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TG – Capítulo 252: No había terminado.

Capítulo 252: No había terminado.

“…”

El silencio se extendió ante la respuesta de Marius, sin embargo, alguien fue diferente.

“Preguntaré otra vez… ¿Qué sucedió con Aurora?” Dijo Alice acercándose con una mirada fría.

Su mirada lograba hacer temblar a los corazones más débiles, pero era su presencia junto a la sombra bajos sus pies que se distorsionaba de forma grotesca lo que era aterrador.

La presencia lentamente se estaba despertando y era una presencia fría y siniestra que generaba terror.

No como enfrentarse un oponente difícil, sino que a algo más siniestro y espeluznante.

Marius que llevaba heridas por todo su cuerpo tembló ante esa presencia, pero con una expresión adolorida, murmuró. “Todos han muerto… Yo los vi morir.”

Su tez se volvió más pálida al hablar causando que las miradas de los presentes empezaran a cambiar, pero eso fue todo.

La presencia se elevó y Alice actuó.

Su brazo salió de la espalda atrapando del cuello a Marius sorprendiendo a todos.

“¡¿Qué estás haciendo?!”

“¡Está herido!”

El primero grito fue de Theodore que se sorprendió y la siguiente fue Adala que entró en pánico.

Urfin por su parte recibió la mirada de Siba, Meden y Alros que tenían sus manos en sus armas sin darse cuenta.

Cuando él mismo se miró se dio cuenta de que había reaccionado de la misma manera y esa era la presencia que liberaba Alice.

Golpeando el límite del rango S… Al frente de ellos estaba una jovencita cuya mirada perdió interés en todas las personas y cuya fuerza estaba entre la brecha para elevarse al siguiente rango.

Su siniestra y fría aura dejo en evidencia que todos aquellos que se interpusieran en su camino serían considerados sus enemigos.

Es por eso que reaccionaron de tal manera… Como si algún tipo de enemigo se presentara al frente de ellos.

“Aurora no puede morir… Así que dime. ¿Qué sucedió?” Preguntó Alice acercándose a Marius.

Sus brazos negros a su espalda estaban lentamente apuntando a todos los presentes.

Esa pregunta llena de confianza hizo que algunos lo miraran con dudas y pena… Pareciendo una persona que trataba de mantener la esperanza ante la cruel realidad.

Sin embargo, Urfin notó confianza… Una extrema confianza que lo llevo a señalar a los demás para que no intervengan.

La persona que estaba al frente no era esa jovencita indiferente que era apaciguada por comida, era el verdadero rostro de Alice.

Alguien sin límites… Ahora había perdido a la única persona que la equilibraba y eso significaba que podía hacer cosas demasiado aterradoras.

Lo más peligroso de una persona que parecía indiferente ante la vida de otros, era que encontrara alguien que le importara.

Para algunos seria debilidad, pero para otros sería el interruptor para actuar sin ningún límite.

“Murió…” Respondió Marius.

Esas palabras hicieron que Alice chascara la lengua y lo tirara al suelo para cerrar sus ojos.

“¿Estás loca? ¡Él está herido!” Gritó Adala al ir a ayudar a Marius usando pociones y mirando a los demás, preguntó. “¿Por qué nadie hace nada?”

Hubo un silencio y finalmente Theodore habló.

“No podemos quedarnos más en este lugar, es hora de volver al escondite… Luego podemos hablar con más calma.” Dijo Theodore al ver que Urfin no se movía y mirando a Alice, comentó. “Luego podemos ir a verificar las cosas.”

Estaba tratando de calmar la situación y actuando de la forma más racional.

La noche estaba por llegar y eso significaba que la situación se volvería un desastre.

Si bien habían eliminado un gran grupo de monstruos, si las cosas se volvían a agitar era muy posible que monstruos llegaran desde lejos y las batallas serian aún más difíciles debido al efecto nocturno.

Sin embargo, a la persona que le hablaba ya había ignorado a todos los presentes… Todos perdieron importancia ante sus ojos.

Alice abrió sus ojos y la sombra a su espalda libero una gran masa negra cubriendo su cuerpo por completo hasta transformarse en una gran criatura.

“Detente…” Dijo Urfin y al momento recibió la mirada de esa gran criatura.

