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TG – Historia Paralela Nuevo Comienzo Capítulo 14: Llegada.

Historia Paralela Nuevo Comienzo Capítulo 14: Llegada.

Un joven con una mirada altiva observó por la ventanilla del avión.

Ahora estaban viajando por arriba del Desierto de Sahara que se había extendido por gran parte del norte del continente africano.

El viaje era muy rápido y la vista pasaba a gran velocidad, pero él que era un rango A, a sus diecisiete años, podía seguir la velocidad.

Los viajes al continente africano estaban restringidos debido al peligro de área.

Algunos decían que señores de la guerra tenían armas de guerra y podían derribar los aviones mientras que las bestias mágicas siempre podían ser aterradoras.

A pesar de que los aviones mejoraron tanto en velocidad como camuflaje y ocultación, para muchos era muy peligroso viajar en aviones.

Lamentablemente era el único método cuando se necesitaba viajar a áfrica debido a que los Portales Cosmos de la gran Empresa Cosmos no se había extendido por la zona.

El continente africano era igual que el continente americano, especialmente Sudamérica.

La única diferencia era que en áfrica los países ya habían caído a manos de tiranos, señores de la guerra o bestias, mientras que en Sudamérica los gobiernos corruptos estaban empezando a tambalearse.

Era un proceso inevitable… La corrupción en Sudamérica se hizo evidente bajo tales gobiernos y fue a un nivel tan sorprendente, que la gente no deseaba quedarse de manos cruzadas.

A diferencia de la guerra civil estadounidense o europea en donde eran los usuarios de habilidades el foco principal, aquí resultaba ser las personas más comunes quienes comenzaban la movilización.

Esos lados eran como barriles de pólvora listo para que alguien viniera y explotara todo, pero el mundo ya estaba agitado.

La guerra europeo-demoniaca en donde los terranovense estaban demostrando su aterradora capacidad hizo que los demonios empezaran a actuar con mayor ferocidad.

Ataques demoniacos sucedían en ciudades europeas y principalmente en Grecia en donde se encontraban los campamentos de las fuerzas europeas.

Si bien ahora las fuerzas imperiales del Imperio Falion se asentaron en esa zona para cooperar con Grecia en la defensa de sus tierras, la guerra estaba logrando que los demonios actuaran con mayor desesperación.

Era difícil saber cuántos demonios llegaron a través de los portales demoniacos, pero si algo se sabía era que ellos estaban cayendo como moscas.

Los terranovense priorizaban demonios más que los humanos que estaban del otro bando y eso llevo a que su número se redujera.

Varios rangos SS demoniacos habían caído desde principio de este año y si bien no se sabía si existía un rango SSS del lado de los demonios, iba a estar claro que en un momento se enfrentarían y ese podría ser el cierre de la guerra.

El problema era que los demonios eran muy vengativos y su maestro, el Director de la Academia de Héroes, Aarón Vincent participaba en la guerra abiertamente.

Todos sabían que tenía un estudiante y no había duda de que si tenían una oportunidad lo buscarían para derribarlo.

Eso llevo a que él, tuviera quedarse al cuidado de las hijas de una conocida de su maestro.

Edward Palmer chasqueó su lengua al pensar en tales asuntos.

¡A sus diecisiete años ya era un rango A!

Tal vez no era tan raro como un rango S, pero sería considerado como la fuerza principal en cualquier lugar.

Aun así, fue enviado a medio de la nada por su maestro, en vez de dejarlo ir a otras partes en donde se podría necesitar alguien de su fuerza y capacidad.

“Atención pasajeros, pronto llegaremos al aeropuerto. Ajusten sus cinturones y mantengan la calma.” Anunció la azafata desde adelante.

Este avión era uno de los pocos aviones de pasajero que iban a África, específicamente a la ‘Ciudad’ Zerzura, la cual estaba construyendo la Empresa Apicius.

Edward no sabía qué clase de ‘enfermedad’ le dio a los accionistas y CEO de la Empresa Apicius, pero al final estaban llevando una construcción de una ciudad.

Si no fuera porque la Iglesia del Tiempo y el Espacio también participaba superficialmente, el lugar sería considerado la broma más grande de este año… No, era posible que ya lo era.

Todos hablaban del ‘suicidio económico’ que estaba realizando la Empresa Apicius, sin nada de esperanza por ver el éxito de su inversión.

Edward ajustó su cinturón mirando a la ciudad.

“Ya quiero llegar, dicen que tienen buenas políticas con los aventureros.”

“También reclutan para su milicia, aunque no creo que sea demasiado agradable.”

“He escuchado que es un buen lugar para mercenario, pero lo dudo… Dicen que han prohibido matar bestias mágicas.”

Las voces empezaron a resonar desde los otros pasajeros y Edward los miró despectivamente.

Guiados por los beneficios, las personas podían viajar muy lejos y abandonar muchas cosas… Este era el caso.

Las mazmorras naturales y temporales que se podían generar en este lugar resultaban ser un beneficio para todos aquellos que deseaban limpiarla.

