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TG – Capítulo 36: Comienzo.

Capítulo 36: Comienzo.

En un pequeño puerto en la Ciudad Atlántida que estaba en desuso, las aguas se agitaron mientras unos demonios saltaban desde el océano al puerto.

Un humano desfigurado que tenía un ojo en extra en su mejilla, lideraba a dos humanos cuyas expresiones eran frías.

A su lado saltaron a unas decenas de lacayos.

Los líderes eran fuertes demonios de Rango A que servían a un poderoso culto demoniaco.

No tomó mucho tiempo para que un hombre se acercara corriendo junto a sus subordinados desde el puerto.

“Muchas gracias por venir.” Dijo el Líder de la pandilla con un tono serio y mirando el puerto, comentó. “Hice lo que pude para vaciar el puerto para su llegada.”

Su tono tan humilde y complaciente hizo que el demonio con tres ojos, sonriera triunfalmente.

Así era la forma que debían tratarlos en todas partes.

Antes de que pudiera hablar del tema importante sus sentidos notaron un ligero temblor en la energía mágica.

Fue tan sutil que uno pensaría que un mago lanzó un hechizo débil, pero la realidad fue diferente…

*BANG*

Un sonido explosivo resonó y la cabeza de un lacayo fue destrozada por la bala de un francotirador que estaba a lo lejos.

“¡Maldición! ¡Emboscada! ¡Retirada!” Gritó el demonio líder mientras le daba una patada al líder de la pandilla con ira.

No importa si el líder de la pandilla sabia o no de la emboscada o si fue él quien los traicionó, ya no importaba.

“Ugh…” El líder de pandilla fue lanzado a volar por esa patada.

Y cuando el líder de los demonios se empezó a retirar notó como una decena de portales se abrían y revelaban a miembros de la fuerza de autoridad de la ciudad.

Mecánicos, luchadores, espadachines y…

“¿A dónde creen que van?” Gritó el capitán del escuadrón mientras la tierra se agitaba por sus palabras.

Un mago de Rango S solo agitó la mano y decenas de púas de tierra empezaron a levantarse desde el suelo hiriendo a los demonios y deteniéndolos.

Para demonios no había leyes para su protección, en cuanto a aquellos que no eran ‘malos’, estos no necesitaban entrar ilegalmente, cuando había métodos legales para su aceptación.

Además, estos demonios tenían un trató sucio con la pandilla local y querían crear problemas.

Contra estos individuos peligrosos nadie debía limitarse.

“¡Retirada!” Gritó el líder demoniaco liberando una onda psiónica para afectar la mente de los miembros del equipo de seguridad.

“Hmph.”

“Hmph.”

Con un resoplido doble, dos psiónicos crearon una barrera cubriendo a sus compañeros protegiéndolos de ese ataque.

La expresión de líder y de los otros miembros de Rango A se volvieron pálidas.

“No tienen permiso para irse.” Declaró el mago de Rango S, cuando algunos lacayos intentaron ocultarse en el mar, la tierra se levantó creando una muralla y esta muralla los empezó a acorralar.

Un mago de Rango S no necesitaba preparar hechizos, solo controlaba el elemento a voluntad, esa era la gran diferencia con un rango más bajo.

Una diferencia abismal.

“Mierda.” El líder maldijo con una expresión llena de ira debido a la situación, pero cuando se miró con sus compañeros los tres asintieron.

El mago de Rango S notó lo que estaban haciendo y sin dudarlo formó decenas de púas de tierra para acabar con los demonios.

“Ugh…”

Unos de los demonios de Rango A fue empalado, pero el otro pudo crear una barrera psiónica y él ultimó estableció una fuerte barrera mágica que pudo evitar la letalidad de ese ataque.

Esos dos demonios rompieron pergaminos y desaparecieron con un hechizo de teletransportacion.

“Tch… ¿Cuánto dinero desean gastar?” Murmuró el mago de Rango S con una expresión molesta.

Esos pergaminos costaban bastante debido a que podían resistir la interferencia de barreras espaciales, que ellos habían activado.

Se notaba que era su carta de triunfo para los escapes.

“¿Lo seguimos líder?” Preguntó un mecánico con un traje de combate de alta tecnología, y con una expresión seria, explicó. “Siguiendo las ondas espaciales podemos rastrearlos, pero podremos interrumpir a los otros equipos de asalto.”

“Claro que debemos seguirlo.” Respondió el mago de Rango S mientras flotaba.

Era cierto que había otro equipo de asalto que se encargaba de rastrear y registrar a todos aquellos que se teletransportaban a cualquier parte de la isla, pero este caso era especial.

“Entiendo que el jefe le está haciendo un favor al Director Vincent, pero ya está siendo molesto tener que limpiar el desastre de otro.” Murmuró el mago de Rango S con un tono amargo y al ver que los mecánicos traían dispositivos de rastreos espacial, agregó. “Bien, terminemos este trabajo rápido, esos bastardos no escaparán.”

Los demás miembros del equipo solo suspiraron ante lo que le estaba esperando a los demonios.

“Tan temprano y tan caótico…” Murmuró el mecánico que se encarga de rastrear, aun así, aceleró su trabajo.

******

“Aurora, soy Serena. Acabo de recibir noticias de que las autoridades de la ciudad han cazado unos demonios que han intentado llegar a la costa esta mañana. Según tengo entendido esos demonios buscaron llegar a un puerto vacío tras negociar con una pandilla para que lo ocultaran, pero había un traidor en sus filas y fueron emboscados.” Informó Serena con un tono profesional y simple.

Aurora dudó un momento, pero al final, preguntó. “¿Es posible que ellos hagan algo?”

