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SE – Capítulo 25

Capítulo 25 – La lealtad a un diablo

 

El carruaje no se detuvo y continúo hacia las afueras de la ciudad. Estaba muy claro que, aunque Claire estaba ahora favorecida por el duque, aún estaba en un rango mucho más bajo ante la servidumbre en comparación con la talentosa Lashia. Entre las dos, el cochero había decidido claramente seguir la orden de Lashia. Esto sería algo de lo que se arrepentiría de por vida.

–La quiero viva–. La voz débil de Claire sonaba fría dentro del carruaje. Esta petición no la hizo porque Lashia fuese su supuesta hermanita, sino por su gentil madre, Katherine.

Jean asintió sin emociones desde las profundidades de sus ojos fríos.

El carruaje salió de la ciudad hacia un bosque.

No mucho después, se detuvo.

Jean salió del carruaje y extendió la mano. Claire la aceptó con indiferencia. Luego, él la ayudó con cuidado a salir del carruaje.

El cochero miró a su alrededor. La segunda señorita le había ordenado que trajera el carro aquí, pero no podía verla. ¿Entonces debería seguir su orden de irse? En cualquier caso, escuchar la orden de Lashia fue la decisión correcta. Claire nunca coincidiría con su hermana, y si escuchara que era la orden de Lashia, tampoco se atrevería a refutar. Después de pensar en todo esto, el cochero estaba a punto de azotar a los caballos para irse.

Pero al momento siguiente, una voz fría sonó en un murmullo justo al lado de su oído. – ¿A dónde piensas ir?– Los ojos de Jean no tenían el menor rastro de calidez.

El cochero estaba asustado. Esa voz no tenía ninguna emoción, y congeló toda la sangre en su cuerpo. Al momento siguiente, el aura de la muerte lo envolvió. Un dolor insoportable provenía de sus muñecas, tan fuerte que casi no podía respirar.

Los tendones de sus muñecas se rasgaron. Jean sacó con gracia su espada, ni una sola gota de sangre en ella. ¡Pero los dos tendones del cochero habían sido cortados! La sangre fresca se derramó y el cochero aulló con tristeza. El sonido miserable que reverberaba en el bosque era penetrante.

Jean se quedó allí en silencio, como un dios de la muerte. Miró fríamente al cochero que continuamente gemía de dolor.

– ¿Quién te ordenó que nos trajeras aquí?– Claire se rió. Su risa era tan hermosa como la luz del sol mientras hacía esta pregunta con suavidad, ya sabiendo la respuesta.

El cochero estaba aterrorizado. Aunque la niña estaba sonriendo, se sentía más fría que un glaciar de mil años.

–Has descuidado tu deber–. Jean miró fríamente al hombre en el suelo y estaba a punto de sacar su espada.

Antes de que pudiera hundir la hoja, el cochero comenzó a gritar con el corazón y los pulmones: –Segunda señorita, sálvame, segunda señorita, eres tú quien me ordenó que trajera el carruaje aquí. Segunda señorita…

Claire se echó a reír y se hizo a un lado con calma, como una amapola hermosa pero venenosa. Ella esperó calmadamente a que Lashia apareciera.

La oculta niña sintió un escalofrío. Era la primera vez, la primera vez que veía a ese guerrero, Jean, que siempre se mostraba indiferente hacia Claire, siendo despiadado y cruel. ¿Quién adivinaría esto? ¿Qué el guerrero ahora estaba trabajando incondicionalmente para esa idiota? ¡¿Cómo era posible?! Antes, cuando la intimidaba, Jean siempre hacía la vista gorda, pero en este momento la actitud de ese guerrero era completamente diferente.

– ¡Para!– Mirando a Jean a punto de atravesar el pecho del cochero, Lashia salió de su escondite para gritar enojada. Después de todo, fue por sus órdenes que el cochero se encontraba en este tipo de problemas.

Claire alzó levemente la frente y mostró una astilla de sonrisa mientras observaba a la niña emerger de las sombras. Esta chica que había sido mimada tanto que estaba fuera de control en realidad tenía un sentido de humanidad y responsabilidad.

Lashia miró con odio a la chica de cabello rubio que estaba a un lado con una leve sonrisa. Su actitud despreocupada era como un dolor punzante en su ojo.

– ¿Por qué Sir Cliff te aceptó como discípulo? ¡¿Por qué?! – Preguntó Lashia enojada, tratando de reprimir su furia.

Claire se rió con indiferencia. – ¿Por qué debería responderte?