Decían que la Empresa Apicius realizaba un ‘suicidio económico’, porque estaba gastando una riqueza que haría que las empresas normales quedaran incrédulas, pero esto era una oportunidad para aquellos que deseaban dinero.

El avión voló por el aire a gran velocidad y Edward mirando por la ventanilla notó una gran muralla cercando la ciudad… No, no era una ciudad, sino que era algo entre medio de un pueblo y una pequeña ciudad.

Podía notar algunos edificios altos y las calles muy bien arregladas, junto a varias zonas residenciales en la zona norte.

El aeropuerto era agradable a la vista y parecía muy bien equipado con un tamaño bastante considerable, en donde se encontraban diferentes aviones ya estacionados.

Tras dar una vuelta para verificar la situación, el avión aterrizó con suavidad en el aeropuerto.

Los Portales Cosmos estaban ocupando el centro del transporte a nivel mundial, pero los aviones seguían siendo un método efectivo de viaje y debido a la tecnología, se reducía los peligros y percances al mínimo posible.

Edward todavía molesto por ser enviado a este lugar, dejo el avión junto a los demás pasajeros.

Tal como esperaba, el aeropuerto era grande y la zona de pasajeros tenía un área preparada muy cuidadosamente.

Los aviones que venían no eran pequeños, eran grandes aviones de pasajeros y bastantes personas llegaban siendo aventureros y mercenarios los principales.

Al entrar a la sala de llegada del aeropuerto, captó a un hombre de tez oscura con un cartel con su nombre.

“Bienvenido, me enviaron a buscar, espero que no te moleste.” Dijo el hombre y con una sonrisa, comentó. “No te preocupes, solo soy un secretario que le dieron este trabajo.”

¿Había notado su mirada extraña por su falta de presentación?

Edward al ver que en realidad parecía un secretario al azar por su forma de vestir, solo asintió y ordenó. “Guíame.”

El secretario sonrió ante su tono dominante y lo empezó a guiar de forma profesional.

Pasando de la sala de llegada a la sala de espera y luego al área de comida, pudo notar algunos pequeños negocios de alimentos, aunque no tanto como se esperaría de un aeropuerto.

Esas marcas que vendían sus productos estaban afiliadas a la Empresa Apicius, así que seguramente vinieron como una forma de apoyo.

Cuando salieron afuera, el secretario entró en un auto.

Había algunos autos y algunos pocos taxis, pero su número era menor de lo que uno esperaría.

Sin embargo, lo que sorprendió a Edward era que el área estaba bien arreglada.

Las calles y el alumbrado público, junto a algunas áreas ya preparadas para que se construyera edificios.

Si bien muchas de esas zonas estaban preparadas solo la base para la construcción, solo eso dejaba ver el planeamiento futuro de quien organizaba todo.

“Todavía tenemos muy pocos negocios. Y vehículos de transporte, los empresarios ven la inversión como un riesgo muy alto.” Dijo el secretario mientras lo invitaba a un auto.

No era un auto viejo como Edward esperaría cuando pensó en viajar a una ciudad en medio del continente africano y si bien estaba entre los ‘económicos’ era agradable.

“Los extranjeros nos ven como si aquellos que quedamos varados en este lugar no tenemos nada y somos incultos. Sin embargo, muchos de nosotros estudiamos y éramos ‘alguien’ cuando los países estaban activos.” Explicó el secretario mientras conducía y dando una mirada a los camiones que salían de los almacenes del aeropuerto para la zona norte de la ciudad, agregó. “Solo nos faltó posibilidades para cambiar.”

¿Había notado su desprecio por el lugar?

Era difícil de quitar esos pensamientos antiguos cuando se hablaba de un continente cuyos países se perdieron y cuyas tierras se convirtieron en el patio de juego de lunáticos y antiguos jugadores.

Había pensado que todos aquellos que eran capaces habían migrado a otro continente y a otros países durante el largo proceso de los lunáticos, los monstruos y el asalto de la naturaleza que hizo que los bosques se extendieran, pero ahora se dio cuenta de que tal vez se equivocaba.

“También aquellos que están en el extranjero desconfían de volver a pesar de que extrañan sus tierras. Bueno, creo que cualquiera pensaría que ‘Zerzura’ es una ciudad de adobe y casas de paja.” Dijo el secretario con un toque de burla en su voz y mirando por el retrovisor, comentó. “Tan solo para darse cuenta de que esto será una ciudad de cemento.”

¿Era un comentario dirigido hacia él?

A Edward no le importó, y solo miró la ‘zona céntrica’ de la ciudad.

No eran un lugar grande, pero estaban construidos edificios de oficina que estaban ocupados.

Desde el edificio comercial de la Empresa Apicius, estaban saliendo y entrando todo tipo de personas con sus respectivos trajes y uniformes de trabajo.

También se encontraban otras empresas relacionadas o conectadas de cierta forma con la Empresa Apicius, dando la idea de que sus ‘alianzas’ comerciales apoyaban este lugar.

Hasta había disponible algunos restaurantes y hoteles de alguna línea de hotel reconocido.