“No, todos los demonios que lograron escapar han sido capturados o asesinados. En esta redada un Rango S participaba.” Comentó Serena con un tono simple y con un suspiro, agregó. “Esto es lo único que he podido conseguir. Aparte de eso toda la ciudad está tranquila sin noticias y en cuanto a tu mazmorra es lo mismo.”

“Entiendo, gracias. Le diré a Liam que envié un extra por el seguimiento de información.” Dijo Aurora y luego tras oír la respuesta simple de la otra parte, terminó la llamada.

Con una expresión seria Aurora observó sus alrededores.

Eva y Cristian, Wendy, Marc, Alexey y Érica estaban con sus equipos preparados.

A su alrededor había un campamento que daba una sensación extraña con la zona donde se encontraba.

La Ciudad Atlántida no ocupaba toda la isla… Sería mejor decir que una vez creada la ciudad la isla se empezó a extender gracias a los magos y el gobierno local.

Ahora en una sección tenían una zona turística para el disfrute paradisiaco de la isla y esta era otra sección que estimulaba la naturaleza de la isla con un pequeño bosque, creando un parque natural de gran tamaño.

Era en este parque en donde se formó la mazmorra temporal.

Mirando el portal celeste que estaba en medio del campamento, Aurora suspiró.

Todo estaba listo y no había rastros de enemigos.

La Profesora Santulli, el Profesor Miller y la Profesora Villacrés estaban presentes encargados de la seguridad y la organización.

Estudiantes de apoyo se encontraban a la espera, siendo los estudiantes de curación que estaban preparándose más a fondo.

Aurora le informó a Alice sobre la situación.

Su amiga escuchó de forma indiferente mientras comía sus papitas y como Aurora estaba curioso por su opinión, preguntó. “Que crees?”

“No lo sé, puede que esos demonios sean ajenos a nuestro asunto o puede que sea una distracción.” Respondió Alice encogiéndose de hombros.

Sucedió el mismo día que ellos iban a dirigirse a la mazmorra.

Para Aurora eso le hacía levantar su guardia, pero…

“No importa la razón, tienes que tener cuidado.” Advirtió Alice y con una expresión seria, declaró. “Las mazmorras temporales son peligrosas incluso sin enemigos externos en su interior.”

Notando que Aurora asentía a medias, Alice le recordó. “En la mayoría de los casos no solo se puede entrar por la entrada principal. Hay muchas formas de adentrarse a este tipo de mazmorra.”

“Entiendo.” Respondió Aurora con una sonrisa ante la preocupación de su amiga.

Sin embargo, sus ojos eran serios.

Ella ya conocía esa información y por eso estaba atenta.

No estaba nerviosa o preocupada, esta no era su primera misión ni su primera mazmorra.

Eso no significaba que no le añadiera la suficiente seriedad al asunto.

Sin o con enemigos externos, los estudiantes podrían salir heridos y ella tendría que estar en ese momento para apoyarlos.

“Por cierto, pídele a tu ‘sistema’ que te avise si sucede algo.” Comentó Alice con un tono extraño.

Los labios de Aurora temblaron.

La forma que dijo ‘sistema’ se sintió como si Alice no le creyera que tenía un sistema con el cual podía interactuar… Parecía hacerlo ver como si ella estuviera actuando como una niña perdida en sus fantasías.

Todo eso a pesar de que ella se lo había contado hace años y había probado su existencia, invocando espadas que su sistema le podía dar y cosas que podía almacenar.

Claro, en ese momento ellas no tenían más de diez años y Aurora se disfraza de súper héroe como en los comics, así que tal vez su evidencia perdió el efecto necesario.

“Lo haré.” Respondió Aurora asintiendo.

Su sistema era versátil y podía cumplir esa tarea con facilidad.

“Bien, me encargaré de afuera. Tú solo preocúpate por lo que ocurra adentro y avísame si necesitas mi ayuda.” Dijo Alice comiendo sus papitas.

Sus palabras parecían a la de una compañera preocupada, pero la forma que lo dijo y su tono mientras comía sus papitas como si no hubiera preocupación, solo la hacían ver como palabras vacías y no generaba nada de confianza.

Ciertamente Alice no era confiable en algunas situaciones, pero en casos serios… Su profesionalismo y dedicación eran bastante reconocibles.

Al menos para Aurora le generaba bastante confianza.

Recibiendo unas palmaditas de Alice, ella se adelantó hacia el grupo de Érica de la cual era vice capitana.

Mirando los veinticinco estudiantes preparados y con expresiones serias, el Profesor Miller se adelantó al frente de todos.

A su espalda estaba el portal de color celeste que temblaba mientras el espacio se contorsionaba.

Pasar por ese portal los llevaría a la mazmorra temporal, si se lo dejaba por varios días sin limpiarlo, entonces de ese mismo portal una gran cantidad de criaturas saldrían.

“No creo que deba repetir palabras de precaución. Prioricen su seguridad y las de su grupo, protéjanse entre ustedes y si no pueden solo activen sus placas de protección e inmediatamente enviaremos a un profesor o a estudiantes de años superiores en su ayuda.” Les recordó el Profesor Miller apuntando a los estudiantes de segundo año.

Gregorio y Oliver que eran Rangos A, solo dieron sonrisas y asintieron.

Ellos no eran los únicos, Frank y Jordán de Rango B estaban presentes juntos a otros estudiantes de años superiores.

Algunos estudiantes tocaron la placa en su pecho, esta placa de emergencia crearía una barrera y llamaría la atención de los profesores para que enviaran ayuda.

Era simple, pero una medida eficaz en caso de emergencia.

“Eso es todo, pueden entrar.” Comentó el Profesor Miller apartándose a un lado para que pasaran.

Todo el grupo observó el portal.

Algunos estaban preocupados y otros nerviosos, pero con Érica a la delantera todo el grupo se adelantó y desaparecieron en el portal.

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