Sus ojos negros que brillaban con locura y su cuerpo que pulsaba de forma extraña, dejaba en evidencia que Alice en este momento, estaba lo suficiente alterada como para derribar todo a su paso.

“Si intentas detenerme para que no vaya a buscar a mi amiga… A mi hermana. El resultado no será bueno para ustedes.” Dijo Alice con una voz fría e indiferente, que parecía tranquila.

La calma junto a su presencia de rango S en el límite del ascenso, era lo que hizo que todos pusieran miradas serias.

Lo peor era que esa presencia los estaba marcando como ‘enemigos’ lo que hizo que todos sintieran como si cada paso, cada palabra, fuera el camino de ida a una batalla.

Tal vez era imprudente, pero Alice ahora mismo tenía la fuerza para ser imprudente.

“Iré a por mi amiga y no necesito ayuda para lograrlo.” Señaló Alice mientras cargaba por medio de los árboles.

Con cinco metros de alto y su cuerpo robusto derribaba los árboles a una gran velocidad y pesar de que era grande, también era rápido.

Las pocas criaturas que trataron de atacarlo, fueron derribadas por una lanza que salía de cualquier parte del cuerpo de esa criatura.

Urfin suspiró al no haberla dejado espacio para hablar, pero dio una señal al equipo imperial y señaló. “Ustedes vuelvan al escondite, nosotros la seguiremos.”

“¡Esto es una locura!” Gritó Adala con pánico.

La expresión de Theodore y Amanda también se volvieron seria, mientras que Marius palidecía.

“Iremos todos.” Respondió Amanda con seriedad.

Esas palabras llevaron a Theodore a poner una expresión molesta, pero asintió entendiendo que era mejor no separarse.

Urfin le hizo una señal a su grupo y miro a Alice que ya estaba alejándose, luego devolvió su mirada a Marius.

“Vamos, tenemos que acelerar el ritmo.” Declaró Urfin al ver que las heridas de Marius se estaban curando.

Tal vez no sea tan decidido como Alice, pero no iba a abandonar a sus compañeros.

******

Zrag observó a su gente.

Se le había permitido acercarse a ellos e interactuar para traer calma y tranquilidad.

Había reunido a todas las tribus a través del miedo… La fuente por la cual todos los goblins se movían.

Especialmente la casta inferior.

Criaturas salvajes y poco inteligentes que seguían sus instintos y se dejaban llevar por su naturaleza.

Aquellos que lograban adquirir inteligencia solo la usaban para su propio beneficio siempre actuando con astucia para obtener lo que deseaban.

Tales criaturas solo podían obedecer temiendo a alguien superior a ellos… Y eso fue lo que hizo.

Tuvo que dar muchos ejemplos para demostrar que él, era el individuo que debían seguir.

La casta media era promedio y solo gracias a Wozikas su líder fue que se lograron adaptar con rapidez, pero al final no todos eran inteligentes y estaba en su naturaleza seguir a los fuertes.

Los únicos que lo seguían lealmente era la casta superior a la cual él pertenecía, todo por el simple hecho de tener más músculo que cerebro.

Zrag volvió a mirar a su gente… Que estaba descansando en este gran campamento.

Todos aquellos que fueron ocultados bajo el túnel antes de la batalla, ahora estaban en este lugar mientras por los alrededores humanos estaban actuando.

Él había designado aquellos individuos que parecían más calmados al aceptar la influencia humana y eso eran los chamanes bajo Wozikas.

Eran lo suficiente inteligentes para saber que no podían hacer mucho cuando se enfrentaran a los humanos.

Se le había hablado del ‘Santuario’ que la supuesta Iglesia del Tiempo y el Espacio estaba preparando.

¿Cuáles eran sus objetivos y sus razones para ayudar?

De la misma forma que él quería que su raza sobreviva y ese era su objetivo final, algunos humanos deseaban que su gente no muera y fueron ellos quienes trataron de abrir un tercer camino.

Se le había comentado a donde serían enviados y todo parecía demasiado colorido para su gusto.

¿Era una trampa? ¿O tal vez los humanos se movieron por misericordia y bondad?

Para Zrag no importaba cuál era la respuesta, ahora mismo había cumplido parte de su objetivo.