– ¿Por qué? ¿Cómo es posible? ¿Cómo podría el gran Cliff aceptarte como discípulo? No eres nada, solo sabes cómo perseguir a los hombres, actuar vergonzosamente, ser ignorante e incompetente. ¿Qué más puedes hacer? ¡Ni siquiera te preocupas por tu madre que te ama tanto! ¿Por qué motivo Cliff te aceptó como discípulo? – Lashia finalmente explotó y descargó toda su ira. – ¡Solo eres una idiota caza hombres! ¡Solo la desgracia de la familia Hill!

Claire suspiró silenciosamente.

¡Todo lo que dijo Lashia era verdad!

La Claire de antes realmente solo era capaz de perseguir a los hombres, trayendo la desgracia a todos los lugares a los que iba. Y como dijo Lashia, la anterior Claire ni siquiera se preocupaba por su devota madre. Ella miró al cielo, su corazón algo turbado. La Claire de antes realmente hizo que la gente se disgustara. No es de extrañar, incluso como un caballero guardián, que Jean tratara a la Claire anterior de esa manera. Era una estúpida e inútil idiota perseguidora de hombres.

Claire miró a la niña, que siempre había hecho girar el mundo a su alrededor, y de repente se sintió un poco melancólica. Esta niña comenzó a brillar y atraer la atención a partir de los cinco años, y desde entonces siempre había sido la estrella más grande a los ojos de todos, la esperanza y el orgullo de la familia Hill. Claire rompió casi por completo todo su mundo y sus creencias. Su ego, su orgullo, su notoriedad, todo lo convirtió en una broma, una broma enorme.

–Tal vez lo sabrás más tarde–, dijo Claire debidamente. Ella ya había cambiado de opinión y había abandonado su plan original. Se dio la vuelta y estaba a punto de caminar de regreso al carruaje.

– ¡Detente ahí mismo! Lashia tenía su puño cerrado. – ¡Será mejor que me des una razón o de lo contrario ni siquiera pienses en irte!

Claire se detuvo y su mirada se desvió lentamente hacia Lashia. De repente, dijo en voz baja: –Cuando madures, tal vez te conviertas en una existencia que supere a Cliff.

Lashia se detuvo, mirando a la espalda de Claire, sin palabras. Por una fracción de segundo, sintió que esa chica rubia no era Claire, sino una completa desconocida, una sabia formidable.

Solo cuando Claire había entrado en el carruaje y la visión de su espalda había desaparecido, Lashia volvió a sus sentidos y sacudió vigorosamente la cabeza, expulsando la emoción que acababa de tener. Ella estaba algo resentida. ¿Cómo podría ser guiada por esa caza hombres?

– ¡Alto ahí! Si no me dices por qué definitivamente no te dejaré ir–. Lashia se apresuró hacia adelante, ya cantando un hechizo.

–Lo siento, segunda señorita–. La ropa negra de Jean revoloteaba y su mirada estaba fría. Sus movimientos parecían lentos y elegantes, pero en una fracción de segundo estaba justo frente a Lashia.

En ese instante, una luz violeta brotó. Una gran fuerza vino del aire y atacó a Lashia de frente.

En esa fracción de segundo, Lashia gritó, todo su cuerpo se sentía como si estuviera a punto de partirse. Ella escupió sangre fresca y voló hacia atrás como una muñeca rota. Sangre de color rojo oscuro salpico un arco deslumbrante en el aire. Un dolor peor que la muerte la envolvió.

* Explosión *

El cuerpo de Lashia se estrelló contra el suelo pesadamente. La suciedad voló hacia arriba cuando ella yacía en la tierra, incapaz de moverse. Sucedió tan rápido que los dos discípulos mayores en sus escondites ni siquiera se dieron cuenta lo que sucedió ni la atraparon. Sin embargo, deberían haberse sentido contentos de no haberlo hecho, porque incluso el suelo debajo de Lashia estaba devastado por la fuerza. Jean solo dejó un poco de DouQi en ella, que desapareció en la tierra cuando la niña cayó. El mayor temor de un mago es el combate cuerpo a cuerpo, que es la situación más peligrosa para su vida. Ninguno de los presentes, además de Claire, que estaba en el carruaje, ¡pensó que Jean asestaría un golpe tan duro! ¡Y a la Segunda señorita del Clan Hill menos!

–Jean, nos vamos–. La voz de Claire vino insípidamente del carruaje, llevando una emoción indescriptible.

Jean envainó fríamente su espada. Sin siquiera mirar el cuerpo inerte de Lashia en el suelo, se sentó en el lugar del cochero y azotó a los caballos para que se fueran.

El carruaje viajaba lentamente.

– ¿No tienes miedo de que el abuelo te culpe?– La voz baja de Claire salió del carruaje hacia el oído de Jean. Sus palabras no sonaban ni un poco preocupadas.

 

 

 

 

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