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SE – Capítulo 141

Capítulo 141

 

– ¡Anillos de almacenamiento interespacial!–, Gritó Jean. ¡Qué artículos preciosos!

–Sí. El diablo los encontró para mí–. Claire entregó el anillo a cada persona. –Maestro–, le dijo a Cliff. – ¿Su anillo de almacenamiento tiene tanto espacio como este?

– ¿El diablo te los dio?– La boca de Cliff estaba abierta de par en par. No podía creerlo, era inconcebible.

Cuando Cliff sintió la cantidad de espacio dentro del anillo, prácticamente se sonrojó de vergüenza. – ¡Qué gran cantidad de espacio! Es veinte veces más grande que el de mi anillo.

– ¡Excelente! Cambiemos. Dame tu viejo anillo–. Claire comenzó a calcular qué hacer con los otros anillos de almacenamiento.

–Señorita, ¿por qué el diablo la trató tan bien?–, Murmuró Jean, mirando el anillo de almacenamiento en su palma.

–Estaba aburrida. Y estos son solo basura en sus ojos. Simplemente me los estaba dando como una forma de tirarlos–. Claire se encogió de hombros. Ella materializó la espada corroída, pero tan pronto como se materializó por completo, cayó al suelo, demasiado pesada.

¿Basura? ¿Los anillos de almacenamiento interespacial eran basura? ¿Un tesoro inestimable y casi inexistente era basura para el diablo?

Justo cuando Cliff estaba moviendo artículos de su antiguo anillo de almacenamiento al nuevo, notó la espada corroída en el suelo.

–El diablo también me dio la espada. Pero además de ser excepcionalmente pesada, no he descubierto nada más especial al respecto–. Claire miró la espada, confundida. –Pero ella me dijo especialmente que tomara esta espada, así que debe ser especial.

Cliff se agachó y examinó la espada con cuidado. Poco a poco, su expresión se volvió asombrada.

– ¡¿Esta… Esta espada es la legendaria Espada de la Muerte?!– La voz de Cliff comenzó a temblar.

– ¿Qué espada de la muerte?– Claire frunció el ceño. Nunca había oído hablar de ninguna espada atesorada con ese nombre.

–La espada de la muerte es una espada mágica. Las leyendas dicen que el continente fue una vez un imperio completo en lugar de cinco, como ahora, y el emperador fundador usó la Espada de la Muerte para forjar el camino del imperio–, dijo Jean, solemne. –La Espada de la Muerte no tiene ningún atributo elemental específico, pero tiene un efecto mucho más aterrador. Cualquiera que sea atacado por esta espada alucinará, se paralizará y perderá por completo su capacidad de pelear.

Los ojos de Claire se abrieron, recordando el palacio subterráneo al que la había llevado la joven maestra. ¿Las ruinas del palacio una vez magnífico eran las del emperador fundador? ¿Pero por qué estaría allí el palacio? ¿Y qué hay de los huesos blancos?

–En cualquier caso, has encontrado un tesoro–. Cliff miró la espada, formando una sonrisa. – ¡Nunca esperé esto! Qué situación tan extraña, un diablo ayudando a un humano.

– ¡Maestro!– El temperamento de Claire estalló y ella lo fulminó con la mirada. –Te topaste en el Campo del Diablo tan precipitadamente. Si te pasara algo, ¿qué haría? Incluso si lograste un gran avance, no hay garantía de que hubieras podido salir.

–Jaja, no seas así… ¿No están todos bien? Solo sabía que mi querida discípula no era una persona común, incluso los diablos te ayudan. Jaja, ahora soy un hechicero, jajaja…–. Cliff se rió con ganas hacia el cielo, encantado.

La boca de Claire se torció. El viejo ante ella con un comportamiento tan inmaduro se había convertido en un hechicero, pero… ¡Actuando así, no parecía en absoluto poderoso!

–Señorita…– La voz de Jean llegó en voz baja, llena de emociones conflictivas.

Claire se volvió para mirar a Jean. –Esta espada es para ti–, dijo en voz baja.

–Es… demasiado valioso–. Jean miró la espada, su expresión compleja. ¡Era la legendaria Espada de la Muerte! ¡El sueño de cada guerrero!

–Bien, es demasiado pesado, ni siquiera puedo levantarlo. Tú lo tomas. Si no lo quieres, lo arrojaré de vuelta al Campo del Diablo–, Claire se encogió de hombros y dijo sin prestar atención.

Jean estaba sin palabras. Lentamente recogió la Espada de la Muerte.

–Maestro, necesitas disfrazar la espada. Si alguien lo reconoce, habrá problemas. ¿Y puedes hacer algo al respecto?–, Preguntó Claire a Cliff, que estaba moviendo sus pertenencias al nuevo anillo.

–Mhmm, no hay problema, déjamelo a mí. Ajaja, el espacio del anillo de almacenamiento es tan grande…– Cliff se estaba riendo a carcajadas, sin escatimar ni una mirada.

–Señorita, gracias…– Jean sintió una oleada de calidez.

Claire no le dio mucha importancia. Se giró para ver a Cliff mover sus pertenencias. Estaba tratando de ver si había algo valioso que pudiera explotar.

Jean miró la espada en su mano, sus emociones surgieron por un momento. “Espada de la Muerte, te usaré para proteger a mi señora hasta el final de los tiempos” Jean juró en su corazón, jurando por su vida.

–Jajaja, Claire, volvamos a la capital, date prisa. Necesito encontrar a Lawrence, ese viejo zorro, y alardear. ¡Voy a perseguirlo por las calles hasta que lo sienta!–. Cliff tenía las manos en las caderas, riendo salvajemente. Ya había olvidado el peligro de casi fallar su avance.