Salvar a su raza… Si a donde serían enviados terminaban como esclavos o en una situación peor, no importaba.

Su raza sobreviviría.

“¿Aliviado por verlos?” Preguntó una mujer adulta.

Llevando una túnica de sacerdote su mirada tenía parte curiosidad y seriedad… Esa mujer se había presentado como la ‘Cardenal Brousseau’, quienes en términos de rango estaba a nivel superior que aquella que, salvo su gente, la Cardenal Najjar.

¿Estaba aliviado por verlos? ¿Por haber realizado su misión?

No.

Sacrificó a muchos para llegar a este punto y había abandonado a otro gran grupo.

Su objetivo siempre fue salvar a su raza y empujarlos para que sobrevivan, pero no todos tenían la fuerza para entrar al portal abismal y no todos aceptaron hacerlo.

A nivel general había abandonado a buenos individuos al otro lado junto a muchos bastardos que se negaban a seguirlo.

Zrag volvió a mirar el campamento otra vez.

A diferencia de todos los militares y soldados que pudieron sobrevivir cuando la grieta se abrió, los ‘civiles’ como los humanos lo llamaban era tratados muy bien.

Se le daba ropa, un lugar cómodo para dormir y bastante comida, hasta se realizaban revisiones ‘medicas’.

“Antes de llevarlos a sus destinos se necesita verificar si no traen alguna enfermedad que pueda ser mortal para humanos y verificar su resistencia a las enfermedades para que no sufran por enfermedades terrícolas… Estamos pensando en llevarlos a Zerzura y su clima es bastante caliente, así que hay que verificar eso.” Explicó la Cardenal Brousseau.

Se le había explicado parte de esa información y si bien hubo veces que no entendía incluso cuando se lo explicaban con más seriedad, los chamanes seleccionados entendieron lo importante.

“La maldad y la bondad son uno, siempre hay equilibrio…” Murmuró Zrag recordando las palabras de esa voz que lo guio hasta ese punto, y notando la mirada de la Cardenal Brousseau, declaró. “Nunca dijo su nombre, solo su ‘voz’ sonaba en mi mente.”

La expresión de la Cardenal Brousseau se volvió seria… Esa pregunta se la había preguntado ambas cardenales, pero no la había respondido.

“Su género era indefinido… Andrógino. Su intención siempre fue clara, señalando un camino sin dar ninguna exigencia. Era bondad.” Explicó Zrag y mirando a la Cardenal Brousseau, preguntó. “Si la bondad y la maldad son uno, ¿entonces en donde está su maldad?”

Zrag volvió a quedar en silencio y la Cardenal Brousseau también, pero ambos miraron hacia la misma dirección a lo lejos… Era en donde estaba la grieta y el portal abismal.

Su gente recibió la ‘bondad’ de esa existencia y en cuanto a la ‘maldad’ no era muy difícil encontrar la respuesta cuando los mismos humanos estaban enfrentando una grieta ocasionada por la aparición del portal abismal.

Ambos se quedaron en silencio y luego de un tiempo, Zrag siguió a un mago espacial que lo llevo a un lugar extraño con su magia.

Paredes de piedra que se notaba que era un lugar subterráneo… Este lugar era una prisión temporal en donde una fuerza intangible los presionaba y restringía para que no causaran problemas.

Zrag caminó por los pasillos hasta que llegó a una sala subterránea en donde estaban los sobrevivientes militares.

De todo su ejército sobrevivieron cerca de quinientos soldados y de sus veintiocho rangos S murieron veintidós… Dejando a seis sobrevivientes de ese rango, incluyéndose.

Los tres jefes bajo él, Bogas que había sido capturado por los humanos y Jarka la hija de Wozikas que había logrado escapar aliándose con humanos.

En esa dura batalla contra el ‘Caos’ en donde la muerte sucedía en cada momento, ella fue una de las pocas que pudo lograr una cooperación tacita en el campo de batalla.

Era por eso que fue seleccionada para dirigir la situación entre los civiles y cooperar con los humanos.

Mirando a los soldados y a los jefes de jefes que se acercaban, Zrag ocultó sus pensamientos.

¿Había terminado su misión?

¿Su gente estaba a salvo?

Si decidía creer en esas dos cardenales y ellas estaban en lo correcto, entonces significaba que los había apoyado de una manera que nunca imaginaria.

