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HS - Capítulo 2
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Capítulo 2

- "Ugh, mi cabeza."

Mi cabeza daba vueltas. El peso de no haber dormido volvía a mis hombros. Miré mis manos, se veían jóvenes de nuevo, al menos más jóvenes de lo que eran.

Miré alrededor con un enorme desprecio. Había visto ésta misma habitación miles de veces.

- "¿Amo, ya ha despertado?"

Una voz femenina llamaba, mientras que la puerta de la habitación se abría. Una mujer de pelo, sumamente largo y muy enredado; y ojos verdes claro, una piel blanca como la nieve y el cuerpo de una joven muy delgada; se postraba firme en la puerta.

- "¿Quién eres tú?"

- "Pero que dice, amo. Me alegra que haya despertado."

Una sonrisa macabra se mostró en su rostro al decir esas palabras. Dejó una bandeja con unos trapos y una jarra, llena de algún líquido, encima de la mesa de noche. Mojó uno de los trapos y se acercó a mí.

- "Acérquese amo, debemos ponerle esto para cuidar su salud."

Me mantuve en mis pensamientos, mientras que la joven frotaba el pañuelo húmedo sobre mi frente. Una sonrisa muy espeluznante se mostraba en su cara todo este tiempo.

Agarré su mano, deteniendo la actividad que realizaba. No dije ninguna palabra.

- "¿Sucede algo amo?"

[¿Pero qué mierda ha hecho el yo de ésta línea temporal? ¿Capturar a una joven y obligarla a ser mi esclava? Ugh, se nota que era un ser muy despreciable, a tal punto que he perdido la ruta de mi misión.]

- "Dime tu nombre."

- "Amo, realmente le gusta jugar, ¿eh?"

- "¡MALDITA MOCOSA, RESPONDE A LA PEGUNTA!"

Se quedó callada. En sus ojos, logré ver sorpresa por unos segundos; pero luego bajó la cabeza. Su pelo verdoso empezó a moverse por sí mismo; se enredó en mi cuerpo y me tiró contra la pared. Escupí un poco de saliva acumulada.

- "¿Quién eres tú y qué le hiciste a mi amo?"

En sus ojos, logré ver una fría y horripilante mirada. El agarre de su cabello no estaba nada mal, pero no era suficiente. Con la enorme cantidad de conocimientos que obtuve a lo largo de mis siglos, me liberé de su enredadera; corté sus cabellos con una cuchilla de fuego y usando magia de aire la expulsé contra la pared. Con un poco de magia terrea básica, logré mantenerla quieta.

- "Guau. Nada mal, para ser una jovencita. Ahora... dime cuál es tu nombre y tu propósito aquí."

- *cof* *cof* "Mi nombre es Jied. S-soy la esclava y mano derecha de mi amo y tú... ¡PERECERAZ!"

Logrando escapar de mi prisión. Me lanzó otro ataque de cabellos.

- "¿Sabes? Tu control de maná corporal, es excelente. Pero tus habilidades... no tanto."

Corrí hacía su espalda con cuchilla de fuego en mano, y corté su pelo desde casi la raíz capilar. La agarré del brazo y la tumbé en el suelo.

- "Ahora... ¿Quién es el que sonríe?"

Solté una pequeña carcajada. Jied era un ser muy interesante, mucho más de lo que me esperaba.

- "Dime, pequeña Jied. ¿Eres una ninfa del bosque, ¿verdad?"

- "¿Una qué?"

- "¿No lo conocen por ese nombre? Hmmm... ¿Te suena familiar el término Herbario?"

- "¿Y a ti que te importa?"

Con esas palabras, mis sospechas estaban completas. Solté a Jied. Ella se echó para atrás, y se puso en modo defensivo.

- "Tranquila, niña. No pienso hacerte daño."