–Vamos, Jean–. Claire se adelantó, actuando como si no conociera a Cliff.

Jean sonrió y lo siguió desde atrás.

–Jean, vamos. Déjame disfrazar tu espada, jaja…– Cliff seguía riendo mientras los seguía, tan alegre que estaba.

Las cosas parecían perfectas, pero… Poco sabía Claire la cruel prueba que la esperaba.

El papa estaba esperando el regreso de Claire.

Habiendo salido del Campo del Diablo de manera segura, el corazón de Claire finalmente se había calmado. Los tres viajaron de regreso a Amparkland sin prisa.

Una vez que Cliff probó el poder mágico de Claire, se sorprendió. ¡Claire ya estaba al nivel de un gran mago!

– ¡Jaja, Claire, solo tienes catorce años, pero ya eres un gran mago!–, Gritó Cliff al cielo. –Dios mío, serás la hechicera más joven de la historia, jaja, digna de ser mi discípula–. Sacudió su trasero deliciosamente. –Ahora puedo enseñarte encantamientos de alto nivel.

–Maestro, ¿qué pasa con los encantamientos prohibidos? ¡Quiero aprender encantamientos prohibidos! –. Por supuesto, Claire no estaría satisfecha con solo encantamientos de alto nivel.

– ¡Aprende con la cabeza! Aún no puedes usar encantamientos prohibidos. Agotarán demasiado tu energía, poniendo en peligro tu vida, ¿entiendes?– Cliff la rechazó de inmediato.

–Quiero aprender. No es como si dijera que los usaré todavía–, insistió Claire.

–No, no. Solo encantamientos de alto nivel–. Cliff sacudió la cabeza, sin estar dispuesto a ceder.

– ¡Devuélveme el anillo!– Claire resopló, con los brazos cruzados y la nariz levantada. Sacó algunos núcleos mágicos de noveno grado y suspiró en un tono arrepentido. –Te iba a dar esto, Maestro, pero… Olvídalo. Y estos…–. Claire sacó los preciosos minerales del palacio subterráneo y los agitó ante los ojos de Cliff, luego los volvió a poner.

– ¡Ah! ¡Tantos núcleos mágicos de noveno grado! ¡Y minerales raros y minerales preciosos! Claire, ¿de dónde sacaste tantas cosas preciosas? Ahhhhhh, déjame ver…– Cliff aulló extasiado.

–Dame encantamientos prohibidos entonces–. Claire se adelantó, ignorando el aullido de Cliff.

Cliff alcanzó a Claire apresuradamente y aduló: –Esta bien, Esta bien, te los doy. ¿Qué tipo de encantamientos quieres?

Jean observó a los dos, una sonrisa formándose en sus labios. Él también aceleró.

Cuando regresaron a la capital, la gente del Templo de la Luz ya estaba allí a las puertas para cortarlos antes de que pudieran regresar a la mansión Hill.

–Sacerdote–, un creyente del Templo se dirigió a Claire con respeto. –Su santidad ya ha estado esperando por algún tiempo.

– ¿Cómo sabías que regresaría hoy?– Claire frunció el ceño, algo molesta.

–Hemos estado esperando aquí por orden de su santidad desde que te fuiste.

¡¿Habían esperado aquí todo el tiempo?!

–Sacerdote, por favor regrese al Templo. Su santidad te está esperando–, dijo, señalando hacia un carruaje blanco puro no muy lejos.

–Jean, regresas primero–, instruyó Clare. –Dile al abuelo que he regresado. Volveré pronto…

–Señorita…– Pero antes de que Jean pudiera terminar, Cliff lo interrumpió.

–Jean, deberías irte. Yo acompañaré a Claire. Iba a buscar a Lawrence de todos modos–. Cliff sonrió a Jean. Sus palabras eran claras: iba a proteger a Claire. Naturalmente, Cliff entendió lo que Jean estaba pensando.

–Sí–. Jean asintió, finalmente cediendo a regresar a la mansión Hill.

Claire y Cliff subieron al carruaje juntos y fueron directamente al Templo de la Luz.

Al pasar por la entrada principal, los creyentes se inclinaron ante Claire en el camino. Un Sacerdote solo era superado por el Príncipe y la Princesa Divina, por lo que, naturalmente, era respetada.

–Hoho, discípula, de ahora en adelante, el Maestro dependerá de ti–. Cliff sonrió vulgarmente, con los ojos entrecerrados.

Claire puso los ojos en blanco. – Ve y encuentra al señor Lawrence. No actúes como si me conocieras.

Cliff se rió y siguió a una sirvienta, pasando una esquina, para encontrar a Lawrence.

Claire continuó hacia el templo principal.

Una sirvienta condujo a Claire a través del templo principal y más allá de un pasillo lateral, hasta el fondo.

–Sacerdote, su santidad está justo adentro. Tu sirviente la despedirá ahora.

Claire llamó a la puerta ligeramente. Una voz baja vino de adentro. –Adelante…

Lentamente empujando la puerta para abrirla, Claire vio al papa parado en el alféizar de la ventana, con las manos detrás de la espalda.

Lentamente, el papa se dio la vuelta. Él rompió en una sonrisa. – ¿Nuestro Sacerdote finalmente está dispuesto a regresar?

Claire permaneció en silencio, observando al anciano aparentemente benevolente. El papa estaba, como siempre, vestido de blanco con su aire de autoridad.

 

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