Había escuchado sobre el santuario, pero el nivel de su apoyo y el de la Iglesia del Tiempo y el Espacio fue demasiado increíble… Literalmente no podía creerlo.

La verdad era que en este momento no había demasiado en que pensar y solo había un camino.

Si las palabras de esas dos cardenales eran ciertas, entonces su trabajo no había terminado.

Con su poca interacción con esos humanos se dio cuenta de muchas cosas… La naturaleza salvaje de la casta inferior no podía ser aceptada.

Se necesitaba eliminar toda la animosidad futura y se necesitaba que su gente se adapte a la cultura de los humanos, siguiendo sus reglas y asimilando su sentido de moral.

Para lograr tales objetivos, él tenía que hacerse cargo otra vez, solo que con una diferencia.

Esta vez no se estaba moviendo para sobrevivir, sino que para vivir… Tratar de que su gente viva bien.

“¿Qué dijeron? ¿Tenemos que luchar a su lado contra el ‘Caos?’” Preguntó Wozikas con un tono serio.

Esa era una condición que se le había ofrecido para demostrar que era posible la cooperación… No, a Zrag se le había mencionado que ese, era el mejor movimiento si deseaban vivir en esta tierra.

Necesitaban demostrar que estaban cooperando con los humanos, que era posible una paz y especialmente que era posible vivir con humanos.

La mejor forma era luchar lado a lado para dejar las diferencias atrás.

Pero Wozikas tan inteligente como era, solo podía pensar que serían usados como vanguardia para que sufrieran el mayor peso del ataque y sus números mermaran.

Era una posibilidad, Zrag no lo negaba… Pero si él pensara en todas las posibilidades y dudara de todo, nunca hubiera llegado a este lugar.

No hubiera seguido la guía de esa voz y nadie habría sobrevivido.

“Esa es una posibilidad.” Respondió Zrag sin negarlo.

“¡NO! ¡No podemos luchar con ellos! ¡Esos bastardos asesinaron a muchos de los nuestros!” Gruño Ragas con ira.

Su voz fue fuerte y elevada logrando que muchos de los soldados que escuchaban estuvieran de acuerdo.

Zrag recordó todos sus rostros y luego observó a Goras quien era el ‘jefe’ de Ragas.

Ragas había sido capturado y encerrado hasta que se reunieron, no había visto lo que había sucedido durante esa cruenta batalla, tampoco había sentido la fuerza de esos individuos poderosos.

Ahora solo era un ignorante que, debido a su perdida, había perdido el miedo y el respeto por él… Zrag podía verlo y no solo en Ragas, sino que en esos soldados que animaban a la guerra.

“No podemos mantenernos de esta manera… No podemos confiar en esos humanos.” Declaró Goras con una mirada llena de ferocidad y malicia.

Esa pequeña criatura que lideraba la casta inferior, ahora no le importaba su gente, solo estaba aprovechando la oportunidad para ir en contra de él, tratando de derribarlo y quizás tomar su lugar.

El panorama que podía ver era tan pequeño como su tamaño… Zrag dio una gran sonrisa y lo tomó por el cuello levantándolo en alto.

“¡Haremos lo que yo diga!” Rugió con fuerza logrando que todos temblaran.

Era un miedo que grabó en lo profundo de su interior… Lo grabó cuando asesinó y torturó a quienes lo desobedecían.

La expresión de esa criatura verde se llenó de miedo, pero en el fondo de sus ojos había malicia y animosidad.

Zrag lo notó y solo lo lanzó al suelo.

“¡Obedecerán mis órdenes al pie de la letra y me seguirán!” Ordenó Zrag mientras se dirigía a su celda.

Su trabajo no había terminado.

Era imposible que terminara.

Había reunido a las peores escorias, ya que eran esas escorias la que siempre tenían una gran fuerza y había abandonado a muchos buenos goblins en sus antiguas tierras, pero ahora era contraproducente.

Fueron útiles en ese momento, pero ahora era tiempo de eliminar esas escorias antes de que sus valores se extiendan y causen problemas con lo que estaba por venir.

Zrag iba a tomar ese trabajo.

Eliminaría a quienes tuviera que eliminar para lograr que el resto vivan bien en este mundo tan extraño.

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