundo entero se detuvo. Expulsado del torneo por intento de homicidio...

- "Pero les convencí de dejarte continuar. Tus habilidades mágicas son impresionantes, debo admitirlo, es raro ver a una persona tan joven y con tanta fuerza mágica."

El viejo sacó de una bolsa un frasco con un líquido morado brillante.

- "Bebe eso. Te ayudará a recuperar el maná. Tu siguiente contrincante es Pierre, estate preparado."

El viejo salió de la carpa, dejándome sólo.

[¿Pero qué diablos sucedió? Mi cuerpo actuaba por sí sólo... Cómo si fuera otra persona...]

Traté indudablemente de despejar mi mente. Debía concentrarme únicamente en el torneo.

Mientras yo pensaba. Mi madre entró llorando a la carpa, cayó al suelo arrodillada y me rogó.

- "Hijo, por favor, abandona este torneo. Si algo te pasa, yo... Yo no me lo podría perdonar."
- "Madre..."

Ver a mi madre en ese estado era depresivo. Nunca la había visto tan desgastada emocionalmente y al punto de arrodillarse junto a su hijo para rogarle.

Miré a mi madre, tomé sus manos y las puse entre las mías.

- "Mamá, sé que tal vez me odies por esto, pero... Si yo, abandono el torneo, no creo poder disculparme a mí mismo... Esto es muy importante para mí..."

Mi madre me miró nuevamente y las lágrimas se derramaron de su cara. Me abrazó tan fuerte, cómo nunca antes lo había hecho...

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