Con magia curativa, le regeneré el pelo verdoso que tenía. Caminé fuera de la habitación, seguido muy de cerca por Jied. Caminando por mi "hogar", llegué rápidamente a la sala principal; donde encontré a otros 3 seres.

Ellos sintieron mi presencia. Se levantaron y marcharon firmemente hacía mí. Al acercarse pude observarlos mejor. Un golem de piedra, un elfo oscuro y un habitante profundo. Todos ellos, se inclinaron hacía mi dirección.

- "Hermanos, no deben hacer eso. Él no es el amo."

Jied, quién se puso frente a mí. Habló luego de un largo rato.

- "Es un mero impostor. No merece nuestro respeto."

- "Mi querida, Jied... Tienes toda la razón. Soy su amo, y a la vez no. Si quieren saber la verdad, síganme."

El silencio se pronunció nuevamente. Caminé lentamente para asegurarme que todos siguieran la ruta.

- "Ya hemos llegado. Detrás de ésta puerta."

Dije señalando un muro.

- "¿Estás demente, ¿verdad?"

- "¿Estás segura de ello?"

Jied no dijo otra palabra. Destruí el muro con una explosión, mostrando una habitación oculta. Todos entramos en ella.

- "Este, caballeros, es la habitación dónde TODO comenzó. Tanto para su amo, como para mí. Jied, tiene muchísima razón para desconfiar de mí; no soy su amo como tal. Pero, soy la misma persona."

No obtuve ninguna respuesta. Todos estaban confundidos.

- "¡JA! No se preocupen, no creí que lo entendieran. Pero tranquilos, su amo volverá; en cuanto yo complete mi plan; él está a salvo, incluso podría traerlo y dejar que hable con ustedes. Pero lo haremos en otra ocasión. Por ahora..."

Caminé por la habitación en busca de un objeto. Un pequeño sostenedor con forma de garra de ave rapaz agarrando a su presa. Saqué un pequeño tubo de una de las bolsas junto al sostenedor y tiré su contenido encima del contenedor; un humo azuloso se esparció por el sostenedor.

- "Muy bien, mi amigo. Dime... ¿Dónde está él?"

Los días pasaban, los días se volvían semanas, las semanas meses y los meses en años. Hoy, finalmente, Hiroshi sería introducido a la sociedad; por una pequeña fiesta que sus padres organizaron. Cumpliendo, tres años, el pequeño Hiroshi, se encontraba con la criada principal en la biblioteca de su madre; leyendo un libro y escribiendo algunas cosas en un papel.

- "Gracy, ¿así está bien?"

La criada principal, tomó la hoja que Hiroshi le entregaba. Leyó por unos segundos la hoja y felicitó al pequeño.

- "Me sorprende, pequeño amo. Ha avanzado mucho en muy poco tiempo."

- "Bueno... Gracy da un poco de miedo cuando hago las cosas mal."

- "¿Qué?"

Los ojos azules de Gracy se abrieron de par en par, a través de sus lentes; con una pequeña sonrisa.

- "No. Nada."

- "Me alegro, creí que había dicho algo sobre mí."

Hiroshi volvió a su lectura, junto con la criada.

En la planta baja. Los padres, Tsugumi y Mark; estaban planeando la fiesta junto con la segunda criada.

- "Muy bien. Yo creo que deberíamos invitar a los amigos más cercanos. Aunque... un poco de la familia no está nada mal."

- “Pues de mi familia olvídate. No creo que ninguno quiera venir desde tan lejos. Sin mencionar que dudo quieran verme.”

- "Arisha. ¿Crees que puedas conseguir ciertos aperitivos para la fiesta?"

- "Será un placer, señora Tsugumi."

Todos parecían sumamente enfocados en la próxima fiesta de Hiroshi. Excepto por Shizugu, la hermana mayor y primogénita de la familia Sekkatsu. Ella, a diferencia de sus padres, no tenía ni el más mínimo interés en su hermano menor.