Otro edificio que parecía estar ocupado era la escuela en donde niños y adultos entraban.

Luego pasaron por la plaza que estaba en construcción con magos de naturaleza levantando árboles y logrando que el pasto verde creciera dando una fuerte sensación de naturaleza, mientras que los drones constructores ensamblaban los asientos.

“Pronto abrirán un banco para permitir que la gente que tienen grandes ideas y carecen de inversión, pueden cumplir sus objetivos. La escuela no solo es para los jóvenes sin educación, también sirve para que los adultos se readapten a sus profesiones o logren adquirir algún título para ejercer.” Explicó el secretario y paseando por la zona urbana en donde las casas se estaban construyendo, agregó. “La Empresa Apicius y la Iglesia del Tiempo y el Espacio, están llevando a cabo proyectos de educación y de oportunidades. Desean que los refugiados se adapten con planes accesibles a largo plazo.”

Estaba paseando por lo que sería la parte más urbana de la ciudad en donde se encontraban casas pegadas una al lado de otra dando una sensación de conjuntos de departamentos, tan solo para luego encontrar algunas casas en zona de suburbio.

Las áreas estaban delimitadas con claridad y entre más cerca del centro y de la zona sur, más edificios y departamentos se encontraban construidos.

Luego al norte se alejaba permitiendo la construcción suburbios periféricos con casas muy parecidas entre ellas.

“No pienses que todo es gratis. La Empresa Apicius es agradable y hay bastantes proyectos sociales que tratan de cubrir las necesidades básicas de los refugiados y habitantes que no pueden permitírselo debido a sus circunstancias, pero también tiene bastantes regulaciones.” Precisó el secretario y con una media sonrisa, señaló. “Un ejemplo es la vivienda. Las cuales se deben pagar en forma de cuotas accesibles después de un periodo de tiempo tras conseguir un trabajo estable.”

¿Eran idealistas buscando crear una ‘utopía’ o estaban ‘alimentando’ a una vaca desnutrida para luego ordeñarla?

Era difícil decir, pero parecía ser inentendible la razón por la cual una empresa tan importante y rentable se estaba moviendo de esta forma realizando un gran gasto.

No había duda de que la Ciudad Atlántida era un ejemplo de una ciudad construida en medio del mar que se convirtió en una metrópolis debido a las protecciones y seguridades que ofrecía.

Sin embargo, había una diferencia.

La Ciudad Atlántida aceptó refugiados durante la guerra civil estadounidense y europea al igual que en tiempos posteriores cuando la naturaleza se descontrolaba o cuando sucedió la calamidad no-muerta, pero todos estaban de acuerdo en un punto.

Su población migrante estaba centrada en extranjeros que tenían oportunidades para lograr levantarse y no era como en este lugar, en donde quedaron aquellos que no ‘tenían nada’ y los cuales necesitaban ‘todo’.

Era por esa razón que, para Edward, el movimiento de esa empresa era ilógico y sin sentido, pareciendo más un movimiento personal que uno que apuntaba por futuras ganancias.

Edward no se molestó en responder, sabía que el secretario estaba tratando de mostrarle la ciudad.

Aunque estaba bajo un héroe reconocido que fundo la Academia de Héroes y actualmente era su ‘Director’, Edward pensaba que no debería estar en este lugar.

Sentía que era necesario estar en un lugar que requiera su presencia y su talento, en un lugar en donde sea reconocido.

Lo peor era que lo enviaron bajo dos individuos que eran completamente desconocidos y los cuales no había logrado obtener ninguna información.

Aurora y Alice Campbell… Esos nombres no le sonaban para nada y parecían ser dos individuos al azar que nadie reconoció.

Para pasar a estar bajo su maestro un reconocido ‘Gran Archimago’ de rango SS, a venir a este lugar, era demasiado.

Entendía que su maestro lo envió, ya que no deseaba que los demonios buscaran venganza o una forma de obtener ventaja de un rango SS y más en este momento agitado de la guerra, pero igualmente no era de su gusto.

Al final suspiró, cuando llegó a un edificio pequeño en donde parecía ser unos departamentos.

Cuando salió del auto se encontró con una joven de cabello negros y ojos del mismo color saliendo del edificio.

Era ligeramente delgada y sus facciones delicadas daban una sensación de debilidad… Más precisamente como si fuera una flor tierna que debía ser cuidada.

En sus quince o dieciséis años era muy guapa y sin duda se convertiría en una belleza con el tiempo.

“Edward Palmer, ¿cierto?” Preguntó la joven y con una sonrisa diplomática se presentó. “Aurora Campbell, soy la persona bajo quien te pusieron a cargo.”

Ella estaba diciendo la verdad sin ninguna intención que solo informar.

Fue enviado para estar bajo Aurora y Alice Campbell, pero al ver a esa jovencita que parecía más joven que él, la expresión de Edward cambio.

Se sintió peor de lo que había pensado.

***Nota del Autor:

Volvemos con los capitulos extra. Esta vez seran tres. Espero que les guste!

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