Shizugu, era una joven muy inteligente y habilidosa; siendo 2 años mayor a Hiroshi, ella demostró un enorme potencial para la magia, superando incluso a su madre, a su corta edad. Se la pasaba casi todo el tiempo en su habitación o en la biblioteca de su madre leyendo y aprendiendo nuevos hechizos, tanto de magia curativa como de magia elemental.

Sin embargo, su relación con Hiroshi era espantosa. Ella lo odiaba. Desde el momento en el que Hiroshi nació, Shizugu sintió un enorme desprecio hacia su hermano. A lo mejor era por un complejo de superioridad, pero ni siquiera ella conoce realmente el por qué odia a su hermano menor. Cuando Hiroshi pasaba por su costado, y la saludaba o intentaba entablar una conversación con ella; ella lo ignoraba. Por obvias razones, esto le dolía a Hiroshi, ella era su hermana, al fin y al cabo.

Los días pasaron sumamente rápido. El día de la fiesta había llegado. Todo parecía ir perfectamente. Parientes y amigos llegaban, incluso algunos vecinos se colaron a la fiesta. Mark estaba junto con sus compañeros de aventuras y algunos vecinos. Tsugumi, por otro lado, estaba junto con sus hermanos; Faraszino y Nitori, mientras que agradecía los cumplidos de los invitados.

- "Me alegra saber que te encuentras bien, hermana."

- "Lo mismo digo, Faraszino. Me sorprende verte de cuerpo completo conociendo las aventuras que tienen."

- “Bueno, alguien debe encargarse de los Huecos y Nerkos. Además de ver a nuestro principal problema.” 

Ambos miraron a Nitori y rieron.

- "Bueno, no olvides que le prometiste a esta linda y tierna jovencita que le enseñaría magia a su sobrino."

- "¿Ah, sí? ¿Y dónde estará?"

La pequeña Nitori se enfadó por el comentario. Tsugumi y Faraszino rieron, mientras que Nitori se empezó a refunfuñar contra ellos dos.

- "Bueno, si me disculpan. Debo buscar a la estrella de todo este espectáculo."

Tsugumi se alejó de sus hermanos y subió al segundo piso. Hiroshi estaba en la biblioteca de la casa, como últimamente hacía.

- “Vamos, concéntrate. Water ball.”

Hiroshi estaba en su traje, con un cubo de agua y un libro abierto.

- "¿Qué haces, cielo?"

- "Ah, hola, mami. Trato de crear una bola de agua. Pero es imposible."

- "Tranquilo, hijo. Ten paciencia y te aseguro que podrás hacerlo, incluso, tú serás el mejor mago de este reino. ¿Oíste?"

Tsugumi se agachó y puso su frente junto con la de Hiroshi; ambos cerraron sus ojos.

- "Bueno, vámonos. Todos te están esperando abajo."

Tsugumi se levantó, limpió un poco su vestido y estiró su mano hacia Hiroshi; mientras le dedicaba una dulce y cálida sonrisa. Hiroshi, agarró la mano de su madre y le devolvió la sonrisa. Ambos bajaron la escalera lentamente. Todos al ver bajar a ambos se quedaron en silencio; en todos se veía una sonrisa. Cuando llegaron al último escalón, todos aplaudieron; celebrando así, la inserción de Hiroshi a la sociedad del reino Montesinos. Mark se acercó a ambos, junto con su mejor amigo de aventuras. Un hombre barbudo, con un casco abollado y pinturas celestes por todo su cuerpo, se acercó firmemente a Hiroshi.

- "Bienvenido a la sociedad, pequeño Hiroshi. Es un placer tenerte entre nosotros."

La voz sumamente profunda y grave del hombre, aterró un poco a Hiroshi.

- "M-muchas gracias, señor."

- “Espero que sigas los pasos de tu padre y te nos unas en el futuro como un gran espadachín. O, tal vez, en un vikingo.”

El hombre empezó a reír fuertemente.

- "Hey, tranquilo Bjöunfungher. No nos precipitemos. Él debe decidir, ¿no lo crees?"

- "Tonterías. Un hombre debe ser fuerte y honrado como buen vikingo. Aquel hombre que no es así, es una vergüenza para su familia y para todo aquel que le rodee."

- "Bueno, no es como que todo espadachín sea fuerte u honrado."

"Esos no son espadachines. Son seres despreciables que solo mueven la espada sin ningún tipo de coherencia."

Bjöunfungher siguió hablando sobre las virtudes de un vikingo. Mark, logró alejarlo un poco para que Hiroshi siguiera disfrutando de su fiesta. Tsugumi, tomó delicadamente a Hiroshi de la mano y le guió a través del gentío.

- "Mami, ¿A dónde vamos?"

- "Es momento que conozcas a tus tíos. Ambos están muy emocionados por conocerte."

Mientras que Hiroshi caminaba entre el gentío, se chocó con un hombre. Alto, musculoso, pese a su delgada figura, con una cara sumamente seria y un pelo castaño muy oscuro.

- "D-disculpe, señor."

- “¿Señor? ¡JA! No puedo creer que mi propio sobrino me llame señor. Hermana, ¿Qué acaso nunca le mostraste las fotos familiares?”

El hombre cambió su rostro por una sutil sonrisa. Se hincó en una pierna, levantó sus tres dedos centrales y los llevó a su pecho; en donde se encontraba su corazón.

- "Mi nombre es Faraszino. Primogénito de la familia Moonlagger. Me presento a ti, Hiroshi Sekkatsu Moonlagger, como tu tío."

Luego de decir, eso inclinó su cabeza por unos segundos y luego volvió a mirar a Hiroshi directo a los ojos. Faraszino se levantó y puso su mano enguantada sobre la cabeza de Hiroshi. Luego de que Faraszino se presentara, una joven de pelo castaño claro y cubierta con una túnica blanca, junto con un bastón de madera; golpeó a Faraszino en la cabeza.

- "¡Habíamos acordado que yo me presentaría primero!"

- "¿Ah, sí? No recuerdo tal cosa, hermana. Además, la situación se dio diferente a la forma en la que la teníamos planeada; sólo seguí el rumbo de las cosas."

- "¡Uigh! Eres un cabezota. Como sea..."

La joven se acercó a Hiroshi, poniendo su bastón en la espalda. Al estar sumamente cerca, se inclinó y besó la frente de Hirohsi.

- "Yo soy tu tía, la más hermosa y talentosa, Nitori Moonlagger."

Luego de hacer esa pequeña descripción, le mostró una enorme sonrisa a Hiroshi. Tsugumi, se tapaba la boca para no soltar su risa incontrolable.

La fiesta transcurrió con normalidad. No hubo accidentes; y Hiroshi disfrutó de su cumpleaños.

Los días pasaban y Hiroshi seguía encerrado en casa. Se sentía muy feliz leyendo en la biblioteca de la casa; aunque a su madre no le parecía del todo bien el que esté encerrado.

- "Hiroshi, hijo. ¿Qué te parece si me acompañas?"

- "¿A dónde vamos, mami?"

- "Debo recoger unas cosas en la Zona Comercial."

Hiroshi asintió y salió junto con su madre. Caminaron por unos minutos hasta llegar a la denominada Zona Comercial.

Una zona del reino, muy amplia, abarcaba totalmente la zona sur-este de la segunda esfera. Miles y miles de puestos se asomaban ante Hirohsi, puestos de fruta, carne, artefactos raros y mágicos, gente que mostraba increíbles habilidades; gente que vendía sus productos de casería o recompensas por sus aventuras. Todo se veía espectacular. Fue como descubrir un nuevo mundo para nuestro protagonista.

- "Bien, hemos llegado."

Tsugumi, se detuvo frente a una tienda en un hogar. Ambos ingresaron a la tienda y fueron atendidos por un par de bellas jovencitas; Tsugumi le pidió a Hiroshi que la espere ahí mientras ella revisaba algunas cosas.

Hirohsi, caminó por la tienda mientras observaba los estantes. Llenos de diferentes productos y de distintos colores. Hasta que algo lo sacó de sus pensamientos. Un enorme estruendo ocurría afuera, mucha gente salía asustada del lugar, Hiroshi asomó por la ventana de la tienda para ver qué ocurría. 

Una enorme y densa pantalla de humo negro había aparecido. Hiroshi trató de ver qué lo había ocasionado, pero era inútil. Minutos después, el humo se dispersó y Hiroshi logró ver qué ocurría.

Unos ladrones. Habían hecho alboroto para poder robar las mercancías, estaban llenando enormes sacos con todo tipo de cosas y llevándolos a una carroza estacionada al final de la Zona Comercial.

Hirohsi escuchó la puerta de la tienda donde estaba abrirse. Giró lentamente su cabeza. Un hombre con la cara llena de cortes y coseduras, sus ojos amarillos como sus dientes. Hirohsi retrocedió hasta caer en una esquina de la tienda.

- "¿Qué tenemos aquí? ¿Con que te gusta espiar, ¿eh, niñato?"

El hombre sacó una daga de su costado. Y la apuntó a Hiroshi de manera amenazante. Hiroshi, aterrado, cerró los ojos y se escudó con sus brazos y sus piernas. Escuchaba los pasos del hombre, mientras que su palpitación se aceleraba; de pronto, el silencio se hizo presente. Hiroshi volvió a abrir los ojos y levantó la vista, un hombre en una armadura plateada y brillante estaba frente a él.

- "¿Estás bien, niño?"

- "S-si. P-pero... ¿el ladrón que estaba aquí?"

- "Él ya se fue. Ahora debemos sacarte de aquí y buscar a tus padres."

Hiroshi se negó. Señaló la parte posterior de la tienda.

- "Oh, entiendo. Entonces quédate aquí mientras busco a tus padres."

El hombre en armadura, se alejó de Hiroshi y fue a la parte posterior. El joven, se levantó aún con las piernas temblorosas y volvió a ver por la ventana; había un grupo de hombres en la misma armadura que el sujeto que lo salvó. 

Todos ellos, estaban en formación. Escudos al frente y espadas atrás. Los ladrones lanzaban bolas de fuego de sus manos, mientras que los hombres en armadura, avanzaban sin ningún miedo. Sus pasos eran firmes y ruidosos. Uno de los ladrones, cambió su ataque y empezó a lanzar bolas enormes de piedra. Al impactar ante los escudos, hizo retroceder a los hombres en armadura.

- "Segundo batallón. ¡ADELANTE!"

Un segundo grupo de hombres se adelantó a los de escudos. El nuevo batallón, no llevaba armaduras plateadas, pero sí túnicas azules. Todos juntaron sus palmas y empezaron a conjurar. Los ladrones, seguían lanzando sus piedras, pero ninguna impactaba a los caballeros. Todas desaparecían.

- "Oh, mierda."

Uno de los ladrones se percató del nuevo batallón de hombres que estaba a sus espaldas y que había bloqueado la puerta de escape.

- "Ríndanse, ahora. No tienen ninguna escapatoria."

- "¡ANTES MUERTOS QUE VOLVER A ESOS CALABOZOS."

Los ladrones sacaron sus espadas y dagas. Los caballeros hicieron lo mismo. Los magos retrocedieron; y los otros se dividieron en parejas. Los ladrones embistieron contra ambos grupos de caballeros, los escuderos postraban sus escudos y bloqueaban los ataques; los espadachines aprovechaban el momento de aturdimiento y azotaban un golpe letal.

En unos pocos minutos, los ladrones estaban en el suelo. Unos pocos estaban sollozando adoloridos en el suelo y otros estaban inertes en el suelo. Tsugumi llegó a Hiroshi y lo revisó para ver si tenía alguna herida; Hiroshi le dijo que estaba bien, que no había nada de qué preocuparse.

Ambos, le agradecieron al caballero por su ayuda y se retiraron. Tiempo después, Hiroshi descubrió que esa era la famosa Guardia Imperial del Reino Montesinos.


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HS - Capítulo 3
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Capítulo 3

Regresamos a casa.

Mamá se encontraba muy preocupada de que aún hubiese ladrones libres por ahí. Caminamos muy rápido a casa y ella se percataba a cada segundo de que no hubiese nadie siguiéndonos.

Cuando llegamos a casa, papá estaba en el patio delantero practicando con su espada. Mamá corrió a él y se echó a llorar en su pecho. Papá trató de tranquilizarla, pero era imposible; él la guió hacía la sala para que le explicase qué había sucedido.

Luego de escuchar la historia, los ojos de papá se inflaron enormemente. Me miró y yo lo miré a él. Luego, de que mamá se tranquilizase y fuera llevada a su habitación; papá me preguntó que había pasado.

Por mi parte, le conté el miedo que sentí al ver al ladrón frente a mí; pero que gracias a un caballero pude salir con vida e intacto. Le conté los actos del grupo de caballeros y de su fantástica actuación frente al grupo de ladrones.

Mi padre quedó mucho más sorprendido con la historia que le había contado. Aunque de algún modo, parecía feliz de que haya visto todo eso.

- "Y, dime Hiroshi, ¿te gustó algo de lo que viste en esa demostración?"

- "¡Claro que sí! La forma en la que los caballeros se movían ordenadamente y el movimiento de sus espadas, era increíble."

En mi rostro se ilustraba una enorme sonrisa de emoción al hablar del tema. Mi padre frotó su mano en mi cabeza mientras sonreía.

- "Pues, bien. Quiero que vengas conmigo al patio. Veamos si tienes material para ser un espadachín."

En mi rostro, se vio la emoción encarnada. No podía estar más emocionado. Salí corriendo al patio junto con mi padre, él agarró una espada de madera que tenía guardada y me la entregó.

- "Bien, quiero que golpees a ese árbol. Dale con toda tu fuerza, ¿de acuerdo?"

- "Okay."

Agarré la espada con una mano y corrí en dirección al árbol. Golpeé el tronco del árbol y la espada se sacudió un poco llevando esa sacudida hasta mi brazo. Volteé a ver a mi padre, él estaba mirándome fijamente con una ceja levantada, como si hubiese hecho algo mal.

No entendía realmente qué debía hacer. Golpeé el árbol justo como él me dijo.

Seguí golpeando el árbol lleno de impotencia. Sentía como la ira iba llenando mi cuerpo. Hasta que mi padre me detuvo.

- "Muy bien, Hiroshi. Quiero que de me digas, ¿qué aprendiste de todo esto?"

- "¿Aprender?"

- “Exactamente.”

- "N-no lo entiendo. ¿Qué quieres decir con eso, padre?"

- "Como te acabo de preguntar, ¿Qué aprendiste?; el arte de la espada, no es sólo mover tu arma como un palo cualquiera. Piensa en tu arma como una extensión larga de tu cuerpo, algo que puede lastimar y proteger al mismo tiempo. ESO hace a un espadachín. El enorme conocimiento y responsabilidad que se pone en nuestras espaldas y que debemos de cargar con ello."

Mi padre sonrío todo el tiempo que decía esas palabras.

["El conocimiento y responsabilidad que se pone en nuestras espaldas..."] Una frase que lograría recordar toda mi vida, incluso en el día de mi muerte. 

Al escuchar a mi padre decir esas palabras, mis ojos se llenaron de emoción nuevamente. Mi padre con una sonrisa amigable, me devolvió la espada de madera; y yo volví a golpear el tronco del árbol pensando en diferentes situaciones en las que podría estar usando esa extensión de mi cuerpo.

Los días pasaban. Mi padre y yo entrenábamos diariamente, tanto en la espada como en mi físico. Corríamos alrededor del sector noreste. Luego, entrenábamos con la espada de madera, tanto en mis golpes como en una batalla entre mi padre y yo.

Mi madre, sin embargo, estaba sumamente preocupada por mi salud física. Ella decía, que entrenar de esa manera a mi edad era demasiado peligroso; pero a mi padre no escuchó sus palabras y seguíamos entrenando a diario.

Un día, mi madre salió temprano de casa, acompañada por Arisha, la criada. Quise acompañarla, pero me dijo que me quedara con mi padre, pese a que en su mirada al decir eso no parecía muy convincente.

Mi padre y yo entrenamos por unas horas, almorzamos y estuve preparado para seguir con el entrenamiento. Pero, mi padre tenía otros planes.

- "Hiroshi, luego de almorzar, iremos a la Zona Comercial juntos."

- "¡¿En serio?"

En mi cabeza, me imaginaba una situación que mi padre habría preparado donde yo pelearía con sus compañeros de aventura. Caminamos por el reino, en nuestro camino a la Zona Comercial. Mi padre no me decía nuestro destino, pese a la enorme cantidad de veces que le pregunté al respecto; su única respuesta era: "Es un secreto" o "Pronto lo sabrás. Sé paciente"

Era un niño impaciente, he de admitirlo. Mientras caminábamos nos topamos con varios soldados reales; mi emoción por acercarme a ellos era inimaginable. Corrí en su dirección, su armadura plateada reluciendo gracias al resplandor del sol, me fascinaba. No tenía palabras para describir mis sentimientos en ese entonces.

A diferencia de mi padre, quién llevaba una coraza negra unos guantes y unas botas; y sin mencionar su "capa" hecha con piel de un monstruo que derrotó hace unos años. Los soldados reales, llevaban una capa azul junto con una armadura plateada de cuerpo completo, los cascos que llevaban no lograba que vieras sus rostros.

- "Mis disculpas, señor. Mi hijo está... muy emocionado por los guardias reales."

- "No hay porqué disculparse, señor...?"

- "Sekkatsu. Mark Sekkatsu."

Mi padre se inclinó poniendo su mano estirada en su pecho. El caballero estuvo a punto de devolver el saludo, hasta que su actitud cambió por completo.

- "Ugh. Aléjese de mi vista, traidor."

Mi padre, levantó su vista con un semblante serio y molesto. Me agarró de la mano y me alejó del guardia.

- "¿P-papá? ¿Q-qué pasó? ¿Por qué ese guardia te llamó traidor?"

- "N-no es nada, hijo. Son... asuntos que nunca atendí en su momento."

Luego de eso, nuestra caminata se volvió silenciosa. Al llegar a la Zona Comercial, las vistas de todos se concentraban en nosotros. Murmullos por aquí y por allá, mi padre aceleró el paso un poco cabizbajo y enojado.

Llegamos a una tienda. Mi padre entró rápidamente y cerró la puerta detrás suyo. Suspiró fuertemente, finalmente logró relajarse. Volteó, me miró y me dirigió una sonrisa; me tomó de la mano y me guió hacía el interior de la tienda.

- "Oh! Señor Sekkatsu, es bueno verle de nuevo. ¿Qué le puedo ofrecer hoy? ¿Una nueva coraza? ¿Unas botas encantadas? ¿O tal vez quiera algo más personalizado?"

Un hombre de baja estatura, con una barba muy pronunciada con unas trenzas; salió a recibirnos.

- "Es un gusto volver a verte, Egil. A decir verdad, quería que le prepararas algo para mi hijo."

- "¡¿Su hijo?! Santísima madre de la creación. No puedo creer que el joven Sekkatsu haya crecido tanto."

- "¡JAJAJAJA! Tranquilo, Egil. Sólo quiero adelantarme a su futuro y otorgarle una buena espada."

- "Oh, Señor Sekkatsu. Siempre sorprendiéndome. Venga, venga. Déjeme mostrarle nuestros productos."

El pequeño hombre, nos llevó a la parte trasera de la tienda. Varias estanterías se mostraban ante nosotros, llenas de diferentes armas. Había hachas, espadas, dagas, cuchillos y demás cosas que, en su momento, no pude reconocer.

Mi padre hablaba con Egil sobre varias cosas. Yo me dediqué a caminar y observar las armas que estaban disponibles en las estanterías. De todas las armas, solo un par me atrajo la atención, unas hermosas dagas de filo rosa, con un aspecto muy peculiar, con la empuñadura completamente negra. Estuve contemplándolas por un buen tiempo, hasta que mi padre me llamó.

- "Mira, hijo. Ésta espada es maravillosa."

- "Me alegra oír sus halagos, señor Sekkatsu."

Miré la espada que mi padre sostenía. Era larga, de un metal puro con diseños en la hoja, una empuñadura de metal enrollada en cuero.

- "¿Y bien? ¿Qué te parece?"

Levanté los hombros. No sabía qué responder.

Mi padre me miró confundido.

- "¿Ya viste algo que te gusta, verdad?"

Asentí y lo guié hacia las dagas que vi antes. Mi padre tomó las dagas, no eran tan largas como la espada, pero su tamaño era ideal y te otorgaba una buena velocidad de movimiento. Empezó a mover las dagas, cortando el aire.

- "Dime, Egil. ¿Qué son éstas cosas?"

- "Uuh, veo que su hijo tiene buen ojo. Esas, señor Sekkatsu, son las dagas de Kyu Shing. Hechas en el mismísimo Continente Demoníaco, con un material que sólo existe en ese mismo lugar.  El diamante Kyu Shing, duro como el metal e incluso más resistente. Aunque... Hay un tema sobre esas dagas; me las han devuelto 20 veces hasta el día de hoy, algunos clientes me han dicho que está maldita..."

Mi padre escuchaba la historia de Egil, yo me dedicaba a ver las dagas deslumbrar. Eran sumamente hermosas.

- "Dime, Hiroshi. ¿Qué ves en éstas dagas?"

- "¿Qué veo?"

Mi padre asintió. No entendía la pregunta del todo, pero conociendo a mi padre esa pregunta tenía un trasfondo. Dudé en mi respuesta por unos segundos.

- "Me veo a mi mismo."

- "Ya veo."

Mi padre sonrió con esa respuesta. Agarró la espada que me había mostrado hace unos instantes, y llevo ambas armas al mostrador.

- "M-mi señor. ¿E-está seguro que quiere llevarse esas?"

- "Por supuesto. Mi hijo será el responsable de ellas, al fin y al cabo."

- "D-de acuerdo... Le daré también una lista de los antiguos dueños. Ellos podrán darle más información sobre esas dagas."

Mi padre pagó por las armas, un par de cinturones y una armadura igual a la suya. Iniciamos nuestro camino a casa, la gente nos veía nuevamente; pero ésta vez mi padre se veía en completa paz.

Al llegar a casa, mi padre me pasó la mano enguantada por la cabeza mientras me sonreía.

- "Oh, ya han llegado."

Mi madre también había regresado de su pequeña salida. Estaba sentada en la sala, mientras tomaba un poco de té. Desde las escaleras, aparecía una pequeña pantalla de humo.

- "¡DAMAS Y CABALLEROS! ¡NIÑOS Y NIÑAS! ¡AQUÍ, SE PRESENTA LA GRAN Y MARAVILLOSA... NITORI MOONLAGGER!"

Mi tía Nitori apareció dando un pequeño salto.

- "Oh no..."

La poca paz que mi padre sostenía era perceptible, y acababa de perderla.

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